20 de marzo de 2012

El escriba real es un ignorante o un mentiroso

Escrito por Arturo del Villar / UCR----- Es comprensible que los latinoamericanos se burlen de los españoles, cuando comprueban cómo algunos intentan recontarles su propia historia. Una vez más se ha demostrado con motivo de los absurdos festejos conmemorativos de la Constitución de Cádiz, una sucesión de mascaradas con trajes de época para que de nuevo los vasallos más vasallos griten "¡Vivan las caenas!", en su idioma demostrativo de la mayor incultura. Esta vez el grito se transformó en un gran aplauso que el suegro de Urdangarin agradeció con el mismo gesto que su antecesor Fernando VII el Felón cuando se vio obligado a jurar la Constitución después de haberla anulado. Abochorna escuchar las falsedades pronunciadas con este motivo. La Constitución de 1812 no fue la primera española, sino la segunda, elaborada como respuesta a la promulgada en 1808 en Bayona y jurada por el rey legítimo José I. No tiene nada de liberal, como realizada por una mayoría proporcional de clérigos, entre ellos seis obispos y tres inquisidores, por lo que su preocupación fundamental consistió en declarar religión oficial y a perpetuidad la romanista; hubo que esperar hasta el 9 de diciembre de 1931 para que España se dotase de una Constitución verdaderamente liberal. Y además apenas tuvo vigencia, ya que su promulgación el 19 de marzo de 1812 fue ilegal, atendiendo a lo dispuesto en sus artículos 142 y 171, según los cuales ese trámite correspondía al rey, ausente en Francia; pero cuando Fernando VII llegó a España el 4 de mayo de 1814 lo primero que hizo fue declararla nula, así que legalmente no entró en vigor hasta el 9 de marzo de 1820, cuando el heroico general Rafael de Riego le obligó a jurarla, hasta que el 1 de octubre de 1823 la perjuró, con lo cual su vigencia fue de tres años y siete meses en estricta legalidad dentro de aquella serie de ilegalidades borbónicas. La conquista no fue familiar Resulta grotesco que el suegro de Urdangarin haya enviado un mensaje radiofónico a toda Latinoamérica: sería muy útil conocer la audiencia que ha tenido. El escriba real, tan inoportuno como siempre, le ha hecho leer que "El espíritu de familia, alimentado por siglos de historia compartida y valores comunes, no ha dejado de crecer entre nosotros". La historia ha estado compartida a la fuerza, porque los españoles más incultos, incapaces y ambiciosos se lanzaron a la conquista de los nuevos territorios para enriquecerse, después de asesinar a millares indígenas y someter a su dominio a los supervivientes. No existió ningún espíritu de familia, porque no hay familiaridad entre el asesino y la víctima, entre el amo y el siervo. En las Cortes de Cádiz estuvieron presentes sesenta gachupines y chapetones, por aplicarles el nombre con el que eran conocidos en Latinoamérica los españoles desplazados a las colonias para enriquecerse. Los criollos, es decir, los hijos de españoles nacidos en Latinoamérica, habían comenzado ya las luchas para alcanzar la independencia, porque estaban padeciendo la misma tiranía que sus padres impusieron a los indígenas durante la conquista. Estaban hartos de la dominación borbónica, que los tenía sometidos a una situación de vasallos entregados al trabajo para que se lucrasen los dirigentes. Había cuatro virreinatos, otras cuatro capitanías generales diferentes, audiencias, intendencias, corregidurías mayores, alcaldías ordinarias, y otras instituciones encargadas de mantener sometidos a los indígenas, indios o blancos o mestizos, igual que a los esclavos negros, para recaudar dinero con destino al rey, aunque algo se quedaba por el camino. Salvajismo contra independentismo El deseo independentista se materializó durante el reinado de Carlos III, con los comuneros de Nueva Granada, derrotados y ajusticiados salvajemente. En 1780 se alzó contra el dominio borbónico Tupac Amaru en Perú, que al ser apresado sufrió tormento, se le cortó la lengua y después fue descuartizado. Todos los intentos independentistas terminaron de la misma forma, porque los gobernantes en nombre del rey de España eran partidarios de aterrorizar a los indígenas para que se mantuvieran sumisos. Se emplearon los mismos métodos inhumanos utilizados durante la conquista dos siglos antes. Pero cuando llegaron noticias a las colonias de los sucesos de 1808 en la metrópoli renació el afán independentista. Los criollos pretendían librarse de la autoridad real, sentida en forma de impuestos abusivos de los que ellos nunca se beneficiaban, porque iban a parar a España. Los indios y mestizos eran considerados seres inferiores carentes de derechos, y los negros habían sido llevados como esclavos. La colonización española es vergonzosa, aunque los historiadores regalistas la defiendan alegando que sus críticas adversas constituyen una "leyenda negra" urdida por los conspiradores extranjeros enemigos de España: es un discurso muy repetido, que la dictadura fascista quiso propalar como una conjura secular continuada. El 15 de setiembre de 1808 fue depuesto el virrey de la Nueva España, iniciándose un período revolucionario alentado en 1810 por Hidalgo y Morelos, iniciadores de la convulsa historia de México. El 5 de julio de 1811 fueron proclamados los Estados Unidos de Venezuela, que promulgaron una Constitución, aunque la lucha por la independencia continuó hasta 1824. Fueron los pioneros libertadores. Modelos para la independencia Las colonias latinoamericanos no se inspiraron para nada en la Constitución de Cádiz. Sus modelos fueron la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano proclamada por la Revolución Francesa el 26 de agosto de 1789, y la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica de 1788, su vecino y antecesor en las guerras anticolonialistas. Por lo tanto, es una falsedad histórica absurda pretender que los constituyentes de Cádiz influyeron para nada en el ánimo de los latinoamericanos para sacudirse el yugo colonial borbónico. Resulta ridículo sobremanera comprobar el doble trato dado por los historiadores españoles regalistas a las guerras independentistas en la península y en América. El alzamiento contra los franceses defensores de la monarquía bonapartista está calificado como guerra de la independencia, merecedora de todos los elogios hacia los llamados patriotas, el jaleado heroico populacho partidario de recuperar el trono para los borbones autoritarios y entregados únicamente a la satisfacción de sus más bajos instintos primitivos. Por el contrario, explican que la guerra de la independencia latinoamericana fue consecuencia de una conjura masónica para debilitar a la católica España. En su opinión, la conquista fue modélica, se respetaron los derechos humanos de los indígenas, se trató dignamente a los negros capturados en África y vendidos como esclavos en América, y nunca se cargó con impuestos excesivos a los criollos. Patriotas frente a masones Me tocó en mala suerte estudiar como libro de texto un Compendio de historia de España escrito por Ciriaco Pérez Bustamante, académico de la Historia, catedrático de la Universidad de Madrid, rector magnífico de la Universidad Internacional de Santander, etc., publicado y reeditado muchas veces (al ser libro de texto se reimprimía cada nuevo curso) en Madrid por Ediciones Atlas, en el que se explica la independencia latinoamericana de esta manera en el capítulo LIII: Aquella gran unidad moral que poseía el Imperio español durante los siglos XVI y XVII se quiebra en el siglo XVIII. [...] Penetran en América elementos de disgregación –filosofía, masonería, propaganda del ideario subversivo de la Revolución francesa, todas las doctrinas demoledoras del racionalismo, el ejemplo de rebeldía de los Estados Unidos contra Inglaterra– y acaban por destruir su estructura unitaria. [...] Las logias se encargan de todo, y cuando las tropas expedicionarias acantonadas en Andalucía se disponen a salir [hacia América], una oportuna sublevación constitucional acaudillada por conspicuos masones, como el coronel Riego, preparada en el "Soberano Capítulo" y en el "Taller Sublime" de Cádiz, y financiada por los insurgentes ultramarinos, destruye las últimas esperanzas. [...] El venezolano Francisco de Miranda, viejo conspirador y masón de categoría, general de la Revolución francesa, fue uno de los más destacados directores del movimiento separatista. En aquella Logia se iniciaron otras figuras prominentes de la Revolución americana, como Bolívar y San Martín. Así se escribe la historia en España. Unos son patriotas defensores de la tradición católica española representada por el absolutismo real, y otros masones al servicio de intereses independistas reprobables. Esos libros lavan el cerebro de quienes respetan las palmas académicas. Menos mal que también hay algunos antiacadémicos y además antimonárquicos partidarios de la independencia de las colonias y de poner fin a los absolutismos del altar y el trono. Volviendo al mensaje radiado por el suegro de Urdangarin a Latinoamérica, es chusco que le haya hecho decir el escriba que "Nos hemos dotado de mecanismos de diálogo y cooperación", precisamente al rey absolutista que se cree todavía en tiempos del virreinato americano, por lo que el 10 de noviembre de 2007 en Santiago de Chile pretendió hacer callar al presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Tuvo que escuchar una contundente respuesta: "No nos callamos porque somos libres." ¿A qué "mecanismos de diálogo" se refiere el escriba real? ¿Será al facilitado por los torturadores durante la conquista y las guerras de la independencia? ¿Será al de tratar de imponer la voluntad absolutista del rey neto al presidente elegido por el pueblo en una República que dejó de ser colonia hace dos siglos? ¿O será que nos cree a todos, en España y en Latinoamérica, tan vasallos que no podemos pensar?