9 de abril de 2012

Monarquía y República

Las frases célebres de un rey ‘campechano’ como “¿por qué no te callas?”, o la “comprensión cuando no simpatía” mostrada hacia los instigadores del golpe de estado fallido del 23-F “que sólo pretendían lo que todos deseábamos”, no son el único motivo para exigir el fin de la monarquía. La primera declaración desató conflictos diplomáticos con las antiguas colonias; la segunda —desclasificada recientemente por el gobierno federal alemán— demostró el poco compromiso del rey con la democracia. Pero éstas son sólo anécdotas de palacio cuando de lo que se trata es de desacreditar a una institución antidemocrática, sexista y obsoleta como la Monarquía Parlamentaria Española. Una larga lista de argumentos —la afinidad con el régimen franquista; la falta de legitimidad democrática de su cargo nunca refrendado por el pueblo; su papel en la Transición; las amistades comisionistas; la falta de responsabilidad penal ante la constitución; o el reciente escándalo, uno más, del caso Urdangarín y sus entramados financieros— ponen sobre la mesa una vez más el improrrogable debate sobre la necesidad de abolir la actual monarquía, entorno al 81º aniversario de la IIª República, el 14 de abril. Monarquía El origen de la monarquía en occidente se remonta a los dioses míticos homéricos y a los posteriores basileos del ágora, donde la máxima griega de “la ley es rey” estaba influenciada por los rituales del Imperio Persa. ¿Han cambiado mucho las monarquías desde entonces? En muchos aspectos sí. Desde las primeras monarquías germánicas, pasando por el absolutismo y el despotismo ilustrado, que abrió las puertas al capitalismo bajo la bandera del progreso, y las revoluciones liberal burguesas que les pusieron fin para dar lugar al nacimiento de las primeras repúblicas y monarquías parlamentarias; las monarquías se han adaptado a los nuevos tiempos sin modificar lo más mínimo su esencia. La monarquía es y ha sido siempre, en todas sus múltiples formas, desde los faraones, emperadores, basileos, califatos, reyes incas, emiratos, etc., el imperio de la desigualdad, de la concentración de poder y la opresión del pueblo, el órgano institucional en defensa de los intereses de la clase dirigente: iglesia, los propietarios y el poder militar. La historia, que es tozuda e implacable, nos demuestra que las monarquías están condenadas a extinguirse. Sin embargo en pleno s.XXI tenemos todavía 28 monarquías entre los países de las Naciones Unidas, 10 de ellas en Europa y con la mala suerte de vivir en una de ellas: ‘El reino de España’, Reino Unido, Noruega, Suecia, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica… y ¡la que hace 11, si contamos la teocracia vaticana de Benedicto XVI! Los argumentos que defienden la existencia de la monarquía en la actualidad son un insulto a la inteligencia de cualquier vasallo. No son más que el desesperado intento de sobrevivir a una muerte anunciada. ¿La monarquía como una institución moderna? Si la premisa de la modernidad es la austeridad, resulta intolerable mantener a la familia real española y sus lujos al ‘módico’ precio de 8 millones de euros anuales, cuando sus súbditos cargamos con el peso de los recortes a los servicios públicos y la precariedad laboral, si no el desempleo crónico. Si es que realmente vivimos en una democracia —el gobierno del pueblo— no podemos vivir al mismo tiempo en una monarquía, el gobierno de uno solo. La monarquía parlamentaria es el oxímoron que heredamos de una Transición impuesta por el dictador. Si la monarquía quiere adaptarse a los nuevos tiempos, ¡que abdique y desaparezca! ¿La monarquía como símbolo de la unidad nacional? Al parecer, Alberto II incumple esta premisa del buen monarca, manteniendo a sus súbditos belgas en una crisis política que les ha dejado sin gobierno durante más de un año y medio, por no citar los problemas de la Reina Isabel II con Irlanda. Y ¿qué decir de Mohammed VI que, protegido por la ‘baraka’, o gracia divina, desestabiliza la unidad del país para no ceder ni un grano de su poder a un pueblo incendiado de miseria? ¿La monarquía como institución representativa del estado? Si hay que mantener a la familia real para sentir perlas como la que inicia este artículo, en la Cumbre Iberoamericana, mejor hacemos como el resto de países europeos con diplomáticos escogidos. El ‘juancarlismo’ español es indefendible; el papel del Rey en la Transición y el 23-F es tan oscuro que la batería de preguntas que actualmente ERC plantea a través de la Mesa del Congreso a la Casa Real, es más pertinente que nunca. IIª República Claro que como socialistas revolucionarios no queremos ninguna monarquía, pero tampoco una república cualquiera. No se puede decir que Francia, estándar de la república, junto con Alemania, sean a día de hoy símbolo de los valores republicanos de libertad y justicia. Más bien al contrario. La alianza Merkozy defiende el neoliberalismo a ultranza, mientras que Grecia, cuna de la democracia y las primeras monarquías europeas, sufre su codicia sin límite. Pero para comprobar que la república no es en sí misma la solución a los problemas que sufrimos hoy en día sólo tenemos que hacer un poco de memoria. En abril de 1931, con el triunfo de las candidaturas republicanas en las elecciones municipales, se proclamó la IIª República española. La euforia popular inundó las calles de los pueblos y ciudades. El Rey Alfonso XIII, que había bendecido la larga y férrea dictadura de Primo de Rivera, había perdido el apoyo de la burguesía y tuvo que exiliarse. El pueblo, harto del atraso económico, el hambre, la miseria y el paro, rechazó la dictadura y la monarquía casi al mismo tiempo. En cuestión de días se creó el gobierno provisional de Alcalá Zamora, formado por republicanos de ambos signos —tanto de izquierdas como católicos y conservadores— en favor de la república sellando el pacto de San Sebastián, y se inició el proceso constituyente que en diciembre culminaría con la nueva constitución española. La caída de la monarquía y los anhelos del pueblo favorecieron la constitución de un amplio programa de reformas que reconocía derechos sociales, laborales y económicos, declaraba la laicidad del Estado, el sufragio universal, la separación de poderes, el derecho al Estatuto de Autonomía, etc., clamores populares, que darían el pistoletazo de salida el bienio progresista. Pero ¿supuso la IIª República un verdadero cambio de régimen? La IIª República no resolvió la cuestión nacional en un país desigual, donde la cohesión territorial era un proyecto impuesto por la clase dirigente. Mientras en el sur los campesinos desposeídos de la tierra eran explotados por los latifundistas, entre ellos la iglesia, en el norte las industrializadas Euskadi y Catalunya veían cómo las demandas democráticas nacionales se convertian progresivamente en demandas transversales en estos territorios. Pero sobre todo no resolvió la cuestión social en una España agraria y latifundista, atrasada y famélica, en plena crisis financiera y con un paro rampante. La reforma agraria nunca llegó a concretarse. La burguesía y la pequeña burguesía tan sólo debían declararse republicanas para que el gobierno no autorizase su expropiación. De esta manera la República defendió a la oligarquía capitalista frente a los campesinos y trabajadores. ¿De qué nos sirve tener una república, que era incapaz de resolver los problemas políticos i sociales de la mayoría? Según Trotsky, la IIª República en el Estado español fue vencida por “la enfermedad de la vieja sociedad”, y no por las “fuerzas revolucionarias de la nueva sociedad”. La burguesía buscó en el régimen republicano nuevas formas de dominación que los trabajadores y las otras clases populares, lejos de ejercer su papel explosivo y revolucionario, veían favorablemente por ser opuestos a los de la dictadura y la monarquía. La manifiesta incapacidad de la república para hacer frente a las grandes demandas de las classes populares, abrió las puertas al crecimiento de las idea revolucionárias. Estó se vio con claridad en la magnífica respuesta revolucionária al alzamiento fascista de 1936. ¿La IIIª República? ¿La demanda de la IIIª República debe ser el eje que vertebre la lucha de la izquierda anticapitalista? Aunque podemos reconocer los paralelismos existentes entre la IIª República y el contexto actual —una grave crisis económica y financiera causada por los excesos de empresarios y banqueros; millones de trabajadores, especialmente jóvenes, sin empleo sobre los que recae el peso de socializar las pérdidas de la crisis financiera creada por el capital, a base de recortes y privatizaciones; la pérdida de los servicios básicos, de derechos laborales y sociales, etc.— y podamos compartir los ideales republicanos, la historia nos demuestra que la república no puede acabar con las injusticias que genera el capitalismo. Además, la reciente constitución de la Assemblea Nacional Catalana con su hoja de ruta hacia la independencia, la declaración de ETA de abandonar la actividad armada y la progresiva legalización de los partidos de la izquierda abertzale, nos demuestran que en los territorios dónde la cuestión nacional sigue siendo un problema no resuelto, la idea de la independéncia tiene mucho mas apoyo social y político que la lucha por la IIIª República. A día de hoy, no basta con reclamar la IIIª República para liberarnos de los mercados y de la corrupción política. Hay que ir más allá, y tomar la lucha contra el capitalismo como el eje central de un ideal socialista y democrático. Por Cesc Laporta..http://www.enlucha.org/site/?q=node/17091