23 de abril de 2012

Proceso contra Algirdas Paleckis en Lituania. Historia con amnesia selectiva

ALIANA NIEVES QUESADA--- Si hay un tema sobre el cual coincide prácticamente toda la humanidad, es en la definición del bando de los buenos y los malos durante la II Guerra Mundial. La culpa cae sobre Alemania y sus aliados, y el país asume con vergüenza la responsabilidad de haber engendrado el mayor acto genocida que la especie humana conoce. Pero todo dato tiene un margen de error, un por ciento que se escapa de la generalidad, por muy correcta que esta parezca, y las convenciones históricas no son la excepción. Cuando hace ya 67 años que el Holocausto vio su fin, todavía existen gobiernos que apoyan lo ocurrido y reniegan del rumbo que tomaron sus naciones una vez derrotadas las fuerzas fascistas. Es Lituania claro ejemplo de ello. El país báltico fue liberado de las tropas de Adolfo Hitler por el Ejército soviético en 1944 y luego del conflicto pasó a formar parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) hasta marzo de 1990, cuando declaró su independencia y comenzó su andadura individual. A partir de ese momento en el país sucede algo curioso, tratan de reescribir la historia, de negar victorias y elogiar atrocidades. El Parlamento prohibió en el 2008 el uso público de simbología nazi, algo lógico. Pero también vetó la muestra de símbolos soviéticos, incluyendo la hoz y el martillo, banderas, himnos y uniformes. De esta manera el país igualó legalmente al fascismo con el comunismo bajo la justificación de que ambos causaron el mismo daño. "Equiparar la simbología del Estado que hizo una aportación decisiva a la derrota del fascismo en la II Guerra Mundial significa profanar la memoria de quienes sacrificaron sus vidas para salvar el mundo de la peste parda", declaró en aquel momento el portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, Andréi Nesterenko. El entonces presidente del Senado ruso, Serguéi Mironov, calificó de marasmo la actitud de Lituania y denunció que se trataba de una traición a la memoria de los soldados soviéticos, entre ellos lituanos, que sacrificaron sus vidas en la lucha contra los nazis. Pero más allá de obviar el determinante rol de la URSS en la II Guerra Mundial, la controversial normativa entraña un doble estándar. Avala el ensañamiento hacia todo lo que se refiere a Rusia y propicia la constante presencia de grupos neofascistas en las actividades políticas y sociales del país. Tanto es así, que mientras los "historiadores" justifican el uso de la esvástica nazi alegando su origen milenario que simboliza la vida y el universo, las cortes iniciaron un proceso legal contra el presidente del Frente Popular Socialista de Lituania, Algirdas Paleckis, en el cual se le acusa de haber "negado y restado importancia a los graves y atroces crímenes" cometidos entre el 11 y 13 de enero de 1991, durante la supuesta agresión de la URSS a territorio lituano. Por ello la fiscalía exige someterlo a un año de privación de libertad con prórroga de dos años más. Exactamente las declaraciones fueron: "¿Y qué pasó el 13 de enero? Como se demuestra ahora, los nuestros dispararon contra los nuestros". Paleckis se refería a varias protestas populares que se produjeron a comienzos de 1991 en las inmediaciones de la torre de televisión de Vilna, capital lituana, producto de una abrupta subida del precio de los alimentos efectuada por el Gobierno separatista. El momento fue contradictorio, pues los militares intervinieron y provocaron la muerte de 14 personas. Lituania ahora acusa a la URSS y pasa por alto que en aquel momento hacía casi un año que el país había proclamado su independencia. FASCISMO CON INTENCIÓN OCCIDENTALISTA Desde el primer momento Vilna fijó las relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea como estratégicas, y las administraciones norteamericanas han respondido a este gesto con estrecha cooperación política, económica y militar. Este amorío llegó a su clímax en el 2004, cuando Vilna ingresó en la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) y en la Unión Europea (UE). Desde entonces la nación se ha convertido en cauce perfecto para tamizar la política estadounidense hacia Rusia. Los gobernantes del país reconocen que les interesa complacer a Estados Unidos más que a Europa, y como garantía para que la situación continúe de esta forma, la OTAN promete a Vilna "protección" de su espacio aéreo con aviones de combate. La significación de este hecho en las relaciones con Rusia es clave, pues el lateral occidental de Lituania tiene frontera con el enclave ruso de Kaliningrado, escenario en el cual Rusia ubicará una nueva batería de cohetes S-400 para hacer frente al escudo antimisiles de Estados Unidos en la zona. Washington no se pronuncia sobre las bien conocidas manifestaciones fascistas en el país, ni le interesa que su presidenta, Dalia Grybauskaite, le rinda tributo a los combatientes del bando fascista lituano. En este caso se trata de compartir enemigos.Granma