10 de mayo de 2012

¿El egoísmo está en los genes?

La ideología neoliberal parte del prejuicio de que los individuos actúan sólo por su propio bienestar, afirma que el ser humano es egoísta por naturaleza. Es una idea muy antigua que se ha ido reformando hasta llegar a nuestros días a través de la biología y la teoría del gen egoísta. Según los economistas liberales, el sistema económico debe corresponderse con esta esencia de la condición humana. Dado que ellos entienden la sociedad como un conglomerado de diferentes individuos que luchan por su propia supervivencia, desean que las reglas de la economía contemplen, respeten y defiendan la iniciativa individual y egoísta intrínseca a la condición humana. Por este motivo el concepto “competencia” es uno de los pilares básicos de la ideología neoliberal. De hecho, el sistema de mercado que defienden, se define por la capacidad de garantizar la libre competencia en el ámbito económico, libre de obstáculos políticos, sindicales y ecológicos. A su entender, esta competencia entre las personas motiva a los individuos a superarse y a buscar lo mejor de ellos mismos. Y dicen a continuación que el mercado no sólo premia justamente a aquellos que más se han esforzado, sino que, paradójicamente, esta búsqueda de autosuperación individual hace progresar a toda la sociedad en su conjunto. Aseguran que la competencia genera un alud de descubrimientos científicos y aumenta la productividad de tal manera que el proceso, iniciado como una lucha egoísta entre individuos y empresas, acaba beneficiando a la mayoría de la población a través del crecimiento económico y el aumento del consumo. La mejor manera de refutar este último mito es observar la violencia y el sufrimiento que provoca la crisis del sistema de mercado. La competencia es enormemente caótica y destructiva, y la historia nos lo recuerda a menudo. Poner nuestras vidas en manos de un sistema que no entendemos, no prevemos y no controlamos es una elección política profundamente irracional por parte de la humanidad, una actitud casi suicida. Mientras los economistas oficiales y los políticos de turno nos intentan convencer de que el liberalismo es la mejor manera de salir de la crisis, la evidencia del desastre descubre la trampa. Lo único que pretende el neoliberalismo es mantener y aumentar los beneficios del 1%. Y es en esta dirección donde el discurso neoliberal de la supuesta condición egoísta del hombre juega un papel tremendamente útil para convencer al 99% de que la economía de mercado es la más natural y deseable para todos. Descubrimos así que la economía no es tanto una cuestión científica como ideológica. Y a la luz de los acontecimientos nos damos cuenta cómo la cultura mainstream y la mitología contemporánea refuerzan este engaño cuando nos invitan a pensar que nosotros, con mucho esfuerzo y trabajo, también podemos ser unos triunfadores. Por suerte o por desgracia, el sueño americano es un mito sin ningún fundamento estadístico. Woody Allen refleja perfectamente este hecho a la película Match Point, sólo puedes pertenecer al 1% si naces en una familia del 1% o si eres una persona con muchísima suerte y humanamente miserable. Sobre el mito de la condición egoísta son muchísimos los casos en que la realidad niega este prejuicio. Los voluntarios de las ONG o los propios activistas sociales, por poner sólo dos ejemplos, demuestran que la gente no sólo se esfuerza para sacar un provecho económico individual de sus acciones, también lo hace impulsada por el altruismo y el respeto hacia las demás personas. Si bien es cierto que no podemos negar la existencia de multitud de actitudes egoístas, lo que nos tenemos que preguntar realmente es cuánto hay de natural y cuánto de social a los impulsos y motivaciones que guían nuestras vidas. Si nos decantamos por el factor natural concluiremos que este egoísmo es imposible de cambiar, y probablemente no entenderemos nada de lo que está pasando. Pero si nos decantamos por el factor social, una hipótesis que se ajusta mucho más a la realidad, entenderemos que este egoísmo es sencillamente el producto de una situación material que nos empuja únicamente a mirar por nosotros mismos. El egoísmo es consecuencia y no causa del sistema de mercado; no es natural sino que se crea.Pere Duran---http://www.enlucha.org/site/?q=node/17214