21 de mayo de 2012

Los primeros cambios en Europa

El abatimiento duró mucho y la resistencia tardó demasiado para manifestarse, salvo en Grecia, pero la Europa de los trabajadores comienza a reaccionar. En el plano de la movilización social, se multiplican las fábricas ocupadas en Francia, donde las manifestaciones electorales convocadas por el Frente Izquierda fueron siempre multitudinarias; simultáneamente, en Grecia los trabajadores ocupan y hacen funcionar en autogestión fábricas, hospitales, diarios y las manifestaciones violentas de protesta no cesan; al mismo tiempo, junto con las huelgas generales en España, los indignados se radicalizan y comienzan a unirse a los sindicatos. Por otra parte, en el plano electoral, el gobierno conservador inglés fue derrotado y, si se realizasen elecciones ya, los laboristas ganarían con 38 por ciento. En el mismo momento, en las municipales italianas la centroizquierda ganó en todos lados y la racista Liga Norte se está deshaciendo y pierde votos y posiciones mientras el partido de Berlusconi entró en disolución, y en las regiones alemanas donde se votó (Schleswig-Holstein y Westfalia), la democracia cristiana sufrió duras derrotas y Angela Merkel sólo espera el golpe de gracia en las próximas elecciones generales después que el Parlamento federal la obligó a modificar su plan de austeridad. Pero los resultados más resonantes fueron los de Francia y los de Grecia. François Hollande ciertamente es muy moderado y, en lo fundamental, no va a hacer una política muy diferente a la de Sarkozy, entre otras cosas por las múltiples imposiciones de la Unión Europea que no quiere desconocer. Pero fue elegido gracias a los votos de la izquierda agrupada en el Frente de Izquierda (Partido de Izquierda, escindido de la izquierda socialista, comunistas, un sector unitario de los trotskistas, socialistas de izquierda sueltos) que obtuvo 11.8 por ciento de los sufragios, más 2 por ciento de los ecologistas y otro uno por ciento de los trotskistas del Nuevo Partido Anticapitalista que terminaron de todos modos votándolo. Este fue el núcleo duro que movilizó y arrastró y permitió, en la segunda vuelta, lograr votos de centro derecha y del mismo Frente Nacional y ganar. Hollande, que nunca fue de izquierda, formó un gabinete encabezado por un hijo de obrero, líder de la tendencia Lucha de clases de su partido y amigo de Jean-Luc Mélenchon, el cual pesará con sus propuestas y su acción. Hollande se diferenció de Merkel, redujo 30 por ciento los sueldos de sus ministros y el suyo propio, en estos días promulgará impuestos a las finanzas y a los más ricos y probablemente adoptará medidas para proteger el trabajo en las fábricas ocupadas. No es mucho, pero es lo que podía hacer de inmediato un gobierno reformista serio y eso podría bastar para que centroizquierda e izquierda, unidas, ganen también las elecciones parlamentarias. Es muy probable que en las elecciones parlamentarias de junio próximo el Frente Nacional pierda parte de los votos obtenidos entre los trabajadores que no son fascistas pero que quisieron formular su protesta. Habrá que ver cómo le va a Mélenchon, que se presenta como candidato en el mismo distrito donde se presenta Marine Le Pen, pero el solo hecho de desafiar a los fascistas en las zonas populares radicalizará la lucha política cotidiana en Francia y podrá dar un punto de apoyo a la movilización de los inmigrantes, que son millones, pero que no votan. El triunfo de Hollande, por otra parte, ya tuvo su efecto en Alemania, donde los socialdemócratas y verdes crecen, mientras se derrumba el partido de Angela Merkel y, con ésta, la posibilidad de remplazar el Merkozy por un Merlande. Mientras, de Grecia se fugan a Suiza 900 millones de euros y, en un solo día, se van otros mil millones del Bankia, el cuarto banco español, y el euro se debilita constantemente frente al dólar. La política de austeridad generalizada no podrá ser mantenida y se asoma al horizonte una versión esfumada y tímida del New Deal de Roosevelt en la que el gran capital podría verse obligado a reformas y a gastos inflacionarios y políticas sociales de tipo keynesiano para no perderlo todo. El punto más débil del capitalismo europeo es nuevamente Grecia, aunque el país representa menos de 2 por ciento del producto total de la Unión Europea y tiene menos de 11 millones y medio de habitantes, pero su deuda llega a 350 mil millones de euros que no puede pagar. En junio el partido-frente Syriza podría superar 25 por ciento de los votos y convertirse en el primer partido. Su éxito y su reclamo de un gobierno de izquierda, que los comunistas del KKE (estalinista) se niegan a aceptar, podrían quitarle a este partido votos y militantes (en las últimas elecciones logró pasar de 7 a poco más de 8 por ciento) y conquistar votos campesinos del Pasok y votos de centroizquierda, canalizando también de modo positivo parte de los votos de protesta que fueron a los nacionalistas derechistas. El panorama político griego se concentraría y radicalizaría. Hay que tener en cuenta que casi la mitad de los policías –que votan en sus cuarteles– apoyaron a los fascistas mientras casi la totalidad de los obreros y la mayoría de los jóvenes votaban por Syriza (y en menor medida por el KKE, los obreros más viejos). Syriza se basa en un frente, Synapismos, nacido hace 20 años de una unión entre el ala mayoritaria del Partido Comunista, el PC del interior eurocomunista con el PC estalinista KKE –que después rompió el frente– y con grupos ecologistas y socialistas de izquierda. Synapismos formó entonces Syriza con un pequeño grupo trotskista, con gente salida por la izquierda del Pasok, con ecologistas y sindicalistas combativos y grupos de estudiantes y aunque no es un partido precisamente su flexibilidad y su discusión interna lo convierte en organizador sobre todo de la protesta juvenil entre los trabajadores urbanos, aunque entre los campesinos pobres el Pasok todavía tiene influencia.http://www.jornada.unam.mx/2012/05/20/opinion/023a2pol