10 de mayo de 2012

Olga Rodríguez : “Los derechos no caen del cielo, hay que exigirlos”

Olga Rodríguez ha desarrollado buena parte de su carrera profesional en la Cadena SER y en Cuatro, así como colaboraciones con El País. Ha trabajado en Afganistán, Estados Unidos, Egipto, Irak, Israel, Jordania, Kosovo, Líbano, México, Siria, Territorios Ocupados Palestinos y Yemen, entre otros países. Fue reportera en Bagdad durante toda la invasión de Irak de 2003, desde donde aportó sus crónicas radiofónicas diarias para la Cadena SER, en las que relató con la fase de bombardeos, la caída de Sadam Hussein, el caos generalizado ante la ausencia de mando, los saqueos, el incendio de la Biblioteca de Bagdad, el desmembramiento de la sociedad iraquí y la ineficacia e impasibilidad del Ejército estadounidense. Olga Rodríguez en el Hotel Palestine de Bagdad, durante la invasión de Irak en 2003. Estuvo alojada en el Hotel Palestine de Bagdad, desde donde presenció el ataque estadounidense a dicho hotel que acabó con la vida del cámara español José Couso y del periodista ucraniano Taras Protsyuk. Desde entonces, junto con otros compañeros de profesión, ha trabajado activamente en busca de una investigación independiente en torno al asesinato de Couso. Como testigo directo de lo ocurrido, declaró en dos ocasiones en la Audiencia Nacional, junto con los periodistas Jon Sistiaga y Carlos Hernández. En esta entrevista concedida a En lucha, Olga Rodríguez nos habla de su nuevo libro Yo muero hoy. Las revueltas en el mundo árabe y de la situación actual de las revoluciones árabes. Explícanos algo de tu nuevo libro. Pretende acercarse a la experiencia vital de las revoluciones árabes a través de algunas personas que han participado en ellas. A su vez, intento enmarcar las revueltas en un contexto histórico más amplio. Me centro en seis países: Egipto, Túnez, Libia, Siria, Bahrein y Yemen, donde los movimientos han tenido más fuerza y claras repercusiones. Lo que se desprende del mismo es que las revueltas no surgieron por generación espontánea. Detrás de ellas hay en muchos casos una larga lucha del activismo clandestino, de los movimientos obreros y de las agrupaciones que llevan años trabajando por la libertad y la justicia social. La constancia de unos pocos sentó las bases y creó los cauces para canalizar el hartazgo de la mayoría. Has pasado mucho tiempo en Egipto. ¿Cómo ves la situación actual de la Revolución Egipcia? La mecha de la revolución sigue viva. Este mayo va a ser muy activo. Ya hay más de 150 sindicatos independientes, cuando hace poco más de un año sólo había tres. Hay varias sentencias judiciales firmes que han ordenado la renacionalización de empresas privatizadas. Se han creado redes sociales sólidas. Egipto es clave en la región, es la piedra angular de Oriente Medio. Un Egipto verdaderamente libre modificaría los equilibrios de poder en la zona y sentaría las bases para una Palestina libre. Por eso hay demasiados actores regionales e internacionales que pretenden secuestrar la Revolución Egipcia, reconduciéndola a favor de sus propios intereses. El Ejército egipcio —que recibe 1.300 millones de dólares anuales de Washington desde la firma de la paz con Israel— ha reprimido brutalmente algunas protestas. Nadie dijo que sería fácil. La libertad no cae del cielo, se conquista, y en eso están los y las activistas egipcias. Como mujer que ha ejercido de periodista en los países árabes, ¿cómo has vivido el problema del sexismo allá, en comparación con el Estado español? El sexismo no es un problema ligado a una cultura o raza determinada, a pesar de que ciertas lecturas paternalistas y colonialistas occidentales así lo expresen, en una posición que fomenta claramente estigmas y prejuicios. No suelo tener problemas en los países árabes porque soy una mujer extranjera, y, por lo tanto, no dependo de aquellas estructuras, pero evidentemente el sexismo allí es un problema muy grave. Alguna gente de la izquierda europea acusa a la oposición siria de servir a intereses occidentales. ¿Cómo lo ves tú? Todos sabemos que la CIA y los países occidentales conspiran, pero no deberíamos olvidar que los pueblos a veces también conspiran. Negar el carácter genuino de las revueltas sirias —o de las árabes en general— es, desde mi punto de vista, dar la espalda a toda aquella gente que se está jugando incluso la vida. Al margen de los imperialismos y de los pulsos entre las grandes potencias, en Siria hay personas luchando por su libertad. Quienes consideran que toda la población está manipulada por actores extranjeros occidentales menosprecian al pueblo sirio y aceptan un esquema de pensamiento basado en la máxima “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Creo que la existencia de intereses extranjeros en la cuestión siria no puede pasar por alto la brutalidad del régimen. Además, una cosa es la voz de la oposición en el exilio, con algunos elementos vinculados a intereses occidentales, y otra es la oposición interna, sobre el terreno, que sigue mostrándose contraria a una intervención militar extranjera. Estar en contra del régimen de Assad no significa estar a favor de la injerencia extranjera ni del imperialismo occidental. Pero lamentablemente hay ciertos sectores de la izquierda europea que no lo han entendido. ¿Qué podemos aprender en Europa de las revoluciones árabes? Las revoluciones árabes ya han inspirado a otras sociedades. Recuerdo que el 15 de mayo de 2011 me telefoneó uno de los poco más de treinta indignados que estaban decididos a pasar la noche en la Puerta del Sol, y me preguntó: “¿Cómo se organizaron en la plaza Tahrir de El Cairo?”. Evidentemente las revoluciones árabes estaban muy presentes en ellos. Del mismo modo, el movimiento Occupy de Estados Unidos destaca en su propia página web, como una de sus principales características, la influencia de “las tácticas revolucionarias de la primavera árabe”. Podemos aprender que los derechos no caen del cielo, hay que exigirlos, y para ello hay que tomar las calles y resistir, como hicieron los egipcios cuando las fuerzas de seguridad comenzaron a atacarles: en vez de huir, permanecieron en la plaza, unidos. Podemos aprender sobre todo de la segunda fase de sus revoluciones, menos mediática pero sin embargo mucho más importante, en la que los activistas son conscientes de la necesidad de organización y de estructuras para impulsar acciones menos espontáneas, más coordinadas.http://www.enlucha.org/site/?q=node/17215 ---------- Yo muero hoy. Las revueltas en el mundo árabe Olga Rodríguez. Editorial Debate.