18 de junio de 2012

Españoles en la Segunda Guerra Mundial Combatiendo contra el III Reich

por Carlos A. Pérez-http://www.belliludi.com/azul2.html---- Del medio millón de españoles que se refugiaron en Francia durante los últimos meses de la Guerra Civil, más de la mitad regresaron tras los primeros meses. La cifra total de los que se quedaron, sin importarles las condiciones que fueran, varía desde los 140.000 hasta los 250.000 según los autores. Otros 12.000 permanecían en el África del norte francesa. En las «compagnies de prèstataires étrangers» Un decreto del gobierno francés de abril de 1939 estableció que los refugiados extranjeros entre los 20 y 48 años debían proporcionar prestaciones equivalentes al tiempo que los ciudadanos franceses pasaban cumpliendo con el servicio militar. Un informe elaborado para el Ministerio de la Guerra cifró en 230.000 los españoles movilizables al albur de este decreto. Se inició así la creación de compañías de trabajadores extranjeros, unidades militarizadas integradas por unos 250 hombres y capitaneadas por oficiales franceses de la reserva. Pese a que en cada prefectura se elaboró inicialmente un lista de las actuaciones más necesarias en el ámbito de las infraestructuras, estas compañías pasaron a desempeñar tareas relacionadas con la defensa nacional francesa como la construcción de obras defensivas en las fronteras y de campamentos militares. Hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial se calcula que el número de españoles incorporados a estas compañías fue de 20.000. A partir de septiembre de 1939, tras la movilización general, el enrolamiento de los extranjeros en estas unidades pasó a ser obligatorio. Para el 15 de diciembre había destinadas al ejército 102 compañías de prestatarios extranjeros (unos 25.500 hombres) que aumentaron hasta las 180 para finales de ese mes. Los españoles eran con diferencia el contingente nacional más numeroso por lo que a menudo eran citadas en los documentos oficiales como «compañías de trabajadores españoles». En el norte de África se organizaron doce compañías de un menor número de efectivos que las metropolitanas y que se agruparon en el 8º Regimiento de Trabajadores Extranjeros. En abril de 1940 eran unos 2.500 hombres repartidos entre Marruecos, Argelia y Tunicia. Pero no todas desempeñaron un papel militar. Para febrero de 1940, cuando las autoridades francesas retiraron el status de refugiados a los españoles que aún residían en el país, las compañías de trabajadores extranjeros también habían sido destinadas a labores agrícolas e industriales reemplazando la mano de obra francesa movilizada. El 1 de mayo eran 138 las compañías existentes no dependientes del Ministère de la Guerre. Según una estimación del estado mayor del ejército francés, a finales de abril de 1940 había unos 55.000 españoles en las compañías de trabajadores destinadas a las fuerzas armadas y otros 40.000 trabajaban en el campo o en la industria. En los campos de internamiento aún quedaban unos tres mil tenidos por no aptos. En la «Légion Étrangère» Desde que se inició la Segunda Guerra Mundial, las autoridades francesas también se dirigieron a los refugiados españoles internados con objeto de reclutar voluntarios para su Légion Étrangère. Los españoles que se alistaron en el ejército francés durante 1939 y 1940 lo hicieron por diferentes motivos. Para la mayoría significaba salir de los abominables campos de concentración a los que habían ido a parar tras huir de España. Para otros era la posibilidad de proseguir un combate frustrado, de tomarse el desquite de alemanes e italianos tras la Guerra Civil. Y para los menos, los idealistas, era la continuación de su empeño antifascista. También hubo otros a los que las autoridades francesas no les dieron otra opción si no querían ser repatriados a España. El número total de españoles así enrolados, según el estado mayor del ejército francés, fue de unos seis mil. Constituyeron un equilibrado colectivo con una clara identidad nacional que mantuvieron durante el conflicto allí donde combatieron. Eran veteranos de la Guerra Civil con experiencia militar gracias a que muchos habían ostentado mando en el Ejército Popular de la República, y jóvenes apenas politizados de las quintas del biberón (1941) y del chupete (1942). Los primeros proporcionarían orientación y asesoramiento a los segundos para poder poner en práctica los cuatro valores que caracterizaron la actuación de estos españoles en la Segunda Guerra Mundial: valentía, modestia, eficacia y caballerosidad. Como se les ofrecieron dos modelos de enganche, quienes optaron por firmar un contrato de cinco años fueron embarcados para Argelia, a Sidi bel Abbes, para integrarse en los nuevos regimientos y batallones de marcha de la Légion Étrangère. Durante 1939 fueron un total de 3.052 españoles los que se alistaron según este modelo. Los restantes prefirieron alistarse por el tiempo que durara la guerra. Así fueron enviados a Barcarès, lugar donde se organizaron tres regimientos de marcha de voluntarios extranjeros. Para el 10 de febrero de 1940, los españoles constituían el 40% de los efectivos de estos regimientos (2.709 sobre 6.770) y la mayoría se habían acogido al decreto del 27 de mayo de 1939 que autorizaba la creación de unidades de combatientes extranjeros. Los voluntarios extranjeros reclutados para combatir contra Alemania fueron incorporados a varias unidades procurando mantener cierta homogeneidad. Su carácter internacional y políticamente diverso impidió que obtuvieran el favor de los mandos franceses a la hora de ser equipadas y armadas. Pese a esta desconfianza, su comportamiento en el campo de batalla fue de tal mérito que todas ellas fueron reconocidas como integrantes de la Légion Étrangère francesa tras la guerra. En el caso del 11e Régiment Étranger d´Infanterie (creado en noviembre de 1939) el número de españoles ha sido calculado en unos quinientos. Esta unidad se distinguió en los feroces combates del bosque de Inor, cerca de Verdún, y de Saint-Germain-sur-Meuse. El 12e Régiment Étranger d´Infanterie (febrero de 1940) fue cercado en Soissons y quedó reducido a 300 hombres cuando logró escapar. Estas dos unidades contaron con un destacable cuadro de legionarios profesionales. El 21e Régiment de Marche des Volontaires Étrangers (octubre de 1939) sufrió grandes bajas en las Ardenas, el 22e Régiment de Marche des Volontaires Étrangers (octubre de 1939) rechazó varias ataques alemanes en Villers-Carbonnel, cerca de Péronne, antes de ser aniquilado y el 23e Régiment de Marche des Volontaires Étrangers (mayo de 1940) detuvo el avance enemigo durante dos días en Pont-sur-Yonne, al sureste de París, pese a que no llegó a estar completamente formado. Estos tres regimientos encuadraron principalmente a españoles y a refugiados de la Europa oriental, recibieron escasa instrucción militar y sus mandos fueron oficiales de la reserva. En el norte de África fue creado el 97º Grupo Extranjero de Reconocimiento Divisionario a partir de unidades motorizadas y de caballería de la Légion. Fue trasladado a Francia en marzo de 1940 y actuó protegiendo la retirada de las unidades francesas antes de protagonizar varios contraataques en los que fue destruido. En Francia y el cautiverio Se han calculado en unos 5.000 los españoles que murieron durante la campaña de Francia de 1940, pertenecientes tanto a las unidades militares como a las compañías de trabajadores, muchas de las cuales se encontraban desplegadas en el frente cuando se inició el ataque alemán. Por ejemplo, en la bolsa de Dunkerque quedaron cercadas quince de estas compañías. Los que fueron capturados por los alemanes fueron deportados primero a campos de prisioneros y posteriormente a campos de exterminio, de acuerdo con las directrices contra «los combatientes rojos españoles» que las autoridades nazis habían determinado en comunión con el gobierno franquista. De los 7.200 españoles que fueron deportados a Mauthausen murieron alrededor de cinco mil. Tras el armisticio franco-alemán, el gobierno de Vichy sólo mantuvo militarizados en la Légion Étrangère a los alistados por cinco años. Los demás recuperaron su estatus de refugiados. El gobierno de Vichy les ofreció tres opciones: ser repatriados, regularizar su situación trabajando en el campo o en la industria o ser trasladados como trabajadores forzosos a los campos del norte de África. La mayoría, naturalmente, optó por la segunda y muchos de los que permanecieron en Francia acabaron por incorporarse a la Resistencia. Meses después, las autoridades de Vichy recrearon las unidades de trabajadores extranjeros en las que los españoles constituyeron la gran mayoría: en agosto de 1943 eran españoles 31.000 de los 37.000 hombres encuadrados en estas unidades. En el norte de África fue disuelto el 8º Regimiento de Trabajadores Extranjeros y sus compañías repartidas por el territorio. Las duras condiciones en las que tuvieron que desempeñar los trabajos forzados fueron agravadas por los malos tratos que recibieron de las autoridades pétainistas francesas. Los españoles residentes en Francia también fueron empleados por las autoridades alemanas como mano de obra durante la ocupación. Entre 1942 y 1944, la Organización Todt reclutó a unos 26.000 (inicialmente de manera voluntaria y desde 1943 con carácter obligatorio) y otros 40.000 fueron deportados a Alemania. La «13e Demi-Brigade de Marche» De los 2.249 hombres que conformaron la 13e Demi-Brigade de Marche, aproximadamente medio millar fueron españoles. La noticia de su organización llegó a los campamentos de Sidi bel Abbes y Fez en los primeros días de febrero de 1940. Tres cuartas partes de los legionarios españoles se presentaron voluntarios y embarcaron en Orán el día 10 con destino a la metrópoli. Tras ser equipados, la media brigada se concentró en Belley, al pie de los Alpes, donde se desarrolló un intenso entrenamiento en montaña dirigida por el teniente coronel Magrin-Vernerey, Monclar. Esta significativa presencia de españoles modificó la tradicional disciplina existente en las unidades de la Légion Étrangère ya que su condición de refugiados políticos y no de marginados sociales introdujo unas nuevas relaciones entre la oficialidad y la tropa basadas en la camaradería y en la confianza antes que en el castigo y la brutalidad reglamentaria. Destinada a la fuerza aliada que iba a operar en Escandinavia, la media brigada embarcó en Brest el 12 de abril con destino a Inglaterra, y desde Glasgow hacia la costa noruega. Desembarcó en Bjerkvik el 12 de mayo, al norte de las posiciones alemanas, y encabezó durante las siguientes semanas los combates que llevaron a la reconquista de Narvik. Cuando llegó el momento de evacuación, el 7 de junio, las bajas españolas habían sido no más de un centenar. La dotación del Guadalajara con otros de la Nueve en París, 1944. Con la Francia libre De Noruega, la 13e Demi-Brigade fue trasladada brevemente a Bretaña antes de regresar a Inglaterra. Para entonces la situación de Francia ya estaba decidida. El 18 de junio, Charles de Gaulle anunció su intención de dirigir a todos aquellos franceses que desearan continuar combatiendo para liberar a su país. Cuando se presentó ante los legionarios españoles para pedirles su compromiso con la causa de la Francia libre, apenas alguno se ofreció voluntario confiados como estaban en ser repatriados a la Francia de Pétain para ser desmovilizados. Pero cuando se ordenó el embarque de los legionarios con destino a Marruecos, unos trescientos españoles se negaron a hacerlo y se quedaron en Inglaterra. Los temores de estos amotinados se cumplieron por cuanto la 13e Demi-Brigade acabó acantonada en Argelia sin ser sus legionarios licenciados. Desde ese momento, algunos desencantados españoles desertarían para embarcarse hacia el Camerún e incorporarse a las fuerzas de la Francia libre en África ecuatorial. Por ejemplo, un grupo de cincuenta desertó con armas y bagajes en Senegal y efectuó una épica marcha por selvas y sabanas de un mes hasta Brazzaville. Otros españoles que siguieron en las filas de la Légion Étrangère de Vichy acabaron siendo destinados a Senegal, al África Ecuatorial francesa o al Levante mediterráneo cuando fue disuelta la 13e Demi-Brigade. La mayoría de los que se habían quedado en Inglaterra, junto con otros españoles que habían podido llegar a Inglaterra, acabaron por incorporarse a la nueva 13e Demi-Brigade que había reorganizado el coronel Monclar con aquellos legionarios comprometidos con la Francia libre. Otros pocos se alistaron en las fuerzas británicas. De acuerdo con Paul Gaujac, de los 1.300 soldados que se unieron a De Gaulle, 600 eran antiguos republicanos españoles que servían como legionarios, una cifra que se nos antoja excesiva. Esta unidad partió el 30 de agosto hacia Duala, Camerún, desde donde participó en la conquista del Gabón francés. En África El día de navidad de 1940, la 13e Demi-Brigade embarcó hacia Sudán. Allí, su primer batallón formó junto con el 3e Bataillon de Marche du Tchad la Brigade Française d´Orient (BFO) del coronel Monclar. El batallón legionario estaba mandado por el comandante Dmitri Amilakvari, un noble georgiano de la casa Zedguinidzé que se había enrolado en la Légion Étrangère años atrás y cuyo hermano Alexandr había combatido en la Guerra Civil como oficial del Tercio de Navarra. En marzo de 1941, la BFO se concentró en la región eritrea de Chalamet para participar en la ofensiva sobre el África Oriental Italiana. Con la conquista del fuerte de Cubcub se inició la batalla de Keren, la primera que libraron fuerzas de la Francia libre contra tropas del Eje tras la derrota de 1940. Tras la misma acabó participando en la toma de Asmara y del puerto de Massawa a primeros de abril. Finalizada su participación, fue enviada al desierto de Gaza para integrarse en la 1e Division Légère de la Francia libre que se estaba formando. Formando parte de la misma participó en la campaña de Siria y Líbano de junio-julio de 1941. Los legionarios españoles participaron en el asalto a las alturas de Kisoue, abriendo el camino a Damasco, y alcanzaron Baalbek. En esta campaña hubo otros españoles, los que permanecían en las unidades leales al gobierno francés de Vichy. La mayoría estaban en el 6e Régiment Étranger d´Infanterie, formado en octubre de 1939, con base en Homs y dirigido por el coronel Barré. Unos 300 españoles encuadrados en el 11e Bataillon des Volontaires Étrangers habían sido destinados a dicho regimiento a su llegada al Levante francés en abril de 1940. Había otros que formaban en varias compañías de trabajo destinadas al Levante colonial francés. Algunos de ellos desertaron para incorporarse a las fuerzas de la Francia libre pero otros combatieron en las unidades en que se encontraban hasta la rendición. Tras la misma, algunos solicitaron su ingreso en la 13e Demi-Brigade junto a sus compatriotas. Al finalizar esta campaña, las fuerzas francesas libres fueron concentradas en Deraa (Siria) para su reorganización ya que la división iba a ser disuelta en beneficio de tres brigadas ligeras. La 13e Demi-Brigade del teniente coronel Amilakvari fue reorganizada en tres batallones gracias al incremento de sus efectivos, entre los que había medio millar de españoles: su I Batallón fue encuadrado en la 2e Brigade Légère del general Cazaud y los otros dos en la 1e Brigade Légère del general Koenig. A finales de 1941, tras finalizar su entrenamiento, esta brigada partió hacia el frente norteafricano, entrando en combate en el paso de Halfaya antes de desplegarse en Bir Hakeim (cien kilómetros al sur de Tobruk) en febrero de 1942. Y allí se encontraba cuando se inició la ofensiva de Rommel tres meses más tarde. Bir Hakeim y El Alamein En Bir Hakeim, la unidad del general Koenig protagonizó una estoica resistencia antes los asaltos de las fuerzas italianas y alemanas. En una primera fase, los carros de la división acorazada italiana Ariete penetraron en la localidad antes de ser cazados por grupos formados y dirigidos por legionarios españoles, experimentandos en el combate cercano antitanque. Un nuevo y más poderoso asalto realizado días más tarde también fue rechazado durante una semana hasta que el mando del Octavo Ejército autorizó el repliegue de la 1e Brigade Légère. Las numerosas bajas sufridas obligaron a reorganizar la 13e Demi-Brigade disolviendo su tercer batallón y trasladando el primero desde la 2e Brigade Légère. La brigada de Koenig fue adscrita a la 7ª División Acorazada británica para la batalla de El Alamein. Entre los caídos durante la misma destaca el teniente coronel Amilakvari. Cuando las fuerzas de Rommel iniciaron la retirada, la 1e Brigade Légère avanzó en reserva y a su llegada a Trípoli en enero de 1943, los legionarios españoles se encontraron con aquellos compatriotas bajo el mando del general Leclerc que habían atravesado el Sáhara desde el Chad. En febrero de 1943, las brigadas de la Francia libre que habían llegado a Tunicia con el Octavo Ejército de Montgomery se reorganizaron para constituir la 1ª División Francesa Libre. Bastantes españoles de la 13e Demi-Brigade aprovecharon esta situación para pasarse a la unidad del general Leclerc, cuya personalidad inspiraba mayor confianza que aquellos generales como Alphonse Juin que habían esperado hasta la victoria sobre el Afrika Korps para pasarse a las fuerzas de la Francia libre. En la campaña norteafricana hubo otros combatientes españoles. Eran los legionarios que habían regresado al Magreb desde Inglaterra para seguir al servicio de la Francia de Vichy, junto con algunos nuevos reclutas. Aunque se resistieron inicialmente al desembarco aliado, posteriormente participaron en la batalla por Túnez encuadrados en dos prestigiosas unidades, el 3e Régiment Étranger d´Infanterie y el 1e Régiment Étranger d´Infanterie de Marche, que en julio de 1943 se transformaron en el Régiment de Marche de la Légion Étrangere. Actuando éste como la infantería motorizada de la 5e Division Blindée, sus españoles combatieron desde el verano de 1944 en Europa en el ejército del general De Lattre de Tassigny. En Europa Los dos batallones de la 13e Demi-Brigade desembarcaron con la 1e Division Française Libre en Italia en abril de 1944, formando parte del Cuerpo Expedicionario Francés (CEF) del general Juin. En mayo, el CEF participó en la ofensiva contra la línea Gustav. La 13e Demi-Brigade encabezó el avance: cruzó el río Garellano, atravesó la segunda línea de defensa y prosiguió hacia Roma. Existen testimonios gráficos de la entrada de la 13e Demi-Brigade en Roma pese a las órdenes del mando aliado contrarias a esta eventualidad. A la de Roma le siguió la liberación de Siena y el avance hasta las proximidades de Florencia antes de que el CEF fuera retirado para participar en el desembarco en la Provenza. En estos momentos la presencia de españoles en la 13e Demi-Brigade se ha visto paulatinamente disminuida por las bajas y los «traslados» a la división de Leclerc. La 13e Demi-Brigade desembarcó junto con el I Ejército francés del general De Lattre de Tassigny el 16 de agosto de 1944 en Saint-Tropez. Desde allí participó en la conquista de Tolón nueve días más tarde. En su avance por el valle del Ródano camino de Lyón, en Valence, los españoles de la 13e Demi-Brigade fueron efusivamente recibidos por una de las muchas partidas de guerrilleros españoles que operaban en esa zona. Más adelante, los legionarios españoles participaron en los duros combates de Autun y Colmar, cruzaron el Rin para penetrar en Alemania y combatieron en los Alpes, en los últimos enfrentamientos de la Segunda Guerra Mundial. Con Leclerc Entre los hombres que iniciaron la aventura del general Leclerc (Philippe de Hauteclocque) en el África tropical también hubo españoles, pero pocos, apenas un puñado. Su número aumentó con ocasión de la llegada a Trípoli en enero de 1943 de la pequeña fuerza del general francés tras atravesar el desierto del Sáhara gracias al trasvase de legionarios de la 13e Demi-Brigade, como ya se ha dicho. Entonces, Leclerc inició de acuerdo con Montgomery un proceso de expansión de su unidad, convirtiéndola en una brigada ligera motorizada denominada Force L. Esta unidad se incorporó un mes más tarde a la ofensiva sobre Tunicia. Concentrada en Ksar Rhilane, participó en el flanqueo de la línea Mareth. Tras la conquista de Túnez, la unidad de Leclerc fue acantonada en Djidjelli, Argelia, para convertirse en una división acorazada. Durante este proceso, el contingente de españoles aumentó como consecuencia de la incorporación del Corps Franc d´Afrique y del alistamiento de residentes en el Oranesado. De hecho, en esta región existía una numerosa colonia de españoles y pied noirs de origen español que en noviembre de 1942 ascendía a 70.000 individuos, 14.000 de ellos residentes en Orán. Además, cuando en abril de 1943 se cerraron los campos de internamiento franceses, los refugiados españoles liberados tuvieron que elegir entre emigrar a Méjico, incorporarse al Royal Pioneer Corps británico, a la Légion Étrangère o al Corps Franc d´Afrique. Muchos optaron por algunas de las tres últimas opciones. El Corps Franc d´Afrique fue organizado en noviembre de 1942, a instancias del general Giraud, por el general De Monsabert con el objetivo de reclutar a aquellos extranjeros que desearan unirse a la lucha contra el Eje. Como el stablishment militar ex pétainista desconfiaba de esos voluntarios por su orientación política antifascista e izquierdista, los quiso tener al margen de las unidades regulares francesas. Fue precisamente esta neta identidad antifascista lo que animó a no pocos españoles (y no españoles) a alistarse en esta unidad. Así, se alistaron entre otros el que fuera jefe de la Marina de guerra republicana, el almirante Miguel Buiza, quien con el grado de capitán mandó una compañía compuesta por españoles. Uno de sus más destacados animadores fue Joseph Putz, un veterano francés de la Gran Guerra y de las Brigadas Internacionales. El Corps Franc d´Afrique contó con unos 3.000 hombres agrupados en tres batallones que fueron equipados y armados por los británicos. A finales de 1942 se desplegó en el extremo izquierdo del frente aliado, junto al Mediterráneo, y participó en la ofensiva final sobre Túnez y Bizerta. En contra de los deseos del general Giraud y animados por el comandante Putz, los voluntarios del Corps Franc d´Afrique se incorporaron a la división en formación de Leclerc. También se incorporaron algunos españoles que servían en los regimientos legionarios del ejército de Giraud. La razón de esta notable afluencia de españoles a la división de Leclerc tuvo mucho que ver por los rumores que se extendieron sobre la creación de una unidad independiente enteramente española que combatiría bajo la bandera nacional republicana española. Aunque no se convirtió en realidad, la bandera tricolor republicana lució en los vehículos de la 9ª Compañía del Regimiento de Marcha del Chad por los campos de batalla de Europa occidental. En septiembre de 1943 nació la 2e Division Blindée del general Leclerc. El número de españoles es difícil de cifrar pese a que el propio general Leclerc afirmara, exageradamente, que tuvo bajo sus órdenes a varios miles. La mayoría se encuadró en el Régiment de Marche du Tchad, una unidad de infantería mecanizada que se creó en el verano de 1943. Su III Batallón estaba mandado por el comandante Putz y una de sus compañías, la 9ª, está formada casi completamente por un centenar y medio de españoles. Su capitán, Raymond Dronne, asegura que había españoles por las demás unidades, concretamente en las compañías 11ª, de acompañamiento y de apoyo; y que políticamente eran anarquistas, socialistas y republicanos, con muy pocos comunistas. En mayo de 1944 la 2e Division Blindée fue trasladada a Inglaterra y el 1 de agosto de 1944 desembarcó en Normandía, donde participó en los duros combates de Ecouché durante la formación de la bolsa de Falaise. Formando parte del III Ejército estadounidense del general Patton, el día 23 inició desde Argentan el avance que tenía como objetivo la liberación de París. El Régiment de Marche du Tchad encabezaba la división y la compañía española, la «Nueve», abría la marcha. Al anochecer del siguiente día, sus vehículos llegaron a la plaza del ayuntamiento tras recorrer doscientos kilómetros. Estos primeros vehículos que entraron en la capital francesa lucían nombres españoles (en castellano como España Cañí, Madrid, Guadalajara, Teruel, Belchite, Brunete, Guernica... y en francés como Don Quichotte, L´Ebre…) y su gesta quedó inmortalizada gracias a la presencia de corresponsales extranjeros como Ernest Hemingway, Robert Capa o Charles C. Wertenbaker. En París, otros españoles pertenecientes a la Resistencia participaron en las escaramuzas con la guarnición alemana. El 8 de septiembre la división de Leclerc reinició la marcha con destino a Lorena y Alsacia. Junto con divisiones estadounidenses participó en la liberación de Estrasburgo el 23 de noviembre y durante los dos meses siguientes colaboró en la eliminación de las fuerzas cercadas en torno a Colmar. A finales de enero de 1945, en el marco de esta operación, los españoles de la 2e Division Blindée se encontraron con sus compatriotas de la 13e Demi-Brigade que desde el sur de Francia habían alcanzado también la frontera alemana en esta zona. Tras participar en la reducción de las bolsas existentes en varios puertos atlánticas, la división de Leclerc regresó a finales de abril al Rin para penetrar en Alemania. Marcharon por Karlsruhe, Stuttgart y Augsburgo para llegar a Múnich mientras una de sus agrupaciones se desviaba hasta Berchtesgaden. Entre los miembros de la división que alcanzaron el Berghof de Hitler el 5 de mayo se encontraban dos secciones de la «Nueve». De los 144 miembros de esta compañía que desembarcaron en Utah Beach, sólo quedaban al finalizar la guerra dieciséis. Por estas fechas, no muy lejos de allí, en el campo de exterminio de Mauthausen un puñado de españoles supervivientes encabezaban la insurrección del comité de prisioneros de dicho campo y saludaban la llegada de las fuerzas aliadas con un cartel escrito en español colocado sobre la puerta principal. «Maquisards» españoles Destacable es también la actuación de varios miles de guerrilleros españoles, la gran mayoría comunistas, que combatieron en el maquis francés. Aunque protagonizaron esporádicas acciones durante 1941, fue en abril de 1942 cuando se constituyó oficialmente el XIV Cuerpo de Guerrilleros Españoles. Se trataba de una organización controlada por el Partido Comunista Español e independiente de la Resistencia francesa. En esta fase embrionaria, sus primeros núcleos se instalaron en la región de los Pirineos orientales. A finales de ese año, según el PCE no serían más de medio millar sus miembros. Durante 1943 se desarrolló su organización con la creación de «compañías», «batallones», «brigadas» y «divisiones» de escasos efectivos (una brigada contaba con unos 300 hombres) y aumentó el número de guerrilleros. Así, a finales de año las siete divisiones del XIV Cuerpo de Guerrilleros Españoles operaban en 31 departamentos del Mediodía y la Provenza. Antes, en otoño, se había realizado una fusión teórica de estas unidades con la organización comunista francesa de la Resistencia, aunque en la práctica conservaron su autonomía organizativa. En mayo de 1944, el XIV Cuerpo se transformó en la Agrupación de Guerrilleros Españoles, siempre controlada por el PCE y con una plena autonomía respecto a las organizaciones políticas y resistentes francesas. De hecho, para los dirigentes guerrilleros españoles su organización era un pequeño ejército extranjero que ayudaba en la liberación de Francia pero que se guardaba para su destino final: España. En agosto de 1944 la AGE fue reconocida por las Fuerzas Francesas del Interior (FFI) como una organización española integrante de las mismas. Y es que durante la primavera, unidades guerrilleras españolas habían participado en batallas tan relevantes de la Resistencia francesa como las de Glières, Vercors y Mount-Mouchet. Sus efectivos alcanzaron tras la movilización general de junio, como consecuencia del desembarco de Normandía, los diez mil guerrilleros. En noviembre, completada la liberación del Mediodía francés, se acometió una reorganización por la que se crearon once batallones de seguridad que se desplegaron por la región hasta que el 30 de marzo de 1945 fue ordenada la desmovilización de los guerrilleros españoles. Guerrilleros españoles de la 10ª Brigada, Pau, 1944. Con Gran Bretaña Una unidad constituida por españoles formó parte de las fuerzas armadas británicas durante la práctica totalidad de la Segunda Guerra Mundial: la No. 1 Spanish Company del Real Cuerpo de Ingenieros, cuya bandera se exhibe en un museo de Northampton. Nació en 1940 y fue disuelta en 1946. La mayoría de sus primeros efectivos procedía del contingente de legionarios españoles de la 13e Demi-Brigade que se amotinó tras regresar de Narvik. Algunos se alistaron en el ejército británico junto con unos pocos evadidos de Francia tras la débâcle (cabe citar aquí que durante la campaña de Francia, la 185e Compagnie de Prèstataires Étrangers fue adscrita a la BEF y unos pocos supervivientes pudieron llegar a Inglaterra) y recibieron entrenamiento militar durante tres meses al tiempo que se organizaba la compañía. Eran unos 280 hombres con suboficiales británicos y españoles que estuvieron destinados en diversos lugares de la costa inglesa. El 13 de agosto de 1944 desembarcaron en Normandía y durante la batalla de las Ardenas estuvieron temporalmente bajo mando estadounidense y a punto de entrar en combate. En esta unidad, las fuerzas especiales británicas reclutaron a unos cuarenta individuos que efectuaron diversos cursos de formación en paracaidismo, sabotaje, etc., ante la hipótesis de una intervención en España. Otro pequeño grupo de españoles, unos setenta, que servían en Siria y Líbano se pasaron a las fuerzas británicas cuando se firmó el armisticio entre Alemania y Francia en 1940. La mayoría eran legionarios del 6º Regimiento que huyeron a Palestina y se enrolaron en el 50th Middle East Commando mandado por el teniente coronel George A. D. Young, donde constituyeron su Compañía B. Recibieron un riguroso entrenamiento durante cinco meses hasta que en diciembre de 1940 fueron trasladados a Creta. Habiendo regresado a Egipto en marzo de 1941, el 50th Commando fue amalgamado con el 52th en una nueva unidad que se integró en la Layforce como Batallón D: los españoles formaban la mitad de una compañía (dos «troops»). En mayo regresaron a Creta donde combatieron duramente con los fallschirmsjägern alemanes: tras la evacuación, sólo regresaron a Alejandría diecisiete españoles (en 1945 retornarían a Inglaterra 35 españoles tras años de cautiverio en Alemania). Estos supervivientes se incorporaron junto con sus compañeros en el 1st Special Regiment del Special Operations Executive. Otro puñado de españoles procedentes del 50th Middle East Commando combatió en uno de los batallones del Queen´s Regiment de la 7ª División Acorazada (131ª Brigada). Entre abril y julio de 1943, los británicos organizaron una serie de compañías de ingenieros en el norte de África. En concreto, la 361ª estaba enteramente compuesta por españoles, eran mayoría en la 362ª y una significada minoría en la 363ª. Desde la operación Torch hasta mayo de 1943 el número de españoles que se alistaron ha sido calculado en 794. La 361ª Compañía recibió entrenamiento militar en febrero de 1944 y las tres partieron en septiembre de ese año hacia Gran Bretaña. Desde allí, un pequeño grupo de la 361ª se incorporó a la No. 1 Spanish Company. También hubo cientos de marineros españoles formando parte de las tripulaciones de los mercantes que atravesaron el Atlántico así como algunos individuos en la Royal Navy, en la Royal Air Force y en los servicios de propaganda como la BBC. Por último hay que citar a los numerosos colaboradores de los servicios de información e inteligencia aliados. El más famoso fue Juan Pujol, más conocido como Garbo, un espía que tuvo un destacado papel en las operaciones de desinformación que antecedieron a la operación Overlord en 1944. Partisanos españoles en la Unión Soviética. Con la Unión Soviética Al finalizar la Guerra Civil Española, un millar aproximadamente de militantes del Partido Comunista de España (PCE) encontró refugio en la Unión Soviética: la mayoría de ellos eran sus dirigentes políticos y militares, encabezados por la dirección del partido, que junto con la de la Komintern se encargó de facilitar el viaje y la instalación de los cuadros elegidos en las principales ciudades soviéticas: Moscú, Leningrado, Járkov, Gorki, etc. Allí, los más destacados dirigentes continuaron su labor política, los militares fueron enviados a perfeccionar sus estudios a las academias Voroshílov y Frunze, y los demás se pusieron a trabajar en la industria y en otros empleos. Además de estos militantes comunistas, en la Unión Soviética se encontraban otros colectivos de españoles. El más numeroso era el formado por los llamados «niños de la guerra», algo menos de 3.000 pequeños y adolescentes refugiados que salieron de España en 1937. Le seguía el centenar largo de aviadores de la República constituido por los que el final de la guerra en España les había pillado sin haber finalizado sus cursos de entrenamiento con las fuerzas aéreas soviéticas en Kirovobad y los que llegaron desde España. Y por último, estaban el más de medio centenar de marinos que llegaron a la URSS en 1939. Pese a su escaso número, los militantes comunistas en territorio soviético poseían dos valiosas cualidades a ojos de las autoridades: la mayoría eran veteranos del ejército republicano y todos pertenecían a una élite comunista de total confianza, entregada a la causa sin restricciones. De acuerdo con las cifras que aporta Líster, en total fueron 749 los españoles jóvenes y adultos que participaron en la Gran Guerra Patria, de los que cayeron en combate 204 (según la relación elaborada por el Centro Español de Moscú, el número de caídos identificados es de 186) y que obtuvieron numerosas condecoraciones soviéticas: entre ellas una orden de Héroe de la Unión Soviética y dos órdenes de Lenin. Barbarroja En cuanto se inició la invasión nazi de la Unión Soviética fueron muchos los españoles que se ofrecieron voluntarios a las autoridades soviéticas y la dirección de la Komintern para combatir al agresor. Si bien fueron inicialmente rechazados, unos pocos fueron admitidos en una unidad especial que en esos momentos se estaba formando en los alrededores de Moscú: en la Otdelnaya Moto-Strelkovaya Brigada Osobogo Naznacheniya (OMSBON, Brigada Independiente de Fusileros Motorizados de Destino Especial). Junto con voluntarios de otras nacionalidades como alemanes, austríacos, polacos, búlgaros, húngaros, etc. (de los que muchos eran veteranos de las Brigadas Internacionales) se organizó un batallón multinacional en el que los españoles constituyeron su 4ª Compañía: eran unos 125 hombres mandados por el capitán Pelegrín Pérez Galarza. La OMSBON era una unidad del Narodnyi Komissariat Vnutrennij Del (NKVD, Comisariado Popular para Asuntos Internos) que tuvo su origen en la orden del Comité Central del Partido Comunista y del Sovnarkom de 29 de junio de 1941 dirigida a los órganos del partido para llevar a todo el territorio soviético la lucha contra el invasor. Dicha directiva contenía un programa para la organización y realización de actividades partisanas y clandestinas en los territorios ocupados por el ejército alemán. Dos días antes, el 27 de junio, el NKVD había iniciado la organización de grupos especiales destinados a actividades de reconocimiento y de actuación en la retaguardia enemiga. Bajo el mando del general Bogdanov, el cuadro se conformó con miembros de diferentes departamentos del NKVD que fueron reforzados por unos 1.500 militantes del Partido Comunista. Y además de los varios cientos de extranjeros mencionados, completaron la unidad miembros del Komsomol, destacados atletas de las principales sociedades deportivas del país y estudiantes universitarios. En octubre, la unidad pasó al mando del coronel Mijaíl Fedoróvich Orlov y se organizó en una plana mayor, dos regimientos de fusileros motorizados, servicios de sanidad y paracaidismo, escuelas y una sección de aviación. Para las operaciones en el frente se dividirían en destacamentos autónomos de diversos tamaños: desde los 1.000-1.200 hombres hasta los grupos especiales de 3-10 miembros. El programa de instrucción incluyó prácticas de fuego con diversos tipos de armas, técnicas de combate, topografía, orientación, demolición, paracaidismo y todas aquellas necesarias para el desarrollo de acciones guerrilleras en la retaguardia enemiga. La preparación ideológica y política tuvo también una gran importancia al encontrarse entre sus misiones la reconstrucción de la organización del Partido Comunista en las zonas ocupadas. Si bien las operaciones de infiltración de grupos especiales se iniciaron a finales de agosto de 1941, los españoles, junto con el grueso de la unidad, participaron en la defensa de Moscú tras finalizar su periodo de instrucción. En octubre, cuando Moscú fue puesto en estado de excepción, la OMSBON fue destinada temporalmente a la guarnición de la capital. En la noche del día 16, el mando de la brigada recibió la orden de desplegarse en el área comprendida por las plazas Sverdlov, Mayakovski, Pushkin y Roja. A la compañía española se le encomendó la defensa y vigilancia de diversos edificios, algunos de ellos dentro del propio Kremlin. Otros grupos de españoles participaron en la campaña de diversas maneras, allí donde residían. En Járkov, tras la evacuación de la colonia española, se alistó un pequeño grupo de veteranos en operaciones especiales dirigidos por el siniestro y heterodoxo Domingo Ungría en uno de los batallones de ingenieros a las órdenes del coronel Ilyá G. Stárinov, también veterano de la guerra española. Inicialmente desempeñaron labores de demolición y tras la caída de la ciudad ucraniana se trasladaron a la zona de Rostov del Don, donde desarrollaron misiones de sabotaje en la retaguardia alemana. En Leningrado se presentaron voluntarios la práctica totalidad de los jóvenes españoles presentes y fueron enrolados en diversas unidades de la milicia hasta ser desmovilizados en diciembre de 1941. Los adolescentes españoles que tomaron parte en su epopeya fueron un centenar, muchos de los cuales cayeron y algunos recibieron condecoraciones a título póstumo, como la orden de la Bandera Roja que recibió una chica llamada María Pardinas. Partisanos Desde enero de 1942, la OMSBON recuperó como función principal la formación e infiltración de sus destacamentos especiales: sólo en los tres primeros meses de ese año fueron infiltrados en la retaguardia enemiga más de veinte grupos y otros 212 (con un total de 7.316 hombres) fueron destinados a los cuarteles generales de los frentes para su utilización tras las líneas enemigas. Ya antes, a partir de noviembre de 1941, la mayoría de los españoles de la OMSBON habían sido retirados del frente y trasladados a retaguardia, donde iniciaron su entrenamiento específico en tácticas guerrilleras. Pese a estos españoles enrolados en el NKVD, la mayoría de los que combatieron durante la Gran Guerra Patriótica lo hicieron como partisanos llegando algunos, incluso, a ser considerados héroes soviéticos. Los primeros fueron alrededor de una docena de grupos dirigidos y formados por españoles enviados a la retaguardia enemiga en Bielorrusia y en las regiones de Kalinin o Smolensko durante la primavera de 1942. El año de 1942 fue el de la incorporación masiva de los voluntarios españoles a los combates. Tras la negativa inicial, las autoridades soviéticas autorizaron el reclutamiento de los españoles lo que produjo lo que un testigo denominó «movilización general», pues la mayoría optó por el alistamiento. Muchos acabaron en las fuerzas especiales dependientes de la 5ª Brigada Independiente de Ingenieros de Designación Especial que mandaba Stárinov. Así, en febrero de 1942 se dieron las primeras intervenciones en la zona del golfo de Taganrog. Desde el verano de 1942, la mayor parte de los partisanos españoles fueron retirados de los combates y concentrados en los alrededores de Moscú, en la Escuela Superior de Partisanos localizada en Buíkovo. Allí, un grupo de unos trecientos españoles bajo el mando del teniente coronel Ungría y del coronel Stárinov recibió instrucción especializada durante aproximadamente tres meses. En noviembre de ese año, la mayoría de los españoles fue trasladada al Cáucaso soviético para combatir durante los siguientes meses. Las orillas del mar Negro, la estepa de los Kalmucos, las regiones de Ciscaucasia y Kubán se convirtieron en los campos de batalla de una mayoría de combatientes españoles. Al mismo tiempo, la compañía española de la OMSBON fue trasladada a la capital georgiana, Tiflis. Allí, a diferencia de sus compatriotas en otras unidades, no participaron en operaciones guerrilleras y se limitaron a desempeñar labores de seguridad en la retaguardia como las demás fuerzas del NKVD. A medida que los frentes avanzaban hacia el oeste, las zonas de actividad partisana de los españoles se trasladaron paulativamente a Crimea. Allí, un grupo lanzado en paracaídas en marzo de 1943 fue aniquilado completamente en los alrededores de la localidad de Shúbino. Tiempo después, los habitantes del lugar erigieron un monumento en su recuerdo. Un mes más tarde, los partisanos españoles de Stárinov fueron concentrados nuevamente cerca de la capital soviética. Allí, en mayo de 1943 fueron amalgamados con la 4ª Compañía de la OMSBON. Constituyeron un heterogéneo grupo de unos quinientos hombres en cuyo seno no tardaron en aflorar las diferencias entre los disciplinados y severos miembros del NKVD, obedientes a la dirección del PCE, y los indisciplinados e individualistas ex partisanos encabezados por Stárinov y Ungría. Fue por esas fechas cuando la dirección comunista obtuvo de las autoridades soviéticas la retirada de los voluntarios españoles de los combates, aduciendo que de seguir su generoso tributo de sangre se debilitaría fatalmente su estructura y organización. Los militantes comunistas españoles ya habían adquirido una amplia experiencia en acciones de infiltración y sabotaje, y quedaban a disposición de la dirección del PCE y de Stalin. Desde ese momento, grupos de españoles fueron enviados a diferentes academias militares para completar su formación y convertirse en suboficiales y oficiales del Ejército Soviético. Son los casos de los tenientes José Gros y Manuel Alberdi. Éste último participó en la batalla de Berlín al mando de una unidad de ingenieros que instaló un puente sobre el río Spree muy cerca del Reichstag y que poco después «rebautizó» una calle berlinesa con el nombre del fallecido secretario general del PCE, José Díaz. Los mandos militares Tras su llegada a la Unión Soviética en 1939, los más destacados militares comunistas fueron enviados a las academias militares Voroshílov (de estado mayor) y Frunze, donde pasaron dos años perfeccionando sus conocimiento militares. Entre ellos se pude citar a Antonio Cordón, Enrique Líster, Juan-Modesto Guilloto, Pedro Mateo Merino, Artemio Precioso, Manuel Tagüeña, Ángel Beltrán y otros, todos veteranos de la Guerra Civil Española que durante la misma habían mandado desde ejércitos hasta batallones. Como consecuencia del estallido de la guerra, en 1941 los cursos de la academia Frunze se redujeron en duración y la mayoría de los militares españoles se convirtieron en instructores mientras algunos eran destinados a unidades del Ejército Rojo. Entre los más conocidos de estos últimos se suele citar a los tenientes Rubén Ruiz Ibárruri, hijo de la dirigente del PCE Dolores Ibárruri, caído en Stalingrado (condecorado como Héroe de la Unión Soviética) y Santiago de Paúl Nelken, hijo de la dirigente socialista Margarita Nelken, que murió durante la ofensiva sobre Berlín. De estos militares comunistas españoles sobresalieron tres por los empleos que alcanzaron y los destinos que recibieron. Fueron Antonio Cordón, ex militar profesional español que durante la Guerra Civil Española había desempeñado altos cargos políticos en el Ministerio de Defensa, Juan-Modesto Guilloto, comandante del Ejército del Ebro en 1938-39 y Enrique Líster, jefe del V Cuerpo de Ejército en esos mismos dos años. Los tres fueron ascendidos a general major en 1943 tras finalizar sus estudios y destinados a la formación del ejército polaco que las autoridades soviéticas decidieron crear. Según Líster, Antonio Cordón fue nombrado jefe del Estado Mayor del cuerpo de ejército polaco mientras que Juan-Modesto Guilloto y él recibían el mando de las divisiones 1ª y 2ª, respectivamente. En octubre de 1944 recibieron la misión de trasladarse a Yugoslavia para integrarse como asesores en el ejército partisano. Llegaron en noviembre de ese mismo año y permanecieron hasta febrero de 1945 asignados al cuartel general de Tito. Pero no fueron estos tres los únicos oficiales soviéticos españoles que actuaron como instructores de los partisanos yugoslavos: hubo otra decena, de los que dos (Facundo López y Américo Brizuela) murieron en combate en marzo de 1945 cerca del río Drava. Los aviadores y los marinos De los aviadores españoles presentes, un primer grupo fue admitido a finales de julio de 1941 y la mayoría de los pertenecientes a la promoción que se preparaba en Kirovovad lo fue a partir de octubre de ese mismo año. Los del primer grupo, tras permanecer juntos y ser destinados a sendas escuadrillas ubicadas en el aeródromo de Bukovo, cerca de Moscú, fueron repartido por distintas unidades. Los pilotos españoles no formaron ninguna escuadrilla estrictamente española y fueron destinados individualmente a diversas unidades de las fuerzas aérea soviética. Por esta razón se puede afirmar que hubo pilotos españoles en todos los frentes y que participaron en las más importantes batallas, como las de Stalingrado y Kursk. Entre los ases españoles de la guerra en el cielo se debe citar a José María Pascual Santamaría, quien ganó a título póstumo la orden de Lenin por su participación en Stalingrado, a Alfonso García Martín, que alcanzó el empleo de capitán y fue condecorado con dos órdenes de la Bandera Roja y dos de la Guerra Patria, a Antonio García Cano (condecorado con una orden de la Bandera Roja), a Antonio Arias, a quien no le admitieron en el grupo especial de ases de la 130ª División por su condición de español, a Manuel Zarauza Clavero, quien llegó a coronel o a Juan Lario, quien mandaba una escuadrilla durante la batalla de Berlín. Como anécdota final cabe citar a José María Bravo, quien estando destinado en una unidad emplazada en el Cáucaso le tocó actuar como escolta de los aviones que trasladaron a Stalin y su séquito hasta Teherán en 1943. En lo referente a los marinos, la mayoría procedían de las tripulaciones de los mercantes que fueron incautados por las autoridades soviéticas por hallarse en sus puertos al finalizar la Guerra Civil Española. Uno de estos navíos fue el Cabo San Agustín, el cual fue incorporado a la Marina soviética hasta ser torpedeado y hundido en el mar Negro. El más conocido marino fue Pepín Álvarez que como capitán de un mercante recorrió en varias ocasiones la ruta que comunicaba Múrmansk o Arjánguelsk con los países occidentales. Fuentes Arasa, Daniel: Los españoles de Churchill, Armonía, Barcelona, 1991. Arasa, Daniel: Los españoles de Stalin, Belacqva, Barcelona, 2005. (1ª ed. 1993). Banda de cosacos. Una breve historia de la “Nueve”, [http://juanmario.rey.en.eresmas.net/HISTORIA1.htm] Cimorra, Eusebio; Isidro Mendieta y Enrique Zafra: El sol sale de noche, Progreso, Moscú, 1970. Dreyfus-Armand, Geneviève: El exilio de los republicanos españoles en Francia, Crítica, Barcelona, 2000. 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Belli Ludi © Copyright Carlos A Pérez 2008 La propiedad intelectual, así como todos los derechos legales de ella derivados, de los artículos e ilustraciones firmados pertenecen exclusivamente a sus autores, y a sus editores si los hubiera. The intellectual property and copyrights of signed articles and illustrations belong exclusively to their authors, and publishers if any.