11 de julio de 2012

Teresa Rebull, historia de una militancia entusiasta

Poca gente la conoce por su propio nombre, Teresa Soler Pi. Nació en Terrassa (Barcelona) en 1919, hija de una legendaria pareja anarcosindicalista de su ciudad formada por Balbina Pi (Sant Boi del Llobregat, 1896-Perpinyà, 1973) y por Gonzal Soler. Desde su infancia le tocó vivir en primera persona las consecuencias del activismo familiar. Y es que su madre fue en sus tiempos “una de aquellas prestigiosas mujeres del Fabril que honraron a la CNT en los años más álgidos de las luchas obreras” y su padre tuvo un largo historial cenetista hasta que ingresó en el PSUC en plena guerra civil. Feminista revolucionaria De este modo, Teresa Rebull, comenzó a trabajar en una fábrica textil a los doce años. Cuatro años más tarde, en plena República, ingresó como funcionaria en la Conselleria de Treball de la Generalitat. Su evolución política marxista le acarreó numerosas discusiones en su casa –su madre le decía: “Pareces un soviet”-, pero su opción por el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) era clara. Teresa era una representante de las luchas obreras en Catalunya y formaba parte del Secretariado Femenino del POUM que, aunque carecía de una identidad de género, porque se había concebido como vehículo para la transmisión de la política del Partido a las mujeres y su captación para la organización obrera, contaba con la militancia de mujeres tan combatientes como Teresa Rebull. En unas páginas escritas con acentos líricos dice sobre el POUM: “[...] era más que un partido. A pesar de que el nombre parece querer decir parte de una fracción o asociación política, era la confluencia de una diversidad de actividades culturales: ateneos populares, grupos teatrales, conferencias de vulgarización científica, de animación juvenil, centros excursionistas y equipos deportivos de barriada, cooperativas y sindicatos, el Centre Autonomista de Dependents del Comerç i de la Industria (CAPCI)... Las reuniones y discusiones políticas en los locales de barriadas, donde nos encontrábamos y nos reencontrábamos cada día un puñado de militantes, eran una comunión constante entre jóvenes y gente madura, entre mujeres y hombres unidos por un ideal de fondo: el socialismo revolucionario, en el sentido social y humanitario de la palabra, por oposición radical a la explotación del poder de los dineros y también contra la falsedad -que ya denunciaba el POUM medio siglo antes- de un socialismo totalitario e inhumano...” En todo este entusiasmo tiene mucho que ver el hombre de su vida y también destacado militante del que tomó el apellido: Josep Rebull. Durante la guerra trabajó como enfermera. Vivió muy intensamente las jornadas de Mayo del 37, a consecuencia de la cuales fue detenida y encerrada en una checa estalinista de la Vía Layetana, donde la interrogaron para saber el paradero de su compañero. Teresa consiguió escapar de la checa cuando las tropas franquistas ya estaban a las puertas de Barcelona. Exiliada y cantautora Tenía veinte años cuando tomó el camino del exilio a Francia, donde participó en la resistencia contra la ocupación nazi. Sobrevivió gracias a la ayuda de una pareja de militantes pivertistas y tomó parte del maquis. Vivió intensamente la euforia “gauchiste” parisina, su eclosión artística y cultural, conoció a Camus, Sartre, al trotskista Jean Malaquais, cantantes como Juliette Greco, y asistió con entusiasmo a los acontecimientos de Mayo del 68, fecha en la que comienzó a ser reconocida como componente de la “Nova Canço”. Teresa está considerada como una pionera en el cultivo de la canción popular catalana en la Catalunya Nord. En todos estos años siguió militando en el POUM, todavía como una militante inquieta y activa. Le seguía una fama considerable de amante de la bohemia, de conocedora de personajes muy emblemáticos de la Francia existencialista, y no había olvidado su profunda desconfianza hacia los “comunistas”. Por aquel entonces comenzó a actuar en el marco de la Universitat Catalana d’ Estiu, lo que haría durante más de diez años. Residente desde 1971 en Banyuls de la Marenda, siguió a Josep Pallach hacia el PSC-PSOE, en cuya fundación tomó parte, según ella misma, con entusiasmo. En 1978 fue galardonada por la Academia Francesa del Disco y, en 1993, la Generalitat de Catalunya le concedió la Creu de Sant Jordi. Es bastante probable que en el momento de recibir semejante reconocimiento institucional tuviera un pensamiento para su madre fallecida en el exilio y lo poco amiga que fue Balbina de estas cosas.http://www.enlucha.org/site/?q=node/98