21 de agosto de 2012

EGIPTO. Análisis del nuevo gobierno

Samar al Gamal-- El presidente Mohamad Morsi ha necesitado 32 días para formar un nuevo Gobierno (el primero de la era post-Mubarak), cuya composición refleja un delicado equilibrio entre independientes, islamistas cercanos y personalidades del gabinete saliente, léase del antiguo régimen. Un Gobierno dirigido por un primer ministro “insulso”, Hisham Qandil, quien, al igual que su gabinete, no satisface ni de lejos a los revolucionarios que habían apoyado a Morsi en la segunda vuelta de la elección presidencial de los días 16 y 17 de junio pasado con la condición de que formara un Gobierno de coalición. De los 31 Ministerios, tres han sido restaurados (Juventud, Deporte e Inversión) y uno es de nueva creación (Infraestructura y Agua). El gabinete se apoya en tres partidos, todos islamistas: el Partido Libertad y Justicia, brazo político de los Hermanos Musulmanes, se lleva la mayor parte con cinco carteras, entre ellas las de Información y Educación; Al Wassat, formado por disidentes de la Hermandad, recibe la cartera de Asuntos Parlamentarios; y Al Nahda, otro partido formado por ex dirigentes de la Hermandad, se apodera de la importantísima cartera de Industria y Comercio, confiada a Hatem Saleh, salpicado, por cierto, por varios procesos judiciales incoados por prácticas monopolistas. El ministro de Justicia, Ahmad Mekki, se añade a estos ministros islamistas, que suman ocho de un total de 35 Ministerios, mientras que el partido salafista Al Nur, segunda fuerza después de los Hermanos Musulmanes en las elecciones legislativas, no está representado en el Gobierno de Qandil. De momento prefiere mantenerse en el campo de la oposición en protesta por su subrepresentación, aunque en un primer momento aspiraba a obtener carteras como las de Telecomunicaciones o Vivienda. Siete ministros del Gobierno saliente conservan sus carteras. El mariscal Tantaui se mantiene en Defensa después de haber ocupado este puesto durante 20 años bajo el régimen de Hosni Mubarak. Tras la caída de este último, fue él quien asumió el mando de la Junta Militar que aseguró la “transición” provocando la ira de los revolucionarios. Mohamad Kamel Amr mantiene la cartera de Asuntos Exteriores y Momtas al Said, la de Finanzas, aunque el de ex ministro de Interior cede su puesto a Ahmad Gamaledin, un enemigo de la revolución. Sin embargo, la mayoría de los ministros son tecnócratas o altos funcionarios que en algunos casos formaban parte del antiguo régimen, posible reflejo de una intervención del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) en el proceso de nombramiento y reparto de carteras entre los hombres de Morsi y los de Tantaui. Así, el ministro de Deporte, Al Amri Faruq, no es otro que el candidato del partido de Mubarak en las legislativas de 2010. El de Inversión, Osama Saleh, es un ex asesor del jefe del antiguo régimen y cercano al hijo de Mubarak, Mahmud Mohiedin, quien ahora trabaja en el Banco Mundial. El gobernador de la ciudad de Kafr al Sheij, Ahmad Zaki Abdin, cuyo cese reclamaban los revolucionarios, se ve recompensado con la cartera de Desarrollo Local. Solamente dos mujeres En la misma línea que los Gobiernos de Mubarak, el nuevo gabinete no incluye más que a dos mujeres, ambas miembros del Gobierno anterior: Nagua Jalil, ministra de Asuntos Sociales, y Nadia Zajari, en Investigación Científica. Esta última es la única ministra copta del gabinete; en los Gobiernos anteriores, los cristianos contaban con dos o tres carteras. Los grandes ausentes son los representantes de los movimientos revolucionarios y de la izquierda que estuvieron en la base de la movilización que provocó la caída de Mubarak en febrero de 2011. El presidente Morsi mantiene por lo demás la misma política que en tiempos de Mubarak de falta de transparencia o de criterios en la elección de nuevos ministros o en el cese de otros; las declaraciones del primer ministro sobre criterios basados en la “competencia” o la “experiencia” son papel mojado. “Somos el Gobierno del pueblo. No representamos a esta u otra corriente”, ha afirmado. “Cristiano copto, musulmán, salafista… nosotros no lo vemos así. Todo lo que vemos son ciudadanos egipcios.” “El periodo que se abre será difícil. Estamos todos en el mismo barco.” Un barco que navega con dificultad debido a un déficit presupuestario de 135.000 millones de libras egipcias (unos 16.500 millones de euros) y una deuda interna de cerca de 1,8 trillones, además de la deuda externa. El equipo económico ministerial, calificado de “coherente”, deberá esforzarse por responder a estos retos económicos. Sus componentes se adhieren al liberalismo económico y están muy relaciones con los inversores privados. No parece que sean sensibles a una de las principales reivindicaciones de la revolución: la justicia social. El jefe del gabinete, sin embargo, ha afirmado que la misión de su Gobierno consiste en “alcanzar los objetivos de la revolución: pan, libertad, justicia social”. “No partiremos de cero, Construiremos a partir de lo que hicieron los anteriores Gobiernos”, ha añadido. La inseguridad también es fuente de preocupaciones para los egipcios y reclama una respuesta rápida por parte del Gobierno, sobre todo teniendo en cuenta que no tiene mucho tiempo por delante. Se dice que será provisional hasta la aprobación de la nueva constitución de aquí a cinco meses como máximo. * * * Un equipo económico muy liberal Marua Hussein, Ahmed Feteha y Basem Abul-Abás El equipo económico del nuevo Gobierno egipcio está formado por tres ex altos funcionarios de la era Mubarak: el ministro de Finanzas, el de Planificación y Cooperación Internacional y el de Inversión. Incluye al ministro de Comercio e Industria, alto ejecutivo de una de las principales empresas egipcias, Gozur, y por otro lado al ministro de Trabajo, perteneciente a los Hermanos Musulmanes. Los antecedentes de estos hombres indican que concederán más privilegios al sector privado con el fin de incitarle a invertir. Pero tendrán que abordar dos grandes retos: la dificultad de combatir una corrupción arraigada y la realización de la justicia social, una de las reivindicaciones revolucionarias. He aquí una breve semblanza de cada uno. Momtas al Said, ministro de Finanzas Al Said nació en diciembre de 1948 y se licenció en la facultad de Comercio de la Universidad de Ain-Shams. Es el único miembro del equipo que ya detentaba una cartera en el anterior Gobierno de Ganzuri (instalado por el Ejército). Antes de ser nombrado ministro de Finanzas por Kamal al Ganzuri, en diciembre de 2011, era el número dos del Ministerio. En junio de 2011, cuando ya estaba jubilado, fue nombrado viceministro de Finanzas bajo Hazem al Biblaui, en el Gobierno de Essam Charaf. Al Said es conocido por ser un tecnócrata disciplinado que ha pasado gran parte de su carrera elaborando los presupuestos del Estado. A finales de la década de 1990 fue director general del departamento del presupuesto del Ministerio de Finanzas. No cabe esperar ningún cambio notable de las políticas de Al Said, vista su tendencia conservadora y tal como refleja el presupuesto del Estado para 2012/2013, elaborado por él mismo. El presupuesto vigente apenas difiere de los de años pasados. Conserva la misma estructura y las mismas proporciones en el reparto. Prevé un aumento de los gastos del 8,5 % frente al ejercicio anterior, un aumento que equivale a la tasa de inflación anual, que ascendía al 8,6 % el pasado mes de mayo. Por tanto, no se trata de un presupuesto expansivo. El ministro tardó dos meses más de lo previsto en presentar el proyecto al Parlamento, que sería disuelto poco después. Por ello fue criticado por el partido Libertad y Justicia, de los Hermanos Musulmanes, que afirmaba que el retraso fue deliberado. Un miembro de este partido calificó el presupuesto de “complot” para poner coto al nuevo presidente electo. “Este presupuesto es exactamente el mismo que los de la era Mubarak”, afirmó Ashraf Badredin, ex diputado y jefe del comité de políticas económicas del partido Libertad y Justicia en declaraciones a Al Ahram el pasado mes de junio. “Las mismas políticas ineficaces darán los mismos resultados”, añadió. Al Said aparece poco ante los medios de comunicación, aunque ha estado muy relacionado con varios ministros de Finanzas, entre ellos Mohiedin al Jarib, acusado en un proceso de corrupción en los años 2000, aunque después absuelto. Contrariamente a sus predecesores, mantiene un perfil bajo ante el público. Hatem Saleh, ministro de Comercio Exterior e Industria Hatem Saleh, nuevo ministro de Comercio Exterior e Industria, provocó un clamor de indignación el día después de su nombramiento. El ministro más joven del nuevo Gobierno ha sido investigado a raíz de un proceso por prácticas monopolistas de las tres principales empresas de productos lácteos de Egipto, entre ellas Bayti. El caso todavía está pendiente, pero en respuesta a las informaciones de la prensa, el ministro declaró al diario Al Masry al Yum que las acusaciones de monopolio que investiga el fiscal general afectan a las empresas, mas no a su persona, y afirmó que había roto toda relación con dichas empresas. Las tres gigantes de productos lácteos de Egipto compraban la leche desde 1997 a precios muy bajos y los pequeños proveedores no tenían más remedio que aceptar las condiciones impuestas por ellas. El nuevo ministro viene directamente de las filas del sector privado. A sus 41 años ha protagonizado una carrera fulgurante en grandes empresas de la industria agroalimentaria, ocupando cargos clave en multinacionales como Procter & Gamble, Farm Frites y Unilever. Saleh ha sido asimismo presidente de la división de productos lácteos de la Federación de Industrias de Egipto y director general de la empresa internacional de proyectos agroindustriales, Beyti, una de las líderes del mercado. También ha hecho gala de ambiciones políticas. Es vicepresidente del partido Al Hadara (La Civilización), creado después de la revolución de enero de 2011, principalmente por ex miembros de los Hermanos Musulmanes. Saleh es actualmente presidente de Gozur, empresa agroalimentaria que pertenece a la sociedad de inversiones Citadel Capital, presidida por el magnate egipcio Ahmad Heykal. Osama Saleh, ministro de Inversión Presidente de la Autoridad General de Zonas Francas y de Inversión (GAFI) desde septiembre de 2009, Osama Saleh es el nuevo ministro de Inversión. El cargo estaba vacante desde la dimisión de Mahmud Mohiedin en septiembre de 2010, después de haber sido nombrado director general del Banco Mundial. Los asuntos de este Ministerio se repartieron entonces entre otras varias carteras. Este Ministerio, creado en 2004, no ha tenido más que un ministro, encargado de los asuntos del sector público de los negocios, de la autoridad del mercado financiero, de la financiación inmobiliaria y de los seguros. Las autoridades de estos tres últimos sectores se han agrupado ahora en la Autoridad Egipcia de Supervisión Financiera (EFSA), creada posteriormente. Nacido en 1960, Saleh es licenciado por la facultad de Comercio de la Universidad de El Cairo. De 2005 a 2009 ocupó el puesto de presidente de la nueva Autoridad de Financiación Inmobiliaria. Previamente había sido director regional de la filial egipcia de American Express Bank Ltd. La GAFI se ha dedicado después de la revolución a la resolución de litigios sobre terrenos entre los inversores y el Estado. Después de la revolución, numerosos inversores han sido acusados ante los tribunales de apropiarse de vastos terrenos a precios muy bajos mediante transacciones opacas. La GAFI es una entidad gubernamental encargada de regular y facilitar la inversión privada, incluida la extranjera. Se trata igualmente de la “ventanilla única” egipcia para los inversores. Tras la primera reunión de los ministros del sector económico, Saleh ha declarado que el Gobierno tomará medidas contra las cadenas de televisión que difundan rumores y mentiras. “Las sanciones pueden ir de la advertencia al cierre de la cadena”, ha declarado a la prensa. Jamás ha sido miembro de un partido político. Jaled al Ashari, ministro de Trabajo Antiguo miembro de los Hermanos Musulmanes, Jaled al Ashari ha aparecido en la escena política al amparo del ascenso de la Hermandad y de su brazo político, el Partido Libertad y Justicia, tras la revolución del 25 de enero. Ha sido diputado al Parlamento disuelto, miembro de la Asamblea Constituyente y del Consejo de Administración de la nueva Federación Nacional de Trabajadores de Egipto. Al Ashari está convirtiéndose en una figura cada vez más conocida en la escena política. Nacido en 1960, comenzó su carrera trabajando de técnico de laboratorio en la sociedad estatal egipcia que gestiona los asuntos petroleros. En 2002 se licenció en Derecho, obteniendo más tarde dos diplomas de estudios islámicos. Al Ashari ha sido secretario de la Comisión de Trabajo del último Parlamento, Comisión que fue criticada por los activistas por no haber intentado una vasta reforma del derecho laboral. En declaraciones a Al Ahram Online, efectuadas después de su nombramiento, ha dicho que trataría que su Ministerio desempeñe el papel de intermediario entre empresas y trabajadores con el fin de calmar las tensiones existentes en las empresas industriales. Varios sectores se han visto afectados por oleadas de protesta y reivindicación social. Las esperanzas depositadas en el nuevo Gobierno son enormes. “Determinadas demandas formuladas por los trabajadores son legítimas, pero otras no”, ha dicho el nuevo ministro, añadiendo que “trataremos de hallar un equilibrio para garantizar los derechos de los trabajadores y animar a los empresarios a seguir invirtiendo”. Declaraciones vagas. Después de la revolución, los Hermanos Musulmanes se han posicionado en contra de algunas huelgas, como la de la enseñanza, que tuvo lugar justo después de que ellos ganaran las elecciones en el sindicato de Enseñantes. Ashraf al Arabi, ministro de Planificación y Cooperación Internacional El nombramiento de Ashraf al Arabi para este cargo supone la coronación de una carrera consagrada enteramente al Instituto Nacional de Planificación. Al Arabi estudió Ciencias Económicas y se doctoró por la Universidad del Estado de Kansas (EE UU). De 2006 a 2011 dirigió la oficina de asesoramiento técnico de la ex ministra de Planificación, Fayza Abul-Naga. Tras una breve estancia en Kuwait para trabajar en el Instituto Árabe de Planificación, Al Arabi ha sido llamado a dirigir el Ministerio. Sustituir a Abul-Naga, considerada una de las figuras más poderosas del Gobierno desde 2002 hasta la última remodelación, no será tarea fácil para Al Arabi. La ex ministra fue la impulsora del procesamiento del personal de una ONG estadounidense, acusada de operar sin autorización. El cierre de varias sedes de ONG provocó una escalada de la tensión entre Egipto u EE UU, pero el papel desempeñado por Abul-Naga en este asunto, como piensan algunos, tenía que ver más con su cercanía a la junta militar que con su cargo ministerial. Al Arabi, en cambio, es aparentemente apolítico. Su función de economista principal en el Instituto de Planificación y su aparente alejamiento de la cúspide del poder han hecho que su nombre sea poco conocido por el público. Parece tener pocas posibilidades de ejercer la misma influencia en los asuntos públicos de Egipto que su predecesora. Artículos publicados en Al Ahram Hebdo, 8 y 14 de agosto de 2012--- VIENTO SUR