30 de agosto de 2012

Un análisis de las organizaciones femeninas de la dictadura. LA MUJER EN EL FRANQUISMO

Encarnacion Jimenez-- Más allá de la permanente actualidad del acceso de algunas mujeres a puestos capitales de la política nacional e internacional, como es el caso de Margaret Thatcher, Indira Gandhi o la exprimer ministro noruega, tiene especial interés la participación de las mujeres en la política de un país y, más aún, su posible carácter decisivo en el cambio de rumbo de la política en algunas naciones o el apoyo que puede suponer a ciertos gobiernos o regímenes. Esto es algo incontestable en los sistemas democráticos, simplemente por el número, pero es en los sistemas totalitarios donde es más sintomática la forma en que las mujeres participan en el apoyo de estos regímenes y cómo consiguen estos regímenes ser escuchados por las mujeres y hacerles aceptar unos preceptos o guías ideológicos que no suponen sino un recorte de los derechos que, si es general a todos los ciudadanos, adquiere acentos especiales para las mujeres. No hace falta que vayamos muy lejos para encontrar un terreno en el que podamos analizar estas circunstancias. En la España franquista (que no es un caso único ni aislado) hay una política respecto a la mujer, especialmente homogénea en los primeros años. Está claro que los gobiernos, incluso los impuestos, necesitan una cierta base social sobre la cual apoyarse. No me parece aventurado señalar que esa base social no es exclusivamente masculina, y si las mujeres pueden servir a la consolidación de un régimen totalitario, ¿qué hace este régimen para conseguir que así sea? Echando una mirada sobre la forma de dirigirse a las mujeres de Mussolini, Hitler o José Antonio no puede pasar desapercibido que los grupos o sistemas totalitarios han tenido una preocupación especial en hablar a las mujeres como grupo homogéneo. La importancia que un partido como el nazi concede a las mujeres la evidencia esta frase de Hitler: “Hay que convencer a las mujeres, los hombres vienen solos.” Y este convencimiento girará siempre alrededor de una idea: “feminización”, entendida como exaltación de los papeles que tradicionalmente cumple la mujer (domésticos) y aquellos en los que no puede ser sustituida (maternidad). La política de “feminización” se lleva a cabo especialmente en la España de Franco, la Italia de Mussolini y en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial en los países occidentales. Política de intromisión en el mundo privado, como dándole la vuelta a la política feminista que resalta lo que de político tiene la vida privada. Seria simplificar demasiado decir que las épocas de “feminización” suelen ser épocas de necesidad del incremento de la natalidad (Italia de Mussolini, España de Franco) o de vuelta al hogar después de un período de acceso al trabajo fuera de él (posguerra de los países aliados), pues, aunque esto es así, sobre el funcionamiento de la Historia, nos ilustra tanto saber cómo lo consiguieron que los motivos que lo impulsaron. Yo diría que el caso del periodo de la autarquía en la España franquista es casi paradigmático de esta situación. La política de “feminización” encuentra los elementos más acordes para conseguir el éxito: una economía que, por su carácter fundamentalmente agrícola, hace que la familia como unidad económica, incluso de producción, sea básica; una institución, la Iglesia Católica, con un gran peso, y no solamente ideológico, en la población, que tiene una concepción clara del lugar de cada sexo; y la posibilidad sin cortapisas por parte del Estado de organizar la uniformidad ideológica de las mujeres. Fijándonos en este último aspecto, es importante conocer de qué manera articula el Estado la política referente al lugar que deben ocupar las mujeres en la sociedad. Además del peso de las leyes discriminatorias, desarrolla su política alrededor de una organización que se ha de encargar de transmitir sus directrices. Esta organización es la Sección Femenina de Falange Española y de las JONS, que se ve convertida en aparato del Estado franquista en 1939 como Sección Femenina del Movimiento. Rastrear en la historia de ios primeros años de esta organización, que pasa de tener siete afiliadas a controlar ideológicamente el 90 por 100 de la población femenina en España, conocer las directrices encaminadas a conseguir que las mujeres asuman un papel de pilar fundamental de un estado totalitario es, cuando menos, una labor apasionante. PILAR PRIMO DE RIVERA CON EL FUHRER Si bien la Sección Femenina no fue el único ni, posiblemente, el fundamental medio que tuvo el Estado para garantizar que el ideal de mujer que intentaba conseguir se lograra, esta organización se encargó de llevar a efecto —no sin ciertas dificultades— la encomienda del Caudillo: formar a todas las mujeres de España. Formarlas según las consignas, coincidentes, de la Falange, la Iglesia y el Estado del Movimiento. ¿Qué es lo que dicta la Falange a las mujeres? Diferenciación clara de papeles respecto al hombre, abnegación y renuncia; a cambio, la seguridad de un poder fuerte sostenido a lo largo de generaciones con el temor a la guerra. La Iglesia propone que la mujer sea la salvaguarda de la familia cristiana y que el único centro de actividad social fuera de la familia sea la parroquia, especialmente en lo relacionado con la liturgia. Todo ello converge con las necesidades del nuevo Estado: exaltación de la maternidad para una política natalista, recomendación del silencio en la esfera pública en un régimen que hace callar. Las mujeres habrán de ser las mejores representantes del abstencionismo político propugnado por el franquismo. En resumen, la acentuación de las actividades tradicionales, su reducción a la familia, ha de darles la seguridad de una vida diferenciada, a la vez que ellas aseguran el poder que lo hace posible. La Sección Femenina de FET y de las JONS. Desarrollo de la organización y formación de su doctrina No hay en la historia de la Sección Femenina una evolución escalonada en la construcción de unas pautas ideológicas que, en gran parte, son preexistentes a la organización porque son las “eternas” de la religión, las enunciadas por José Antonio, que casi se circunscriben al discurso de Don Benito de 1935 y las que se derivan de las necesidades de la guerra y las económicas y demográficas de la posguerra. Sin embargo, de 1933 a 1945 hay unos momentos en los que se desarrollan especialmente algunos aspectos. Asi aparece la necesidad de la formación religiosa más remarcada desde 1938; la exaltación del hogar a partir de la victoria de Franco y la del espíritu falangista entre 1941 y 1944. Desde el punto de vista numérico y de control y prerrogativas de la Sección Femenina, hay una evolución que va desde las siete afiliadas con las que nace la Sección Femenina y su labor de partido al gran salto que supone la guerra con la organización de 300.000 mujeres en 1936, encuadradas en el Auxilio de Invierno, que en la primavera de 1939 alcanzan la cifra de 580.000, encuadradas la mayoría en el Auxilio Social. A partir del verano de 1939, convertida en aparato estatal, su principal objetivo es hacer pasar por su organización a todas las mujeres en un afán unificador ideológico y político. Con este fin se instaura en 1940 el Servicio Social que, según palabras de sus mandos, hará pasar por sus filas al 90 por 100 de las mujeres españolas entre este año y 1952. En 1945 consigue redondear este control con su introducción en la enseñanza mediante la obligatoriedad para las maestras de pertenecer a la Sección Femenina, y con la introducción de asignaturas “específicamente femeninas” en el Bachillerato, cuyo monopolio detentaba esta organización. A partir de esta época comenzará, en mi particular apreciación, el declive real de la Sección Femenina. Puesto que es difícil exponer sin apasionamiento las características de una organización que algo ha tenido que ver con nuestra vida y, más difícil, no mirarla con los anteojos de una ideología que podría “ayudarnos” a resolver la interpretación con dos frases, me ha parecido más ilustrativo dejar correr, cronológicamente, el rosario de datos y textos que hablan por sí solos sobre lo que dice y a quién lo dice esta organización que tan gran encomienda obtuvo del Estado y hacer finalmente una valoración sobre lo que pudo significar esta organización en el total de la política referente a la “cuestión femenina”. Primera fase: 1933-1936 Dependiendo directamente del secretario general de F. E., nace en 1933, con siete afiliadas, la Sección Femenina de F. E. En esta etapa que se desarrolla bajo la República su tarea se circunscribe prácticamente a la asistencia a los presos y heridos de su partido; su incidencia en la sociedad es prácticamente nula. Pero su número va a ir en aumento: en 1935 son 800 las militantes y en las vísperas del 18 de julio de 1936 son 2.500 las afiliadas, organizadas en 18 secciones femeninas en distintas provincias. Segunda fase: La guerra civil La guerra es la que otorga una nueva dimensión a su organización, pues, con el avance de las tropas rebeldes, todas las mujeres de los territorios que van siendo ocupados pasan a ser miembros de la Sección Femenina o a depender de las organizaciones por ellas dirigidas que acometen tareas relacionadas con la situación bélica. En 1936 se crea el Auxilio de Invierno, dependiente de las delegaciones provinciales de la Sección Femenina. En octubre de este mismo año son 300.000 las mujeres encuadradas en la Sección Femenina en orden a trabajos como: lavaderos, hospitales, comedores, recogida de niños, etc. El Caudillo, que no prodigó las alusiones directas al lugar de las mujeres, habla de su importancia en la guerra, que no se basa simplemente en las tareas antes mencionadas: “En esta hora no quiero olvidar a la admirable mujer española que supo conducir a sus hijos hacia la lucha y la muerte, hasta el punto de que no sé qué es más sublime en esta gesta, si el hijo que cae o la madre heroica y sublime que lo empujó hacia la gloria” (l). En 1937 se celebra el Primer Consejo Nacional de la Sección Femenina en Salamanca. De él van a salir dos resoluciones fundamentales: queda instituido el Auxilio Social y se redactan los primeros estatutos de la organización. Se forman tres delegaciones: 1) Sección Femenina, encargada de la movilización y formación de las mujeres; 2) Auxilio Social y 3) Frentes y Hospitales. Las tareas principales dictadas en una circular de enero de este año son: atender a los que se encuentran en el frente y abrir comedores, cuidando tener una información completa de la familia de los atendidos. Al mismo tiempo se insta a la formación de las afiliadas en los principios falangistas y se hacen las primeras referencias al comportamiento de las camaradas en las iglesias (uso del misal, prohibición de aplausos e himnos no religiosos, etc.). 1938, Segundo Consejo Nacional en Segovia. Pilar Primo de Rivera avanza en la concreción del lugar que ha de ocupar la mujer en la España que Franco está conquistando. Su discurso “Fe y conducta de las mujeres” delimita más las bases de la nueva (vieja) política. Parroquia y familia son los lugares señalados para las mujeres, y no deben ser olvidados por tareas que son simplemente coyunturales, derivadas del estado de guerra. De este mismo año es la circular por la que se dicta el cese en sus cargos de todas las mujeres casadas que los ocupan en la Sección Femenina. En 1939 se sube otro peldaño, definitivo, para llegar a la definición del papel de las mujeres en la que está a punto de ser la “nueva España”. El discurso de la delegada nacional en el Tercer Consejo Nacional celebrado en Zamora y la circular del 22 de febrero tienen como eje la necesidad de la formación religiosa de las camaradas y el cumplimiento de los actos que determine la Iglesia, destinados a la mejora en las labores que la mujer debe realizar en toda familia cristiana. La idea de que sus definiciones no van a ir dirigidas a la sección femenina de un partido, sino que tienen que constituirse en la base de la única y totalizadora organización de mujeres de España, le van a hacer remitirse a la religión católica como ideología base. La formación religiosa es considerada la parte fundamental en la formación de la “nueva mujer”. De la misma manera que la Falange asume y reivindica el papel fundamental que ha cumplido la Religión en España: La Religión ha sido “clave de nuestra historia y garantía de nuestra obra”. ,(Las glorias más importantes de la historia de España van unidas siempre a las glorias de la Iglesia y nuestra cultura y nuestra expansión siempre han tenido una orientación católica” (2) y la incorpora a su propia actividad: “Habrá enseñanza religiosa donde esté la Falange.” En sus discursos y escritos (3) Pilar Primo de Rivera explícita la defensa de la Religión y la consideración de la parroquia como centro al que debe dirigirse gran parte de la actividad social de las mujeres, así como la necesidad de una formación religiosa profunda en las afiliadas. La Sección Femenina enuncia así la obediencia a los principios religiosos que han de mostrar sus afiliadas: 1.° “Sumisión respetuosa y amorosa a la Jerarquía de la Iglesia, cuyas direcciones y consejos serán sagrados para ellas” 2.° "Orientación hacia la parroquia, casa del cristiano donde Dios derrama sus gracias con especial solicitud. ” “Orientación de las muchachas y mujeres hacia la parroquia como casa donde todos los cristianos deben ver un Hogar” 3º “Preocupación especial por la liturgia, oración auténtica de la Iglesia” (4). El objetivo ya está claro: “Lo que tenemos nosotras que hacer es preparar a todas las camaradas para que cuando tengan una casa y cuando tengan hijos sepan inculcarles este modo de ser de la Falange; sepan enseñarles, después del Padrenuestro, lo que José Antonio nos enseñó a nosotras” (5). Y las mujeres transmitirán esa religión que avalará la causa de Franco y asegurará la inamovilidad de unos principios que garantizan que no se romperá su imagen diferente a la del hombre, que no “caerá del pedestal al que la subió el Evangelio”. Estas son las directrices y los efectivos con los que cuenta la Sección Femenina: en la primavera de 1939 alcanzan la cifra de 580.000 mujeres (6). Tercera fase: La posguerra “La plomada de la casa y la altura de la nave son las dos verticales que hemos de imponer para que España rija”. Este pensamiento de José Antonio inspira la política del nuevo estado. La familia ha de ser fortalecida como célula base de la España franquista, la mujer ha de jugar un papel capital en el sostenimiento de la estructura social. La política de exaltación de la maternidad se ha de acentuar ahora, y así lo anuncia la Sección Femenina el 30 de mayo de 1939 cuando, en Medina del Campo, concentra a sus afiliadas en homenaje al Caudillo y al Ejército de la Victoria: “Estamos aquí reunidas sólo para festejar vuestra victoria y honrar a vuestros soldados. Porque la única misión que tienen asignada las mujeres en la Patria es el Hogar” (7). Han desaparecido las reivindicaciones, también las organizaciones que las propugnaban. No se pide que sea oída la voz de las mujeres. La Sección Femenina, única interlocutora para el Estado, en nombre de todas las mujeres, ofrece sus servicios. La importancia de los servicios prestados por la Sección Femenina durante la guerra, y la necesidad de una organización que controlara y fuera definiendo a la mujer española para el régimen franquista hacen que, el 27 de julio de 1939, Franco encomiende a la Sección Femenina de la FET la formación de las mujeres de España. A partir de este año la Sección Femenina pasa de ser sección de un partido a órgano burocrático del Estado. Todos los cambios de legislación que propone la Sección Femenina le han sido propuestos por las jerarquías del Movimiento. La delegada nacional ocupa más un lugar de honor que de acción o defensa de la política de la mujer. La Sección Femenina se tiene que encargar de la enseñanza de las mil reglas que se necesitan para conseguir que la mujer aglutine en torno suyo a la familia: “Hay que volver a poner al hombre los pies sobre la tierra. Y para la mujer la tierra es la familia. Por eso, además de darles a las afiliadas la mística que las eleva, tenemos que apegarlas con nuestras enseñanzas a la labor diaria, al hijo, a la cocina, al ajuar, a la huerta, tenemos que conseguir que encuentre allí la mujer toda su vida y el hombre todo su descanso” (8). La mujer debe conseguir, con sus cuidados, que el hombre se aleje de los lugares de reunión y convertirse en el “ángel del Hogar”: “Para hacerles a los hombres tan agradable la vida de familia que dentro de la casa encuentren todo aquello que antes les faltaba y así no tendrán que ir a buscar a la taberna o en el casino los ratos de expansión” (9). No duda la Sección Femenina del poder que puede tener la mujer dentro de la familia, tanto desde el punto de vista económico como ideológico y político: “Es increíble, y eso lo sabemos todas las mujeres, la influencia y el poder de difusión de una doctrina que puede tener una mujer dentro de casa, y al mismo tiempo lo que significa la buena economía de cada uno de los hogares en la economía total de la nación” (10). Ni tampoco duda acerca del alcance político del fortalecimiento de la familia, cuyo eje ha de ser la mujer: “La base principal de los estados es la familia, y por tanto el fin natural de todas las mujeres es el matrimonio. Por eso la Sección Femenina tiene que prepararlas para que cuando llegue ese día para ellas, sepan decorosamente dirigir su casa y educar a sus hijos conforme a las normas de la Falange, para que así, transmitidas por ellas de una en otra generación, llegue hasta el fin de los tiempos” (11). De esta manera, señala Pilar Primo de Rivera, “Metidas en casa habréis hecho más que todos los discursos” (12). En 1940 se celebra en Madrid el Cuarto Consejo Nacional. En este Consejo se programa la instauración del Servicio Social para asegurar sus enseñanzas. Pilar Primo de Rivera dirá luego, a propósito del Servicio Social: “En esta labor, más que una brillantez aparente nos interesa ir calando en el alma de las nuevas generaciones, y en este sentido creo que vamos consiguiendo algo” (13). El Servicio Social hace que pasen por la Sección Femenina entre 1940 y 1952 un gran número de españolas. Así lo enuncian sus mandos en el balance de 1953 (14): “Entre servicio ordinario, universitario, obrero e internado se ha conseguido que el 90 por 100 de las españolas pase sin violencia por este servicio, compuesto de dos partes: una de formación y otra de prestación a la obra benéfica del Estado (Auxilio Social, etc.), y a la propia Sección Femenina, en especial en la 'Lucha contra la mortalidad infantil’. "En él se les da hogar para el futuro de casi todas ellas que es el matrimonio.” En este mismo año se pone especial empeño en la formación de cuadros: Divulgadoras rurales, Jefes Locales... y comienzan a celebrarse los Cursos Nacionales y Provinciales de Jefes de Escuela de Formación e Instructoras Elementales de Hogar y Juventudes. Estos cursos los realizan 5.081 maestras a lo largo de dicho año. El objetivo primordial sigue siendo, sin embargo, ia educación de la mujer como madre a fin de conseguir atajar la mortalidad infantil: “Esta formación, que será completa, queremos dirigirla principalmente a la formación de Ia mujer como madre. Dijo el Caudillo: ‘Salvad la vida de los niños por la educación de las madres ... ‘España tiene prisa por doblar el número de habitantes(15) Iniciado el encauzamiento de la política para la mujer por la Sección Femenina, los años siguientes 1941, 1942 y 1943 tienen como objetivos más importantes la consolidación organizativa y la formación religiosa y nacional-sindicalista de los mandos que se precisan para tan ingente tarea. Sólo en 1940 se habían preparado 25.000 mandos. En 1942 queda configurada la compleja organización de la Sección Femenina del Movimiento. Son años en los que, sin olvidar el sentido que da la Falange a la actitud de las mujeres: abnegación y pasar desapercibidas, calladas, hay una gran exaltación falangista y aun euforia pro-hitleriana, manifestada en la asistencia al congreso de las Secciones Femeninas en la Alemania de Hitler. La formación de cuadros medios en las escuelas de instructoras, delegaciones provinciales, etcétera, posibilitaron un mayor acercamiento a la doctrina de la Falange. Doctrina cuyo “verdadero espíritu” era simbólicamente salvaguardado por la jefe de la Sección Femenina, hermana del fundador. José Antonio había dado algunas claves en su discurso en Don Benito en 1935 sobre las mujeres, acerca de la acentuación de los “valores femeninos”: “El verdadero feminismo no debiera consistir en querer para las mujeres las funciones que hoy se estiman superiores, sino en rodear cada vez de mayor dignidad humana y social a las funciones femeninas ” (16). Claves no exentas de tópicos: “Las mujeres siempre se mueven por razones amorosas y la Falange es una forma de amor (17). Estas guías son desarrolladas por las dirigentes de la Sección Femenina, especialmente por la delegada nacional, Pilar Primo de Rivera. En torno a la abnegación, dice: “Es sin duda nuestro movimiento el que en cierto aspecto esencial asume mejor un sentido femenino de la existencia. En su espíritu de abnegación, abnegación que significa (...) renuncia a las satisfacciones sensuales en homenaje a un orden superior. ” Y al silencio: “Todos los días debíamos dar gracias a Dios por habernos privado a la mayoría de las mujeres del don de la palabra, porque si lo tuviéramos quién sabe si caeríamos en la vanidad de exhibirlo en las plazas” (18). Esta actitud de humildad que se pretende en la mujer no está reñida con la confianza en la efectividad de la transmisión de las partes fundamentales de la ideología falangista por medio de las mujeres a través del hogar. Ello se pone de relieve en los siguientes textos: “Y este espíritu y esta fe que nos han dado tenemos que conservarlos precisamente las mujeres, porque los que lo sabían, los que lo entendieron, han muerto casi todos; pero como nosotras no morimos, nosotras estamos obligadas a hacer conocer a España entera este modo de ser de la Falange, estamos obligadas a hacer llegar nuestras consignas a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, para que España sea, desde ahora y siempre, nacional-sindicalista” (19). “Por vosotras sabrán del Caudillo y de la guerra, de la revolución y de los muertos”(20). "... nosotras que ya hemos llevado al camino del Paraíso la vida de nuestros mejores, queremos un paraíso erecto, implacable; un Paraíso donde no se descanse nunca y que tenga junto a las jambas de las puertas ángeles con espadas” (21). En 1945 se puede decir que se cierra el ciclo de formación y consolidación de la Sección Femenina como organización con unos objetivos definidos y una ideología que transmitir. Es un año en el que las condiciones internacionales han cambiado gracias a la victoria aliada, el cerco internacional es un hecho. La organización, mirando hacia el interior, tiende al afianzamiento en las labores asistenciales y la extensión de su influencia en nuevos sectores. Se elabora el Plan de formación de la mujer española para todos los niveles: afiliadas, cumplidoras del Servicio Social y cuadros altos y medios. Las prerrogativas de la Sección Femenina se ven notablemente incrementadas con el control en la enseñanza, a partir de la instauración de la obligatoriedad de las maestras de pertenecer a la organización. Del mismo modo las escolares pasan a depender de las Juventudes de la Sección Femenina y todas las estudiantes de Bachillerato se ven obligadas al estudio de las asignaturas de Hogar. De la introducción en los distintos niveles de la enseñanza, que se logró no sin cierta oposición, nos habla el balance de 1953 presentado al Caudillo. Si las cifras son significativas, lo más trascendental es el control, que consiguió tener, de las maestras y con ellas de una gran parte de la enseñanza primaria (22). En los años inmediatamente siguientes, dentro, pues, de lo que se denomina período de la Autarquía, hay que resaltar Ja política de implantación e influencia en zonas rurales con la puesta en marcha de la Cátedra de la Sección Femenina en 1948 y la escuela de Orientación Rural en 1950, así como otras tareas sanitario-sociales (23). A finales de los cincuenta, en 1958, comienza ya la reforma de algunos artículos de régimen matrimonial y laboral que no concuerdan con la situación socioeconómica que se quiere conseguir. La mujer que se precisará, desde el punto de vista económico, en los sesenta hace variar algunas de las formas legales en 1961 y limar los aspectos más integristas del modelo de la Autarquía. La labor de la Sección Femenina irá perdiendo importancia y su papel irá siendo más marginal, hasta la exención de la obligatoriedad del Servicio Social tras la muerte de Franco y el consiguiente desmantela-miento de la Sección Femenina. Alcance de la obra de la Sección Femenina. El carácter contradictorio de esta organización de mujeres. Hemos ido viendo someramente el desarrollo de esta organización desde el punto de vista doctrinal y organizativo, y lo primero que se desprende es que a la Sección Femenina le vienen dadas las directrices e incluso su propia y vertiginosa ampliación es producto de una política en cierto modo ajena a su propio desarrollo. ¿Qué supone, pues, para la Sección Femenina como organización, para sus miembros, ser vocero de unas consignas ya elaboradas en otras instancias? La negación de una política autónoma. Aunque no es solamente su dependencia de otros organismos y la remisión a principios ya elaborados lo que niega la especificidad de su política, sino la contradicción que supone la transmisión de un ideal de mujer, el de esposa y madre, marcado por la Religión y recogido y elevado por el Movimiento, que las mujeres de la Sección Femenina niegan en sí mismas. Mujeres solteras, con criterios políticos, pueden ser, a veces, la salida de aquellas que se niegan a cumplir la norma de esposa (que sin embargo difunden), o puede ser el reducto de las “viudas de guerra” como ejemplifica su Jefe, guardiana del pensamiento del hermano muerto. En realidad, se puede decir que nunca fue una organización atractiva para las mujeres. Por una parte, suponía la obligatoriedad de unos servicios (Servicio Social) que irán perdiendo todo sentido práctico; por otra, la imagen de las afiliadas no era el espejo donde debían mirarse las mujeres españolas: la soltería, contrapunto del ideal maternal propugnado por el franquismo. La Sección Femenina se verá siempre en la situación de propugnar aquello que parece contradecir su misma existencia, lo que niega con su práctica política. Es una organización que nada entre dos aguas: la de imitar el modelo nazi o fascista, ser una organización de mujeres políticas, y la de depender de lo que dicte la Iglesia sobre el modelo de mujer que las excluye o las sitúa como mártires al servicio de la idea que difunden. El primer modelo no lo pueden asumir de una forma completa porque falta el elemento jefe que no puede identificarse con el caudillo, más cercano a la amenaza del poder militar que al “atractivo” del jefe fascista, de cuya falta, en cierto sentido, se duelen, como se expresa en el siguiente texto a propósito de las características de los movimientos fascistas coetáneos: “Estos movimientos totalitarios radican, como vosotras sabéis bien, en un jefe, en el hombre que descubre la doctrina y que enciende la nueva fe y se la transmite a un pueblo que, esencialmente y sobre todo, cree en ese hombre que le guía". Prueba palpable de esta teoría del jefe la tenéis vosotras con Hitler y las italianas con Mussolini, en cuyas humanidades se encierran los genios más portentosos de la historia moderna. "...y sin embargo, España que, en el momento más preciso y prematuramente, pierde al Jefe, sigue viviendo su doctrina, interpretada por aquellos que directamente la oyeron de él, o por estos otros que la entienden totalmente. Esto demuestra que si la doctrina es fuerte y es verdadera, aun en las peores condiciones, puede redimir a un pueblo, apoyándose siempre, como es natural, en la memoria del jefe que le dio vida. Esto sirve también para despejar la incógnita que plantean muchos de nuestros enemigos de qué pasará si faltan los jefes". "Claro que en España hemos tenido la suerte de encontrar un Caudillo que, haciendo suyas las normas de la Falange, las ha constituido en bases del nuevo estado y que, además, tiene en su haber como concepto importante la guerra de liberación por la unidad de la Patria" El nacional-sindicalismo no suponía para las mujeres españolas lo que había supuesto el nazismo y el fascismo para las alemanas e italianas. NOTAS: (2) “Misión y organización de la Sección Femenina de FET y JONS". Madrid, 1942. Pág. 16. (3) “Plan de Formación”. Sección Femenina de FET v JONS. Madrid, 1945. (4) “Plan de Formación ”, pág. 16. (5) Palabras de Pilar Primo de Rivera en “Escritos, discursos y circulares ”, página 23. (6) Según el libro anteriormente citado, “Misión y organización.. ”, los efectivos de la Sección Femenina estaban constituidos por: enfermeras movilizadas: 80.000; movilizadas en lavaderos: 1.140; en talleres: 20.000; descanso del soldado: 1ÜO; Hermandad de la Ciudad y el Campo: 2.500; oficinas de Estado y partido: 1.250; movilizadas en Auxilio Social: 300.000; total: 580.000. (8) “Escritos...” pág. 28. (9) Op. cit., pág. 61. (16) Palabras de José Antonio en Don Benito en 1935. Citadas en “Escritos...” pág. 99. (17) Palabras de José Antonio, citadas en “Escritos...” pág. 30. (18) “Escritos...” pág. 38. (19) Op. cit., pág. 20. (20) Idem, pág. 45. (21) “Escritos...” pág. 107. (23) Entre estas tareas hay que señalar las campañas de vacunación, la asistencia a enfermos y necesitados en ropa, medicamentos, etc. La Cátedra llevó a cabo enseñanzas de hogar, política, folklore, industrias rurales, religión, etc.http://canarias-semanal.com/not/1818/la_mujer_en_el_franquismo/