26 de septiembre de 2012

La democracia está en las calles, no en los parlamentos

Óscar Simón--- En el momento de escribir este artículo, decenas de miles de personas rodean el congreso en Madrid. La actitud firme y decidida de las mismas se refleja en la respuesta frente a las cargas. A diferencia de otras manifestaciones, las gentes allí presentes no solo no huyen sino que plantan cara, ya sea levantando las manos, sentándose o agarrándose de los brazos. Miles de voces se alzan gritando: ¡Menos policía y más educación! ¡Televisión, manipulación! ¡No nos representan! ¡A por ellos! Pero, sobre todo, ¡Gobierno dimisión! La propia convocatoria del 25S supuso un paso adelante que rompía con la dinámica excesivamente localista del movimiento 15M y fijaba un objetivo claro de movilización política unitaria. Además, el hecho de plantearse como meta la dimisión del gobierno —aunque todo el mundo fuese consciente de que el 25S sólo sería el principio de algo— refleja un incremento de la clarificación política, ya que por primera vez se señala a los gobiernos y al estado (representados en el Congreso) como el eslabón más débil de la cadena, a la vez que garante del orden capitalista, los beneficios bancarios y el estado de injusticia generalizada. Las élites europeas y las estatales no son una excepción. Se encuentran en una lucha desesperada para que potencias mundiales como China, India o Brasil no aprovechen la crisis y las desplacen de la cúspide del poder sistémico. Así, se han lanzado a la demolición de los servicios públicos y de las condiciones de vida de las clases populares en general. Los estados representados por gobiernos y parlamentos han sido los instrumentos legislativos, judiciales y policiales con los que imponer los recortes a toda costa. De esta manera, cada vez más gente ve resquebrajada la ficción de cierta neutralidad mediadora de los gobiernos y sus estados. El gobierno de Rajoy ha salvado a Bankia a costa de los servicios públicos. Ex ministros, ahora banqueros, reciben rescates. Ex empresarios, ahora ministros, ayudan a sus antiguas empresas. La impunidad de los banqueros y la persecución de quienes expropian comida en los supermercados ha mostrado la farsa de la imparcialidad del estado, cada vez más difícil de mantener. Esto no quiere decir que estemos a las puertas de una revolución, pero sí enfoca claramente en términos políticos el conflicto actual. Creo que es importante perseverar en esta estrategia. El día 27 entrarán a trámite los presupuestos al congreso (el gasto será mayor en intereses de deuda que en nóminas de trabajadores y trabajadoras públicas). Quizás el 29S haya alguna manifestación enorme en Madrid, tal y como pasó en Barcelona el 19J, con una inmensa manifestación que no se dejó llevar por la fuerte criminalización que se hizo de la protesta ante el Parlament el 15J. Lo que sí es cierto es que la “izquierda plural” ha entendido en cierta medida el mensaje y los parlamentarios hoy no dejan de tuitear dando apoyo a la protesta, mientras que hace un año hablaban de atentado a la democracia. Hemos visto como en Egipto, Grecia o Portugal los pueblos se han alzado para tumbar a los gobiernos, incluso con éxito. El camino está ahí, el orden económico y social sólo se mantiene mediante el estado. Sin embargo, todavía nos queda recorrido. Podría ser interesante convocar una nueva jornada en un plazo breve, pero suficiente, para conseguir incrementar el número de personas movilizadas y la permanencia de la protesta. Todo está por ver y parece claro que la noche va a ser larga en Madrid. Nos encontramos en momentos inestables y tenemos un mundo por ganar. Oscar Simón es militante de En lluita / En lucha