12 de septiembre de 2012

Por el derecho de Catalunya a decidir su futuro y a la independencia

Escrito por Jaime Pastor, miembro de la Redacción de VIENTO SUR y autor de Los nacionalismos, el Estado español y la izquierda--- La extraordinaria movilización vivida ayer en Barcelona ha confirmado, sin duda alguna, el enorme ascenso del sentimiento independentista que se ha ido extendiendo entre la población catalana, con mayor motivo tras el rechazo del “Nou Estatut” por el Tribunal Constitucional el pasado año y la constatación definitiva de que se han agotado todas las vías de reforma posibles dentro del actual sistema político y del marco establecido en la Constitución de 1978. Ni siquiera la opción federalista aparece ya como una alternativa creíble, mientras que, estimulada por experiencias pasadas y recientes en el corazón de Occidente -como las de Quebec y Escocia-, se refuerza la convicción de que es legítima y posible la apertura de un proceso de libre ejercicio del derecho de autodeterminación por parte de Catalunya y de que, más pronto o más tarde, Madrid y Bruselas tendrán que reconocerlo, como ha hecho Ottawa y ahora lo está haciendo Londres. En esta ocasión no debemos olvidar que ha sido un potente movimiento de desobediencia civil, con una base municipal muy diversa, el verdadero promotor de esta Diada y que organismos como la “Plataforma Prou Retallades” se han unido a ella mostrando así la voluntad de unir a la reivindicación nacional la defensa de derechos sociales fundamentales frente a los gobiernos de CiU y del PP. En esa manifestación han podido confluir, por tanto, muy distintos sectores sociales, generaciones y, sobre todo, corrientes políticas con muy diferentes proyectos de nación, de Estado y de sociedad ante la crisis sistémica en la que nos encontramos: desde el que representa Artur Mas, defensor de un soberanismo compatible con una política neoliberal de recortes sociales, hasta el que apuesta por una República catalana y una salida anticapitalista a la crisis. El primero probablemente se conformaría con un “pacto fiscal” similar al concierto económico vasco, mientras que el segundo apunta lejos, pero parece contar ya con una amplia audiencia entre una nueva generación que aspira a un mayor protagonismo en el diseño del futuro nacional y social de su pueblo. Es ahora cuando se abre una disputa por la hegemonía dentro de ese amplio y plural movimiento -que a su vez debería ser respetuoso con quienes dentro de Catalunya defienden otras opciones- y sería un error dejarse contagiar por la propaganda mediática calificándolo de “insolidario” con los demás pueblos del Estado español. Ante este nuevo escenario no corresponde a la izquierda de ámbito estatal poner condiciones a la demanda del reconocimiento del derecho del pueblo catalán a decidir su futuro, sino todo lo contrario. Nuestra labor tiene que ser combatir a un nacionalismo español cada vez más intransigente que ha cerrado sistemáticamente la puerta incluso a “lecturas abiertas” de la Constitución de 1978 y que hoy, aprovechando la crisis de la deuda y con Esperanza Aguirre tomando la delantera, aspira a una “segunda transición” hacia atrás mediante la recentralización del Estado, convirtiéndolo a su vez en un protectorado de la Troika. Las próximas elecciones vascas y gallegas del 21 de octubre van a poner, con mayor razón, este debate en el centro de la agenda política y la izquierda de ámbito estatal no puede mirar ya otro lado. Porque o se avanza hacia el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de los pueblos catalán, vasco y gallego y, con ellos, hacia la reivindicación común de la soberanía de todos los pueblos de la Eurozona frente a la “dictadura de los mercados”, o corremos el riesgo de la confrontación entre pueblos y, sobre todo, del ascenso de los nacionalismos de Estado y, en particular, de un nacionalismo español cada vez más agresivo y neoliberal. Madrid, 12/09/2012 Jaime Pastor es miembro de la Redacción de VIENTO SUR y autor de Los nacionalismos, el Estado español y la izquierda. Los libros de VIENTO SUR y La Oveja Roja, 2012.