12 de octubre de 2012

El orgullo de ser lo único que podemos ser

Arturo del Villar / UCR
Son los estragos que causa el fútbol. A fuerza de repetir, cuando gana la selección española, ese estribillo idiota de “Soy español español español”, los políticos se han creído que ganar un partido es para sentirse orgulloso de ser español. Pero a muchos no nos interesa el fútbol, de modo que estamos libres de ese contagio estúpido, e incluso entre los drogados por ese nuevo opio de los pueblos y rémora del progreso hay quienes no sienten ningún orgullo de ser españoles, y ni siquiera se sienten españoles.


El tema lo ha puesto de actualidad el increíble ministro de Educación, Cultura y Deportes de este absurdo Gobierno marianista, el ínclito José Ignacio Wert, más aficionado a los deportes que a la cultura. El pasado día 10, en la sesión de control al Gobierno celebrada en el Congreso, contestó a la interpelación de un diputado catalán con esta lapidaria frase: “Pues sí, nuestro interés es españolizar a los alumnos catalanes para que se sientan tan orgullosos de ser españoles como de ser catalanes.”

¿Quién puede sentirse orgulloso de pertenecer a un reino instaurado por un militar rebelde y genocida, que tiene como rey a un hombre que ha debido reconocer públicamente sus errores, al que los vasallos le pagamos sus aventuras de caza y de cama, que hace el ridículo tanto en las reuniones internacionales como cuando visita a un diario neoyorquino para explicar la realidad de su reino?

Al parecer, solamente los miembros del Gobierno en bloque. Su presidente, el inefable Mariano Rajoy, de visita en París cuando se perpetraba ese disparate en el Congreso, respondió a un periodista sobre la declaración intempestiva de su ministro: “Yo quiero que todo el mundo se sienta orgulloso de ser a la vez catalán y español.” Y además, que resuelva la cuadratura del círculo, y que dé un cuádruple salto mortal. Por querer, que no quede. Pero la realidad se impone.

Se cuenta una anécdota, dicen que verídica, de Antonio Cánovas del Castillo, el impulsor de la restauración monárquica en la persona de Alfonso XII. Se empezó a estudiar en el Congreso la nueva Constitución para la monarquía implantada por el golpe de Estado de un militar traidor en 1874, y se trataba de definir en su artículo primero quiénes son españoles. Se dice que Cánovas murmuró en voz perfectamente audible: “Son españoles los que no pueden ser otra cosa.” Seguramente es la mayor verdad que dijo nunca, aunque no quedara recogida en la Constitución de 1876.

¿Es que piensan de verdad Rajoy y Wert que si los españoles pudiéramos ser otra cosa, íbamos a seguir siendo los vasallos de este rey? Los que nos manifestamos en la calle no solamente no estamos orgullosos, sino que sentimos vergüenza de ser españoles vasallos de su majestad el rey católico Juan Carlos I El Arrepentido.

Rajoy y Wert se quedaron en el segundo de los Puntos Iniciales del Estado Nacionalsindicalista, que dice este galimatías: “España es una unidad de destino en lo universal.” Los militares rebeldes se sentían muy orgullosos de ser eso, y el rey juró dos veces, para serlo, fidelidad a eso, lo que fuere, causa de orgullo nacionalista.