27 de octubre de 2012

Momentos campechanos de la familia real española

Toni Martínez (Más Público) / UCR
Las apariciones públicas de los miembros de la monarquía española está plagada de situaciones absurdas, equívocos, salidas de tono y diferentes actitudes que podrían calificarse de ridículas. La penúltima, por ahora, la protagonizada por el príncipe Felipe.

El heredero acudió el pasado miércoles al funeral en memoria de Iñigo de Arteaga. Allí, al abandonar la iglesia, se encontró con una mujer que pedía limosna y que le tendió la mano para pedirle dinero. El Borbón, ni corto ni perezoso, no dudó en alargar su mano y arrearle un buen apretón, sonrió y siguió con su caminar.

Esta situación recuerda mucho a la que protagonizó, según la cajera de Forever Young, el expresidente Francisco Camps. “Empaqueté el traje, metí los zapatos en la bolsa y preparé el tique como siempre. Lo dejé en la caja, él (Camps) vino, se acercó, pensé que me iba a dar el dinero pero me dio la mano… Y me dijo gracias, gracias”, tal cual.

Esta, digamos que salida de tono del heredero, parece venirle de sangre, azul. En la memoria colectiva quedan aquellas palabras, exageradas, del Rey en 2007. “¿Por qué no te callas?”, le lanzó al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, durante una Cumbre de jefes de estado en Chile.

Meteduras de pata en público y tropezones varios. En noviembre de 2010 el monarca español protagoniza un resbalón en público. Tan solo un año más tarde un accidente doméstico con una puerta le hacen aparecer con unas gafas de sol en diversos actos oficiales. Las gafas ocultaban un moratón en la cara.

En agosto de este año el rey se cae de nuevo, esta vez durante una visita a la sede del Estado Mayor de la Defensa. Pero la caída más recordada es la de abril, el monarca sufre un accidente mientras se encuentra de caza en Bostwana. Pero ese safari le salió más caro que los 45.000 euros que se estiman de coste total, su imagen se desgastaba ante la opinión pública. Tanto es así que, días después de la rehabilitación, Juan Carlos tiene que salir pidiendo perdón al pueblo. “Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir”, se lamenta como un niño ante la cámara de la agencia Efe.

Días antes del ‘safari maldito’ es el nieto quien protagoniza otro altercado. El hijo mayor de la infanta Elena y de Jaime de Marichalar resulta herido tras dispararse en el pie durante una cacería con su padre. El niño es menor de 14 años, la edad permitida para usar armas de fuego, pero el incidente queda en nada.

El caso del yerno perfecto, Iñaki Urdangarin y los oscuros negocios de Noós con administraciones públicas, sí ha empezado a tener consecuencias, al menos “en familia”. Y es que el empresario y su esposa, la infanta Cristina, han sido apartados de varios actos oficiales e incluso se quedaron castigados sin vacaciones con el resto del clan. Los juzgados de Palma tendrán la última palabra sobre el tema.

La parte femenina de la Familia Real también tiene que padecer sus propios momentos campechanos/machistas. En noviembre de 2010, los príncipes visitan Perú. Allí un “problema de protocolo” hace que la princesa quede marginada de la visita, nadie le saluda y, mientras su marido pasa revista a las tropas, ella deambula perdida por las pistas del aeropuerto de Lima.

Años después se produce una situación parecida. Durante una recepción en la Zarzuela a miembros del cuerpo diplomático de varios países, un representante del Congo se niega a dar la mano a la Princesa de Asturias que tuerce el gesto y se queda, de nuevo, plantada.

La Reina Sofía también ha tenido que sufrir, históricamente, esa discriminación. Durante una visita de Benedicto XVI el monarca le suelta una reprimenda en público a su mujer por ir al lado del Papa. Ella calla y obedece, el protocolo es el protocolo.

La misma Sofía está en el centro de la polémica cuando en una biografía de Pilar Urbano descubrimos su lado más, ¿campechano? La reina se muestra contraria al aborto, la eutanasia y el matrimonio homosexual. La periodista afirma, respecto al marido de Sofía, que tiene una máxima, aprendida de Franco, “escuchar, mirar y callar”.

Quizás por esa máxima que circula por palacio, se entiende que haya cosas que no conteste en el libro. Una de ellas, la relación especial que une al monarca con la princesa alemana Corinna zu Sayn-Wittgenstein, atractiva empresaria con negocios en países árabes. Diversos medios europeos señalan que son más que amigos.

Ese “escuchar, mirar y callar” también se ha aplicado durante años a los rumores sobre posibles hijos ilegítimos de Juan Carlos. Al menos hasta esta semana, cuando el diputado de IU Gaspar Llamazares se ha pronunciado públicamente sobre el tema. Tras conocerse que dos magistradas habían decidido no admitir a trámite sendas demandas de filiación interpuestas por un hombre y una mujer que aseguran ser hijos del jefe de Estado, Llamazares tachó su decisión de “desvarío”. Mientras, en las redes sociales comentaban el gesto 
campechano que transmitía el demandante, Albert Solá, en las fotos hechas públicas.

Para acabar con este recorrido de ‘campechanismo’, el Rey ha dado nuevas muestras este mismo jueves. En una visita económica a la India, Juan Carlos I ha asegurado que las medidas del gobierno de Rajoy “ya han comenzado a dar sus frutos mejorando la productividad y la competitividad”. Los casi cinco millones de parados podrían dejar, de repente, de verle tan... campechano.