5 de noviembre de 2012

El padrino de Urdangarin es… secreto de Estado


Escrito por Arturo del Villar / UCR

Lunes, 05 de Noviembre de 2012 05:06

Preciso es reconocer que el diario El Mundo ha tenido un papel protagonista en la revelación más sensacional sobre la monarquía juancarlista: la infanta Cristina de Borbón y su marido el jugador de balonmano Iñaki Urdangarin, nombrados duques de Palma como real regalo de bodas, han cometido los mayores delitos económicos en toda la historia de España. Destapó el secreto El Mundo/El Día de Baleares, dirigido por Eduardo Inda, que tenía como jefe de investigación a Esteban Urreiztieta.



El 17 de febrero de 2006, un día para la historia de la monarquía del 18 de julio, publicaron un informe tan minucioso como escandaloso sobre el coste y los enigmas del foro sobre turismo y deporte celebrado en Mallorca, el Illes Balears Forum: 1,2 millones de euros, de los que se había pagado el 75 por ciento antes de su inauguración, y el 25 por ciento a su término. El diputado socialista Antoni Diéguez emplazó al presidente de la Generalitat, Jaume Matas, a explicar los enigmas de ese foro, y comunicó a los periodistas que quisieron escucharle sus temores acerca de la comisión de un fraude mayúsculo, que estaba dispuesto a perseguir y denunciar.



El Instituto Nóos de Investigación Aplicada, presidido por Iñaki Urdangarin, organizador del festejo, respondió con una nota escueta de medio folio, que no aclaraba nada sobre el destino del dinero pagado por el Govern de la Generalitat balear. Inmediatamente Diego Torres, vicepresidente de Nóos, y el conocido como Pepote Ballester, entonces director general de Deportes de la Generalitat, se presentaron en la redacción del diario, para entregar unos folletos explicativos acerca de lo fantástico que era el Instituto (cosa cierta), y advertir que si se continuaba criticando su gestión se enfadarían tanto que los próximos foros previstos para celebrar en las islas se los llevarían a un país extranjero.









La ley del silencio



Los responsables de El Mundo les respondieron que continuarían publicando los informes que descubrieran, pero en cambio el diputado Diéguez se olvidó de sus requisitorias: el entonces presidente del Gobierno nacional, José Luis Rodríguez Zapatero, su jefe por ser secretario general del partido Pseudo Socialista Obrero Español (PSOE), le impuso la ley del silencio sobre el tema, porque así lo mandaba quien podía hacerlo. El compañero Rodríguez, además de ser el más nefasto jefe del Gobierno español desde 1823, cuando el funesto rey borbónico Fernando VII designó para el cargo a su confesor Víctor Damián Sáez, tenía la debilidad de adoptar la actitud más servil ante los mandamases, tanto del imperio estadounidense como del reino de España y hasta de ese presunto Estado de opereta llamado Vaticano.



La ley del silencio estuvo vigente hasta que las revelaciones de El Mundo fueron tan escandalosas y bien documentadas que todos los vasallos de su majestad el rey católico nuestro señor las comentábamos. A lo largo del siglo XIX los gobiernos de turno pagaban unos llamados fondos de reptiles, para mantener domesticados a los periodistas. En el XXI los fondos no sólo se pagan en euros, sino también en otra clase de prebendas, siempre con la misma intención. Las constituciones garantizan la libertad de prensa, pero en la práctica se halla supeditada a los caprichos del poder político y económico.



Al final el caso Urdangarin-Borbón ha adquirido tal importancia que acabará siendo el que promueva el cambio en la forma del Estado. Los responsables de haberlo aireado en sus comienzos han decidido aprovechar la circunstancia, para recopilar en un volumen la historia completa del caso hasta ahora mismo. Le han dado como título el apellido del yernísimo del rey Juan Carlos, con un subtítulo que rinde homenaje a la divertida novela de Mark Twain sobre el yanqui que apareció en la corte del rey Arturo. Con la diferencia de que este libro no tiene nada de divertido, a tono con el reinado de Juan Carlos I de España, en el que se alían las corrupciones y los disparates por igual.







Una novela picaresca



Los autores del libro han preferido imitar una técnica novelesca a redactar un ensayo histórico. El resultado está próximo a la novela picaresca, ese género de los tiempos dorados de la literatura castellana, en el que sobresalieron el lazarillo de Tormes y el buscón don Pablos, entre otros famosos vividores. Hay que reconocer que Urdangarin los sobrepasa a todos en malandanzas, y que la imaginación más calenturienta de un novelista sería incapaz de inventar tal cúmulo de fechorías para enriquecerse fraudulentamente como las llevadas a cabo por el yernísimo y su mujer.



No se sigue un argumento temporal, sino que se presentan saltos secuenciales. La narración a menudo queda recargada excesivamente. Por poner un solo ejemplo, el relato del viaje en avión de Urdangarin desde Madrid a Palma de Mallorca ocupa dos páginas largas, de la 337 a la 339, cuando se podía resumir en dos líneas.



Se incluyen numerosos diálogos entre los personajes, a la manera tradicional de la técnica novelesca. Por supuesto, los autores no pudieron grabar las conversaciones transcritas, de modo que deben de estar supuestas a partir de unos resultados. Por ejemplo, el 18 de enero de 2008 el duque de Palma celebró sus atléticos 40 años con una fiesta, como es lo habitual, pero durante su transcurso mantuvo un diálogo nada habitual con su cuñado el tripríncipe de Asturias, Girona y Viana, presunto sucesor en la monarquía instaurada por el exgeneral dictadorísimo sublevado contra la República para perpetuar su régimen.



El duque reclamaba una ayuda económica para pagar la hipoteca de la casa-torre que compró en 2004 en la zona más lujosa de Barcelona, Pedralbes, por 6.316.000 euros, a los que debió añadir dos y medio más por la reforma; en total, nueve milloncejos de euros, una minucia para un exjugador olímpico de balonmano. Esta parte es la más sustanciosa del diálogo:



--Son 20.000 euros al mes. Lo único que le pido es que se me ayude, tal y como se me prometió. Yo compré esta vivienda porque el rey quería alojarse en nuestra casa cada vez que viniera a Barcelona y, como el piso en que vivíamos no era muy apropiado para el padre del señor [así llama el duque a su cuñado el tripríncipe], se me aseguró que me echarían una mano […].



--Eso es mentira, nosotros jamás te hemos prometido nada entre otras cosas, porque aquí cada uno se paga su casa –replicó, airado, el heredero de la Jefatura del Estado. (Página 26.)



Es increíble, no que el duque pidiera dinero al hermano de su mujer, sino que el tripríncipe asegurase que en la familia llamada real, aunque es la más irreal de España, “cada uno se paga su casa”. Su padre vive en un palacio gratis total, incluidos la servidumbre y los guardaespaldas, y a él le hemos pagado todos los vasallos el palacio en donde habita, y se lo mantenemos, como le mantenemos a él con cargo a los Presupuestos Generales del Estado desde que nació.







Diálogos de sordos



Para empezar esta novela picaresca por el principio hay que remontarse al noviazgo del jugador de balonmano con la hija menor del rey. Al padre y muy señor nuestro le disgustó la elección hecha por su hija, porque pensaba que un jugador de balonmano no tenía categoría para casarse con una infanta. No sabía lo que le esperaba por esa parte, ni tampoco lo que le vendría por la triprincipesca, al elegir como novia a una presentadora de televisión divorciada e hija de divorciados, con un pasado también novelesco. Pero Cristina estaba y al parecer sigue estando, contra huracanes y maremotos, muy enamorada del olímpico, de modo que se hizo la sorda y no quiso escuchar los consejos de su real padre, que al final han resultado ser muy atinados.



Se habían conocido en los Juegos Olímpicos celebrados en Atlanta en 1996, y en los sordos oídos de la infanta resonó el famoso cuplé “Es mi hombre”, de letra muy apropiada: “Es un maquereau, un gigoló, pero no importa porque así lo quiero yo.” Pues buen provecho.



Por aquellas calendas Iñaki llevaba cinco años de convivencia con Carme Camí, pero cuando la infanta se encaprichó de él no tuvo ninguna duda en darle su consentimiento para lo que se sirviera mandarle. A la que no dijo nada fue a su amante, que se enteró del anuncio del compromiso por el telediario. Ya apuntaba claramente sus agallas el olímpico, porque se llevó todo el dinero de la cuenta corriente que tenía a medias con su amante, y la dejó compuesta, sin novio y sin un céntimo. Al final resultó una suerte para la despechada muchacha.



En realidad había empezado antes las trapisondas, porque consiguió evitar cumplir el servicio militar obligatorio en su época, alegando ser más sordo que un farol. Y el farol le salió bien, porque los médicos militares se lo creyeron. Sí que sabía fingir bien, y después perfeccionó la técnica hasta límites insospechados. Desde entonces se ha hecho el sordo muchas veces.







Sin ánimo de lucro, decían



Pese a todo su encaprichamiento, a la misma Cristina le parecía que un jugador de balonmano resultaba poca cosa para ser marido de una infanta, así que lo animó a seguir unos cursos acelerados en la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE) de Barcelona. Es evidente que fue un pésimo consejo, porque entre sus profesores figuraba un tal Diego Torres, que iba a ser la causa de sus males posteriores.



El tal Torres se fijó en aquel alumno tan poco dotado para los estudios, pero que era yerno del rey de España, y pensó que uniendo los dos conceptos podría conseguir pingües beneficios personales, que compartiría con su esposa, Ana Tejeiro, a la que como buen marido había prometido estar unido en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, aunque ellos preferían la riqueza.



Y así empezó la sucesión de desafueros, al registrar el Instituto Nóos de Investigación Aplicada como una “asociación científica sin ánimo de lucro” dependiente “de la ayuda voluntaria de sus miembros”, que hay que tener mucha y muy dura la cara por parte de sus patronos: el presidente Iñaki Urdangarin, el vicepresidente Diego Torres, el secretario Miguel Tejeiro (cuñado para todo del anterior), el tesorero Carlos García Revenga, y la vocal Cristina de Borbón. Nótese que al nombre sagrado en España de un Borbón se unía el de García Revenga, secretario personal de las llamadas infantas Elena y Cristina, vinculado por lo tanto con la llamada Casa Real, en la que tenía entrada permanente con capacidad para tomar decisiones.







Menuda trama picaresca



Puesto que Nóos carecía en teoría de ánimo de lucro, cuentan Inda y Urreiztieta que el 11 de febrero de 2003 la banda de los cinco registró la promotora inmobiliaria Aizoon, con muchísimo ánimo de lucro, domiciliada en el despacho de Miguel Tejeiro, y propiedad a partes iguales de los duques de Palma Cristina e Iñaki, los Bonnie and Clyde en versión española. Con el tiempo se fueron añadiendo otras empresas fantasmales para complicar el descubrimiento de sus fechorías.



Nóos cobraba por sus asesorías ficticias, y las otras empresas facturaban a Nóos unos supuestos trabajos no realizados. Pero al tener ingresos sin gastos, otro cuñado, Marco Antonio Tejeiro, ideó una trama sutil para cruzar facturas falsas entre las diversas empresas. Solamente pagaban impuestos por los beneficios declarados, que eran los mínimos imprescindibles.



Debutaron en Alcalá de Henares en 2003, aprovechando que el alcalde era un jugador de balonmano compañero del duque cuando estaba soltero. La lista de los sucesivos fraudes resulta interminable, porque Iñaki se presentaba a reclamar dinero como yerno del rey de España, y en eso era en lo único que no mentía, y muy pocos se atrevieron a darle con la puerta en sus altas narices, allá por los 1,95 de altas. Al Villarreal Club de Fútbol le facturaron 696.000 euros por un presunto informe de doce páginas copiado de Internet, pero confesó el presidente que no se atrevió a decirle al yernísimo que le estaba tomando el pelo, y prefirió pagar. No inventaron nada, porque así actúa la mafia desde hace mucho.



En setiembre de 2003 el palacio de Marivent, residencia veraniega en Palma de la conocida como familia real, pese a su irrealidad manifiesta, fue testigo de una entrevista entre el poseedor del ducado correspondiente a esa ciudad, que no tiene la culpa de ello, y el presidente del Govern de las Illes Balears, Jaume Matas, que pronto sería tristemente célebre como prevaricador y tuvo que abandonar el cargo. Por ingenuidad o por complicidad Matas le pagó 300.000 euros del presupuesto comunitario, para patrocinar un equipo ciclista que Nóos se comprometía a seguir y conseguir. Después, en 2005 le entregó 2,3 millones por organizar dos reuniones dedicadas a analizar la relación entre turismo y deporte, apasionante tema.



El mismísimo rey católico nuestro señor, que Dios guarde a buen recaudo, el 6 de julio de 2004, según cuentan los autores de este novelón, puso en contacto a su yernísimo con el presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, otro de su cuerda, que asimismo iba a hacerse tristemente célebre por su implicación en el llamado caso Gürtel. Como resultado de su buena sintonía, Iñaki se embolsó 3,5 millones de euros por la organización de tres esperpénticos congresos para analizar el impacto de los eventos deportivos en las grandes ciudades. Ya dice el refrán que al que tiene padrino lo bautizan, y al que no lo dejan sin cristianar.







Negociantes indiscutidos



Aseguran Inda y Urreiztieta que los integrantes de la banda de los cinco, o seis desde la incorporación del otro cuñado, “Fijaban el presupuesto, que no era discutido por ningún presidente autonómico, conseguían los patrocinios suficientes para cubrir los costes de la iniciativa y el resto, casi la práctica totalidad de la subvención pública, iba a parar intacto a sus bolsillos” (p. 112). Además acumularon contratos con las grandes empresas españolas, como bancos, constructores automovilísticos, aseguradoras, embotelladoras, fabricantes, editoriales, y un enorme etcétera.



Nadie tenía cuajo para señalarle la puerta al yerno del rey, presidente de una empresa en la que, por si fuera poco, figuraban una infanta y el tesorero de las dos infantas. Solamente, que se sepa, el presidente de la Generalitat de Catalunya, Pasqual Maragall, le fue dando largas, sin atreverse a dar el no, pero sin tampoco dar el sí. No le importó al astuto Iñaki, porque convenció a algunos consejeros para que le facilitasen sus propósitos al margen del presidente.



Dado que le salían muy bien los enjuagues económicos, el presuntuoso exjugador balonmánico pretendió escalar de un salto a lo más alto del Olimpo, como los héroes mitológicos que acababan siendo dioses. Ya no se conformaba con acumular riquezas, sino que ansiaba también poder. Utilizando las malas artes habituales desde su parentesco real, se empeñó en ser presidente del Comité Olímpico Español y además del Internacional, pero los presidentes de las diversas federaciones se lo tomaron a broma, y se estrelló contra su negativa.









Bajo control real



“¿Y Franco qué opina de esto?”, se preguntaba el abuelo de Majaelrayo, ajeno al devenir histórico. Sabemos lo que opinaba el rey, según confidencia del mismísimo duque, aportada por los autores de este libro:



“Tengo que dar cuenta a mi suegro una vez al mes de cómo va todo”, confesaba Urdangarin a Torres, con quien preparaba concienzudamente los encuentros en La Zarzuela. “Nos convoca a Maricharlar y a mí para que le tengamos al día de nuestros asuntos”, le comentó, “pero tranquilo, que está muy contento de cómo marcha todo.” (P. 211.)



No era para menos: tenía un yerno que llevaba camino de conseguir amasar una fortuna como la suya, calculada en 1.800 millones de euros por entonces. Pero fueron tantos los saqueos cometidos por Iñaki en nombre propio y de su mujer la infanta, que los timados se quejaban en voz baja, aunque audible. No se atrevían a rechazar las deshonrosas proposiciones del duque, pero lamentaban tener que hacerlo, y el coro de las lamentaciones engrosaba cada vez más.



Así que el rey envió a uno de sus hombres de confianza, José Manuel Romero, marqués de San Saturnino y conde de Fontao, a Barcelona para exigir a los duques de Palma que abandonasen el Instituto, lo mismo que García Revenga. El 23 de agosto de 2006, cuentan los autores, el Instituto Nóos cambió de junta directiva, pasando a presidirla Diego Torres, con desaparición física de Iñaki, Cristina y Revenga. Entre 2003 y 2006 el Instituto Nóos había obtenido casi veinte millones de euros desde su minúscula oficina barcelonesa.



El taimado Torres encontró una solución para obedecer el mandato real sin cumplirlo, y así el 13 de diciembre siguiente quedó constituida la Fundación Deporte, Cultura e Integración Social, presidida por él mismo, con Iñaki como presidente del anodino consejo asesor. Sin ánimo de lucro, como es natural, se dedicaría a procurar la integración social de niños discapacitados. Era el colmo de la perversidad: utilizar a niños discapacitados como tapadera de sus chanchullos económicos. En dos años cobraron 420.000 euros a los patrocinadores. La incontenible rapacidad de Torres le llevó a alquilar su barco a la Fundación que él mismo presidía, en doce mil euros semestrales.



La Fundación pasó a detentar la mayoría del capital de la compañía De Goes Center for Stakeholder Management, utilizada para desviar el dinero recaudado al paraíso fiscal de Belice. También lo guardaban en Suiza y Luxemburgo.









La gran explosión



Todo les salía bien a los de la banda, hasta que las elecciones autonómicas y municipales de 2007 derribaron a Matas del Govern de las Illes Balears. El fiscal general del Estado, Cándido Conde Pumpido, creó una Fiscalía Anticorrupción en las islas, para investigar los negocios urbanísticos montados durante el mandato del partido autoproclamado Popular. La pieza mayor era el velódromo Palma Arena, presupuestado en 45 millones de euros, y que acabó costando más de 110.



Uno de los principales implicados era el antiguo director general de Deportes de la Generalitat, conocido como Pepote Ballester, íntimo amigo y colega del duque de Palma. El asunto cayó en el Juzgado de Instrucción número 3 de Palma, que tiene como titular al juez José Castro, con fama de insobornable. Acusó a Pepote de malversación de caudales públicos, falsedad y cohecho, lo detuvo y ordenó requisar su ordenador. En su disco duro se conservaba una gran cantidad de mensajes de Urdangarin, con tales documentos que el juez abrió un procedimiento separado del Palma Arena, y el 22 de julio de 2010 reclamó al Govern toda la documentación sobre los llamados Illes Balears Forum organizados por el Instituto Nóos.



Para entonces Iñaki y Cristina habían puesto el océano por medio, con intención de desvincularse de cuanto pudiera suceder. La Compañía Telefónica Nacional de España, obediente a las recomendaciones recibidas, había nombrado delegado en los Estados Unidos al duque, un cargo sin contenido, pero retribuido con 1,5 millones de euros anuales, más 1,2 de gastos adicionales, más el pago de los gastos ordinarios, como el alquiler de la lujosa mansión, el servicio doméstico, el colegio de sus cuatro hijos, y los ocho escoltas. Inauguraron su nuevo hogar americano en agosto de 2009.



Si el duque no tenía nada que hacer, lo mismo le sucedía a la duquesa como asesora de la Fundación La Caixa, que por ello le abona 90.000 euros. Sumados a los 72.00 que percibe de la llamada Casa Real, pese a su irrealidad, la pareja se gana una bicoca de manera legal sin recurrir al sudor de sus frentes. Pues no les bastaba.







¡Descubiertos!



El fiscal Pedro Horrach reclamó a la Agencia Tributaria datos sobre el Instituto Nóos, y descubrió un fraude muy real. Se dirigió al Instituto para exigir toda la documentación relativa a sus actividades, y Torres se la envió en agosto de 2011, según cuentan los autores.



Al no haber declarado el juez secreto el sumario, las facturas estaban a disposición de todas las partes personadas en el caso Palma Arena. Se aprovechó de ello El Mundo para publicar el 25 de setiembre un reportaje explosivo. Aparecía implicado también un hermano del duque, y se encontraron extrañas facturas, como el pago por comisiones futuras. Los medios de comunicación hasta entonces ignoraban el asunto, por obedecer al pacto no escrito, pero real, acordado en los inicios de la monarquía instaurada por el dictadorísimo, de mantenerla impoluta pasara lo que pasase.



Por ello los duques de Palma se atrevieron a acompañar a los reyes, los tripríncipes y la infanta Elena en la tribuna presidencial desde la que presenciaron el desfile de la victoria el 12 de octubre de 2011. Fue su última aparición como familia unida, y el último acto representativo de los duques ante el público.



El 7 de noviembre debiera festejarse oficialmente en la Comunidad de Madrid, por ser el día en que el pueblo madrileño rechazó el ataque de los militares sublevados en 1936. A esa efeméride hay que añadir que en el año de gracia 2011, de desgracia para la monarquía, el juez Castro ordenó a la Fiscalía Anticorrupción y a la Policía Judicial de Palma trasladarse a Barcelona, para registrar el domicilio social del Instituto Nóos. Desde entonces los medios de comunicación tuvieron que enterarse de los chanchullos económicos de Cristina de Borbón y su marido y cómplice. La banda estaba tan segura de su impunidad, garantizada por el parentesco real, que no había destruido ningún documento.







El duque se indigna



Iñaki nombró abogado y portavoz a Mario Pascual Vives, un amigo con el que jugaba al tenis, quien aceptó un encargo tan difícil porque le catapultaba a las primeras planas de los medios de comunicación, sacándolo del anonimato en que transcurrió su vida profesional hasta entonces.



El 11 de noviembre de 2011 el duque viajó a Madrid, reclamado por el rey antes que por la Justicia. La entrevista en el palacio de la Zarzuela parece haber sido muy violenta. Según cuentan los autores, Iñaki llegó a gritar: “¡Aquí todo el mundo hace lo que le da la gana, pues yo también!” (página 285), y por esta vez tenía razón.



Casualmente, aunque no recogen el dato los autores, esa tarde su majestad el rey católico nuestro señor apareció con el ojo izquierdo ennegrecido por un violento golpe, proporcionado al chocar con una puerta, según aclaró convenientemente la llamada Casa Real.



El rey y el tripríncipe han pedido a Cristina que se divorcie, siguiendo el ejemplo de su hermana, pero ella está cada día más enamorada de su marido y cómplice y no escucha ningún razonamiento. También se hace la sorda.



Exactamente un mes después, 11 de diciembre, de nuevo en Washington, Iñaki leyó por teléfono una breve nota a la Agencia Efe, en la que con toda contumacia se declaró inocente y culpó a los medios de comunicación de tenerle manía. Al día siguiente su abogado recibió a los periodistas barceloneses, no para felicitarles las fiestas navideñas, sino para advertirles de que el duque se hallaba muy indignado por los comentarios que publicaban, y les exigía que se comportasen bien con él, puesto que es un santo inocente.



El jefe de la llamada Casa del Rey, Rafael Spottorno, convocó también a los periodistas, esta vez madrileños, para explicar que la Casa consideraba la conducta de Urdangarin “no ejemplar”, y en consecuencia quedaba excluido de los actos oficiales. No calificó la conducta de su mujer y cómplice.



La ESADE barcelonesa expulsó a Diego Torres de su cuadro de profesores, porque su nombre era sinónimo de corrupción. También él se había comprado un chalé, pero valorado solamente en 1,5 millones de euros, nada ver con a casita de Pedralbes.



En su discurso nochebuenero el rey aludió al caso sin citarlo, y aseguró que, como afirma la Constitución, en este reino la Justicia es igual para todos, lo que provocó la hilaridad general en los hogares españoles que tenían el televisor encendido. No obstante, supusimos todos los espectadores que el rey católico se desentendía de su hija y yerno. Todo lo contrario de lo demostrado por la reina, al ir a pasar cinco días en la casa gringa de los duques, y facilitarle una amplia información a la revista rosácea ¡Hola!, que publicó un reportaje con fotografías el 14 de diciembre. Así quedó demostrado que está rota la armonía del matrimonio real. Y eso que aún no había sucedido la aventura de Botsuna con Corina y sus elefantes.







El juez insobornable



Al día siguiente de la conmemoración de los santos inocentes, el juez Castro imputó a Urdangarin y lo citó a declarar lo mismo que a Diego Torres, su mujer, sus dos cuñados, el asesor Salvador Trinxet, Pepote Ballester y dos altos cargos del Govern balear: Gonzalo Bernal y Juan Carlos Alía. ¿Por qué está imputada la mujer de Torres y no la de Iñaki? Porque la Justicia no es igual para todos en el reino.



El fiscal Horrach acusa a Iñaki de la comisión de malversación de caudales públicos, fraude a la Administración Pública, prevaricación, falsedad documental y blanqueo de capitales. Pero él sigue proclamando a gritos su inocencia.



Aquello había llegado demasiado lejos y demasiado alto, como un jugador olímpico. El Consejo General del Poder Judicial abrió diligencias contra el juez Castro por revelación de secretos, con el propósito de apartarlo del caso, pero era tan absurdo que no prosperó Después se intentó declarar prescritos los delitos, cosa tampoco admisible. Por fin se pretendió trasladar el caso a la Audiencia Nacional, en donde obtendría benevolencia, y asimismo la burda intentona manipuladora fracasó. Es sospechoso que haya tantos interesados en evitar el juicio, aunque no lo consigan.



En consecuencia, el 25 de febrero de 2012, annus horribilis para la monarquía del 18 de julio instaurada por el dictadorísimo, Iñaki Urdangarin compareció ante el juez. La familia había llegado a Palma el día 18, y se alojó en el palacio de Marivent, residencia oficial veraniega de los reyes y demás acompañantes. De modo que el duque estaba excluido de los actos oficiales, pero no de los palacios reales.



Para entrar al Juzgado número 3 de Palma hay que atravesar una pendiente de unos cien metros, que jueces, funcionarios, encausados y testigos recorren a pie, pero la llamada Casa Real pretendió que Iñaki llegase en automóvil hasta la puerta, lo que negó el juez. Después se reclamó que la declaración no fuese grabada en vídeo, lo que encontró justificado Gabriela Bravo, portavoz del Consejo General del Poder judicial, alegando que “no todos los ciudadanos son iguales”. No se le ha abierto expediente, pese a negar el artículo 14 de la vigente Constitución monárquica, según el cual “Los españoles son iguales ante la ley”.







Chantaje a la vista



Aquel 25 de febrero la Policía Nacional tomó las calles aledañas al Juzgado. Los balcones próximos había sido alquilador por los reporteros gráficos a precio de oro. La multitud agrupada en las cercanías enarbolaba banderas tricolores y reclamaba el fin de la monarquía. El duque recorrió el callejón con aspecto sonámbulo, se paró ante unos periodistas e hizo una breve declaración para insistir en su inocencia.



Idéntica actitud mantuvo ante el juez, porque culpó de todo a su antiguo profesor y después cómplice Diego Torres, y le acusó de haberle robado a él. Continuó el interrogatorio el día 26, cuando el fiscal le preguntó si tenía alguna cuenta en bancos suizos, lo que negó. Al mostrarle el fiscal un documento que lo probaba, replicó que esos 375.000 euros pagados por Aguas de Valencia eran para el empresario jordano Mansour Tabbaa, emparentado con el rey Faisal y amigo del rey Juan Carlos, por lo que hace negocios en España.



Ocurrió entonces una deriva inesperada. El abogado Manuel González Peeters, elegido para su defensa por Torres, advirtió al fiscal Horrach que su cliente le había facilitado “doscientos correos electrónicos que pueden hacer saltar por los aires la corona” (p. 372), y el 16 de abril presentó ante el Juzgado tres de ellos: Iñaki le contaba a Torres la mediación del rey para organizar un chanchullo económico-deportivo. El letrado reclamaba la exoneración de su cliente, a cambio del silencio.



Puestas así las cosas, Diego Torres reveló que él mismo se encargó de comprar el anillo de pedida de Letizia Ortiz, valorado en tres mil euros, que pagó con una tarjeta de crédito del Instituto Nóos, y que Iñaki se lo regaló generosamente al tripríncipe Felipe (páginas 378 s.). De cualquier modo, el anillo, y todo lo demás, lo pagamos los resignados vasallos de su majestad el rey católico nuestro señor, así que no importa quién efectuase el pago en la joyería.







En espera de saber



En las páginas 380 y siguiente se narra el diálogo entre el abogado González Peeters y un anónimo del que se dice únicamente que pertenece “al entorno de Iñaki Urdangarin”. Ha de ser un personaje importantísimo y secretísimo, cuando en las páginas anteriores se han escrito tantos nombres públicos sin afectación. El letrado proponía a ese personaje venderle los correos electrónicos por seis millones de euros, más otros doscientos para el pago de la fianza de responsabilidad civil, un empleo para su cliente en Telefónica, y un millón más para él por sus honorarios.



Comentan Inda y Urreiztieta: “Ese fue el punto de partida de una negociación que se desconoce cómo ha terminado, aunque todo indica que muy mal no lo ha hecho, fundamentalmente porque ni Diego Torres ni su ángel de la guarda jurídico han vuelto a decir esta boca es mía” (p. 381). ¿Será una historia real?



El pasado 28 de agosto los duques comunicaron su regreso a la patria anhelada, por lo que Iñaki abandonó el suculento y descansado trabajo, es un decir, en Telefónica. Se ignora si cobrará los 4,5 millones de euros de indemnización que tiene contratados. En Suiza le han bloqueado las cuentas bancarias. A este paso, acabaremos viéndole pedir limosna por la calle, si es que no lo encierran por la comisión de tantos delitos financieros.



¿Y Cristina? No está imputada y ni siquiera citada a declarar como testigo, porque el 4 de marzo del annus horribilis declaró el juez Castro: “Citar a declarar a la infanta sólo contribuirá a estigmatizar gratuitamente a una persona, lo que no es de recibo.” Lo cual demuestra que el artículo 14 de la Constitución es falso. Cosa que todos sabíamos desde hace 37 años. Además, Cristina nunca ha hecho nada gratuitamente.



Y lo mismo que se anuncia en los seriales, este folletín continuará, y solamente a su final se desvelará si la Justicia en este reino es igual para todos. Yo apuesto a que no, aunque no encontraré a nadie que opine lo contrario. ¡Viva España con honra!









Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta, Urdangarin. Un conseguidor en la corte del rey Juan Carlos, Madrid, La Esfera de los Libros, 2012, 422 páginas, 20,90 euros.