6 de noviembre de 2012

#NOSINCULTURA: Manifiesto en defensa de la Cultura

#NOSINCULTURA: Manifiesto en defensa de la Cultura


Unión de Actores



Los recortes en la inversión pública y las medidas antisociales que el Gobierno

ha adoptado en su política cultural son la consecuencia de tres planteamientos

muy corrosivos: la conformidad estratégica con la destrucción de puestos de

trabajo, una idea insustancial de la cultura y un menosprecio alarmante por la

ciudadanía española.

El desempleo es sin duda el problema fundamental de nuestra sociedad. No se

entiende que todas las medidas adoptadas para combatir la crisis económica

que padecemos estén más preocupadas por controlar el déficit y solucionar los

problemas de los bancos que por la creación de puestos de trabajo. Las

reformas laborales impuestas por los gobiernos de José Luis Rodríguez

Zapatero y Mariano Rajoy sólo han servido para facilitar el despido y dañar la

dignidad laboral de los que todavía tienen la suerte de encontrar o conservar un

empleo. Porque el paro, desde la reforma laboral de Zapatero, en Junio de

2010, que era de 3.892.000 personas, ha aumentado en 1.800.000 parados

más, a día de hoy. A los que hay que añadir los cientos de miles de jóvenes

licenciados que la política de recortes de nuestro gobierno ha empujado al

exilio económico en otros países de Europa.



El sector de la cultura supone el 4% del Producto Interior Bruto de España y da

empleo directo a más de 600.000 personas. El desmantelamiento de la

inversión pública y la subida del IVA del 8% al 21 % para los espectáculos

culturales está provocando la paralización del sector, el cierre de empresas y el

despido de muchos trabajadores. Las ayudas económicas a la producción

cultural se han reducido, entre los años 2011 y 2013, un 75 % por parte del

gobierno central y se han suprimido totalmente en la mayoría de ayuntamientos

y autonomías. Los daños se proyectan de manera irreversible hacia el futuro

porque afectan a la formación y las posibilidades de los artistas más jóvenes.

Confundir la cultura con el rostro de algunos nombres famosos significa

desconocer de un modo demagógico la realidad humana, económica y laboral

de la música, el cine, el teatro, la literatura y el arte.

La confusión de la cultura con una idea insustancial del entretenimiento es una

operación neoliberal para separar a los ciudadanos de la educación intelectual

y sentimental, un derecho imprescindible para la formación de las conciencias

críticas. Educación y cultura son el fundamento de un contrato social de

carácter democrático. La Constitución Española, en su artículo 44.1, defiende

la cultura como un bien público que debe ser protegido por el Estado. La

operación de considerar los productos culturales como objetos de lujo y su

abandono posterior a los mecanismo exclusivos del mercado y de los intereses

privados supone un intento elitista de rebajar la educación de la ciudadanía,

impedir su formación colectiva y facilitar un panorama en el que triunfen la

demagogia, los instintos bajos y las manipulaciones mediáticas de los poderes

financieros. Sin la educación de las sensibilidades individuales resultan

imposibles el respeto y las voluntades solidarias que crean los vínculos de una

comunidad. El desprecio a la cultura provoca la incapacidad de comprensión

mutua, porque implica el desmantelamiento del pasado común, la falta de

diálogo en el presente y la cancelación del futuro.



Los ciudadanos holandeses y franceses que compran una entrada de teatro

pagan un máximo del 4,5 % de IVA. Los ciudadanos alemanes, el 7%. Pero su

salario mínimo interprofesional es de 1.445 € al mes, mientras en España es de

641 € mensuales. Y Portugal, un país rescatado e intervenido, y en peor

situación que España, lo mantiene en el 13 %. Que los ciudadanos españoles

tengamos que pagar el 21% es una muestra más del desprecio con el que

somos tratados por un Gobierno que ahoga a su población y obedece las

directrices de la banca alemana y de la política neoliberal impuesta por la

derecha europea.

Los trabajadores y las trabajadoras de la cultura queremos denunciar esta

situación y unir nuestras fuerzas a todas las personas y las organizaciones que

están luchando por defender la dignidad de los ciudadanos españoles y el

derecho constitucional a un puesto de trabajo. Cada individuo afectado sufre la

crisis en la incertidumbre de su propia soledad. Pero las soluciones nos

esperan allí donde seamos capaces de reunirnos. Por eso nos

comprometemos a movilizarnos de manera colectiva para defender la

democracia, la justicia social y los servicios públicos en nuestro país y en una

Europa diferente.