3 de diciembre de 2012

“El capital”, la internacional del ultraliberalismo y la cara oculta de Robin Hood

“El capital”, la internacional del ultraliberalismo y la cara oculta de Robin Hood – 29 noviembre, 2012 Publicado en: CULTURAS 4Ilsa Lund || Periodista. Madrid. “Yo creo que una película puede ayudar a reflexionar y eso ya es algo” Costa-Gravras entrevistado en el canal internacional France 24. Avanzado ya el siglo XXI, la alegoría se ha hecho realidad: el poder se ha desplazado, pasando de los políticos al dinero. Alegoría de la situación económica en general, y más concretamente de los tiburones de Wall Street (y en especial Goldman Sachs, el megabanco mundial, el supermercado de las finanzas donde se encuentra de todo, para todos, en todas partes, siempre naturalmente que se pase por caja), El capital, fábula de un universo sin fe ni ley, la última película firmada por el realizador franco-griego Costa-Gavras (pseudónimo de Konstantin Gavras, 1933, Zeta, La Confesión, Estado de sitio, Missing, Amen…) narra el imparable ascenso de Marc Tourneuil (Gad Elmaleh, actor marroquí de moda en Francia), un sicario del capitalismo que pasa por encima de escrúpulos y sentimientos para llegar a convertirse en el amo de todo. Quienes dirigen el mundo desde los sillones de los consejos de administración buscaban un hombre de paja para propulsarlo al frente de uno de sus bancos y manejarlo desde la sombra de su confort impagable, y se encuentra con que el “hombrecillo gris” hace bueno el axioma “el poder corrompe”, aprende enseguida, brilla con luz propia, maniobra, manipulado antes se convierte en manipulador y saca beneficio de todo.
  Tourneuil esta siempre conectado, hablando, discutiendo, negociando, allá donde se encuentre: en el despacho, en el coche, en el avión, incluso en la cama… Al héroe del neocapitalismo más brutal no hay quien le engañe, paga su aventura sexual con un cheque millonario que en realidad no es otra cosa que un préstamo bancario: la top modelo (puta de lujo en este caso), también negociadora pero más ingenua, es el cazador cazado. “El mercado –dice el cineasta-, esa realidad sin entidad material, se parece a un enfermo grave al que hay que tranquilizar, cuidar, contentar para que se porte bien. Sin duda ha sido el descubrimiento del poder de hombres como Tourneuil lo que ha llevado a la señora Merkel a imaginar un medio para salvar la democracia: “adaptar la democracia al mercado”. Lo que Costa-Gavras ha pretendido es penetrar en las entrañas del sistema financiero mundial, que hoy tiene cogida por las pelotas a la “comunidad internacional occidental”, y descubrir como está organizado. Lúcido, cínico, frío, amoral, jugador con cartas marcadas, el argumento de El capital pertenece por derecho al género “panfleto anticapitalista”, aunque la sobreactuación del protagonista estropee un tanto el resultado, le reste credibilidad al personaje y, en cierta manera, haga que la película decepcione. Seguramente muchos espectadores saldrán del cine frustrados pensando que Costa-Gavras ha “perdido fuelle”; si bien adaptando a la gran pantalla la novela El Capital, de Stéphane Osmont, lo que intente sea poner al descubierto los mecanismos económicos y políticos que rigen el mundo, con la mejor de las intenciones: proporcionar aun más argumentos a la indignación que desde hace un par de años recorre el mundo. “El Capital es ante todo una película, no un libelo-dice el autor- En primer lugar, lo que quiero es contar una historia. Y tanto mejor si hace pensar a los espectadores cuando regresan a sus casas”. Y tiene razón: su cine sigue estando plenamente justificado. Como antes Zeta o La confesión, esta película nace de la realidad, es un producto consecuencia y denuncia de lo que sucede ahora todos los días en el mundo de las altas finanzas, refugiadas en despachos de los agresivos rascacielos de Nueva York y también en el de la economía a ras de suelo, en las calles de nuestras ciudades donde hay gente que se arroja por la ventana cuando van a desahuciarle, donde en las colas de los comedores de caridad y los bancos de alimentos cada vez se pueden ver más “burgueses”, donde hay familias que viven en un coche y cada vez más loosers que trasladan su vida de un lugar a otro en el carrito robado de un supermercado. Siempre en su línea, Costa-Gravas hace cine de denuncia, en este caso del poder enloquecido del dinero, de la forma en que los bancos dominan a la sociedad, de cómo el mundo de las finanzas arrasa sin mirar lo que destruye a su paso, de un banquero transformado en tiburón insaciable de poder que sacrifica a su familia y destruye empleos sin mover un músculo, lo mismo que antes denunció el cinismo de las nomenklaturas comunistas (La confesión), el sadismo de los militares de la dictadura chilena (Missing), la extrema derecha estadounidense (La mano derecha del diablo) o la corrupción del Vaticano (Amén). Denuncia resumida en una de las frases que el personaje central dedica a la corte de banqueros reunidos en torno a la encerada mesa de su consejo de administración: “Sigamos robando a los pobres para dárselo a los ricos”. Donde otros se niegan a mirar, Costa-Gavras coloca le ojo implacable de la cámara, contempla lo que sucede fuera de ella y denuncia. Es su misión desde hace más de cincuenta años. Después de cosechar aplausos en el Festival de San Sebastián y nominaciones a tres categorías (que finalmente no ganó), El capital se estrena en España el 30 de noviembre de 2012. Esto saldra antes del leer mas Esto saldra en la pagina al pulsar leer mas