9 de diciembre de 2012

Los infractores son premiados tarde

Felipe Alcaraz (Mundo Obrero)
José Manuel Caballero Bonald ha sido galardonado con el premio Cervantes. Un premio merecido y tardío para un escritor total que fue, en su momento, expulsado desde la misma puerta de la Real Academia Española. Quizás la palabra que mejor resume la matriz ideológica de su obra sea “infractor”, e incluso nos dejó un manual para tan delicado oficio.

Nunca fue hombre de partido, a pesar de la afiliación de alguno de sus compañeros de correrías, de alcohol y literatura. Pero jamás fue condescendiente con el franquismo, y esa posición, iracunda y ética, ha marcado desde siempre su vida que, al final vista con perspectiva literaria y política, es realmente una etopeya limpia, pero cabreada y temerosa a veces de ese tiempo que se te escapa como el agua entre las manos.


Jugó la baza del antifranquismo no lejos del partido, al que prestó su tiempo y a veces su casa, en la que un día vio, sin reconocerlo al principio, a alguien con peluca que después abriría telediarios. Pocos saben, o pocos, en todo caso, desean recordar, que Bonald tuvo una estancia en la cárcel por defender la libertad y conspirar contra el Generalísimo.

Ahora recibe un premio merecido, que le choca recibir en un momento de gobierno de derechas, un premio que señala al que tanto se distinguió con su indisciplina feroz contra la guerra de Irak, a quien se hubiera ido de acampada con el 15M de no ser por la edad. Pero ha solucionado este principio de perplejidad aludiendo a argumentos de escalafón: quizás le tocaba ya en la cuenta del tiempo y en la bolita que correspondía, en su pendulazo anual, al occidente europeo.

Hace unos años, no más de cuatro, estuvimos en su piso de Madrid, pequeño y modesto, el mismo que habitaba (excluidos los veranos) durante el franquismo. Creíamos que el partido le debía un homenaje. Y él aceptó sin una sola duda, y asistió encantado en el teatro Lope de Vega a las remembranzas y celebraciones de comunistas, amigos y artistas de todos los colores ilustrados y progresistas.

Enhorabuena, Caballero Bonald, hombre de fe crecida en la palabra, y malestar crítico indesmayable, como ha demostrado con creces en ese que dice ser su último libro, el así llamado Entreguerras, su poema postrero, su definitivo monólogo interno. Y deseamos fervientemente, cuando hablas de no volver a escribir, que nos estés mintiendo. Dices que ya no necesitas escribir. Pero sin duda recuerdas aquel dicho latino: vivir no es necesario, navegar sí. Y la literatura ha sido para ti una honda navegación.