12 de enero de 2012

Veinte años sin la URSS

Higinio Polo. El Viejo Topo--- La desaparición de la Unión Soviética es una de las tres cuestiones clave que explican nuestra realidad en el siglo XXI. Las otras dos son el fortalecimiento chino y el inicio de la decadencia norteamericana. La disolución de la URSS se precipitó en el clima de crisis y enfrentamientos que se apoderaron de la vida soviética en los últimos años del gobierno de Gorbachov, quien aunque encabezó un inaplazable proceso de renovación (en su inicio, reclamando el retorno al leninismo), impulsó una desastrosa gestión de gobierno y una torpe acción política que agravó la crisis y facilitó la acción de los opositores al sistema socialista. Las disputas entre Yeltsin y Gorbachov, el premeditado y precipitado desmantelamiento de las estructuras soviéticas y de la organización del Partido Comunista fueron acompañadas de reivindicaciones nacionalistas, que se iniciaron en Armenia y se extendieron como una mancha de aceite por otras repúblicas de la Unión, mientras la crisis económica se agravaba, los abastecimientos escaseaban y los lazos económicos entre las diferentes partes de la Unión empezaban a resentirse. Los problemas a los que se enfrentaba Gorbachov eran muchos, y su gestión los empeoró: la aspiración a una mayor libertad, frente al autoritarismo soviético, y un explosivo cóctel de malas cosechas, inflación desbocada, caída de la producción industrial, desabastecimiento de alimentos y medicinas, escasez de materias primas, una reforma monetaria impulsada por el incompetente Valentín Pávlov en enero de 1991, junto con las ambiciones personales de muchos dirigentes políticos, además de los desajustes de la economía socialista y del encaje de la nueva economía privada, aumentaron el malestar de la población. En mayo de 1990, Yeltsin se había convertido en presidente del parlamento (Sóviet supremo) de la Federación Rusa anunciando el propósito de declarar la soberanía de la república rusa, contribuyendo así al aumento de la tensión y de las presiones rupturistas que ya enarbolaban los dirigentes de las repúblicas bálticas. Poco después, en junio de 1990, el congreso de diputados ruso aprobó una “declaración de soberanía”, que proclamaba la supremacía de las leyes rusas sobre las soviéticas. Era un torpedo en la línea de flotación del gran buque soviético. Sorprendentemente, la declaración fue aprobada por 907 diputados a favor y sólo 13 votaron en contra. El 16 de junio, el parlamento ruso, a propuesta de Yeltsin, anuló la función dirigente del Partido Comunista. Egor Ligachov, uno de los dirigentes contrarios a Yeltsin y a la deriva de Gorbachov, declaraba que el proceso que se estaba siguiendo era muy peligroso y llevaba al “desmoronamiento de la URSS”. Eran palabras proféticas. Yeltsin, ya liquidada la Unión, convirtió en 1992 esa fecha en fiesta nacional rusa, mientras que, con justicia, los comunistas la consideran hoy un “día negro” para el país. Las tensiones nacionalistas jugaron un importante papel en la destrucción de la URSS; a veces, con oscuras operaciones que la historiografía aún no ha abordado con rigor. Un ejemplo puede bastar: el 13 de enero de 1991 hubo una matanza ante la torre de la televisión en Vilna, la capital lituana. Trece civiles y un militar del KGB resultaron muertos, y la prensa internacional tildó lo ocurrido de “brutal represión soviética”, como titularon muchos periódicos. El presidente norteamericano, George Bush, criticó la actuación de Moscú, y Francia y Alemania, así como la OTAN, pronunciaron duras palabras de condena: el mundo quedó horrorizado por la violencia extrema del gobierno soviético, enfrentado al gobierno nacionalista lituano que controlaba en ese momento el Sajudis, dirigido por Vytautas Landsbergis. Siete días después, el 20 de enero, una masiva manifestación en Moscú exigía la dimisión de Gorbachov, mientras Yeltsin le acusaba de incitar los odios nacionalistas, acusación a todas luces falsa. Una oleada de protestas contra Gorbachov y el PCUS, y en solidaridad con los gobiernos nacionalistas del Báltico, sacudió muchas ciudades de la Unión Soviética. Sin embargo, ahora sabemos que, por ejemplo, Audrius Butkevičius, miembro del Sajudis y responsable de seguridad en el gobierno nacionalista lituano, y después ministro de Defensa, se ha pavoneado ante la prensa de su papel en la preparación de esos acontecimientos, forzados con el objetivo de desprestigiar al Ejército soviético y al KGB: ha llegado a reconocer que sabía que se producirían víctimas ese día ante la torre de la televisión, y sabemos también ahora que los muertos fueron alcanzados por francotiradores apostados en los tejados de los edificios y que no recibieron disparos desde una trayectoria horizontal, como correspondería si hubieran sido atacados por las tropas soviéticas que estaban ante la entrada de la torre de televisión. Butkevičius reconoció años después de los hechos que miembros del DPT (Departamento de Protección del Territorio, el embrión del ejército creado por el gobierno nacionalista) apostados en la torre de la televisión, dispararon a la calle. No se trata de desarrollar una teoría conspiratoria de la caída de la URSS, pero las provocaciones y los planes desestabilizadores existieron. También las tensiones nacionalistas, por lo que esas provocaciones actuaron sobre un terreno abonado, excitando la pasión y los enfrentamientos. En marzo de 1991 tuvo lugar el referéndum sobre la conservación de la URSS, en ese clima de pasiones nacionalistas. Los gobiernos de seis repúblicas se negaron a organizar la consulta (las tres bálticas, que ya habían declarado su independencia, aunque no era efectiva; y Armenia, Georgia y Moldavia), pese a lo cual el ochenta por ciento de los votantes soviéticos participaron, y los resultados dieron unos porcentajes del 76’4 de partidarios de la conservación y del 21’4 que votaron negativamente, cifras que incluyen las repúblicas donde el referéndum no se convocó. El aplastante resultado favorable al mantenimiento de la URSS fue ignorado por las fuerzas que trabajaban por la ruptura: por los nacionalistas y por los “reformadores”, que ya controlaban buena parte de las estructuras de poder, como las instituciones rusas. Yeltsin, como presidente del parlamento ruso, desarrollaba un doble juego: no se oponía públicamente al mantenimiento de la Unión, pero conspiraba activamente con otras repúblicas para destruirla. De hecho, una de las razones, si no la más importante, de la convocatoria del referéndum de marzo de 1991 fue el intento del gobierno central de Gorbachov de limitar la voracidad de los círculos de poder de algunas repúblicas y, sobre todo, de frenar la alocada carrera de Yeltsin hacia el fortalecimiento de su propio poder, para lo que necesitaba la destrucción del poder central representado por Gorbachov y el gobierno soviético. Sin olvidar que, en el clima de confusión y descontento, la demagogia de Yeltsin consiguió muchos seguidores. Así, antes del intento de golpe de Estado del verano de 1991, Yeltsin reconoció en julio la independencia de Lituania, en una clara provocación al gobierno soviético que Gorbachov fue incapaz de responder. Los dirigentes de las repúblicas querían consolidar su poder, sin tener que dar cuentas al centro federal, y para eso necesitaban la ruptura de la Unión Soviética. Un sector de los partidarios del mantenimiento de la URSS facilitó con su torpeza el avance de las posiciones de la tácita coalición entre nacionalistas y “reformadores” liberales, que recibían, además, el apoyo de los partidarios del sector de economía privada que prosperó bajo Gorbachov, e incluso del mundo de la delincuencia, que olfateaba la posibilidad de conseguir magníficos negocios, por no hablar de los dirigentes del PCUS, como Alexander Yakovlev, que trabajaban activamente para destruir el partido. La víspera del día fijado para la firma del nuevo tratado de la Unión, los golpistas irrumpieron con un denominado Comité estatal para la situación de emergencia en la URSS. El comité contaba con el vicepresidente Guennadi Yanáev, el primer ministro Pávlov; el ministro de Defensa, Yázov; el presidente del KGB, Kriuchkov, el ministro del Interior, Boris Pugo, y otros dirigentes, como Baklánov, y Tiziakov. El fracaso del golpe de agosto de 1991, impulsado por sectores del PCUS contrarios a la política de Gorbachov, sirvió de detonante para la contrarrevolución y alentó a las fuerzas que propugnaban, sin formularlo todavía, la disolución de la URSS. La improvisación de los golpistas, pese a contar con el responsable del KGB y del ministro de Defensa, llegó al extremo de anunciar el golpe ¡antes de poner en movimiento las tropas que supuestamente les apoyaban!; ni siquiera cerraron los aeropuertos ni tomaron los medios de comunicación, ni detuvieron a Yeltsin y otros dirigentes reformistas, y la prensa internacional pudo moverse a su antojo. Los servicios secretos norteamericanos confirmaron la increíble improvisación del golpe, y la ausencia de importantes movimientos de tropas que pudiesen apoyarlo. De hecho, la desaforada torpeza de los golpistas se convirtió en la principal baza de los sectores anticomunistas que acabaron con la URSS: aunque pretendiesen lo contrario, su acción, como la de Gorbachov, facilitó el camino a los partidarios de la restauración capitalista. Tras el fracaso del golpe, Yeltsin volvió a adelantarse: el 24 de agosto reconocía la independencia de Estonia y Letonia. Y no fue sólo Yeltsin quien inició los pasos para la prohibición del comunismo: también Gorbachov, incapaz de hacer frente a las presiones de la derecha. El 24 de agosto de 1991, Gorbachov anunciaba su dimisión como secretario general del PCUS, la disolución del comité central del partido, y la prohibición de la actividad de las células comunistas en el ejército, en el KGB, en el ministerio del interior, así como la confiscación de todas sus propiedades. El PCUS quedaba sin organización ni recursos. No había frenos para la revancha anticomunista. Yeltsin ya había prohibido todos los periódicos y publicaciones comunistas. La debilidad de Gorbachov era ya evidente, hasta el punto de que Yeltsin, presidente de la república rusa, era capaz de imponer ministros de su confianza al propio presidente soviético en los ministerios de Defensa e Interior, claves en la crítica situación del momento. Yeltsin ya había prohibido al PCUS en Rusia e incautado sus archivos (de hecho, esos archivos eran los centrales del partido comunista), y otras repúblicas lo imitaron (Moldavia, Estonia, Letonia y Lituania se apresuraron a prohibir el partido comunista y pedir a Estados Unidos apoyo para su independencia), mientras el “reformista” alcalde de Moscú incautaba y sellaba los edificios comunistas en la capital. Por su parte, Kravchuk anunciaba el 24 de agosto su abandono de sus cargos en el PCUS y en el Partido Comunista de Ucrania. Yeltsin, que contaba con un importante apoyo social, se abstenía cuidadosamente de revelar su propósito de restaurar el capitalismo. La desenfrenada carrera hacia el desastre siguió durante los meses finales de 1991. El referéndum celebrado en Ucrania el 1 de diciembre de 1991, contaba con el control del aparato de Kravchuk, el hasta hacía unos meses secretario comunista de la república, reconvertido en nacionalista, adalid de la independencia ucraniana. Tras el resultado, al día siguiente, Kravchuk anunció su negativa a firmar el Tratado de la Unión con el resto de repúblicas soviéticas. Kravchuk era el prototipo del perfecto oportunista, presto a adoptar cualquier ideología para conservar su papel: en agosto de 1991, con el intento de golpe contra Gorbachov, no dejó clara su posición, ni apoyó a Yeltsin ni a Gorbachov, pero tras el fracaso adoptó una posición nacionalista, abandonó el partido comunista, y se lanzó a reclamar la independencia de Ucrania. Era un profesional del poder, que intuyó los acontecimientos, y, si había sido elegido presidente del parlamento ucraniano en 1990 por los diputados comunistas, tras el fracaso del golpe, abandonó las filas comunistas. Así, todo se precipitaba. Si unos meses antes, el 17 de marzo de 1991, la población ucraniana había respaldado mayoritariamente la conservación de la URSS (un 83 % votó a favor, y apenas un 16 % en contra) la masiva campaña del poder controlado por Kravchuk consiguió el milagro de que, ocho meses después, la población ucraniana respaldase la declaración de independencia del parlamento por un 90 %, con una participación del 84 %. Yeltsin anunció, como pretexto, que si Ucrania no firmaba el nuevo tratado de la Unión, tampoco lo haría Rusia: era la voladura descontrolada de la URSS. Detrás, había un activo trabajo occidental: dos días después del referéndum ucraniano del día 1 de diciembre, Kravchuk hablaba con Bush sobre el reconocimiento norteamericano de la independencia: aunque Washington mantenía la cautela oficial para no enturbiar las relaciones con Moscú, su diplomacia y sus servicios secretos trabajaban esforzadamente apoyando a las fuerzas rupturistas. También Hungría y Polonia, convertidos ya en países satélites de Washington, reconocieron a Ucrania. Yeltsin hizo lo propio, lanzado ya a la destrucción de la URSS. De inmediato, se puso en marcha el plan para disolver la Unión Soviética, en una operación protagonizada por Yeltsin, Kravchuk y el bielorruso Shushkévich el 8 de diciembre de 1991, que se reunieron en la residencia de Viskulí, en la reserva natural de Belovézhskaya Puscha, de Bielorrusia, donde proclamaron la disolución de la URSS y se apresuraron a informar a George Bush para obtener su aprobación. Faltan muchos aspectos por investigar de esa operación, aunque los protagonistas que viven, como Shushkévich, insisten en que no estaba preparada de antemano la disolución de la URSS y que fue decidida sobre la marcha. El presidente bielorruso fue el encargado de informar del acuerdo a un Gorbachov impotente y superado por los acontecimientos, que sabía que iba a celebrarse la reunión de Viskulí, y le hizo partícipe, además, de que a George Bush le había gustado la decisión. La rápida sucesión de acontecimientos, con la firma en Alma-Ata, el 21 de diciembre, por parte de once repúblicas soviéticas del acta de creación de la CEI y la dimisión de Gorbachov cuatro días después, con la simbólica retirada de la bandera roja soviética del Kremlin, marcaron el final de la Unión Soviética. En una disparatada carrera de reclamaciones nacionalistas, muchas fuerzas políticas que habían crecido al amparo de la perestroika reclamaban soberanía e independencia, argumentando que su república iniciaría un nuevo camino de prosperidad y progreso, sin las supuestas hipotecas que comportaba la pertenencia a la Unión Soviética. Desde el Cáucaso hasta las repúblicas bálticas, pasando por Ucrania, Bielorrusia y Moldavia, con la excepción de las repúblicas centroasiáticas, la mayoría de los protagonistas del momento se apresuraron a romper los lazos soviéticos… para apoderarse del poder en sus repúblicas. Una alianza tácita entre sectores nacionalistas y liberales (que supuestamente iban a alumbrar la libertad y la prosperidad), viejos disidentes, altos funcionarios del Estado y directores de fábricas y combinados industriales, oportunistas del PCUS, dirigentes comunistas reconvertidos a toda prisa para mantener su estatus (Yeltsin ya lo había hecho, y le siguieron Yakovlev, Kravchuk, Shushkévich, Nazarbáyev, Aliev, Shevardnadze, Karimov, etc), sectores comunistas desorientados, y ambiciosos jefes militares dispuestos a todo, incluso a traicionar sus juramentos, para mantenerse en el escalafón o para dirigir los ejércitos de cada república, confluyeron en el esfuerzo de demolición de la URSS. Con todo el poder en sus manos, y con el partido comunista desarticulado y prohibido, Yeltsin y los dirigentes de las repúblicas se lanzaron al cobro del botín, a la privatización salvaje, al robo de la propiedad pública. No hubo freno. Después, para aplastar la resistencia por la deriva capitalista, llegaría el golpe de Estado de Yeltsin en 1993, inaugurando la vía militar al capitalismo, la sangrienta matanza en las calles de Moscú, el bombardeo del Parlamento (algo inaudito en la Europa posterior a 1945, que horrorizó al mundo pero que fue apoyado por los gobiernos de Washington, París, Berlín y Londres), y, finalmente, la manipulación y el robo de las elecciones de 1996 en Rusia, que fueron ganadas por el candidato del Partido Comunista, Guennadi Ziuganov. La destrucción de la URSS convirtió a millones de personas en pobres, destruyó la industria soviética, desarticuló por completo la compleja red científica del país, arrasó la sanidad y la educación públicas, y llevó al estallido de guerras civiles en distintas repúblicas, muchas de las cuales cayeron en manos de sátrapas y dictadores. Es cierto que existía una evidente insatisfacción entre una parte importante de la población soviética, que hundía sus raíces en los años de la represión stalinista y que se agudizó por el obsesivo control de la población, y, aún más, por la desorganización progresiva y la falta de alimentos y suministros que caracterizó los últimos años bajo Gorbachov, pero la disolución empeoró todos los males. Esa parte de la población estaba predispuesta a creer incluso las mentiras que recorrían la URSS, recogidas a veces de los medios de comunicación occidentales. En los análisis y en la historiografía que se ha ido construyendo en estos veinte años, ha sido un lugar común interrogarse sobre las razones de la falta de respuesta del pueblo soviético ante la disolución de la URSS. Veinte años después, la visión de conjunto es más clara: la agudización de la crisis paralizó buena parte de las energías del país, las disputas nacionalistas situaron el debate en las supuestas ventajas de la disolución de la Unión (¡todas las repúblicas, incluso la rusa, o, al menos sus dirigentes, proclamaban que el resto se aprovechaba de sus recursos, fuesen los que fuesen, agrícolas o mineros, industriales o de servicios, y que la separación supondría la superación de la crisis y el inicio de una nueva prosperidad!), y la ambición política de muchos dirigentes (nuevos o viejos) pasaba por la creación de nuevos centros de poder, nuevas repúblicas. Además, nadie podía organizar la resistencia porque los principales dirigentes del Estado encabezaban la operación de desmantelamiento, por activa, como Yeltsin, o por pasiva, como Gorbachov, y el partido comunista había sido prohibido y sus organizaciones desmanteladas. El PCUS se había confundido durante años con la estructura del Estado, y esa condición le daba fuerza, pero también debilidad: cuando fue prohibido, sus millones de militantes quedaron huérfanos, sin iniciativa, muchos de ellos expectantes e impotentes ante los rápidos cambios que se sucedían. En el pasado, esos dirigentes oportunistas (como Yeltsin, Aliev, Nazarbáyev, presidente de Kazajastán desde la desaparición de la URSS, cuya dictadura acaba de prohibir la actividad del nuevo Partido Comunista Kazajo) tenían que actuar en un marco de partido único en la URSS y bajo unas leyes y una constitución que les forzaban a desarrollar una política favorable a los intereses populares. El colapso de la Unión mostró su verdadero carácter, convirtiéndose en los protagonistas del saqueo de la propiedad pública, y configurando regímenes represivos, dictatoriales y populistas… que recibieron la inmediata comprensión de los países capitalistas occidentales. En una siniestra ironía, los dirigentes que protagonizaron el mayor robo de la historia eran presentados por la prensa rusa y occidental como “progresistas” y “renovadores”, mientras que quienes pretendían salvar la URSS y mantener las conquistas sociales de la población eran presentados como “conservadores” e “inmovilistas”. Esos progresistas se lanzarían después a una desenfrenada rapiña de la propiedad pública, robando a manos llenas, porque los “libertadores” y “progresistas” iban a pilotar la mayor estafa de la historia y una matanza de dimensiones aterradoras, no sólo por el bombardeo del Parlamento, sino porque esa operación de ingeniería social, la privatización salvaje, ha causado la muerte de millones de personas. Un aspecto secundario para el asunto que nos ocupa, pero relevante por sus implicaciones para el futuro, es la cuestión de quién ganó con la desaparición de la URSS. Desde luego, no lo hizo la población soviética, que, veinte años después, sigue por debajo de los niveles de vida que había alcanzado con la URSS. Tres ejemplos bastarán: Rusia tenía ciento cincuenta millones de habitantes, y ahora apenas tiene ciento cuarenta y dos; Lituania, que contaba en 1991 con tres millones setecientos mil habitantes, apenas alcanza ahora los dos millones y medio. Ucrania, que alcanzaba los cincuenta millones, hoy apenas tiene cuarenta y cinco. Además de los millones de muertos, la esperanza de vida ha retrocedido en todas las repúblicas. La desaparición de la URSS fue una catástrofe para la población, que cayó en manos de delincuentes, de sátrapas, de ladrones, muchos de ellos reconvertidos ahora en “respetables empresarios y políticos”. Estados Unidos se apresuró a cantar victoria, y todo parecía indicar que había sido así: su principal oponente ideológico y estratégico había dejado de existir. Pero, si Washington ganó entonces, su desastrosa gestión de un mundo unipolar dio inicio a su propia crisis: su decadencia, aunque relativa, es un hecho, y su repliegue militar en el mundo se acentuará, pese a los deseos de sus gobernantes. Veinte años después, la Unión Soviética sigue presente en la memoria de los ciudadanos, tanto entre los veteranos como entre las nuevas generaciones. Olga Onóiko, una joven escritora de veintiséis años que ha ganado el prestigioso premio Debut, afirmaba (con una ingenuidad que también revela la conciencia de una gran pérdida) hace unos meses: “la Unión Soviética se aparece en mi mente como un país grande y hermoso, un país soleado y festivo, el país de ensueño de mi infancia, con un claro cielo azul y banderas rojas ondeando”. Por su parte, Irina Antónova, una excepcional mujer de ochenta y nueve años, directora en ejercicio del célebre Museo Pushkin de Moscú, añadía: “La época de Stalin fue un momento duro para la cultura y para el país. Pero también he visto cómo mucho después se perdió un gran país de una manera involuntaria e innecesaria. […] A veces me digo que sólo quiero irme al otro mundo después de haber vuelto a ver el brote verde de algo nuevo, algo realmente nuevo. Un Picasso que transforme esta realidad desde el arte, desde la belleza y la emoción humana. Pero la cultura de masas ha devorado todo. Ha bajado nuestro nivel. Aunque pasará. Es sólo una mala época. Y sobreviviremos a ella”. Fuente: www.rebelion.org

Video. Piratas. ¿quiénes son los auténticos piratas en Somalia?

El lenguaje. Una cuestión de género

Pensar las cuestiones de género en las puertas del 2012 es una tarea ardua y compleja. Las mujeres durante el siglo pasado hemos ido abriéndonos camino entre un mundo predominantemente masculino, no sin dificultades. A fuerza de lucha y organización ganamos espacios en el campo laboral y en el político, no tanto así en el área doméstica.Sin intenciones de hacer historicismos sino de reflexionar juntos y juntas sobre esta problemática iniciamos en este medio una búsqueda que pretenderá el encuentro, el debate, la construcción entre todas y todos de una sociedad que incluya y no excluya la multiplicidad de géneros en las sociedades.En principio, resulta interesante destacar la necesidad urgente de instalar la problemática de un lenguaje que nos nombre, que incluya la problemática del género. Históricamente nos han nucleado en sustantivos, pronombres y adjetivos masculinos cada vez que se necesita pluralizar. Así por ejemplos el pronombre nosotros siempre ha incluido a las mujeres y a los varones así como muchísimos otros términos plurales. Para nosotras, las comunicadoras, las feministas y las mujeres que participamos en la lucha de género la cuestión del lenguaje no es un tema menor. En la Comisión de Mujeres y Medios de Comunicación del Encuentro Nacional de Mujeres, en la que he participado desde hace tres años, el lenguaje de género es un eje central en la discusión, porque es una manera de empezar a instalarnos en la sociedad y en los medios. Nombrarnos nos visibiliza.Visibilizarnos después de milenios de invisibilidad es el inicio de una construcción social que no sólo incluye a las mujeres sino también a las diversidades sexuales que también son invisibilizadas en una sociedad que tiene como norma la heterosexualidad y la visión patriarcal de la familia y la organización social.El patriarcado es la organización social que ha predominado desde los orígenes de la historia la humanidad. En el patriarcado como lo indica su nombre, el varón es quien decide, organiza, y nuclea a los otros miembros de la sociedad, mujeres y otras diversidades sexuales. Por eso, empezar a visibilizarnos a través del lenguaje es construir una nueva visión social, no patriarcal, sino inclusiva y plurigenérica o diversa.Comenzar a nombrarnos, aunque la frase se torne tediosa y larga será una manera de escribirnos en la historia, de existir.El lenguaje en tanto construcción cultural no es estático, se mueve, evoluciona. Surgen términos permanentemente, neologismos según las necesidades de nombrar nuevas situaciones.En ese sentido, toda la incursión de las nuevas tecnologías, ha creado vocablos nuevos como por ejemplo, el verbo chatear, no oficial aun, que emplean los y las jóvenes cuando se comunican entre sí por medio del chat.De la misma manera creemos las mujeres, que debemos resignificar el lenguaje y nombrarnos con aquellos vocablos femeninos y si no existen en las lenguas con las que interactuamos, crearlos, construirlos. Así lo hizo una integrante de la Red de Mujeres matancera, en un encuentro de capacitación sobre género, al nombrarnos individuas o también sujetas.Esa es una primera labor que debemos impulsar nosotras las mujeres y las colectivas de diversidad de género en la construcción de un nuevo lenguaje que nos visibilice como comienzo de una construcción social inclusiva, en la que varones, mujeres y otras diversidades sexuales trabajemos en conjunto.Laura Elizalde.Periodista, Integrante de la Comisión Coordinadora de Comunicadoras Populares en Red . Publicado en Diario NCO.net--http://noticiasconobjetividad.wordpress.com/2012/01/11/el-lenguaje-una-cuestion-de-genero/

La política económica neoliberal se profundiza con el nuevo gobierno.

El nuevo gobierno del PP ha presentado sus primeras medidas económicas en lo que se prevé será un “inicio del inicio”, en palabras de la nueva Vicepresidenta Sáenz de Santamaría, de una larga y oscura legislatura. Todo apunta a que este gobierno servirá para un operativo de reformas y recortes agresivos contra las necesidades de los y las de abajo y de generoso rescate de las insolventes pero privilegiadas oligarquías financieras. El gobierno se ampara en un supuesto incremento del déficit público hasta el 8,2% -anunciado paradójicamente por el Ministerio del Interior-, que se desviaría, ante el fariseo asombro, de un 6% previsto. El ministro de Hacienda ha reconocido que la desviación de la Administración General del Estado es mínima, y que la mayor parte de la desviación se produce en las comunidades autónomas y en los grandes ayuntamientos. El PP gobierna en la inmensa mayoría, de modo que es responsable, y seguro sabedor, de estas tendencias desde mucho tiempo antes de las elecciones. También desde Bruselas lleva tiempo exigiéndose no sólo recortar el presupuesto público sino, contra lo prometido falsariamente por Rajoy y todo el PP, aumentar la fiscalidad también con la impuestos directos. La primera de las medidas consistirá en una inicial batería de recortes. Se calcula en 8.900 millones de gasto público. Consistirá en: - La reducción de las estructuras administrativas de segundo escalón, subsecretarías y direcciones generales, con recortes de gasto del 20%. - La disminución de las subvenciones a partidos políticos en un 20% (aproximadamente unos 30 millones de euros) y a sindicatos y patronal en el mismo porcentaje (55 millones de ahorro). Esto comportará una merma de recursos de los que dependen formaciones minoritarias, puesto que los grandes partidos tienen otras fuentes más importantes que las del Estado. Los sindicatos, ya duramente afectados por caídas de recursos de diferentes fuentes (gestión de formación, cuotas de afiliación, otras subvenciones, etc…) se verán nuevamente castigados. Es preciso diferenciar el mal uso que éstos puedan llegar a realizar, o incluso su despilfarro, y los riesgos acomodaticios asociados, todo lo cual hay que criticar, del derecho constitucional para que organizaciones obreras puedan potencialmente defender las condiciones de vida de los y las trabajadoras. - En el empleo público se congelan los salarios del funcionariado y se amplía su jornada laboral a 37,5 horas, lo cual redobla el sacrificio en este colectivo ya golpeado reiteradamente. Se congela la plantilla, con una tasa nula de reposición de las bajas, salvo en el personal docente, hospitales y centros de salud, fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del Estado, inspección tributaria y laboral, donde se sustituirá el 10% de las bajas. Un clarísimo ataque a los servicios públicos y a la calidad del servicio y de las condiciones laborales de estos y estas profesionales. - La renta de emancipación de 210 euros se congela: no habrá nuevos beneficiarios de esta paga, y los beneficiarios actuales la mantendrán sujetos a los límites de cuatro años de percepción y edad máxima de 30 años. Esta tibia medida para la emancipación juvenil al retirarse la sufrirán los colectivos juveniles más humildes. - Se aplica una moratoria de un año en la incorporación de nuevos beneficiarios al sistema de dependencia, en la categoría de dependencia moderada. El pilar de la atención a la dependencia sin haber nacido del todo sigue siendo abortado, posiblemente con el propósito de hacer de esta actividad un negocio plenamente privado. - Se retrasa la ampliación impuesta por la UE del permiso de paternidad. - Se congela el salario mínimo interprofesional. v Se modifican aspectos del régimen fiscal, y se prevé que con ello se recaudarán 6.200 millones de euros más: - Se implanta un incremento temporal del Impuesto sobre la Renta. Tendrá un carácter, sorprendentemente, progresivo. El primer tramo tendrá un gravamen adicional del 0,75%; de ahí salta a un 2%, el siguiente el 3%, luego el 4%, el 5%, el 6% y hasta el 7% a partir de los 300.000 euros de base liquidable, en lo que llaman, sarcásticamente un “recargo de solidaridad”. La subida del IRPF a los rendimientos del trabajo aprobada por el Gobierno el pasado viernes afectará, sobre todo, a las clases medias, en retroceso en la estructura social, que aportarán en torno a dos tercios del nuevo esfuerzo recaudatorio. De haber algún tipo de solidaridad el cambio fiscal debiera haberse orientado a perseguir el fraude fiscal (por el que se podría haber recaudado 30.000 millones, tal y como afirma GESTHA) y del que está en mayor parte a cargo de empresariado y grandes fortunas, haber hecho iniciativas que bloqueasen o gravasen al 100% las transacciones con paraísos fiscales (que disponen entre una cuarta y una tercera parte del capital internacional), o contra figuras como las SICAV, o, mejor aún, el Impuesto de sociedades. El incremento de los impuestos, aunque sea progresivo y directo, si luego no se destina a inversiones y gastos favorables a las necesidades de la mayoría, no se pueden respaldar. - El IRPF recupera la deducción de la compra de la vivienda que había eliminado el anterior gobierno, y mantiene el IVA reducido para la compra de inmuebles. Esta medida no sólo será ineficaz en medio de la crisis vigente, sino también injusta por lo regresivo de la misma, y por desincentivar el alquiler, así como su estímulo a continuar una burbuja que ya pinchó hace cuatro años. - En materia de vivienda también se incrementa el Impuesto de Bienes Inmuebles, afectando al 50% de los inmuebles de mayor valor, vistos municipio a municipio, lo cual comporta que no afectará a ricos que viven en municipios muy ricos y sí afectará a clases medias que viven en municipios bastante menos ricos. - En cuanto a las rentas de capital, el recargo impositivo va desde los dos puntos extra en el primer tramo, cuatro puntos a partir de 6.000 euros y hasta seis puntos en la base liquidable a partir de 24.000 euros. Siendo también una modificación progresiva, queda lejos la referencia de equiparar el gravamen, cuanto menos, de las rentas del capital respecto a las del trabajo. - Parece que también, aparte de éstas, se modificará al alza el IVA, según anunció Cristobal Montoro, posiblemente en esta primera semana de Enero de este 2012 con tan malos augurios. v Se apunta a una actuación múltiple en el sistema financiero. - Se ha provisto 100.000 millones de avales para el sistema bancario. La banca española tiene contraídos unas exigencias de devolución de su deuda que asciende, para 2011, a 90.000 millones de euros. Si no puede pagarlo lo hará el Estado. - Se va a conformar un Banco Malo que reunirá, a costa del erario público mediante un préstamo concedido de Bruselas, el suelo prácticamente invendible de la gran banca. A cambio la banca tendrá que provisionar una pérdida de valor del 50% del suelo, algo posiblemente ajustado a la realidad, y tan sólo de un 20% de sus inmuebles, algo claramente muy por encima de lo que valen. El nuevo “banco del suelo” sería público pero la gestión de la operativa de reventa (que podría tardar en recolocar estos activos más de 20 años) sería de los bancos, con lo que sus eventuales resultados positivos serían en una buena parte también privados. El banco malo es una iniciativa de socialización de pérdidas, que por artificios no se sumará al déficit público pero que nada podrá impedirse para que aumente el volumen de la deuda pública del Estado. v Como bien sabemos, hay una reforma Laboral en negociación entre patronal y sindicatos a instancias del nuevo gobierno. Aunque su agenda de contenidos no se conoce con detalle, podría repercutir en una política de moderación salarial y de unas inciertas exigencias de reinversión de beneficios en base a una reordenación de las desgravaciones del impuesto de sociedades; la articulación de la negociación colectiva y reparto de competencias entre los diferentes niveles de negociación, y el menor peso para convenios provinciales, y la reforma del empleo a tiempo parcial. Nada descarta que el nuevo gobierno quiera seguir erosionando los derechos de indemnización por despido, y que tenga en el punto de mira las prestaciones por desempleo, sino ahora, sí en un plazo no muy lejano. Posiblemente estas medidas no formen más que un primer paquete de una durísima agresión permanente. Pero estas mismas ya son razones de sobra para levantar una amplia contestación social, para deslegitimar la orientación de sus contenidos y denunciar sus nefastas consecuencias. Es necesario responder firmemente en este momento, porque si dejamos pasar estos ataques, los siguientes serán aún más duros. El comienzo de la resistencia se levanta desde ya, porque cuanto más se encuentre el nuevo gobierno más dificultades tendrá en las siguientes operaciones que se proponga. ¡Contra las medidas neoliberales, iniciativa y resistencia anticapitalista!. http://daniloalba.blogspot.com/2012/01/la-politica-economica-neoliberal-se.html#more Daniel Albarracin.

Entrevista al coronel Amadeo Martínez Inglés

Amadeo Martínez Inglés es un militar en la reserva, escritor e historiador español ("España indefensa", "Mi lucha por un ejército profesional", "La transición vigilada", "23-F. El golpe que nunca existió", "El ejército español: de poder fáctico a ONG humanitaria", "Juan Carlos I, el último Borbón-Las mentiras de la monarquía española"). Durante más de cuarenta años sirve en el Ejército de Tierra español, llegando al rango de coronel del Estado Mayor en 1987, de donde es expulsado, por sucesivas sanciones disciplinarias, en 1990, tras lo cual intenta una carrera política (Izquierda Republicana) que no acaba de cuajar... En sus libros trata asuntos polémicos con los cuales el Ejército haya podido tener relación, como el intento de Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y el envío de tropas españolas a la Guerra en Afganistán de 2001. Y capaz de participar uniformado en una masiva manifestación contra la guerra de Irak o colarse en la boda de los príncipes, uniformado y portando un arma, para demostrar los fallos de seguridad de tan importante evento... Su firme actitud de denuncia y su fuertes convicciones humanas y políticas le han llevado a protagonizar estos conocidos actos pero también lo han convertido a su pesar en un personaje polémico... Aquellos Perros han reclamado sus respuestas a preguntas y temas que muy bien conoce y de plena actualidad, a lo que Amadeo ha respondido sin dilación alguna... 1- ¿Que valor tendría una República ante el gobierno global de los mercados? El actual régimen político español nació con un tremendo pecado original, con un incontestable déficit democrático al provenir sin ninguna ruptura previa, antes al contrario al ser Juan Carlos de Borbón designado jefe del Estado a título de rey por el propio dictador Franco, de la dictadura franquista nacida de la genocida rebelión militar de julio de 1936. Los países europeos tradicionalmente democráticos aceptaron la integración en su día de este régimen pseudodemocrático juancarlista/franquista por intereses esencialmente económicos (la locomotora alemana ambicionaba un mercado de 40 millones de potenciales consumidores) pero también por los rendimientos políticos que se derivaban de una Unión Europea en trance de consolidación y desarrollo. Pero esto no quiere decir que España fuera considerada entonces, ni incluso en el presente, un Estado plenamente democrático y de derecho totalmente equiparable a los que en aquel momento constituían la Unión. Después, es cierto, la incorporación de países de segundo nivel y con carencias democráticas parecidas a las de España, ha suavizado esa percepción pero no cabe la menor duda de que nuestro pecado original franquista todavía no ha sido perdonado en su totalidad por los llamados países de nuestro entorno. Todo esto se solucionará cuando nuestro país abandone de una vez ese poso franquista que lo deslegitima y lo pone en inferioridad de condiciones en relación con las naciones tradicionalmente democráticas de la primigenia UE. Y eso solo sucederá cuando el único sistema político a nivel mundial verdaderamente democrático, la República, se asiente definitivamente en España. Previa, por supuesto, la oportuna consulta universal a sus ciudadanos. Algo que debería haberse hecho en 1975, a la muerte del dictador Francisco Franco. Alguien puede pensar que estas consideraciones de tipo político que acabo de hacer pueden ser absolutamente irrelevantes para unos mercados globales que actúan siempre con criterios meramente especulativos y propios en todo caso del neoliberalismo más radical, pero se equivocaría. España, en la Europa de hoy en día, y a pesar de su decadente poderío económico que nuestros jerarcas políticos todavía se afanan en exagerar (5ª potencia de la UE y 4ª de la Eurozona), sigue siendo una nación de segunda fila que continuamente va mendigando su incorporación a los principales foros económicos mundiales. Y es que todavía en el actual directorio internacional, tanto a nivel europeo (países, no se olvide que aceptaron en su día la llamada leyenda negra sobre nuestro país y el subsiguiente anatema de que Europa comenzaba en los Pirineos) como en relación con la primera potencia global (EE.UU), se nos sigue viendo con ese tremendo pecado político original de los cuarenta años de dictadura pegado a nuestros genes. Una dictadura, no se olvide, no solo aceptada por el pueblo español por las causas que fueren (que las hubo y muchas) sino, lo que es peor, aún arraigada en amplias capas de nuestra sociedad. 2-¿Cuando caerá el telón para la monarquía española? La monarquía española está viviendo en estos momentos una profunda crisis, se tambalea, es discutida y atacada, y no precisamente (por lo menos, no esencialmente) por el reciente escándalo del yernísimo. Desde hace bastantes años están saliendo a la luz gracias a libros, escritos e investigaciones de algunos historiadores que se atreven a ello (y, por supuesto, no miro a nadie) los vicios, las mentiras, las corruptelas y los abusos de todo tipo cometidos por su titular, el todavía rey Juan Carlos I, un tardofranquista puesto a dedo en la jefatura del Estado por un dictador rebelde y genocida de su propio pueblo. Estos vicios del actual rey y, sobre todo, sus francachelas sexuales (que hemos pagado todos a través de los fondos reservados del Estado) y su escandaloso enriquecimiento personal (estimado en casi 1.800 millones de euros), han hecho que el prestigio que pudiera tener esta medieval institución (más que nada gracias a la interesada cooperación cortesana de partidos políticos y empresas mediáticas) cayera en picado en los últimos meses (en la encuesta del CIS de octubre de 2011 ha llegado a suspender con 4,87 puntos) empezando a ser cuestionada por amplias capas sociales e, incluso, por grupos de militantes del PSOE y del PP, sus tradicionales aliados. Todo hace pensar que con el reciente escándalo de Urdangarín y la brutal crisis que padecemos esta tendencia a la baja se acelere y generalice en los próximos meses (a pesar del blindaje político y constitucional que todavía la protege pero que ya empieza a hacer aguas) no pudiendo sustentarse mucho más tiempo en una España que, en absoluto, tiene ya algo que ver con aquella de la transición y el trágala político y social que supuso la Constitución de 1978. El momento crucial (y desde luego “casus belli” para los millones de ciudadanos republicanos españoles) será el del cambio de titular de la corona, si es que el partido político en el poder (previsiblemente el PP) se atreve a intentar coronar a Felipe de Borbón. Ahí puede saltar la chispa de la primavera republicana española del cambio. Del verdadero cambio político en este país. 3- ¿Veremos a los militares en las calles sofocando revueltas sociales? No, no es previsible en absoluto. En primer lugar porque el Ejército español, a pesar de su aparente profesionalización (luchando por la cual y por la consiguiente desaparición del servicio militar obligatorio, quiero recordar al lector joven, el que esto escribe fue encarcelado y perdió su carrera, algo inaudito en una verdadera democracia) no tiene la operatividad necesaria para enfrentar a largo plazo un conflicto generalizado con la población civil de su propio país. En segundo, porque tal escenario no sería aceptado por sus componentes (mandos y soldados) que en estos momentos son conscientes de que las órdenes de sus superiores no solo deben ser legales sino acordes con el derecho internacional y los derechos humanos. Por último, en el entorno europeo en el que estamos integrados, una acción en fuerza del Ejército contra la ciudadanía sería poco menos que suicida para el Gobierno que osara ordenarla. 4-¿Tras los gobiernos tecnócratas(italia, Grecia, etc) y ante el incremento de la inestabilidad social..el siguiente paso son las dictaduras militares en Europa...? No, en absoluto. La única dictadura que se vislumbra en Europa (en realidad, ya está asentada, y si alguno tiene dudas al respecto que se ponga al habla con el invisible y asustado Rajoy) es el IV Reich económico de la señora Merkel. Que tiene como segundo espadón mercantil y financiero al “polvorillas” Sarkozy. Estos dos “figuras”, en un golpe (no de Estado sino Continental) se han hecho, unilateralmente y sin que nadie se lo haya pedido, con el poder absoluto en la UE. Un poder que, además y esto es lo peligroso, desborda ya en estos momentos los cauces meramente económicos y financieros para adentrarse con todo descaro en las propias estructuras políticas y sociales de los Estados miembros de la Unión Europea en general, y de la Eurozona en particular. Con la mansedumbre y el visto bueno generalizado de unos países (los periféricos mayormente) que, arruinados y asustados, lo aceptan sin rechistar permaneciendo en posición de firmes y en el primer tiempo del saludo. 5-¿Utiliza las redes sociales? Las redes sociales, no mucho, aunque mis artículos y escritos viajan con profusión por ellas. No me sobra el tiempo y prefiero dirigirme a las muchas personas que me siguen a través de los medios de comunicación de la Red. 6- Que papel ocupa el Rey en todo el entramado Urdangarin.. ¿que destino podemos esperar para este personaje? El papel del rey ha sido absolutamente primordial en todo el escándalo Urdangarín. Y yo diría que es el principal responsable porque lo conocía desde el principio y, creyendo que los medios de comunicación (como han venido haciendo, por otra parte, durante todo su reinado) no se atreverían a meterle el diente a algo tan turbio relacionado con su sagrada Casa Real, dejó que se pudriera y el caradura del atlético yerno siguiera campando por sus respetos. A lo máximo que accedió fue a largarlo a EE.UU para que, con el charco de por medio, la cosa entrara en stand by. Pero se equivocó porque este hombre, pachucho como está, todavía no se ha dado cuenta de que sus tiempos de vino y rosas (bueno, lo del vino convendría ponerlo en cuarentena) han terminado y la sociedad española, sobre todo los jóvenes, no solo no se cree ya lo de “salvador de la democracia” sino que aspira a darle la boleta por los servicios prestados (si es que ha prestado alguno que se pueda contar en horario infantil) en el cortísimo plazo. 7- ¿Es la izquierda una especie en extinción en Europa? No lo creo. No está pasando sus mejores momentos pero la historia de la humanidad (no solo la militar sino la política) es así y unas veces se gana y se está en lo más alto, y otras (y sobre todo en el terreno de las ideas) se pierde y la sociedad mira para otro lado. Yo creo que la izquierda, tras esta crisis brutal del capitalismo mundial que estamos viviendo después de que tras la caída del muro de Berlín se creyera vencedor absoluto en sus diferencias con el socialismo real, resurgirá de sus cenizas y aportará nuevas ideas que lleven al hombre del recién nacido siglo XXI por las sendas que ella nunca debió abandonar ni prostituir: libertad, solidaridad, igualdad, bienestar social, derechos humanos y sociales… etc, etc. 8- ¿Donde esta la salida a la llamada crisis? La crisis mundial y, sobre todo en Europa y en especial en los “cachondos” países periféricos, ha venido de la mano del despilfarro y la corrupción. Junto a otros parámetros menores como la vagancia (los economistas cursis se refieren a ella por lo que respecta a España como “falta de competitividad”), la ambición personal desmedida, una flagrante falta de valores morales y éticos y una acusada permisividad de los Gobiernos occidentales con los grandes capitales y sus bien remunerados príncipes financieros. Y todos estos infames jinetes del Apocalipsis deberemos domar si queremos salir del atolladero en el que estamos metidos. Y la verdad es que el Gobierno de Mariano Rajoy no ha comenzado la ardua tarea con buen pie. Todo lo contrario. Castigando el moderado sueldo de funcionarios, pensionistas y jubilados, contándonos (a través de su apoderada Sor Aya) lo que va a hacer cuando se lo exija la “führer Merkel” y haciendo a continuación mutis por el foro. No creo que su recorrido como presidente del Gobierno amado por su pueblo (once millones de votos) sea muy largo en el tiempo. 9- ¿Le da mucho tiempo a Rajoy en el poder? Como acabo de señalar, no veo a Rajoy capaz de enderezar, a corto o medio plazo (a largo, todavía menos porque el tiempo de que dispone es muy limitado) la difícil situación por la que atraviesa este país. Estamos en un círculo vicioso de recesión, deuda insoportable, falta de credibilidad internacional y de capacidad de reacción a todos los niveles. Yo ya he dicho por activa y por pasiva (y no soy economista pero he vivido ya algunos añitos procurando enterarme de todo lo que me rodea) que sin poder monetizar nuestra descomunal deuda y estando, en consecuencia, en manos de los mercados y de la señora Merkel al no tener el Banco de España capacidad para generar moneda, nuestra salida de la crisis es totalmente impredecible. A no ser que Alemania, como va a tener que hacer ahora con Grecia y ya hizo en el pasado con Alemania del Este, nos acoja en su seno, nos preste de verdad los millones de marcos/euros que necesitamos y nos ponga a trabajar a destajo durante un porrón de años. ¡Ah! Y después de vender al mejor postor internacional la joya de nuestra renqueante corona: el AVE. En resumen, contesto a su pregunta: Si no cambian las cosas muy drásticamente, y dudo que esto ocurra ya que la solución vendría por la salida de España del euro y la vuelta a la pobre y denostada peseta, le doy muy poco tiempo en el poder al mudo Rajoy. En gracia de dios social, se entiende. Apenas unos meses, quizá un año, tal vez dos. Si los ya hartos españolitos de a pie o la jefa del cotarro europeo, la inefable señora Merkel, no ven pronto asomar el sol de la reacción económica por el horizonte (cosa impensable a día de hoy), su destino político acabará en el basurero de la historia. Lo malo será, en ese hipotético y catastrófico escenario, el futuro de este país: Arruinado y sin alternancia política alguna, puesto que el PSOE ni está ni se le espera. No creo en absoluto que acabemos, estoy seguro de ello tal como le decía líneas arriba, en una dictadura militar, pero lo que sí puede aparecer por el horizonte es la revolución pura y dura. 10- La transición española..¿un apaño o un buen diseño del Franquismo? Las dos cosas. El régimen franquista se preparó con tiempo para, a la muerte del dictador, sobrevivir y seguir en el poder haciendo los cambios cosméticos necesarios y suficientes. Los jerarcas políticos y militares del sistema dieron por buena, con algunas reticencias de falangistas y altos prebostes castrenses, la decisión de Franco de reinstaurar la monarquía borbónica a la que él estaba particularmente agradecido por los meteóricos ascensos que le había otorgado durante su peripecia guerrera en el norte de África. Y una vez elegido Juan Carlos de Borbón, tras las espectaculares algaradas epistolares y personales entre el dictador y el conde de Barcelona, los escasos personajes políticos de valía que rodeaban al nuevo heredero de Franco (a título de rey) se aprestaron a vestir el muñeco del “cambio” para que la prometida transición se produjera sin traumas y, lo que era todavía más importante, sin que el pueblo español mostrara rechazo alguno a la misma, antes al contrario, la recibiera como una bendita ventana a la libertad y la democracia. Se montó así la estrategia precisa para que una pseudo democracia (con alma totalmente franquista pero aceptable para la Europa de nuestro entorno) reemplazara en su momento a la “dictablanda” en la que se había convertido en la última década un régimen totalmente caduco, en correspondencia con la precaria salud física y mental del espadón gallego. El alma de esta transición programada sería D. Torcuato Fernández Miranda, catedrático de Derecho Político y director del equipo político puesto por Franco para dirigir la etapa universitaria del príncipe Juan Carlos de Borbón y Borbón. 11- ¿Veremos al sucesor de Juan Carlos en la jefatura del estado? Lo tiene francamente difícil dada la tremenda crisis política, económica y social por la que atraviesa el país. Agravada últimamente por el escándalo Urdangarín y el tsunami de corrupción que arrasa la conciencia de millones de ciudadanos españoles que ansían un profundo cambio cuanto antes. Ya he dicho hace un momento que ese momento de la hipotética coronación del heredero (si llegara a producirse) representaría con toda seguridad para millones de ciudadanos españoles que sueñan con la III República y el salto a la modernidad que ella conllevaría, el punto de no retorno, el día “D” para lanzar a los poderes públicos un categórico “hasta aquí hemos llegado”. Espero y deseo que el Gobierno al que le toque liderar tamaño momento histórico, ya cercano, actúe con la cabeza fría y el necesario sentido común llamando a los ciudadanos a expresarse en un referéndum para dilucidar de una vez la forma de Estado que desean. Si no lo hace, y opta por seguir apoyándose en una Constitución ya caduca y no votada por más de la mitad de los actuales ciudadanos españoles, tendrá graves problemas. Y esta vez el nuevo rey si podría llegar a ostentar, con toda razón, el peyorativo calificativo histórico de “El Breve”. 12-¿Como resumiria su paso por el ejercito de Franco? Cuando yo accedí al Ejército, en 1953, ya no podía considerarse “de Franco” sino simplemente “español”. El dictador, en aquellas fechas, estaba volcado en cuerpo y alma a mangonear a su antojo este pobre país, con la ayuda de algunas democracias como la yanqui que por necesidades de la guerra fría le brindaron su apoyo, y sus Fuerzas Armadas, abandonadas, míseras, mal pagadas, totalmente inoperativas y con un material de guerra que era pura chatarra, le importaban un comino. Solo quería seguir controlando a algunos jerifaltes máximos de las mismas para asegurarse su lealtad. Bastantes oficiales jóvenes de ese Ejército no comulgábamos en aquellas fechas con el franquismo sino, todo lo contrario, estábamos en contra de que miles y miles de militares eventuales que Franco incorporó al Ejército en la guerra civil (los llamados alféreces provisionales) hubieran sido admitidos como auténticos profesionales de carrera al término de la misma. Lo que había redundado en una brutal caída de la operatividad de la Institución en su conjunto. Como se pudo colegir de las desastrosas guerras coloniales de esa década de los cincuenta en Ifni y el Sahara español. Yo por mi parte, procuré hacerme un buen militar profesional desde el mismo momento de la salida de la Academia Militar de Zaragoza. A los pocos meses de ser graduado como teniente, el Batallón en el que estaba destinado fue enviado a la primera de estas dos guerras que acabo de señalar. Pedí voluntariamente pasar a mandar la Sección de Asalto del Batallón (una especie de comando de elite especializado en golpes de mano nocturnos y operaciones casi suicidas compuesto de medio centenar de soldados elegidos y voluntarios) al frente de la cual realicé, durante el año que permanecí en aquél territorio, bastantes acciones nocturnas tras las líneas enemigas. Todas de alto riesgo, no solo por el enemigo con el que nos topábamos a menudo sino por los campos de minas (propios y del adversario) que teníamos que atravesar, de noche y sin poder consultar los escasos planos de situación de que disponíamos. Por estas acciones me propusieron para la medalla del mérito militar y bastantes de mis soldados fueron asimismo reconfortados con citaciones de honor en las órdenes de la Unidad. Después de la guerra y durante bastantes años presté servicios en las Unidades más operativas del Ejército español como la Brigada Paracaidista y la Agrupación de nómadas del desierto, con las que permanecí varios años en los llamados por los reglamentos militares “puestos de mayor riesgo y fatiga”. Me diplomé en Estado Mayor y Estados Mayores conjuntos de nuestro Ejército y en la Escuela de Guerra Argentina. Me especialicé en todas las materias profesionales que se impartían en España (carros de combate, unidades motorizadas, paracaidismo de guerra, operaciones aeroterrestres, contraguerrillas…) y en algunas de Academias extranjeras. Fui jefe de Estado Mayor en una Brigada de Infantería y durante varios años trabajé en puestos de responsabilidad de la cúpula militar. Hasta que en el año 1989, por proponer a los retrógrados generales de esa cúpula (la mayoría de ellos de ideología franquista) la transformación de las FAS españolas en totalmente profesionales desterrando la obsoleta mili obligatoria, fui arrestado, ingresado en una prisión militar, y después de cinco meses de internamiento, pasado a retiro forzoso. Mi delito: proponer la desaparición de un servicio militar forzoso, que costaba la vida a doscientos jóvenes españoles al año en accidentes y suicidios, pero que representaba una mano de obra barata para muchos altos mandos militares. Y esto me sucedió, amigo lector ciudadano de la democrática España, en el año 1990, quince años después de la muerte del dictador/genocida y en pleno reinado del monarca “salvador de las libertades de todos los españoles”. Que, por cierto, no movió un solo músculo de su despreciable careto para exigir a sus generales un mínimo de respeto por la legalidad que debía imperar en el Ejército. Termino la respuesta y perdona por la extensión de la misma. La responsabilidad hay que cargársela a la indiscreta pregunta. 13- ¿Cree que hay corrupcion en el ejercito español actual? No creo que haya corrupción en el Ejército a nivel de sus Unidades operativas donde no se manejan grandes cantidades de dinero y todo está sujeto a los reglamentos y a las inspecciones de los mandos de todos los escalones jerárquicos. Otra cosa es el nivel político y administrativo del ministerio, donde se manejan grandes presupuestos de inversión y los titulares son personas que están muy pocos años en esos puestos, sin grandes conocimientos profesionales y sin vocación de servicio alguna y, a continuación se van a otras responsabilidades políticas. Sin que su partido, y menos la sociedad o la justicia, le pasen factura por su labor. La corrupción, lo sabemos, es una lacra social en España, pero las FAS no son precisamente un terreno abonado para que fructifique. 14-¿Tenemos que temer militarmente al norte de África? Sí, sí, por supuesto. Ya he dejado claro en otro momento de la entrevista que el Ejército español actual, a pesar de la cantada profesionalización que se ha hecho tarde y mal, es muy débil, con apenas 25.000 soldados operativos, la mayor parte de ellos procedentes de la inmigración sudamericana. El material de que disponemos, a excepción del que están dotados los dos millares escasos de soldados que prestan servicio en el exterior y que actúan, aparte de sus cantadas misiones humanitarias, como auténticas majorettes al servicio de la política de dominación yanqui, está absolutamente obsoleto. Además la instrucción de combate y las maniobras se han reducido al máximo, en parte por el escaso presupuesto y en parte porque, para mantener la presencia de esos dos mil efectivos en diferentes escenarios internacionales, la mayor parte del resto del Ejército está absolutamente condicionado por los sucesivos y permanentes relevos. Si Marruecos quisiera, las plazas de Ceuta y Melilla pasarían a su poder en cuestión de horas y sin apenas sufrir quebranto alguno. Lo único que le para son las suculentas contrapartidas económicas que recibe de un Gobierno español asustado y claudicante, su deleznable apoyo en la cuestión del Sahara Occidental y la falta del placet del Gobierno de EE.UU para realizar la operación. 15- ¿En que situacion se encontraba aquella tarde de febrero... Se aclarará alguna vez el papel del Rey el 23F? El 23 de febrero de 1981 me encontraba en Buenos Aires realizando el curso de Estado Mayor del Ejército argentino. Mi puesto en el Ejército era el de jefe de Estado Mayor de la Brigada de Infantería de guarnición en Zaragoza. Alertado por mi Unidad de lo que ocurría me dirigí al aeropuerto con intención de coger el primer vuelo con dirección a Madrid para hacerme cargo de esa jefatura. La Brigada estaba acuartelada y la situación se presentaba harto peligrosa. Sin embargo, la cosa, como todos sabemos, se solucionó (de una forma totalmente rocambolesca) en muy pocas horas. El papel del rey en ese evento aparece, a día de hoy, totalmente diáfano. Él fue el máximo responsable del peligroso salto en el vacío que dio parte del Ejército al autorizar a sus generales cortesanos, Armada y Milans del Bosch, la planificación y ejecución de lo que en realidad no fue un intento de golpe de Estado sino una auténtica “borbonada” para salvar su corona de las intrigas de los generales franquistas que le habían abandonado y preparaban un asalto a la corona. 16- ¿Tiene algun trabajo literario en curso? Sí, varios, pero van despacio porque no me sobra el tiempo dedicándome, como me dedico, a comentar la actualidad en diferentes medios de comunicación digitales. Además, recibo cada día decenas y decenas de mails de apoyo y ánimo que contesto uno por uno. Ahora mismo estoy trabajando en un ensayo relacionado con el futuro de España a medio y largo plazo. La situación actual es muy fluida y creo que en uno o dos años puede haber grandes cambios políticos y sociales. 17 ¿Que le une y que le separa del movimiento 15M? Me une mucho y me separa muy poco. Estoy casi al 99% con sus planteamientos y su paso al frente lanzándose a la calle me pareció valiente. Pero como estratega que profesionalmente siempre trabaja a medio y largo plazo y conociendo como conozco este bendito país donde la gente es absolutamente pasota y no le sobra el valor para jugarse en un momento dado su terruño, su casita, su coche y su apartamento en la playa, considero que debió planificar de una manera más exhaustiva su espectacular acción, no para los dos o tres primeros meses de su ejecución en los que el impacto mediático lo tenía asegurado, sino para mantener el órdago social e institucional a largo plazo. Para lo que debía haber pactado previamente con organizaciones políticas y sociales de izquierdas ya muy arraigadas en el contexto nacional y con inveterado espíritu de lucha, y procurando, además, el apoyo a su movimiento de personas conocidas de cierto nivel intelectual, comprometidas con el cambio a todos los niveles en este país, que una vez producido el revulsivo mediático que, efectivamente, se dio, mantuvieran y potenciaran el mismo con absoluto afán de llegar hasta el final. De todas, formas, soy optimista, esto es solo el comienzo y todas las revoluciones necesitan sus pioneros y sus visionarios. Fuente: http://aquellosperros.blogspot.com/2012/01/aquellos-perros-entrevistan-al-coronel.html

'Chivatazo' a la Casa del Rey: Anticorrupción avisó del registro policial a Urdangarín

La Fiscalía Anticorrupción advirtió a la Casa del Rey con varias horas de antelación del registro policial de las sedes del Instituto Nóos y la trama de empresas vinculadas a Iñaki Urdangarín, realizado a mediodía del pasado 7 de noviembre en Barcelona por orden del juez José Castro, instructor delcaso Urdangarín y responsable de la investigación sobre el supuesto enriquecimiento ilícito del yerno deDon Juan Carlos. El monarca, que ese mismo día tenía programado un viaje oficial a la capital catalana, suspendió la visita, alegando problemas de salud, tras recibir a primera hora de la mañana una llamada de la Fiscalía General del Estado, entonces dirigida por Cándido Conde-Pumpido, para informarle de la inminente operación policial, según han revelado a El Confidencial fuentes cercanas a la investigación del caso Urdangarín. Las mismas fuentes aseguran que Conde-Pumpido fue alertado previamente por su subordinado, el fiscal jefe Anticorrupción Antonio Salinas, y éste, a su vez, por el fiscal Anticorrupción de Baleares Pedro Horrach, que dirigió personalmente el registro, en el que participaron agentes de la Brigada de Delincuencia Económica y funcionarios del Juzgado de Instrucción número 3 de Palma. La policía entró también en el domicilio de Diego Torres, ex socio de Urdangarín, donde se incautó de documentación y archivos informáticos. El chivatazo a la Casa del Rey se produjo al menos cinco horas antes del registro policial, según aseguran las fuentes consultadas. Pero nada se sabe de lo ocurrido en ese intervalo de tiempo, salvo que La Zarzuela modificó sobre la marcha la agenda oficial del monarca, suspendiendo su viaje ya anunciado a Barcelona para visitar el Salón Náutico Internacional e inaugurar una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo. Sin precedentes Sólo una semana más tarde, el 14 de noviembre, Conde-Pumpido aseguró, precisamente en Palma, que la Fiscalía actuaría en el caso Urdangarín"exactamente igual que en otros casos". Sin embargo, no existe ningún precedente conocido de que la Fiscalía General del Estado o la Fiscalía Anticorrupción alerten previamente de un registro policial en una institución, organismo público, empresa privada o domicilio particular a los propios afectados o a personas muy cercanas. Y en aquel momento el yerno del Rey seguía vinculado a la Corona, a la que aún representaba en actos oficiales junto a su esposa, la infanta Cristina de Borbón. Pese a que el monarca afirmó en su último discurso navideño -en el que no asumió ninguna responsabilidad por el caso Urdangarín- que "la Justicia es igual para todos", la Casa del Rey ha tenido acceso a información privilegiada sobre las actuaciones de la Fiscalía Anticorrupción y el Juzgado de Instrucción número 3 de Palma desde que estalló el escándalo. La Zarzuela, por ejemplo, conoció por adelantado la fecha de la imputación de Urdangarín, lo que permitió a Don Juan Carlos preparar con suficiente antelación la estrategia para desvincularse de su yerno. Tras el chivatazo de la Fiscalía Anticorrupción, la Casa del Rey modificó apresuradamente la agenda que el monarca tenía programada el pasado 7 de noviembre para evitar que la presencia del jefe del Estado en Barcelona coincidiese con el registro de las empresas de su yerno. Sin embargo, La Zarzuela informó de que la cancelación del viaje obedecía a las súbitas molestias que el monarca sufría en su pie izquierdo, del que fue operado el 4 de septiembre por una lesión en el talón de Aquiles. Para reforzar esa versión, Don Juan Carlos tampoco acudió aquel lunes, como había sido anunciado, al Museo del Prado, donde debía inaugurar la exposición El Hermitage en El Prado. En su lugar asistió la reina Doña Sofía. --------------------- Fuente: elconfidencial.com