15 de enero de 2012

Muere Manuel Fraga Iribarne.

Lo reconozco, en cuanto escuché la noticia de la muerte de Fraga me recorrió por todo el cuerpo el cosquilleo de tener que escribir sobre ello. Nunca me alegro por la muerte de un ser humano, de hecho ni por los hombres y mujeres más ruínes que el mundo haya dado me alegro. La muerte es una liberación, es un punto y final que ahoga en olvido los peores actos cometidos. Y no, eso no se lo deseo a nadie, ni a mi peor enemigo. Muchos seguramente mañana recuerden al señor Fraga Iribarne como un demócrata ejemplar, como un político de excepción que supo amoldarse de un régimen totalitario a un sistema democrático. Otros recordarán que es el fundador del partido que ostenta el poder en la práctica totalidad del Estado. Incluso en algunos medios de comunicación recordarán aquel ya clásico "con Fraga, hasta la braga" que resumía la relajación de la mojigatería de la censura o aquel esperpéntico baño en Palomares tras el affaire nuclear. De lo que estoy seguro es de que a muy pocos les dará hoy por pensar en el otro Fraga. En el Fraga que puso voz y cara para justificar ante todo un país el fusilamiento de aquel comunista llamado Julián Grimau en 1963. Tampoco se hablará del Fraga que dirigía las fuerzas de órden público aquel 3 de marzo de 1976 que resultaban con la muerte matada de cinco trabajadores en huelga. Y, evidentemente, tampoco se hablará del Fraga que conocía y amparaba aquel atentado que desde el búnker se lanzaba contra aquel carlismo que se reinventaba y reivindicaba una identidad nueva frente al tradicionalismo franquista en Montejurra un 9 de mayo de 1976. De nada de esto se hablará porque nada de esto interesa en esta sociedad obligada a ejercer una amnesia colectiva, un intento de amnistia de facto para todos aquellos verdugos, fieles vasallos y perros de presa surgidos de las entrañas del franquismo. Fraga, al igual que otros muchos, muere en la cama, tranquilo, sin haber sufrido persecución ni condena alguna porque, ante todo, el señor Iribarne ha sido en sus 89 años de vida un camaleón capaz de transformar su existencia a las circunstancias, de sobrevivir y, sobre todo, de escapar a la propia justicia. Otro culpable muere en la cama con las manos manchadas de sangre. Hoy debemos de estar tristes por haber sido incapaces en 30 años de sentar en un banquillo ante un juez a quienes deberían haber rendido cuentas por sus hechos. Como bien dice Lluís Llach a todos ellos "les perseguirán nuestras memorias para siempre"-Fuente. El reñidero

La izquierda alternativa después del 20-N

Armando Fernández Steinko : " Si la izquierda alternativa consigue sumar más adelante una parte sustancial del abstencionismo en Euskadi y Cataluña para un proyecto anti-neoliberal, podrían ser los propios nacionalistas/soberanistas los que pidieran conversaciones. Pero para eso tiene que disputar el espacio identitario y dejar de ignorarlo como hasta ahora"------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Las elecciones son importantes para la izquierda alternativa. Cuando ocupa poder institucional puede acceder a información esencial, a recursos económicos para construir contrapoderes, a espacios en medios de comunicación, financiación de think tanks para elaborar otras soluciones a los problemas creados. Son cosas importantes en sociedades complejas pero no son suficientes. La hegemonía en la calle no está ganada con las elecciones. Se tiene que conquistar poco a poco en una guerra de posiciones a través de la movilización activa de la ciudadanía y de la politización del mundo del trabajo. Esa es la primera conclusión: los buenos resultados de Izquierda Unida no deberían leerse como punto de llegada sino de salida. La fidelidad de la mitad de sus votantes de 2011 no es la de los años setenta y ochenta. Ya no hay un relato político que le de estabilidad a esos votos. Al menos la mitad son prestados y temporales, mucho más efímeros que en el siglo XX. El patrimonio conquistado no debería reinvertirse en reforzar las estructuras que bloquearon la refundación, un bloqueo que en las últimas elecciones municipales llevó a resultados decepcionantes. Ni siquiera deberían utilizarse sólo para hacer reformas dentro de la casa. Hay que reservar el grueso de este patrimonio para invertir en la ampliación del bloque antineoliberal. El 7% da para salir de la UVI pero no da para forzar una salida antineoliberal a la crisis. El PSOE no va a tardar mucho en pasar a la ofensiva. Con la doctrina Alfonso Guerra (“el PSOE es la casa de todas las izquierdas”) y un poco de radicalismo verbal intentará parar la pérdida de votos a la izquierda alternativa y recuperar los aparcados en la abstención. Es completamente irreal pensar que Izquierda Unida puede consolidar los votos obtenidos y menos ampliarlos sin hacer reformas dentro y sobre todo también fuera de su casa. Lo primero se llama refundación de Izquierda Unida, lo segundo se llama refundación de la izquierda alternativa. Los espacios en los que más se ha frenado la primera (por ejemplo en Andalucía) el aumento de votos está por debajo de la media estatal. Aquellos otros donde más se ha avanzado en este sentido (por ejemplo Castilla-León o Navarra) las mejoras son superiores a la media. Segunda conclusión: no hay que operar con los datos producidos por el orden institucional creado por la Gran Coalición que le arrebató la transición a la izquierda (número de escaños, % de los votos emitidos) y que se han convertido en el blanco de ataque del 15-M. Hay que operar con los datos de la sociedad real y no con los filtros puestos a la misma. Marx criticaba el Estado y sus instituciones burguesas porque flotaban por encima de la realidad social y Unamuno hablaba de la “infrahistoria” como el lugar en el que duerme su auténtica realidad a espaldas del país oficial. Esa es la forma de pensar que debería adoptar la izquierda alternativa: la sociedad, y no su reflejo institucional diseñado por las fuerzas liberales, es la masa de maniobra política y no los cargos y los diputados. El Partido Popular ha ganado con el consentimiento de no más del 30% de los ciudadanos, un porcentaje menor al recibido por el PSOE en 2008 que fue del 32,19%. El apoyo a su misterioso programa es sólo un 0,96% superior al recibido en 2008: no hay una “mayoría apabullante de la ciudadanía” no hay un “tsunami azul” para liquidar los grandes pactos constitucionales. El “histórico triunfo aberzale” (El País) tampoco es tal. El espacio del soberanismo no ha aumentado ni siquiera en Guipuzkoa donde ha obtenido 129.600 votos, 13.000 menos que en 1993 con ETA aún en activo. En la misma provincia los partidos estatalistas han obtenido 141.600 votos, bastantes más que los soberanistas a pesar de que 55.000 votantes a opciones estatalistas se han ido a la abstención. Izquierda Unida ha pasado de uno a tres diputados en Madrid y el diario “El País” llama a esto “Izquierda Unida triplica votos”. Pero IU sólo ha cosechado un 64% más de votos en la Comunidad de Madrid etc, etc. Este, y no otro, es el cuadro de la sociedad real que hay que transformar. Es verdad: ni la abstención ni los votos en blanco han aumentado de forma significativa en el conjunto del Estado (del 26% al 28% la primera, del 1,1% al 1,3% la segunda). Así lo deseaba la parte más antiinstitucionalista del 15-M que no ha conseguido cambios de actitud importantes, sobre todo si tenemos en cuenta que el grueso de ese aumento de la abstención se debe a la protesta silenciosa del voto socialista, un voto casi imposible de ganar para las tesis del abstencionismo militante de raíz anarquista. Pero esto no quiere decir que la sustancia de la impugnación ciudadana del sistema político haya sido derrotada. La ciudadanía ha optado, con sentido del realismo, por aprovechar los pequeños resquicios democráticos de ese sistema político-institucional que critican y no por tirar al niño con el agua. El 15-M ha beneficiado a la izquierda alternativa. En Madrid, donde se atrinchera el grueso de la oposición a la refundación de Izquierda Unida, las cosas no han salido demasiado bien. Cayo Lara, el número uno por Madrid, es una referencia más estatal que madrileña y no cuenta a estos efectos. Pero sí los número dos y tres en la lista, dos completos desconocidos hasta para los propios militantes de Izquierda Unida, puro resultado de la cocina interna. Consecuencia: Madrid-ciudad, epicentro del 15-M, sólo ha conseguido mejorar sus resultados en un 56% con respecto a 2004, un porcentaje muy inferior a la media de mejora estatal que está en el 73%. En la Comunidad Valencia y en Murcia, donde el vínculo de Izquierda Unida ha sido claro y respetuoso al mismo tiempo, los incrementos de votos están muy por encima de la media estatal. Y esto a pesar del aumento de UPyD. Porque, retomando el argumento de la sociedad real que es la que aquí nos interesa: la verdadera novedad de estas elecciones es la consolidación, en plena crisis, de un espacio político segmentado para los profesionales y los técnicos urbanos. Es la tercera conclusión. El fenómeno ya se viene observando en las zonas urbanas y periurbanas de otros países europeos. Pero a diferencia de lo que sucede en Alemania, Francia o Austria, donde el Partido Verde está ocupado este lugar, y más en sintonía con la situación en Italia donde lo ha hecho el Partido Radical, en España estos espacios no se crean alrededor de reinvidicaciones ambientales. El fracaso de Equo, un intento similar al de Izquierda Anticapitalista de extrapolar mecánicamente tendencias observadas en los círculos progresistas europeos, tiene aquí su explicación: parte del espacio que intentaba ocupar Ugalde ya ha estaba ocupado por Rosa Díaz. Pero UPyD es algo más que un espacio de convergencia de abogados, de artistas, de escritores y de arquitectos ilustrados y liberales, con poca sensibilidad social, deseo de realización creativa y no mucho más que una pizca de sensibilidad ambiental: son algo más que pequeños Vargas Llosa y Álvaros Pombo. Entre ellos hay funcionarios poco dados a apoyar el liberalismo económico a pesar de su apoyo al liberalismo - o incluso al conservadurismo- político, cuando aquel se traduce en reducción de trabajadores públicos, pero también activistas de municipalismo que se oponen al capitalismo feo del Partido Popular. En las elecciones de 2000 encabezadas por Franciso Frutos Izquierda Unida perdió un apoyo de este grupo social que se fue al PSOE y que no ha sido incapaz de recuperar hasta la fecha: fue el auténtico cambio tectónico en la sociedad real. La consolidación de UPyD ha sido decisiva en la Comunidad de Madrid, donde se da la mayor concentración de este colectivo social, y donde ha sacado 80.000 votos más que Izquierda Unida. Son creadores, técnicos y funcionarios, muchos de ellos concentrados en la almendra central y en el noroeste perfumado por el olor de las jaras en verano. Pero otros muchos son ascendidos socialmente gracias al neoliberalismo y hoy habitan los adosados de Fuenlabrada y Alcorcón. Y también en Murcia, donde la oposición a los recortes del PP se han fragmentado entre UPyD (45.000 votos) e Izquierda Unida (42.000 votos) frustrando algunas espectativas. Y en Andalucía donde no se ha producido el sorpasso pero donde los 200.000 votos de UPyD impedirán una posible mayoría de IU-PSOE en las autonómicas que vienen. La provincia en la que Izquierda Unida mejor ha podido contener el avance de UPyD es Asturias, donde Gaspar Llamazares, reorientado hacia posiciones nítidamente antineoliberales, ha conseguido defender los puentes de los profesionales urbanos con el rojo consiguiendo casi duplicar votos a costa del crecimiento de UPyD. En una ciudad de alta densidad de profesionales urbanos como Oviedo IU ha crecido mucho más que en el resto de Asturias donde sectores importantes de las clases populares siguen apoyando el populismo territorial del Foro Asturias. Del futuro de este grupo de grupos sociales, de los efectos de la crisis sobre él/ellos y de la capacidad de la izquierda alternativa de ganarse parte de su apoyo, depende una buena parte su su futuro. La última conclusión afecta a las opciones nacionalistas de base territorial (las opciones nacionalistas de base estatal están incorporadas al Partido Popular y a UPyD). Estas opciones podrían desviar parte de la oposición al Partido Popular fuera del campo antineoliberal y empujarlo al campo interclasista del territorio y de la lengua. La izquierda alternativa no ha tenido nunca una estrategia elaborada que anteponer a la construcción identitaria, alternativa que en buena medida pasa por una política ligüística. Más de la mitad de toda la población domina ya dos lenguas del Estado pero nadie se ha ocupado de incorporar esta tendencia a un proyecto antineoliberal. El avance institucional de las opciones nacionalistas de base territorial no se corresponde con su avance en la sociedad. Ya hemos visto el caso de Guipuzkoa, donde el soberanismo ha cosechado los mayores éxitos institucionales sin provocar ningún cambio en la sociedad real. En el conjunto de Euskadi el PNV ha recibido 20.000 votos más que en 2008 pero la inmensa mayoría de los 150.000 votos que han perdido los partidos estatalistas no se han ido a opciones nacionalistas sino a la abstención. Esta misma, aunque de forma más pronunciada, es la situación creada en Cataluña: una parte de los 300.000 votos de más que ha conseguido Convergencia y Unió proceden de otras opciones nacionalistas y de la rama bourgeois del PSC (Maravall & comp.). Pero el grueso de los 800.000 que ha perdido el PSC se han ido a la abstención repitiéndose así el patrón que se da una y otra vez en las elecciones autonómicas: CiU sólo puede ganar a cambio de un aumento masivo de la abstención pero nunca atrayendo votos de los partidos estatalistas: en la bolsa del abstencionismo catalán duerme parte del futuro de la izquierda antineoliberal del Estado. En Canarias Coalición Canaria-Nueva Canarias ha perdido 30.000 votos casi los mismos que ha ganado Izquierda Unida que ha más que triplicado sus votos. Algo parecido ha sucedido en Galicia donde el BNG ha recibido 30.000 apoyos menos que en 2004 e Izquierda Unida casi triplica su apoyo. La cuestión ahora es si la izquierda alternativa va a poder evitar que se conforme una alianza entre todos los sectores nacionalistas de base territorial en torno a reivindicaciones identitarias. Esta alianza dividiría la oposición neoliberal al Partido Popular y reforzaría los argumentos identitarios del propio Partido Popular dándole respiro a su política de salida regresiva a la crisis y consolidando una alianza con UPyD: el nacionalismo/soberanismo de base territorial contribuiría así a debilitar a la izquierda alternativa. Pero si la izquierda alternativa logra frenar esta alianza, convencer -con argumentos que sólo pueden ser sofisticados- al menos a una parte de nacionalismo/soberanismo de que se incorpore a un proyecto compartido de oposición al neoliberalismo, podría ampliar su área de influencia. Hoy por hoy hay más razones para el pesimismo que para el optimismo: en todas las experiencias históricas relevantes el nacionalismo de diferente signo nunca ha dejado caer la causa territorial por la causa social y menos aún el soberanismo. Esquerra Republicana ya ha decidido en su último congreso que si hay que elegir entre cuestión social y cuestión nacional se decanta por la segunda y la alianza de la izquierda aberzale con la burguesía soberanista para ampliar su radio de acción institucional, apunta en el mismo sentido. Si la izquierda alternativa consigue sumar más adelante una parte sustancial del abstencionismo en Euskadi y Cataluña para un proyecto anti-neoliberal, podrían ser los propios nacionalistas/soberanistas los que pidieran conversaciones. Pero para eso tiene que disputar el espacio identitario y dejar de ignorarlo como hasta ahora: desarrollar una política lingüística propia, construir una identidad republicana, construir un campo amplio que sirva de receptáculo natural a los sectores socialistas con alma neoliberal, de los profesionales decantados hacia el ecologismo etc Los dramáticos cambios que se ciernen sobre la sociedad española en los próximos meses y años van a provocar más cambios en los espacios de representación política. La historia le ha dado a Izquierda Unida un papel muy complejo e importante que jugar. La obras de remodelación interna, es decir, la refundación de Izquierda Unida, son imprescindibles: nuevas formas de elección de compromisarios, revitalización de las asambleas, desatrincheramiento, dirección realmente colectiva, liquidación de la cultura de los grupos de presión etc. Pero estas obras no son suficientes. El siguiente paso es la definición de un perímetro político en el que tengan acomodo nuevas incorporaciones a un bloque neoliberal más amplio. El legado del neoliberalismo es una sociedad fragmentada que se puede llamar “plural” si sólo vemos su lado positivo. En cualquier caso es imposible transformarla si no es aplicando formas complejas de gestión política: la izquierda antineoliberal va a tener que ser una especie de “izquierda-mosaico” (H. J. Urban). La definición de dicho perímetro tiene que ser multilateral, no puede ser el resultado de las ocurrencias de unos pocos, un grupo de presión o una negociación en la sombra. En su definición tienen que intervenir las nuevas formas de poder ciudadano -15-M, DRY, etc.- todas las organizaciones políticas y corrientes dispuestas a suscribir un programa antineoliberal de mínimos y el trabajo organizado despojado de sus estrategias neocompetitivas. Cada “sensibilidad” de la izquierda puede mantener su espacio, sus matices y tradiciones sin que nadie se tenga que inquietar demasiado. El objetivo son los 4 millones de votos, una hegemonía en la calle, en los centros de trabajo y en el mundo de la cultura, de las ciencias y de las artes. Con todo eso es posible soñar con una derrota del neoliberalismo, derrota que permitiría definir objetivos más ambiciosos. Todos y todas son necesarios, también los que se alejaron o fueron alejados por el camino.Armando Fernández Steinko en Rebelión

Vídeo.¿Cerrará Público? Situación de la prensa en el Estado español

Con Víctor Sampedro (catedrático de Opinión Pública), Alberto Pradilla (corresponasal del diario Gara en Madird), Ariel Jerez (profesor de Comunicación Política), Juan Carlos Monedero (profesor de ciencias políticas), Hugo Martínez Abarca (IU) e Íñigo Errejón (investigador) El posible cierre del diario Público ha vuelto a poner sobre la mesa varios temas de debate. En La Tuerka tratamos la situación de los medios de comunicación, su papel en estos momentos de crisis y recortes sociales, la relación entre la izquierda y los medios, etc. Para ello contamos con la presencia en el plató de Víctor Sampedro (catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política de la Universidad Carlos III de Madrid), Alberto Pradilla (corresponasal del diario Gara en Madird), Ariel Jerez (profesor de Comunicación política de la UCM), Juan Carlos Monedero (profesor de ciencias políticas de la UCM), Iñigo Errejón (investigador de la UCM y tertuliano habitual de La Tuerka) y Hugo Martínez Abarca (area de comunicación de IU) en un debate conducido y nunca moderado por Pablo Iglesias Turrión. Nuestras reporteros salieron a la calle. Gema Diez estuvo en la redacción del diario Público, Pablo Santos se acercó a varios kioscos a conocer la opinión de los lectores de periódicos y Sarah Bienzobas acudió a la gran manifestación que tuvo lugar en Bilbao para realizar un reportaje. Publicado por La Tuerca. http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/3912-%C2%BFcerrar%C3%A1-p%C3%BAblico?-situaci%C3%B3n-de-la-prensa-en-el-estado-espa%C3%B1ol-la-tuerka-11/01/12.html

Rumanía retira el proyecto de privatización parcial de la sanidad tras las protestas

- Cientos de personas celebraron hoy en las calles de Bucarest la renuncia del Gobierno rumano a sus planes de reforma de la sanidad pública, que preveía dar entrada al sector privado en importantes partes del sistema, incluidas las urgencias. El anuncio gubernamental se produjo el viernes por la noche, poco después de que el presidente rumano, Traian Basescu, partidario de la ley de reforma, pidiera públicamente que se retirara el proyecto. "Nadie dentro del sistema quiere este cambio", explicó Basescu su decisión. Añadió que una gran parte de la opinión pública "no quiere el cambio del sistema de sanidad". El proyecto de ley estaba en fase de debate público hasta el 28 de enero y pretendía subcontratar aspectos del sistema sanitario. El controvertido texto, que debía ser votado por el Parlamento, provocó la dimisión del secretario de Estado de Sanidad, el respetado médico de origen palestino Raed Arafat. Creador de la estructura de los actuales servicios de urgencias médicas de Rumanía, Arafat denunció que la entrada de diversos operadores privados contemplada por la reforma destruiría un "sistema integrado". "La misión de salvar vidas sería sustituida por una competición comercial", declaró Arafat a un canal de noticias local. Cientos de personas se concentraron en ciudades de todo el país en apoyo del dimitido, a quien Basescu acusó en un programa de televisión de tener "visiones izquierdistas", tras invitarle a marcharse si no estaba de acuerdo con el ministro de Sanidad. La marcha atrás del Gobierno y el presidente en sus planes de reforma es la primera rectificación de las autoridades rumanas en tres años de duras políticas de austeridad, seguidas de protestas sociales. Las manifestaciones contra la reforma y a favor de Arafat son menos numerosas que las que provocaron el recorte en un 25 por ciento de los sueldos públicos o el proyecto de bajar las pensiones, finalmente rechazado por el Tribunal Constitucional. Pero frente a la rígida uniformidad sindical de las protestas que en 2010 llegaron a reunir a 50.000 personas en Bucarest, las manifestaciones que todavía siguen se reparten por todo el país y son espontáneas, como demuestran las pancartas hechas a mano y la diversidad en la indumentaria de los asistentes. La diferencia quizá esté en el doctor Arafat, una figura admirada por su trabajo y mucho más atractiva que el romo discurso de unos sindicatos bajo permanente sospecha de corrupción. "Necesitamos más gente como él, sin ser rumano ha hecho más que nadie por este país", dijo a Efe un jubilado presente la manifestación de hoy en Bucarest acerca del médico nacido en 1964 en Nablús y emigrado a Rumanía a los 16 años. Tras la retirada de la ley, la pelota vuelve a estar ahora en el tejado del Gobierno, que deberá resolver el "agujero negro para el presupuesto" que, en palabras de Basescu, es la sanidad pública. La sanidad rumana se enfrenta a graves problemas de infraestructuras, especialmente en el medio rural. Los bajos salarios de los médicos les empujan a cobrar sobornos para tratar a los pacientes y a emigrar masivamente a otros países o abrir gabinetes privados. El mal funcionamiento de la sanidad pública es una de las primeras frustraciones de los rumanos. El Gobierno debe dar ahora una nueva respuesta a todos los problemas de un sistema que ni es eficaz ni es sostenible.Agencia EFE

CONTRA KEYNES Y LOS KEYNESIANOS

Por Marat (¿Por qué no me afilio al Partido Laborista?) "En primer lugar, es un partido de clase, y de una clase que no es la mía. Si yo he de defender intereses parciales, defenderé los míos. Cuando llegue la lucha de clases como tal, mi patriotismo local y mi patriotismo personal estarán con mis afines. Yo puedo estar influido por lo que estimo que es justicia y buen sentido, pero la lucha de clases me encontrará del lado de la burguesía educada". (John Maynard Keynes. De su conferencia “¿Soy un liberal?” recogida en “Ensayos en persuasión”, 1925).(Tras su viaje a la URSS en 1925) “¿Cómo puedo adoptar un credo que, prefiriendo el barro a los peces, exalta al proletariado grosero por encima de la burguesía y la intelectualidad que, sean cuales sean su defectos, representan la calidad de vida y sin duda la semilla de todo progreso humano?”. (John Maynard Keynes, “Una visión corta de Rusia”, 1925) Keynes no era laborista y mucho menos comunista. Esto es algo que saben todos aquellos a los que la crisis capitalista ha sometido a un curso intensivo y acelerado de economía. Excepto, según parece, las “izquierdas sistémicas” (1) que lo revindican día sí y día también, recitan fervorosamente el nombre de los apóstoles keynesianos, postkeynesianos, neokeynesianos–Krugman, Stiglitz, Bernanke, Minsky,...-, inspirados en tan docto credo, programas y alternativas para la salvación del sistema económico. La salvación y supervivencia del sistema capitalista; ésta y no otra fue la motivación de Keynes al elaborar sus teorías económicas. Ésta y no otra es la intención de sus renombrados discípulos actuales. La política contracíclica keynesiana, experimentada por primera vez como terapia contra la Gran Depresión del 29, ejecutada en el New Deal de Roosevelt, aplicada como doctrina fundante del Nuevo Orden Económico Internacional surgido en Breton Woods tras la II G.M. y en vigor hasta el asalto a los Estados iniciado por Tatcher y Reagan, se sustenta en 4 pilares básicos: a) La centralidad del consumo o demanda y su mantenimiento o incremento que, junto con la inversión productiva, será la base que potenciará el crecimiento y el pleno empleo. b) Una política monetaria que organice el flujo de inversiones y que se concreta en situaciones de crisis y recesión en bajos tipos de interés que permitan un más fácil acceso al crédito y, en consecuencia, a la inversión. c) En ausencia de inversión privada suficiente es el Estado el que debe adoptar un papel de inversor. Este planteamiento no tiene nada de soviético. Para Keynes el protagonismo de la inversión debe corresponder siempre al sector privado y el Estado debe de intervenir sólo cuando es necesario por falta de entusiasmo inversor de los capitalistas ante una situación de crisis económica. Cuando la actividad privada se recupere el Estado debe retirarse. En este punto las diferencias entre un sector de los liberales actuales y el keynesianismo es difícil de detectar. No en vano Keynes era miembro del Partido Liberal británico, algo que muchos de quienes lo exaltan sin conocerle apenas seguramente desconocerán. d) Y muy importante dentro del esquema teórico de intervención contracíclica propuesto por Keynes: la necesidad de regulación del sistema financiero para evitar que éste se vuelva disfuncional al sistema económico. Pero resulta que el recetario keynesiano no funciona en la actual crisis capitalista ¿Por qué digo esto? Vayamos a cada uno de los puntos anteriores para comprobar lo que acabo de afirmar: 1) En primer lugar esta crisis capitalista no es de subconsumo sino fundamentalmente de sobreproducción, aunque tiene componentes inversores ligados a la especulación financiera. Desde 1970 hasta finales de los años 90 la producción mundial de bienes y servicios (PIB mundial) se ha disparado, aunque con comportamientos irregulares de subidas y descensos, con una marcada caída en 2009, año en el que la crisis sistémica se expresó con todo su impacto. Basten los gráficos de la producción industrial y de servicios en España y en la zona euro de 1996 a 2011 que presentamos a continuación para constatar cómo la situación de sobreproducción y, en consecuencia, de sobreoferta se va volviendo insostenible al aproximarse la primera década del nuevo milenio y de forma más acentuada una vez iniciada la actual crisis sistémica del capitalismo Producción de la industria manufacturera Sectores como el del automóvil o construcción de viviendas (con 6 millones de pisos vacíos en España) son sólo una muestra de una capacidad de producción y, en consecuencia, de oferta muy por encima de las necesidades reales en unos casos y de la capacidad de absorción por la demanda en general. Paradójicamente, la evolución de los salarios ha sido desde bastantes años antes de la crisis decreciente en términos relativos (en relación a su capacidad adquisitiva) (2) y en términos absolutos a partir del estallido de la crisis, tanto en los países más desarrollados como en la mayoría de los emergentes. Entonces, ¿cómo es posible que se mantuviera una sobreproducción capitalista durante los períodos expansivos previos y posteriores a los ciclos de crisis? Les responderé con otra pregunta a su vez. ¿Se han preguntado ustedes alguna vez cuando se produjo la gran eclosión de las tarjetas de crédito? Fue en 1970, justo tres años antes de la primera de las grandes crisis capitalistas tras el crack del 29. Tras la crisis del 73 ya nada volvería a ser igual para los ciclos capitalistas de expansión y contracción. Recomiendo en relación a esta cuestión la lectura de interesantísimo articulo, que ya tiene algún tiempo, de Jorge Beinstein, “La crisis en la era senil del capitalismo. Esperando inútilmente al quinto Kondratieff” (3). En estos 40 años de alternancia sucesivamente acelerada de crisis y crecimientos del capitalismo el consumo a crédito, bien sea mediante las populares tarjetas VISA, MASTERCARD, AMERICAN EXPRESS u otras, o a través de los préstamos personales bancarios, ha sido el modo de intentar mantener una demanda que de modo natural se hubiera situado por debajo de las capacidades de producción del sistema capitalista, dado el descenso paulatino de la capacidad adquisitiva de los salarios. Conforme los salarios descendían y los precios de los productos y servicios se iban encareciendo la vida a crédito se fue convirtiendo en la forma habitual de pago entre amplios sectores de las clases trabajadoras y medias. Ello hasta el punto de que el crédito “revolving” (el más caro, con intereses que oscilan entre el 10 y 24%) se fue implantando entre sectores con dificultad de acceso a los créditos normales por riesgos de insolvencia, las clases trabajadoras con menor capacidad económica. Todo este tinglado de sobreproducción con consumo sobreinducido se mantuvo hasta que la burbuja pinchó por su punto más débil: las hipotecas subprime. Y el tinglado acabó viniéndose abajo y la sobreproducción devino crisis de producción. 2) En la mayoría de los países centrales del capitalismo en crisis los créditos ya son muy bajos y en algunos rondan el 0% de interés, con lo que difícilmente habría margen de maniobra para el crédito a la inversión productiva; ello en un contexto en el que la oferta difícilmente podría encontrar una favorable acogida en un mercado con decreciente capacidad de demanda. 3) En cuanto al papel de inversor para estimular la economía, lo cierto es que las políticas liberales han hecho caso omiso de sus principios para comportarse como keynesianos un tanto peculiares: salvataje del sistema financiero, ayudas a la industria del automóvil, préstamos a fondo perdido a sectores energéticos estratégicos (eléctricas,...), etc. La administración Obama ha sido más puramente keynesiana en algunos casos, emprendiendo importantes proyectos de obra pública con la modernización de su vetusto sistema de carreteras, y practicando un keynesianismo perverso en el resto: inyectar dinero en sectores económicos clave para salvarlos pero sin control estatal. El problema es que ese papel inversor de los Estados no ha ido destinado a incentivar la economía y el consumo sino a salvar sectores clave en la misma: los bancos en un sistema financiero que prefiere prestarle dinero a los Estados con las ayudas obtenidas de estos, en lugar de realizar su actividad natural, el préstamo a particulares y empresas. Cuando los Krugman, los Bernake o los Stigliz piden más intervención del Estado en la economía real del sistema parecen no entender que la economía real es esto: un sector financiero que atiende a su propia esencia de ser, la usura -y no hay usura más lucrativa que la que pueda practicarse a los Estados- y sectores productivos industriales del todavía primer mundo que están siendo barridos por la oferta de países emergentes con mano de obra más barata y masiva y a los que los Estados sólo pueden darles oxígeno para prolongar lentamente su agonía si no quieren comportarse como liberales puros y dejarlos morir. Por otro lado, las propias transnacionales crearon las crisis de sus empresas en los países centrales del capitalismo al deslocalizar la producción hacia el Tercer Mundo y los países emergentes, despidiendo a cientos de miles de trabajadores y contribuyendo a una menor capacidad de consumo de los productos que anteriormente fabricaban en aquellos países. Y eso es algo que difícilmente podrán parar las políticas keynesianas de incentivación de la inversión porque no harían otra cosa que alimentar a la bestia del chantaje de las transnacionales hacia los trabajadores de los países centrales del capitalismo que exigirán nuevas condiciones salariales y de trabajo más y más lesivas para sus empleados. Salvo que la intervención del Estado en la economía fuese definitiva –mediante la nacionalización de sectores estratégicos- y no transitoria y durante el período de la crisis capitalista pero eso es algo de lo que los keynesianos –liberales moderados- no quieren ni oír hablar. ¡Apartad de nosotros la tentación bolchevique!, gritan a coro. 4) El último punto, el relativo a la regulación del sistema financiero indica hasta qué punto los keynesianos han dejado de comprender el mundo en el que viven. La estructura financiera y monetaria de Bretón Woods, en gran medida creada a imagen y semejanza de las teorías económicas de Keynes, ha sido demolido por la globalización del mercado financiero mundial y su desregulación, iniciada a partir de Nixon (fin del respaldo del dólar en el oro) y acelerada desde la época de Tatcher y Regan (consulten información sobre el Consenso de Washington): la desaparición de los tipos de cambio fijo, la ruptura de la paridad oro-dólar, la inestabilidad internacional de las tasas de interés, el creciente desarrollo de las operaciones bancarias fuera de balance, la privatización de las agencias de calificación de riesgo, participadas por grandes entidades de inversión, la creciente concentración de los mercados financieros en muy pocos intermediarios que mueven ingentes cantidades de dinero en muy poco tiempo, atacando a economías nacionales grandes y pequeñas a través de gigantescos conglomerados financieros, la opacidad del sistema financiero y bancario internacional con sus intocables paraísos fiscales, la excesiva titulación de la deuda a través de mercados secundarios, el abuso de instrumentos derivados, la desaparición de las fronteras entre banca de depósito y banca de inversión (donde existía previamente),...así lo evidencian. El nuevo mundo liberal a escala global mundial ha dejado sin resortes de intervención a los Estados. Las sucesivas cumbres del G-20 y de Presidentes de la UE y su parálisis en la toma de decisiones así lo evidencian. A estas alturas seguir sosteniendo el argumento de la falta de voluntad política de los gobernantes para intervenir sobre los mercados es una falacia estúpida propia de ignorantes y oportunistas políticos que tratan de esconder el hecho de que los políticos profesionales, como casta con unos intereses de permanencia en la dirección del sistema político, se están garantizando con su inacción el pase a la reserva, desplazados por los chicos del maletín de Goldman Sachs, Monti y Papadopoulus ahora, y mañana de cualquier otro “gestor” financiero de los globalistas del Nuevo Orden Internacional (NOW). Los suicidios políticos individuales pueden darse pero los colectivos no. Los keynesianos tienen otros problemas añadidos a su dificultad para comprender el mundo de la globalización capitalista y financiera mundial configurado tras el fin de Bretton Woods. Un primer problema nace de su visión aristocratizante y elitista de la economía, la política y la vida en general. Pretenden que en el momento actual el Estado y los políticos vuelvan a intervenir sobre la economía, impulsándola y, sobre todo, regulando su actividad pero no son capaces de decirnos de dónde saldrá esa fuerza conativa de los Estados sobre las formidables fuerzas económicas mundiales que concentran mucha mayor liquidez de dinero que el conjunto de los gobiernos del mundo. Quisieran que esa intervención política se produjese pero no son capaces de admitir que sin la entrada en escena masiva de las masas trabajadoras como fuerza de choque contra el capitalismo desbocado es imposible porque sólo ellas pueden tanto mover como parar el mundo. Pero eso podría ser peligroso para la estabilidad de un sistema que se basa en el pacto social; pacto social que estimuló el propio keynesianismo. Prefieren entrar por la puerta de atrás y apelar al ciudadano, desde su énfasis en el consumo dentro de su modelo teórico. Es menos connotador de la posibilidad de la lucha de clases que la apelación a la presión por parte de los trabajadores. Roosevelt fue más inteligente que ellos y en USA se alió parcialmente con los sindicatos, a través de la Warner Act, para hacer presión sobre las grandes corporaciones. Pero eso fue en USA donde la tradición izquierdista de los sindicatos era más limitada. A pesar de ello los keynesianos actuales han aprendido bien la lección de cómo la crisis del 29 activó la combatividad de las izquierdas y los sindicatos, aunque no llegara toda la sangre del capitalismo al río, y no quieren correr el riesgo de que ahora ocurra. Una segunda fuente de los problemas teórico-prácticos de los keynesianos radica en que obvian que el daño hecho por el capitalismo al que pretenden volver a regular es tan grande que para llevar a cabo una intervención suficientemente eficaz sobre la economía ésta ha de ser tan profunda, radical y audaz que desbordaría con mucho la legitimidad de las constituciones burguesas, tan respetuosas con la iniciativa privada, la libertad de empresa y la propiedad privada. ¿Se atreverían los señores keynesianos a apostar por un modelo de planificación económica de capitalismo de Estado tan avanzado como el que fue en su día el de la Francia de de Gaulle? Esperen, no me contesten. NO. Señores keynesianos, sus medias tintas en economía son tan pudorosas ante esta crisis como una cataplasma en el cuerpo de un enfermo terminal de cáncer. Otra de sus hipótesis fallidas estriba en no comprender que los Estados se han quedado sin resortes legales para domeñar a un capitalismo que actúa contra ellos trasladándoles sus deudas, una vez rescatado, temporalmente, de su crisis financiera. Cualquier intento de controlar al capitalismo deberá ser por la fuerza. Hay que añadir a todo lo anterior que los keynesianos no entienden que su llamada a que los principales gobiernos del mundo intervengan globalmente para regular el capitalismo desbridado va directamente contra su creciente tendencia a actuar bajo la doctrina Sinatra “My Way”. La desconfianza entre gobiernos de países miembros de la zona euro (países más ricos frente a los PIIGS), de los miembros de la zona euro con los que no lo son dentro de la UE (Gran Bretaña frente a Alemania y Francia), de Europa frente a USA, de USA frente a China, de USA y Europa frente a los BRIC y otros países emergentes,...pronto se irá materializando en políticas crecientemente proteccionistas de unas áreas geográficas económicas frente a otras e incluso de unos países pertenecientes a dichas áreas frente a otros socios de las mismas. Las tensiones dentro de la UE y de las cumbres del G-20 son evidencias que así lo señalan. No parece esa la tendencia que marque un creciente clima de cooperación necesario para establecer acuerdos que supongan el renacimiento de un Bretton Woods II. Cuando la amenaza de la crisis avanza en forma de efecto dominó sobre el conjunto de las economías nacionales del planeta y los gobernantes constatan que no parece haber antídoto conocido contra la pandemia, lo que se impone entre ellos es un conjunto de reacciones que integran el más variado abanico de comportamientos: pánico (de momento aún controlado), cautela excesiva, medidas desesperadas, improvisación, inmovilidad, confusión, enfrentamiento del todos contra todos,...Por más que se empeñen los keynesianos, la salida que escoge el capitalismo y sus gobiernos vuelve a ser de nuevo, como en la Gran Depresión, el conflicto y, posiblemente a corto-medio plazo, la guerra. Ignoro si alguna de estas reflexiones pasó por la cabeza del señor Paul Krugman cuando trabajaba en Enron, la empresa energética que defraudó a USA mediante la creatividad contable de su ingeniería financiera, auténtico paradigma de las consecuencias de la desregulación, o al señor Ben Bernanke, neokeynesiano nombrado por George W. Bush (el hijo tonto del primer Bush que ocupó la Casa Blanca) Presidente de la Reserva Federal USA (FED); la misma FED que “ha impulsado la liberalización del mundo bancario y de ese modo ha querido destruir el sistema bancario europeo” (4) y el mismo señor Bernanke que fue acusado de falta de transparencia en su actuación como presidente de la FED y de presionar al “Bank of America Corp. –para que- completara la compra de Merrill Lynch” (5), comportándose él mismo como un lobbysta. Desconozco también si el señor Joseph Stiglitz ex vicepresidente y ex economista jefe del Banco Mundial, brazo bancario del FMI, y participante el pasado verano “indignado” en el I Foro del M 15-M, habrá pensado en cuestiones similares a las que señalo. Sinceramente tengo la impresión de que los economistas keynesianos, neokeynesianos, postkeynesianos y toda la larga taxonomía de estos liberales moderados, no lejanos a la tradición de Stuart Mill, mantienen con los llamados neoliberales, los monetaristas y los seguidores de la escuela austriaca (anarcocapitalistas incluidos), muchos de ellos no lejanos al pensamiento de David Ricardo, una pelea amañada de antemano. Una pugna entre liberales moderados y radicales pero liberales, al fin y a la postre. Ellos, los keynesianos, se han agarrado un berrinche descomunal al ser desplazados de sus espacios de poder –los que van más allá del ámbito académico- en las instituciones financieras, bancarias, organismos internacionales y, en general, cercanos tanto al poder económico como a los gobiernos, a los que rondan cantando bajo su ventana, en la espera de que estos comprendan, antes de que sobrevenga el desastre definitivo, que ellos son la última trinchera de defensa del sistema capitalista. Olvidan que aquellos marxistas que no nos escondemos tras ninguna escuela económica enemiga de la lucha de clases vemos en la crisis sistémica actual del capitalismo la oportunidad para deshacernos no sólo del llamado neoliberalismo, que es la vuelta al liberalismo decimonónico y a lo que él representa para los trabajadores, sino directamente del capitalismo y de todas las tribus de economistas liberales que lo defienden, incluidos los keynesianos. Si este es el retrato real de los keynesianos. ¿a qué juegan aquellas izquierdas que los reivindican? Para entender esta cuestión cabría volver a la expresión “izquierdas sistémicas” que hice al principio del artículo y que definí en la nota (1) del mismo. Para acompañar esta categorización nada mejor que la distinción entre las izquierdas que hacía el tristemente desaparecido marxista Adolfo Sánchez Vázquez y que reproducía el miembro del PRD Adolfo Gilly en un artículo recientemente publicado (6). Decía así Sánchez Vázquez en relación con las izquierdas: “Izquierda puede ser un término equívoco. Me parece preferible usarlo en plural: no la izquierda sino las izquierdas. Tendríamos así al menos cuatro izquierdas: una izquierda democrática, liberal, burguesa, connatural al sistema capitalista; una izquierda socialdemócrata, que quiere mejorar las condiciones sociales dentro de los marcos de ese mismo sistema; una izquierda social, que es crítica del capitalismo pero no le ve una alternativa, representada sobre todo por los movimientos sociales (el movimiento antiglobalización está dominado claramente por los keynesianos, como lo prueba su línea claramente reformista: el texto entre paréntesis es mío); y una izquierda socialista, opuesta al capitalismo, que propone una nueva organización de la sociedad.” Actualmente la izquierda socialiberal, de abandonada matriz socialdemócrata, los excomunistas (pueden llevar el nombre comunista en su denominación) que abandonaron el marxismo, aunque periódicamente lo reivindican para satisfacer a una parte de sus bases situadas a la izquierda de la organización, y buena parte de la autodenominada “izquierda radical” –la de militancia social movimientista- recita los últimos gorgoritos del día de los Krugman, los Stiglitz,... y de sus respectivos delegados nacionales. El lector de cada país podrá poner el nombre que corresponda a esos discípulos de Keynes que pululan alrededor de las izquierdas sistémicas y dentro de ellas y que marcan sus partituras económicas y las letras musicales que ensalzan las leyes reveladas del maestro británico. Las izquierdas keynesianas, muy mayoritarias en el conjunto de lo que culturalmente llamamos izquierdas, abogan por soluciones económicas de este tipo como alternativa a la crisis del capitalismo, aún a sabiendas de que no son viables al hacerlas imposibles la globalización, la ausencia de resortes reguladores de intervención y la carencia de poder de las instituciones políticas, porque si abandonaran a Keynes y a su apóstoles tendrían que asumir que la única posición coherente es lo que Marx nos recuerda de nuevo: la necesidad de una revolución socialista, hoy a escala mundial porque mundial es la crisis capitalista y es necesario oponer una fuerza tan poderosa como la formidable que aún mantiene el capital. Pero eso les obligaría a una autocrítica sobre la trayectoria que han seguido hasta ahora: unos social-liberales, otros reformistas, otros meros radicales coordinadores de movimientos antiglobalización en los que la Iglesia Católica, los movimientos tipo ATTAC y los que pretenden otra globalización “más justa” son la fuerza determinante. Para las “izquierdas sistémicas” el keynesianismo es una cómoda parada a la espera de que la crisis capitalista escampe porque no creen que sea posible la revolución social y, probablemente, ni siquiera la deseen. Esto explica la obsesiva y sistemática declaración de antineoliberalismo por una parte de esas izquierdas, sin aludir al capitalismo, como si lo que llaman neoliberalismo no fuera una de las muchas estrategias del capitalismo y una declaración de anticapitalismo vacía, por otro sector de las “izquierdas sistémicas” que, cuando se concreta en su programa económico, es puro destilado Keynes. En su fuero interno aún confían en que sea posible una fase de recuperación económica mediante una etapa expansiva que permita abrir un ciclo de luchas reformistas y salariales que permita recuperar el nivel de vida perdido por los trabajadores y la restitución de un Estado del Bienestar que, en realidad, ha muerto para siempre. Las izquierdas, si lo son, no necesitan en el momento actual presentar un programa económico de gestión de la crisis capitalista, que no podrán llevar a cabo porque la fuerza ya no está en las instituciones políticas, sino empezar a tomar en cuenta las palabras de la Secretaria General del Partido Comunista Griego (KKE), Aleka Papariga, seguramente uno de los que mejor está entendiendo la esencia real de la situación actual: “Cuando decimos al pueblo que el sistema capitalista –refiriéndonos al sistema capitalista de Europa que ha cumplido todo su ciclo– hoy objetivamente no puede dar soluciones, que ha dado todo lo que podía dar, esto significa que no esperen que el KKE participe en el sistema político burgués, en un gobierno de gestión de un sistema que no puede dar nada.” (Entonces habla del derrocamiento del sistema, sugiere el periodista que la entrevista) “Por supuesto” (7) Ignoran que cuando renuncian a preparar la revolución social, que cuando se centran en la demanda de reedición de un nuevo pacto social, que cuando emiten un discurso dirigido a las clases medias y el “ciudadanismo”, olvidando que los capitalistas han planteado una lucha de clases que nos lleva a la situación de la clase obrera en la Inglaterra de Engels, están abonando el terreno a cualquier salida progresista a la crisis, incluso reformista, porque han negado toda fuerza transformadora a un proyecto emancipador de los trabajadores. Y las banderas que no se levanten desde una izquierda revolucionaria se acabarán izando desde el color negro o pardo de los demagogos y oportunistas que agitarán un populismo reaccionario que ya no irá contra el capital, aunque lo haga nominalmente, sino contra aquellos sectores a los que sea posible satanizar –inmigrantes, minorías étnicas, mujeres, pobres y excluidos,...-para expresar una rabia colectiva que suelte presión a una olla que acabará por explotar. NOTAS: (1) En varios artículos he empleado la expresión “izquierdas sistémicas”. Hora es de que defina, siquiera provisionalmente y como primera aproximación al concepto, la misma. Por “izquierdas sistémicas” entiendo aquellas cuyas identidades de origen se vieron metabolizadas por el pacto social tácito o expreso que establecieron con el poder económico y político en el proceso de creación y asentamiento de los Estados del Bienestar en los países centrales del capitalismo. El desarrollo del Estado del Bienestar, a cuya edificación contribuyó el modelo keynesiano de estímulo a los mercados desde el Estado, exigía a cambio una paz social en lo sindical y político, paz social que fue garantizada por la socialdemocracia primero, buena parte de los partidos comunistas (fundamentalmente los de estrategia eurocomunista) después y, como última aportación desde finales de los años 90 del pasado siglo, de buena parte de la autodenominada “izquierda radical”. De este modo, lo que en origen fue una izquierda de matriz marxista o influida por el marxismo, en mayor o menor medida, pasó lenta pero inexorablemente a integrar el keynesianismo como variante económica e ideológica de lo que Bernstein y otros reformistas habían postulado con anterioridad: que en el desarrollo del sistema capitalista la lucha pacífica de los trabajadores iría posibilitando la transición hacia el socialismo, ahora por la vía del bienestar. Lo cierto es que Keynes jamás pretendió el socialismo ni nada que se le pareciera sino la consecución de toda la potencialidad del capitalismo. Pero el derribo y muerte del Estado del Bienestar a manos de un capitalismo globalizado que no necesita ni quiere un pacto social porque sabe que no tiene nada que temer de unas agónicas “izquierdas sistémicas” ha dado la puntilla definitiva a dichas teorizaciones y a las estrategias de mera acomodamiento al capitalismo de aquellas. Es previsible que las “izquierdas sistémicas” desaparezcan con el propio Estado del Bienestar. (2) http://dwt.oit.or.cr/images/stories/boletines/B4_informeMundialdeSalarios.pdf Datos oficiales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) (3) http://www.espai-marx.net/ca?id=1091 (4) Entrevista al economista Marcello De Cecco: “La FED debilitó nuestro sistema”: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-185275-2012-01-12.html (5) http://online.wsj.com/article/SB124597417288857355.html#mod=2_1362_leftbox (6) http://www.jornada.unam.mx/2012/01/02/opinion/013a2pol (7) http://es.kke.gr/news/news2012/2012-01-05-sinentefxi-aleka/ http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com/2012/01/contra-keynes-y-los-keynesianos.html

El Partido Comunista preparado para gobernar en Rusia

El Secretario General del PCFR, Guennady Zyuganov, ha comparecido ante la agencia de noticias "interfax". Ha comenzado analizando la historia del capitalismo, hasta llegar al contexto actual. Ha remarcado la pérdida de calidad de vida del pueblo ruso desde la caída de la URSS y ha cargado contra la situación colonialista a la que quieren someter a Rusia a través de la OMC. Posteriormente, otros miembros de la dirección del PCFR han presentado el programa de cara a las próximas elecciones presidenciales del 4 de marzo, en el que se encuentra la nacionalización de los sectores estratégicos, impuestos progresivos y el reestablecimiento de una unión entre las repúblicas ex-soviéticas. Han anunciado un mitin en Moscú para el 21 de enero (día del fallecimiento de Vladimir Lenin), al que han animado al pueblo ruso a acudir. En el turno de las preguntas de los periodistas, Zyuganov a afirmado que "tiene una buena oportunidad para ganar las elecciones, porque con los otros candidatos todo seguirá igual". Zyuganov también se ha comprometido a investigar el fraude de las pasadas legislativas en caso de que llegue al gobierno, mientras el Partido ya participa activamente en el comité que organizará el 4 de febrero una gran manifestación en Moscú.http://culturabolchevique.blogspot.com/

La transnacional española se niega a ajustarse a las leyes de Brasil .ZARA no reconoce su infamia

En agosto pasado cuatro grandes redes minoristas de ropa fueron descubiertas utilizando talleres de confección con trabajo esclavo: Marisa, Pernambucanas, Collins y se completa el grupo con la transnacional española Zara. Con una facturación mundial de 12.500 millones de euros anuales, el gigante de la moda española Inditex (Arteixo, La Coruña) propietario de la cadena de tiendas Zara, tiene 30 locales en Brasil y emplea en ellos, 7.000 personas. Todos los locales limpios, bien diseñados, impecables, seductores. Como contracara de esa imagen impoluta existen esos tugurios infames donde se producen las prendas de Zara. Talleres en los que se explota a inmigrantes indocumentadas bolivianas o peruanas. Mujeres con niños pequeños cosen durante 16 horas inclinadas sobre sus máquinas. Sobreviven encerradas en cuchitriles pestilentes y con capataces que no las autorizan a salir a la calle. Las inspecciones encontraron fuertes indicios de tráfico de personas e incluso comprobaron explotación infantil. El lucro de Zara proviene en gran parte de la miseria del costo en la confección de sus prendas. En dichos talleres la remuneración no pasa de R$ 2 (poco más de 1 dólar) por pieza producida. Después de los tramposos descuentos las trabajadoras no llegaban a recibir ni siquiera al salario mínimo (R$ 545) y menos aún el mínimo de los convenios de las empresas con los sindicatos del sector (R$ 676). Según Zara en Brasil tienen 46 abastecedores directos y 313 talleres subcontratados. Lo que totaliza más de 11.000 empleados en esa cadena de explotación esclavista. El miércoles 30 de noviembre Zara tenía una reunión con el Ministerio Público del Trabajo para definir los términos de un ajuste de conducta que impidiera que la empresa continuse subcontratando y "tercerizando" sus confecciones de la forma delictiva que acostumbra. Zara se niega a ajustarse a las leyes de Brasil Para sorpresa de los delegados del Ministerio Público del Trabajo (MPT), la transnacional española se negó a firmar el texto que la obligaba al compromiso de una gestión de acuerdo con las leyes del país. La empresa no aceptó los Términos de Ajuste de Conducta (TAC) que proponía el MPT, el cual exigía que Zara se hiciera responsable de toda la cadena productiva de proveedores, el fin de la subcontratación de funcionarios y la multa de R$ 20 millones por daños morales colectivos. Los representantes de la empresa hicieron una contrapropuesta. Zara propone negociar con los proveedores que no cumplan las disposiciones legales para que corrijan su funcionamiento, pero no acepta que se resposabilice directamente a la empresa de las irregularidades cometidas por “aquellos”. Que en realidad son ellos mismos. Para el procurador del MPT Luiz Fabre, los puntos de la contrapropuesta son irreconciliables con el objetivo del Ministerio de acabar con el trabajo esclavo. “Zara sugiere cláusulas que la eximen de responsabilidad de lo que ocurre con los proveedores y establece un plazo limitado para el acuerdo que, como es obvio, debe tener un plazo indeterminado”. El régimen esclavista de trabajo de los abastecedores directos y los talleres contratados no es una sorpresa para Zara, siempre lo supo y el sistema se estructuró para que la empresa pudiera obtener mayores lucros. Lo que pretende la transnacional es que esas formas empresariales de explotación del trabajo que se ejecutan desde hace años en todo el mundo se acepten legalmente en Brasil. Ellos sólo admiten ajustarse a la impunidad del desregulado mercado actual de trabajo mundial.Juan Luis Berterretche.Rebelión