4 de febrero de 2012

Injerencia y destrucción de los sindicatos en la Guerra Fría.

Luego de haberse aliado para luchar contra las fuerzas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, a partir de 1945 los Estados Unidos y la URSS entran en una lucha de influencia mundial calificada, a partir de 1948, como «Guerra Fría». Ambas superpotencias evitan cuidadosamente el enfrentamiento militar directo, pero desarrollan un combate ideológico en sus zonas de influencia, así como guerras periféricas. Desde el desmoronamiento de la URSS, las redes pro soviéticas pertenecen a la historia y son cada vez más conocidas gracias especialmente a la desclasificación de los archivos. Por el contrario, las redes atlantistas no desaparecieron con la Guerra Fría. Permanecieron dormidas durante la administración Bush padre, para ser reactivadas por la administración Bush hijo. Hemos tratado de describirlas en estas columnas no como cosa del pasado, sino como elementos explicativos de la crisis política mundial actual. Así, hemos reportado la instauración de redes de injerencia, la de los stay-behind [1] y la del soft-power, de la Fundación Nacional para la Democracia (NED/CIA) [2], y hemos analizado grandes operaciones sectoriales como el financiamiento a los intelectuales europeos por parte de la CIA [3]. En esta ocasión nos referiremos a la manipulación de los sindicatos. Los Estados Unidos, convencidos de que las democracias occidentales están amenazadas por el «peligro comunista», uno de cuyos pilares sería naturalmente el sindicalismo, implementan, en el marco del Plan Marshall, una red de confederaciones sindicales internacionales encargadas de detener la influencia comunista en el mundo laboral. En febrero de 1945 se celebra en Londres, con la participación de 53 organizaciones, una conferencia mundial tendente a la unificación del sindicalismo internacional por iniciativa del Trades Union Congress (TUC) británico. La American Federation of Labor (AFL), primer sindicato estadounidense, boicotea la reunión para protestar contra la presencia de representantes soviéticos. El Congress of Industrial Organizations (CIO), su gran rival en el escenario sindical de los Estados Unidos, trata por su parte de desempeñar un papel de mediador entre los miembros de la Internacional Sindical Roja (ISR), cercana a Moscú, y la Federación Sindical Internacional (FSI), creada en Ámsterdam en 1919 y que rechaza a los sindicalistas soviéticos. Ambas corrientes deberían reunirse en una Federación Sindical Mundial (FSM), que nace efectivamente en París en 1945. Sin embargo el acercamiento fracasa. La Confederación Internacional de Sindicatos Cristianos (CISR) rechaza unirse a la nueva estructura, al igual que la AFL, que en octubre de 1946 decide reunir a todos los sindicatos «libres» e instalar una oficina en Bruselas al frente de la cual se encuentra Irving Brown. El Plan Marshall termina de dividir a la naciente FSM: el secretariado de la Federación denuncia un plan «que atenta contra la independencia de los Estados europeos», mientras que los sindicatos británicos organizan una conferencia que reúne a partidarios del proyecto. Rápidamente la FSM se encuentra ampliamente dominada por las centrales sindicales de los países socialistas: la CGT francesa y la CGIL italiana serán las dos únicas organizaciones occidentales que forman parte de la misma. Washington hace mayores esfuerzos por dividir a los sindicatos comunistas y ayudar a los que rechazan el anticapitalismo y la dominación de Moscú. Tres hombres van a supervisar el dispositivo: el primero es Jay Lovestone, entonces director de la sección internacional de la American Federation of Labor. Ex dirigente del Partido Comunista Estadounidense antes de la Segunda Guerra Mundial, Lovestone rompe con la URSS en 1929 tras un encuentro con Stalin, quien le sugiere que los Estados Unidos tenían una configuración política y social especial por lo que necesitaban una estrategia comunista adaptada. Sintiéndose amenazado, abandona Moscú a toda prisa y, de regreso a Nueva York, se convierte en un anticomunista militante. Se alía entonces a la International Ladies Garment Workers Union, un importante sindicato estructurado por inmigrantes judíos e italianos que trata igualmente de limitar la influencia de sus militantes comunistas. Estos últimos son finalmente alejados gracias a los esfuerzos de los «moderados», dirigidos por David Dubinsky. En la misma época Jay Lovestone establece una relación de amistad con el dirigente de la AFL, George Meany, igualmente anticomunista convencido. Durante la Segunda Guerra Mundial, Lovestone trabaja en estrecha colaboración con el Buró de Trabajadores del Office of Strategic Services (OSS, ancestro de la CIA), dirigido por Arthur Goldberg, futuro secretario del Trabajo de Kennedy y miembro de la Suprema Corte. Es especialmente encargado de organizar la resistencia de los obreros en la Alemania nazi, Europa y África del Norte. Al concluir la guerra prosigue sus actividades en Europa. Es secundado en ello por Irving Brown, miembro de la AFL y adjunto para Europa de Lovestone a partir de 1944. Nacido en 1911, Irving Brown se convierte en un miembro importante de la AFL en la década de 1930, época en que su esposa es secretaria de Jay Lovestone [4]. Su primera acción importante está relacionada con Francia, país aliado estratégico de Washington por su poderío económico y demográfico, pero también por su situación geográfica (su frontera con Alemania, una parte de la cual está ocupada por las tropas soviéticas, hace de Francia un aliado privilegiado en caso de ofensiva de la URSS). En Francia se producen importantes turbulencias sociales una vez desaparecido el estado de gracia de la liberación. Las huelgas de Renault de abril-mayo de 1947 hacen estallar el acuerdo de gobierno entre el Partido Comunista Francés, la SFIO y el MRP. Paul Ramadier revoca los ministros comunistas y hunde la vida política en una inestabilidad amenazadora. Por otra parte se acumulan las dificultades económicas: la penuria de carbón y de renglones alimenticios, y el alza de los precios provocan importantes movimientos sociales en todo el país. La CGT, primer sindicato del país, es sacudida por disensiones internas entre los que aceptan «el papel dirigente del PCF en el movimiento obrero y los que se oponen al mismo» [5]. Washington se aprovecha de la situación: en ocasión de su viaje a la ONU, la CIA aborda al secretario general de la CGT, Léon Jouhaux, quien acepta provocar la escisión que hará surgir Fuerza Obrera en 1948 y debilitará el sindicalismo en Francia por largo tiempo. Una vez terminada la operación, George Meany declara al Press Club de Washington: «Estoy orgulloso de decirles, porque podemos permitirnos el revelarlo ahora, que fue con el dinero de los obreros de Detroit y de otros lugares que nos fue posible la escisión, muy importante para nosotros en la CGT, que dio lugar al sindicato amigo Fuerza Obrera» [6]. Sin embargo, en 1967, Thomas W. Braden, ex director de la división internacional de la CIA, revela sin ambages [7] que en realidad los fondos fueron suministrados por la International Ladies Garnment Union de David Dubinsky y luego, «cuando les faltó el dinero, se dirigieron a la CIA. Así comenzaron las transferencias de fondos a los sindicatos libres que, muy pronto, se extendieron a Italia. Sin estas transferencias la historia de la posguerra hubiera sido diferente» [8]. Un grupo de militantes antisoviéticos desempeña un papel fundamental en la escisión: se trata de trotskistas recuperados por el stay-behind. Durante la Segunda Guerra Mundial, tras la ruptura del pacto Germano-Soviético, escogieron luchar contra Stalin, alrededor de Henri Molinier, al incorporarse al ultracolaborador Movimiento Social Revolucionario (MASR), de Eugène Deloncle y Eugène Schueller [9]. Impulsados por Irwing Brown, crean en 1953 un nuevo partido, el le MPPT, alrededor de Pierre Boussel-Lambert. Rápidamente estos militantes obtienen empleo en las Cajas del Seguro por Enfermedad y se dedican a la estructuración de FO. En la misma época «la SFIO marsellesa se aprovechó también de los dólares de la CIA que, por ejemplo, sacan a flote al diario socialista Le Populaire, de alcance nacional» [10]. Las actividades de Irving Brown son particularmente visibles en la región de Marsella, entonces el corazón de la French connection que por aquella época manejaba lo esencial del tráfico mundial de heroína. En general su financiamiento procede directamente de la CIA, ya sea por medio del agregado de la embajada de los Estados Unidos en París para las cuestiones sindicales, John Phillipsborn, o mediante una cuenta bancaria en Zurich a nombre del presidente del Comité Mediterráneo, Pierre Ferri-Pisani [11]. Paralelamente a estas operaciones puntuales, Irving Brown lanza a finales de 1949 la Confederación Internacional de los Sindicatos Libres (CISL / FTUC), que rechaza todo contacto con la Federación Sindical Mundial, considerada demasiado cercana a Moscú. La CISL reagrupa a unas sesenta centrales de 53 países representantes de 50 millones de trabajadores. Por otra parte reconstituye una estructura en el seno de la AFL, la Confederación de los Sindicatos Libres, financiada con 35 000 dólares por la casa matriz. El presidente de esta organización es Matthew Woll, mientras que David Dubinsky hace las veces de tesorero y George Meany, secretario de tesorería de la AFL, se encarga de la coordinación entre la joven estructura y la casa matriz [12]. La iniciativa dirigida a los sindicatos europeos no comunistas hará que la organización adquiera una nueva dimensión. Se producen nuevos aportes: a partir de 1950 la CIA financia la CISL con 170 000 dólares anuales. Con semejante presupuesto, la central sindical puede financiar ampliamente el Centro Internacional de Sindicalistas Libres en el Exilio (CISLE / ICFTUE), que celebra su primer congreso en París en octubre de 1948 en los locales de Fuerza Obrera, apenas restablecida de su escisión de la CGT. La organización, presidida por F. Bialas et A. Skorodzki, se encarga oficialmente de recibir a los trabajadores emigrados y de las organizaciones socialistas de Europa Oriental. En realidad, permite sobre todo apoyar a los grupos disidentes establecidos del oto lado de la cortina de hierro. Algunos de ellos, no alemanes, se habían unido a las fuerzas armadas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial, incluso a las Waffen SS, y no podían regresar a sus países de origen una vez terminado el conflicto. Por lo tanto constituyen un sólido baluarte anticomunista en los países en que se encuentran refugiados. Que hayan logrado o no cruzar a tiempo la cortina de hierro, de todas formas son acogidos con los brazos abiertos en el Centro Internacional de los Sindicalistas Libres en el Exilio [13]. La organización edita la revista Le Syndicaliste Exilé [14] y tiene acceso a las ondas de Radio Free Europe y Radio Liberty, ambas abiertamente financiadas por la CIA. En la misma época, la CISL ayuda a la organización y al financiamiento de la reunión fundadora del Congreso para la Libertad de la Cultura, en Berlín, en 1950. La CIA acaba por considerar demasiado costosas las actividades de Lovestone y Brown. De 1950 a 1955 reduce su financiamiento y los presiona a ambos para que reorganicen sus actividades de forma más eficaz. Esto ocurrirá en 1955 cuando los dos principales sindicatos estadounidenses activos en Europa, la AFL (representada por Irving Brown) y el CIO (representado por Victor Reuther) se fusionan para dar lugar a la AFL-CIO con la bendición de Averell Harriman, nuevo administrador del Plan Marshall y de su emisario en Europa, Milton Katz. George Meany ocupa la presidencia de la nueva organización. Cesan las actividades de la Confederación de los Sindicatos Libres para ser sustituidas por operaciones de mayor envergadura por parte de la nueva central sindical unificada. Esta aprovecha para multiplicar sus esfuerzos de «injerencia sindical» a escala planetaria. Irving Brown se dedica al Africa poscolonial, mientras que otros militantes como Richard Deverall y Harry Goldberg hacen de Asia su terreno predilecto. Serafino Romualdi, un socialista de origen italiano, actúa en América Latina [15]. Las actividades de injerencia se detienen entonces en Europa. Todo el departamento es reorganizado en 1962 cuando el presidente Kennedy crea la US Agency for International Development (USAID), que casi exclusivamente financia esta rama de actividad de la AFL-CIO. Se trata de una estrategia defendida ante el presidente Kennedy por Cord Myer, Arthur Goldberg, George Meany y Jay Lovestone, entre otros. La central sindical estadounidense crea entonces tres subestructuras semiindependientes. La principal es la American Institute for Free Labor Development [16], cuyo objetivo es retomar el control de los movimientos sindicales en América Latina. Se trata de una iniciativa lanzada desde finales de la década de 1950 por Cord Meyer y que garantizó la formación de más de 200 000 sindicalistas procedentes de América Latina en el centro de Front Royal, en Virginia [17]. Los otros dos organismos son el African Labor College, dirigido por Irving Brown, y el Asian-American-Free Labor Institute, surgido en 1968 durante la guerra de Vietnam. La reorganización aleja por lo tanto de Europa la actividad de la AFL-CIO y por el contrario permite la aparición de un nuevo instrumento de injerencia en los países del Tercer Mundo que veremos actuar rápidamente con el derrocamiento de Sukarno en Indonesia, de Joao Goulart en Brasil y de Salvador Allende en Chile. Notas [1] Ver la serie de investigaciones sobre el stay-behind en la Red Voltaire. [2] Ver «Las redes de la injerencia democrática», Red Voltaire, 21 noviembre de 2004. [3] Ver «Quand la CIA financait les intellectuels européens» (Cuando la CIA financiaba a los intelectuales europeos) texto en francés, por Denis Boneau, Voltaire, 27 de noviembre de 2003. [4] Según The Point Man: Irving Brown and the deadly post-1945 struggle for Europe and Africa, por Ben Rathbun, Minerva Press, 1996. [5] «CGT-FO, le grand schisme», por René Mouriaux, diario francés Le Monde, 13 de abril de 1998. [6] Citado en E como espionaje por Nicolas Fournier y Edmond Legrand, Editorial Alain Moreau, 1978, Francia. [7] «I"am Glad the CIA is Immoral», por Thomas W. Braden, Saturday Evening Post, 20 de mayo de 1967. [8] Citado en D como Droga, por Alain Jaubert, Editorial Alain Moreau, 1973, Francia. [9] El MSR es entonces un partido en el seno del RNP de Marcel Déat con el cual se acaba de fusionar. Ver «L"histoire secrète de L"Oréal» (La historia secreta de Oreal), texto en francés, por Thierry Meyssan, Voltaire, 3 de marzo de 2004. [10] Ibid. [11] El comité Mediterráneo es el organismo en el cual Irving Brown realiza sus actividades alrededor de la región de Marsella. Financia, por ejemplo, a los piquetes rompehuelgas durante la huelga de los estibadores de Marsella que trataban de impedir el desembarco de material militar destinado a las topas norteamericanas estacionadas en Francia. [12] «The Origins of CIA Financing of AFL Programs», por Anthony Carew, CovertAction Quaterly, verano de 1999. [13] «The International Centre of Free Trade Unionists in Exile», por Peter E. Newell, Lobster, junio de 1996. [14] En enero de 1964, Roger Louet, presidente de Fuerza Obrera, acepta la dirección del diario. «The International Centre of Free Trade Unionists in Exile», op.cit. [15] «Plumbers and Presidents: Labor Sources for Diplomatic Historians», texto en inglés, por Edmund F. Wehre, at College Park. [16] El American Institute for Free Labor Development estaba financiado por un amplio panel que incluía a las más importantes empresas norteamericanas como Rockefeller, ITT, Kennecott, Coca Cola, IBM, Pfizer International, Standard Oil, Shell Petroleum y Pan American World Airways. Según el presidente de la AIFLD, George Meany, «constituía un deber de los Estados Unidos contribuir al desarrollo de los sindicatos libres en América Latina». El presidente del Consejo de Administración no es otro que J. Peter Grace, igualmente presidente de la W.R. Grace Corporation. [17] Libro: The Rise and Decline of the CIA, por John Ranelagh, Simon & Schuster, Editores, 1987. Fuente: red voltaire.net

OPERACIÓN GLADIO, TERRORISMO DE ESTADO

Operación Gladio fue una organización terrorista secreta anticomunista desarrollada en Europa Occidental y apoyada y financiada por la CIA estadounidense. El nombre de Gladio se aplica generalmente a una serie de organizaciones paramilitares de diversos países, aunque lo más común es su utilización exclusivamente para referirse a los paramilitares italianos. Fue descubierta el 24 de octubre 1990 por el Presidente del Consejo de los Ministros italiano Giulio Andreotti; Italia, Suiza y Bélgica desarrollaron investigaciones parlamentarias. La trama fue condenada por el Parlamento Europeo en resolución del 22 de noviembre de 1990. La Operación Gladio fue ideada después de la Segunda Guerra Mundial por la CIA y el MI6, tenía como objetivo prepararse ante una eventual invasión soviética de Europa occidental por medio de fuerzas armadas paramilitares secretas de élite dispuestas en diversos países capitalistas. Muchos nazis derrotados tras la 2º Guerra Mundial fueron miembros de Gladio, que aceptaba solamente a "gente segura", es decir, militantes nacional-socialistas alejados del conservadurismo moderado y de la izquierda; librándose también de esta manera de juicios de guerra y en muchos casos manteniendo un alto nivel de vida. Actuaciones atribuidas a Gladio Además de prepararse ante una posible invasión, estas fuerzas de retaguardia han sido utilizadas por la CIA para influir en la política de algunos de estos países. Un caso singular fue la implicación de Licio Gelli, jefe de Propaganda Due (P2), Stefano Delle Chiaie también involucrado en la Operación Cóndor, o Vincenzo Vinciguerra en la "estrategia de la tensión" en Italia. También en Italia, las masacres de Peteano (1972), de la Piazza Fontana (1969), de la estación de trenes de Bolonia (1980), y el golpe fallido "Golpe Borghese" (1970) fueron obra de Gladio. El asesinato del Primer Ministro Aldo Moro, llevado a cabo por las Brigadas Rojas en 1978, también se ha vinculado a la oposición de Gladio a su política de Compromiso Histórico. La investigación se tiñó de sospecha por la estrategia ocultista del estado. De hecho, el juez Felice Casson manifestó que descubrió la existencia de Gladio leyendo las cartas que Aldo Moro mandó desde su lugar de detención. Un informe parlamentario de 2000 hecho por El Olivo concluía que: la estrategia de la tensión tenía como objetivo impedir al PCI, y en menor medida al PSI, acceder al poder ejecutivo. En Grecia, las fuerzas de Gladio estuvieron involucrados en el golpe de estado de 1967. En Turquía, la Contraguerrilla (Counter Guerilla), nombre de la rama turca de Gladio, se relacionó con la masacre de la plaza de Taksim, en 1977 en Estambul, y también con el golpe militar de 1980. En España, miembros de la rama italiana de la operación Gladio participaron en los crímenes de Montejurra durante la Transición. Estuvieron profundamente infiltrados en los mecanismos de la España franquista y del conjunto de la Transición.] Igualmente algunos autores indican que el Caso Scala (montaje policial-judicial desatado contra las organizaciones anarquistas españolas) en enero de 1978. En Argentina, varios miembros de la junta de Jorge Rafael Videla eran miembros de P2, entre ellos, José López Rega, fundador de la Triple A, Raúl Alberto Lastiri y Emilio Eduardo Massera. Licio Gelli decía frecuentemente que tenía vínculos importantes con Argentina, especialmente con Perón. En Mozambique el jefe del FRELIMO, Eduardo Mondlane, fue asesinado por Aginter Press, al brazo portugués de Gladio. En Francia la OAS fue creada por miembros del equivalente local de Gladio. En Bélgica las masacres de Brabante (en los ochenta) fueron atribuidos al brazo belga de Gladio. En Alemania la red fue constituida primero por Reinhard Gehlen, que era jefe de los servicios secretos alemanes, ya anteriormente involucrado en ODESSA, la organización que proporcionaba refugio a nazis retirados. El acto terrorista del Oktoberfest, en 1980 en Munich, fue protagonizado por agentes vinculados a Gladio. El “arte de la guerra” desde tiempos remotos incluía una práctica consistente en atacar a una tribu o nación enemiga bajo la bandera de un tercero al que deseaban enfrentar con el atacado. Desde entonces, esa táctica pasó a denominarse en las cloacas del Poder como “bandera falsa” y es la base de las operaciones de “Gladio”, nombre extraído de la palabra “Gladiador”. “El resultado de esto, si se interpreta la situación actual en términos de la Guerra Fría, es una estrategia de tensión que está todavía siendo implementada, pero esta vez contra los musulmanes”, sabemos que Occidente depende del petróleo, y se necesita un pretexto para desarrollar más operaciones en Irán, Irak, etc. No podemos ir e invadirlos sin más, tenemos que tener la idea de que están tratando de matarnos, los musulmanes están jugando el papel que los comunistas jugaban durante la Guerra Fría. http://isaac-despierta.blogspot.com/2011/11/operacion-gladio-terrorismo-de-estado.html

"Ser “keynesianista” para acabar con el capitalismo es tan absurdo como ser hitleriano para acabar con el nazismo."

En medio de la tormenta política, social y económica más profunda de los últimos 80 años, buena parte del abstracto espectro de eso que llamamos Izquierda se debate entre humanizar el capitalismo volviendo a los “añorados” años del Estado del Bienestar, o declarar abiertamente que es necesario acabar con él. El debate, no exento de interés – como todos los debates políticos que se precien-, no tiene sentido si cada una de las propuestas no sólo tiene una hoja de ruta clara, sino que demuestra que lleva a algún sitio. Resulta curioso que entre los primeros, quienes quieren ponerle bridas al capitalismo – no destruirlo – Keynes y su teoría económica ocupe buena parte de las bases de sus análisis de la realidad actual, así como de sus propuestas como alternativas a las políticas actuales de los gobiernos nacionales y las instituciones internacionales. En líneas generales lo que Keynes planteaba es dotar a las instituciones nacionales o internacionales del poder suficiente como para controlar la economía en las épocas de recesión o crisis a través de la política fiscal. Déjenme decirles que en mi opinión, ser “keynesianista” para acabar con el capitalismo es tan absurdo como ser hitleriano para acabar con el nazismo. Sea como sea, ni siquiera quienes dicen desear humanizar el capitalismo nos explican cómo lo van a hacer. Y no me refiero a programas electorales, porque que yo sepa ni en las elecciones municipales, ni en las elecciones generales, ni en las europeas, se pregunta a los ciudadanos sobre qué sistema quieren. Me refiero a qué hoja de ruta nos marcan esos ideólogos de reformismo para variar siquiera un poco el rumbo de las brutales reformas involucionistas que está viviendo éste y otros países “casualmente” desde la caída del campo Socialista. El debate está muy bien, y los análisis, y la información crítica, pero pocos de ellos han conseguido de momento hacer que los trabajadores y las clases populares dejen de estar a la defensiva y pasen al contraataque y a la conquista de nuevas cotas de poder y derechos. Quizá cada persona de izquierdas debería interiorizar y responderse a una pregunta: “¿Quiero reformar y poner coto al capitalismo para que las cosas sean como antes o por el contrario lo que quiero es acabar con él por su naturaleza criminal y explotadora?”. Y cuando nos la respondamos de la manera más profunda y sincera, preguntarnos: ¿y yo dónde estoy?. Porque quizá deseemos lo primero y hasta presumamos de tener - o de haber tenido – el carné de un Partido Comunista y simpaticemos o militemos en una organización anticapitalista. Esa entonces ya será una cuestión de identidad política personal que cada uno – y cada organización – deberá resolver como mejor pueda. Por contra, si la respuesta es que lo que queremos realmente es acabar con el capitalismo, surge una nueva cuestión casi tan importante: ¿Cómo? Y no me refiero tampoco a programas electorales, ni siquiera a repetir como autómatas postulados o ejemplos de los más grandes revolucionarios y pensadores marxistas. A lo que me refiero es a ¿cómo vamos a acabar con el capitalismo? ¿con qué lo vamos a sustituir? ¿cual es la ruta que vamos a seguir para conseguirlo?. Y con esto no digo que no se estén haciendo por parte de numerosos grupos, colectivos, organizaciones, etc. interesantísimos análisis, y se estén desarrollando fantásticas experiencias y propuestas. Sólo digo que de momento no son capaces de aparecer ante el pueblo y ante los trabajadores como alternativa real de nada. La únicas esperanzas que tienen hoy los ciudadanos que quieren “otra cosa” son, o encomendarse a unas nuevas y lejanas elecciones para que gane “lo menos malo”, confiar en que todo se vaya al traste y ver qué pasa, o pasar de todo y tratar de salvarse uno mismo. Y con esto no me refiero tampoco a esa parte consciente de la sociedad que ha decidido legítimamente militar, simpatizar o colaborar con la organización que considera oportuno para transformar la realidad; me refiero a las grandes masas, al 90% de los ciudadanos que no tienen ninguna implicación política, pero de cuya implicación – o su pasividad – depende al fin y al cabo que se produzcan o no grandes transformaciones en este país. Por tanto, si lo que queremos no es reformar la realidad, sino transformarla; si no queremos poner coto al capitalismo, sino acabar con él; si queremos llegar a las masas y no quedar marginados, la respuesta tiene un nombre: Lenin. Antes de que alguno se eche las manos a la cabeza y diga “¡ya ha llegado el trasnochado!”, déjeme decirle que el modernito Keynes y los suyos fueron prácticamente contemporáneos a Lenin, y que lo único que hicieron fue salvar al capitalismo. Lenin y los suyos lo hicieron añicos. Pero ser “lenista” no puede ser repetir párrafos enteros de la obra de Lenin – increíblemente actual si se lee atentamente -, ni siquiera repetir su nombre un millón de veces, aunque a muchos nos encante. Ser leninista es partir del hecho impepinable que somos la inmensa minoría pero que defendemos los intereses y las aspiraciones de la inmensa mayoría, para a continuación coger la realidad en nuestras manos y tener la suficiente audacia y osadía para transformarla, poniendo en marcha los mecanismos oportunos donde los trabajadores y las clases populares – de izquierdas y derechas – se vean representados y ser capaces de empoderarlos de tal forma que sean capaces de desafiar y derrotar al poder económico establecido, y al poder político que esté a su servicio. En los últimos meses he tenido la ocasión de conocer a numerosos grupos de personas de diversos territorios del país que están desarrollando una labor en este sentido, – sin contacto entre ellos y quizá sin ni siquiera haber leído a Lenin -, pero que merecen y merecerán la atención de quienes nos consideramos “leninistas”. No olvidemos que en ninguna de las organizaciones de la izquierda son todos tan puros, ni todos tan infieles. Lo que sí es importante delimitar la línea entre quienes quieren acabar en serio con el capitalismo, y quienes quieren hacerlo un poco menos criminal. Mientras no hagamos eso podremos sacar más o menos pecho por ser de la organización más o menos revolucionaria, más o menos leninista, pero sólo servirá para prolongar la desorientación de la llamada izquierda transformadora, para dejar que el capitalismo cure su herida, y para que tengan que volver a pasar una o varias generaciones para tener una oportunidad como ésta.Javier Parra. La Republica