4 de marzo de 2012

Cristina de Borbón y su ética impúdica

La presunción de inocencia es un concepto jurídico, y como tal corresponde su aplicación al ámbito jurídico. Como figura jurídica-penal, la presunción de inocencia no es lo mismo que como concepto ético-social. Los medios de comunicación han aportado documentos pertenecientes al sumario instruido por el juez instructor referidos al caso Palma Arena, en cuya pieza separada denominada operación Babel se implica a Iñaki Urdangarin y en los que se demuestra fehacientemente que este se ha beneficiado de la percepción de grandes sumas de dinero provenientes de administraciones públicas, a las que les fueron ofrecidos servicios sobrevalorados o incluso ficticios de parte de las empresas de su propiedad. Los contratos que estas administraciones públicas concedieron a las empresas de Urdangarin le fueron concedidos a este sin la intermediación de un concurso público , sino por la mera intermediación del esposo de la Infanta Cristina, que fue considerada por las administraciones públicas implicadas garantía suficiente para la concesión de los contratos, algunos de ellos para prestar servicios que nunca llegaron a materializarse. Lo que queda en evidencia de todas estas informaciones es que Urdangarin tejió con su socio Diego Torres una red de tráfico de influencias que amparándose en la corrupción institucional implementó una dinámica de expoliación de fondos públicos que entre otros beneficiarios han tenido como favorecidos al propio Urdangarin y a su esposa la Infanta Cristina. Urdangarin sigue teniendo la presunción de inocencia, entendida esta como precepto jurídico-penal, pero esto no puede ser utilizado como excusa para justificar socialmente una conspiración de silencio masiva en la que se impliquen medios de comunicación, comunicadores sociales, políticos o sindicales, y opinión pública en general. Todo ello teniendo en cuenta los signos nítidos de probables prácticas corruptas que se muestran como imputables a miembros del entorno de la familia real española. Dar información sobre estas prácticas y expresar sentimientos de impotencia y asqueo debido a ellas hacia Urdangarin u otros miembros de la familia real no ponen en duda la presunción de inocencia de Iñaki Urdangarin como imputado en el caso Palma Arena, lo que ponen en duda es su inocencia como actor social al evidenciar su falta de ética cuando se aprovecha de su pertenencia a la familia real para enriquecerse expoliando los fondos públicos. El mismo Urdangarin ha declarado ante el juez instructor que el rey le conminó a dejar de hacer negocios con su socio Diego Torres, negocios con administraciones públicas y a largo plazo según dijo, después de que apareciesen en prensa noticias que empezaban a poner en duda la legalidad de sus negocios con Diego Torres. La Casa de Su Majestad el rey actúo entonces al impulso de informaciones mediáticas, según el relato testifical de Urdangarin. ¿Qué valor tiene la persona de Urdangarin para que por si mismo las comunidades autónomas de Baleares o Valencia le hayan concedido contratos por valor de millones de euros sin la intermediación de concursos públicos?.. Es evidente que ninguno..pues su "valor" reside exclusivamente en su condición de cónyuge de la Infante Cristina. A raíz de la conminación de la Casa de Su Majestad el Rey a Urdangarin en el año 2006 para que cesase su relación empresarial con Diego Torres, fue este compensado con la concesión de un alto cargo en Telefónica que le reportó desde entonces un salario millonario. ¿Cómo se hace compatible qué la Casa de Su Majestad el Rey conminase a Urdangarin a dejar unos negocios que entendía como ilícitos, y como compensación le premiase con un alto cargo y un sueldo millonario en una empresa multinacional?.. La opacidad informativa favorece las dinámicas corruptas. La ciudadanía tiene derecho a estar informada sobre todo lo que afecta a la familia real, y a lo que no hay derecho es precisamente a que se mantenga a la familia real en una burbuja de irrealidad e impunidad que coloca a las personas pertenecientes a esta como seres por encima del bien y del mal, de lo humano y de lo divino. Cínicamente, Urdangarin ha utilizado una asociación sin ánimo de lucro, el instituto Nóos, para lucrarse impúdicamente explotando su condición de esposo de la Infanta Cristina. Cristina ha sido actriz necesaria en toda esta ingeniería de enriquecimiento ilícito, pues sin su concurso como hija real, la persona de Urdangarin no hubiera tenido peso alguno en el éxito de toda esta dinámica corrupta. Cristina de Borbón ha demostrado tener una ética impúdica al aceptar pasivamente lucrarse con el dinero procedente de las prácticas empresariales ilícitas de su esposo. Su actitud la hace partícipe de la corrupción que alimenta la injusticia social. ---------------- Fuente: Blog de José Ángel Hernández

La sonrisa del fantasma, libro de Daniel Bensaïd

Nuevo libro La sonrisa del fantasma Cuando el descontento recorre el mundo de Daniel Bensaïd (Sequitur, 2012) Prólogo de Josep Maria Antentas Descripción: ¿Quién puede decir hoy en día cómo serán las revoluciones de nuestro siglo? ¿Quién puede predecir, en un mundo que se resquebraja mientras se globaliza, cómo podrán las revoluciones locales o nacionales trasformarse en una revolución mundializada? ¿Quién puede pretender conocer las llaves y formas de las liberaciones por llegar? ¿Y quién puede prever, para evitarlas, las viejas y nuevas opresiones que puedan brotar entre las ruinas del viejo mundo? Y, sin embargo, el viejo topo sigue cavando. Y, sin embargo, el fantasma sigue sonriendo. Porque la historia no ha terminado y la eternidad no es de este mundo. Todo es aún posible. Daniel Bensaïd (1946-210), dirigente estudiantil de Mayo del 68, profesor de Filosofía en la Universidad de Paris VIII, fue uno de los filósofos marxistas más destacados de su generación. Prólogo de Josep María Antentas, profesor de sociología de la UAB Publicado justo en el cambio de milenio este pequeño libro de Daniel Bensaïd (1946-2010) se interroga, al filo del entonces recién 150 aniversario del Manifiesto comunista, sobre las posibilidades de reaparición del “fantasma del comunismo”. En un momento donde despuntaban ya las resistencias a la globalización que enterraron los discursos del “fin de la historia” de Fukuyama y el triunfalismo neoliberal el autor nos ofrece una impugnación global del (des)orden existente y la firme defensa de una política revolucionaria y anticapitalista. Evocando directamente al “nuevo espíritu del capitalismo” al que hacía referencia la importante obra de Luc Boltanski y Eve Chiapello publicada un año antes, Bensaïd nos habla de un “nuevo espíritu del comunismo”. Un comunismo cuyo significado es irreductible al estalinismo. Aunque las palabras estuvieran “tan enfermas que hiciera falta inventar otras, en el fondo seguiríamos siendo comunistas” defiende el autor, pues “el comunismo sigue siendo la palabra secreta de la resistencia y de la insurrección”. A través de un diálogo con el Manifiesto Comunista por las páginas de La Sonrisa del Fantasma nos encontramos con muchos de los temas recurrentes y de los autores de referencia de la galaxia y de la extensa obra bensaïdiana. El libro proporciona, más que una análisis en profundidad de las múltiples cuestiones que aborda, reflexiones de síntesis a modo de puntos de entrada en controversias que necesitan ser continuadas. Da unas primeras y someras pistas para orientar al lector/a en debates complejos. En La Sonrisa encontramos una lectura no determinista de Marx y su concepción de la historia, un aspecto central en el pensamiento de Bensaïd. Influenciado por Benjamín, abraza una lectura de la historia entendida como un camino de ramificaciones y bifurcaciones de resultado incierto y una re-evaluación crítica de la noción convencional de progreso. La reflexión sobre el tiempo y los tiempos propios del capital cruza todo el presente libro. Para el autor hay que concebir el tiempo desde su pluralidad duradera en el que las distintas temporalidades económicas, sociales, políticas, ecológicas...no tienen una armonía natural o preestablecida. La “discordancia de los tiempos” (título de uno de sus libros) es, sin duda, una idea central en su obra y de su visión del mundo. Bensaïd busca actualizar la crítica al capitalismo contemporáneo entrando para ello en el análisis de las transformaciones de las clases sociales, de la organización del trabajo productivo o del Estado bajo el impacto de la globalización, que “en realidad, es tan sólo la culminación de la generalización planetaria de las relaciones mercantiles” y que provoca una “crisis de civilización, inédita, donde se anudan la crisis social y la crisis ecológica. Ello se traduce en un nuevo reparto imperialista, en una redistribución de las desigualdades, en una redefinición de las jerarquías de la dependencia y la dominación”. El autor se pregunta también por las relaciones entre género y clase, debatiendo con Christine Delphy y Bourdieu entre otros. Sosteniendo que “la opresión contemporánea de las mujeres está estrechamente imbricada a una estructura dominada por la lógica mercantil” busca las posibilidades de una “alianza conflictual” entre conciencia de género y de clase, entre feminismo y movimiento obrero. La crisis ecológica, la “gran reveladora de los límites de la racionalidad mercantil” es analizada asimismo con la voluntad de desmarcarse del ecologismo de mercado y de la ecología profunda, en defensa de un ecologismo “social” y “humanista” que afronte la interrelación entre crisis social y crisis ecológica y contribuya a dibujar “los contornos de un ecocomunismo a venir”. Ante la mercantilización generalizada de las relaciones sociales y la privatización del mundo Bensaïd recuerda como la cuestión de la propiedad ocupa un lugar central del Manifiesto. En polémica con los discursos privatizadores y las críticas a la propiedad pública señala la necesidad de defender el concepto clave de “apropiación social” y plantea sin rodeos el dilema que encierra el debate sobre los servicios públicos: “o bien la planificación democrática y, a través de ella, el espacio público y las necesidades sociales; o bien el mercado y, a través suyo, el interés egoísta y el criterio del beneficio”. La globalización capitalista y su entramado institucional “modifican las condiciones de la intervención democrática” en un escenario donde el espacio público se reduce, el conocimiento experto se postula como sustituto de la política y la democracia se ve sometida “al despotismo del mercado de opiniones y del mercado simplemente” nos recuerda Bensaïd. Aboga frente a ello por una política del conflicto y del “contra-tiempo”, necesariamente “estratégica”, en la que subraya la diferencia entre lo político y lo social, entre movimientos sociales y partidos y, a la vez, su complementariedad recíproca. Ésta no puede basarse ni en la subordinación de los movimientos a los partidos existentes o a las instituciones, ni en el abandono del campo político en beneficio del activismo social que, de facto, “instaura una división de roles entre lo social y lo político que dejaría tal como está la política institucional y aquellos que la hacen”. Bensaïd escribió Le Sourire poco después que, bajo el impulso de las movilizaciones en Seattle frente a la Organización Mundial del Comercio en noviembre de 1999, el mundo viera emerger a la luz pública lo que vendría a llamarse movimiento “antiglobalización” (y cuyo origen se remonta a las primeras revueltas contra el neoliberalismo a comienzos de los noventa, como el alzamiento zapatista de enero de 1994). Aparecía así el renacimiento de un nuevo internacionalismo que “se anuncia, por primera vez, realmente planetario” y que constituye una respuesta desde abajo a la “universalidad confiscada por los vencedores de ayer y de siempre” y a la mercantilización del planeta, cuyo avance fragmenta y balcaniza paradójicamente el mundo, alentando los conflictos identitarios y las “pertenencias hostiles”. Señal que los sueños neoliberales de un capitalismo de horizonte permanente se habían revelado como ilusiones pasajeras propias de un exceso de confianza triunfal, el ascenso de las luchas “antiglobalización” en el albor del nuevo milenio ofrecía nuevas esperanzas y abría una primera brecha en el capitalismo globalizado:“hace ciento cincuenta años, el fantasma sólo recorría Europa. Ha ampliado su horizonte. A partir de ahora, recorrerá el mundo”. El autor termina el libro con una reflexión sobre un tema central en su compromiso militante y en su obra: la Revolución, cuyo nombre encarna a través los siglos “la esperanza testaruda de liberación, el rechazo obstinado a reducir lo posible a lo real” en un momento histórico donde la duda “se refiere menos a la necesidad urgente de cambiar el software de la sinrazón histórica que a los medios para conseguirlo”. Al leer La Sonrisa del Fantasma es inevitable pensar en otra sonrisa, la de Daniel Bensaïd. La sonrisa de quien sabe que, muy a pesar de los apologetas del dominio sin fin del capital, “la historia no ha terminado y la eternidad no es de este mundo”. La sonrisa de quien sabe que, a pesar de todo, “el fantasma sonríe todavía” y que quien ríe el último, ríe mejor. Más de una década después de la publicación del libro los temas que en él se tratan adquieren, a la luz de la crisis sistémica en la que estamos inmersos, aún más pertinencia. Y el futuro, nuestro futuro, aparece más que nunca ligado al fantasma y a su sonrisa. http://www.anticapitalistas.org/La-sonrisa-del-fantasma-libro-de