22 de marzo de 2012

La Transición era mentira

Nací en 1978, cuando se aprobó la Constitución, y crecí, junto a mi generación, con el relato de un proceso llamado La Transición, que condujo a los españoles, cainitas genéticos según parece, a construir una hermosa democracia moderna partiendo de una dictadura gris, agonizante, a la que supo doblegar y convencer para el tránsito. Nos exportaron como modelo a imitar para otros países que quisieran pasar del blanco y negro al tecnicolor. Nos llenaba de orgullo y satisfacción pertenecer a un país plenamente occidental. Cada año en el colegio recordábamos la maravillosa metamorfosis y los peligros que acechaban en sus márgenes: el 23F como frontera, la Guerra Civil como fantasma. En fin. Las instituciones y las normas derivadas eran garantes de este orden nuevo, había que cuidarlas y respetarla porque más allá estaba la barbarie y el retroceso. La Corona, la ley electoral, la liviana separación de los tres poderes, el peso no disimulado de la Iglesia, la amnesia con los crímenes de Franco, etc. Esas cosas eran buenas porque los españoles lo habían aceptado en paz y con el arma inédita del consenso. Fantástico. Pero a estas alturas ya sabemos que en todo relato hay dosis muy altas de ficción. Siempre. Y más en aquellos discursos culturales que quieren fortalecer un sistema de poder y legitimar unos valores y unos privilegios. No hay verdades puras. Aparte de la evidencia de que nuestra democracia no es sino una evolución pactada del régimen anterior, la actualidad nos deja muestras inequívocas de que la solidez del relato comienza a resquebrajarse. Los símbolos y los dogmas se van volviendo endebles, y el sistema va perdiendo, a pasos agigantados legitimidad para muchos ciudadanos, como yo, que han vivido siempre dentro de este conjunto de normas y valores. Ejemplos y contraejemplos, breves y recientes: el papel del difunto Manuel Fraga en la represión de los años 70 frente al impostado discurso de la Transición pacífica, unos muertos sin justicia y el responsable político elevado a los altares "democráticos". Incoherencia. Que un juez pueda investigar crímenes genocidas en países remotos pero lo tenga vetado en su propio país: el exjuez Garzón. Que tenga que venir un caso de corrupción tremenda para que la Casa Real decida, de manera sesgada, ofrecer una mínima porción del dinero público que maneja, o que venga una revista alemana a decirnos que el heroísmo demócrata del Rey el 23F pudo no serlo tanto. O la puntilla. La reforma constitucional de este verano por el tema del déficit, sin un amago de consenso político o consulta popular, de urgencia, con la sola firma de PSOE y PP y el aliento marcial de Alemania en la nuca. Con esas cosas, que son apenas una muestra mínima, ya vamos siendo muchos los que no nos creemos este sistema ni el relato que lo sustenta. Será cosa del abismo generacional. Que estamos mejor que con Franco, no lo pongo en duda. Pero muchos, cada vez más, no nos sentimos representados por el marco en el que nos movemos. Por su parte, la Cultura de la Transición, que es como denominó Guillem Martínez a este paradigma, en el sentido más amplio del término cultura, ahora flaquea, se revuelve y se endurece, del mismo modo en que lo hizo el Franquismo en su última fase. Nada extraño. Y es que este mundo, además, es muy distinto del de 1978 o 1981, y las democracias representativas de Occidente están siendo sometidas al imperio de los mercados, perdiendo su propio papel de intermediación con la sociedad, que vive entre el miedo y la desconfianza estructural al propio sistema, que el ciudadano percibe como algo nocivo e inoperante. Nuestra Transición, o al menos su relato, no decía nada de sumisión y pérdida de soberanía popular en aras del dios dinero. Seguramente estemos en el momento de exigir una nueva transición hacia una democracia digna del siglo XXI, aunque los pasos que se van dando nos encaminan hacia otros modelos más cercanos a lo que había en 1977. De nosotros depende. Algunos ya se han puesto a trabajar en ello.---- Escrito por Raúl Quinto---- Raúl Quinto es poeta, articulista y profesor de educación secundaria. De UCR

La República necesaria

Antonio Alvaréz Solís. GARA----- «El panorama es desolador», y más allá de los datos y números, el autor se centra en el lenguaje con que se trata «esta pérdida de vida colectiva». Apuesta por la necesidad de un frente amplio, por un gran movimiento republicano que acometa la tarea de reconstruir la soberanía popular y la libertad de los individuos y las naciones. Que defienda, en definitiva, la exigencia jurídica de seguridad social como el más importante título de propiedad en la sociedad. No basta para gobernar correctamente que haya verdad en los datos sino que hace falta que esos datos comporten un mínimo de aceptación y de bienestar social. Y los datos que maneja el Gobierno del Sr. Rajoy resultan aterradores. Las últimas cifras facilitadas por el Instituto Nacional de Estadística nos colocan ante la tremenda realidad de 5.270.000 parados, lo que equivale a un 22,85 % del censo de trabajadores. Más aún, el Gobierno de Madrid prevé que los números nos pondrán en el año actual ante una pérdida de otros 630.000 empleos, lo que supondrá que en el año presente se alcanzará un 24,3% en expresión porcentual. Es decir, que por cada cuatro trabajadores uno de ellos estará parado. Es más, el ministro de Economía, el inquietante Sr. De Guindos, afirma que «no es tan atrevido» para afirmar ahora que los parados serán más de seis millones. Quizá si se atreviera... El panorama es desolador. Con un Gobierno confesional como el que gobierna en Madrid ya han censurado gravemente la política del Sr. Rajoy, en una carta conjunta, organizaciones tan significativas como la Hermandad Obrera de Acción Católica y las Juventudes Obreras Cristianas, que apoyan su protesta en la olvidada doctrina del Papa Juan XXIII. El mismo cardenal arzobispo de la capital del Estado, Rouco Varela, ha tenido que desautorizar a las dos plataformas prohibiendo que se lea su carta conjunta en las iglesias de la archidiócesis. El Gobierno Rajoy empieza a manejar su poder llamando en su socorro a la prensa del régimen, a personalidades significadas e incluso a la jerarquía de la Iglesia. Mientras, los ricos de Europa, Alemania, Francia y los países nórdicos nos acucian a cumplir los recortes aún con mayor ahínco. Tanto nos acucian que el jefe del Gobierno, Sr. Rajoy, ha tenido algo parecido a un arranque de dignidad, aunque creo detectar en ese arranque más miedo que otra cosa, al decir que España es soberana y no cumplirá con la total moderación del déficit que le impone la Unión Europea. Incluso un neoaznariano como el Sr. Boyer calificaba de «brutales» los recortes que se están haciendo en los salarios y en los servicios sociales. Ahí están los números, pero, y esto es tan grave como los números, ahí está el lenguaje con que se trata esta pérdida de vida colectiva e individual. El tantas veces mencionado Sr. De Guindos ha rubricado los sangrantes datos añadiendo que la recuperación de una mínima normalidad hay que esperarla para un inconcreto «plazo medio». ¿Y en qué consiste un plazo medio? Pues es algo elástico, cuya dilatación es fijada por el Gobierno. Pero lo que pesa sin remedio sobre la vida colectiva es que hay muchos millones de ciudadanos que no pueden soportar ya su situación personal y doméstica. Hablar a esos ciudadanos, en muchas de cuyas casas nadie trabaja, de un «plazo medio» equivale a conducirles a una desesperación de cuyas consecuencias solamente tendrán la culpa los grandes empresarios que renunciaron a ejercer de tales y esos banqueros que han decidido solicitar préstamos portentosos de dinero al 1% en el Banco Central Europeo no para convertir ese dinero en crédito a la pequeña y media empresa, a los acogotados por las hipotecas, a las instituciones de perfil social sino para adquirir deuda del Estado que abona por ella el 4 o el 5% de interés. Sr. Rajoy: ¿acaso esa maniobra escandalosa no afecta a la dignidad de España, que tanto le preocupa a usted, y exige, por consiguiente, una respuesta contundente por parte del Gobierno, como sería, por ejemplo, atribuir esos casi trescientos mil millones de euros a una Banca pública que no quisiera lucrarse con esa criminal y por tanto punible operación filibustera? ¿Impediría esa intervención gubernamental el respeto al libre mercado que tanto alaban los predicadores del valor intrínseco de la iniciativa privada? ¿El libre mercado ha de tener siempre los mismos propietarios e idénticas víctimas? Entre los predicadores de esta política está el tan nombrado Sr. De Guindos, que acaba de hacer la fina matización de que hay que «desmitificar» las cifras, pues existe el «mismo drama social» con seis millones de parados que con el paro que ya existe ahora. Es decir, para el ministro de Economía da lo mismo cinco millones de heridos que seis. La cuestión hay que tratarla, al parecer, con cifras globales, pues no cabe andarse con cinco o seis millones de nimiedades que son, en resumen, las vidas de los trabajadores ¡Magnífico! ¿Es fascismo o no es fascismo lo que transportan en su bodega ideológica ese tipo de frases? El Sr. Rajoy defiende por fin la dignidad de España. Es decir, empieza a defenderla cuando los estudiantes se enfrentan a los guardias, cuando los trabajadores concienciados inician una verdadera reacción social, cuando los creyentes protestan públicamente y cuando los ricos países del norte pierden su respetabilidad y reclaman la venta de los españoles en el mercado de esclavos ¿Pero de qué dignidad hablamos cuando usted, Sr. Rajoy, pide la paz en la calle para no perjudicar la imagen de España, que para usted es, simplemente, su propia dignidad en las grandes reuniones internacionales? No saldrán adelante los pueblos como el español porque ya estamos ante necesidades muy profundas, que no se resolverán con parches monetarios ni con las llamadas al sacrificio de la ciudadanía ante una situación de la que esa ciudadanía es la primera víctima. Hace falta otro camino y otra historia. Es preciso que el pueblo se de cuenta de que no vale la pena cambiar de elección para el Parlamento ni hacer comparaciones entre los dos partidos, ya que los dos participan en el mismo tipo de cacería. Ahora que falta algo menos de un mes para que se cumpla el aniversario liberador de la II República, tan traicionada después por unos y otros -ay, Sr. Garzón, que poco hablan usted y sus ciegos admiradores «progres» de ese drama histórico-, sería bueno que la calle española se aprestara a protagonizar un entusiasmo republicano como el de abril de 1931, que supuso el intento de una modernidad social que pusiera en pie a este macerado país de improductivos compradores de deuda del Estado, de latifundistas con los sueños puestos en jornaleros de azadón, de militares que piensan siempre en el heroico fruto de las guerras domésticas, de obispos de palacio subvencionado, de escritores a tanto la línea, de políticos huecos, de policías irrespetuosos con la soberanía nacional depositada en cada ciudadano, de fascistas con el cerebro caliente, de grandes empresarios pendientes del amigo en el ministerio, de sindicalistas a ratos... Se necesita un gran movimiento republicano, pero vaciado esta vez de monárquicos danzantes, de retóricos de teatro fácil, de dirigentes de mercadillo. De fascistas retintos. Un movimiento republicano que volviera a llenar la calle de banderas y entusiasmo, de reclamaciones de libertad para los individuos y las naciones acosadas en el interior del Estado. Un país con dignidad y sin el rumor temeroso debajo de la manta que abriga la debilidad. Un liberal como Karl-Hermann Flack escribió esto que parece dedicado a un republicano español de hoy: «La exigencia jurídica de seguridad social es el más importante título de propiedad en la sociedad de masas. No es verdaderamente libre el que soporta por sí mismo todos los riesgos de la vida, sino aquel a quien se le ha quitado el temor ante una necesidad inmerecida, ante unos riesgos incalculables. La liberación de la angustia existencial, hasta donde es humanamente posible, constituye una de las más decisivas tareas en la sociedad de masas». He aquí, resumida en un solo párrafo, la gran tarea para reconstruir la soberanía popular y la libertad. ------------- Fuente: Gara

Sánchez Gordillo afirma que "no habrá pacto" tras las andaluzas y que IU es "la única alternativa decente"

El cabeza de lista de IULV-CA al Parlamento de Andalucía por Sevilla, Juan Manuel Sánchez Gordillo, ha afirmado este domingo que "no habrá pacto" por parte de su partido ni con el PP ni con el PSOE después de las elecciones andaluzas, puesto que considera que ambos están "descalificados" para gobernar, siendo Izquierda Unida "la única alternativa decente". Ampliar foto Sánchez Gordillo ha realizado estas declaraciones a Europa Press en una jornada en la que se han publicado varias encuestas que otorgan a su formación entre seis y nueve escaños en el Parlamento andaluz, acumulando entre un 8,7 y un 8,9 por ciento de los votos. Así, el diputado autonómico ha indicado que, en su visita a los distintos pueblos de la provincia por la que se presenta como candidato, la "pregunta del millón" que le cuestionan todos los vecinos es "qué va a hacer IU el 26 de marzo", en relación a una posible coalición de gobierno después de las elecciones andaluzas. "Quiero que quede muy claro. No queremos ni a unos ni a otros", ha aseverado. En este sentido, ha apuntado que "no es cuestión de elegir entre demonios azules y demonios rojos desteñidos, porque ambos nos llevan al infierno, que es el capitalismo y sus políticas procapitalistas". Sánchez Gordillo ha hecho hincapié en que tanto PP como PSOE han llevado a cabo reformas laborales, son "corruptos", han llevado al país "a la guerra" y han "vendido a Andalucía con la privatización de las cajas de ahorro". Así, el candidato de IULV-CA considera que, frente a la "derecha troglodita" del candidato 'popular', Javier Arenas, y un candidato socialista "moralmente descalificado" para volver a ser presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán; IU es "la única alternativa decente". "A los andaluces les digo que a quien vota a su verdugo le está prestando una soga para que se ahorque", ha apostillado. El también alcalde de Marinaleda ha señalado que tiene una apretada agenda esta campaña electoral con una media de tres o cuatro actos al día —este domingo ha visitado El Viso del Alcor, Casariche y La Roda de Andalucía—, añadiendo que en todos los municipios a los que acude está observando "bastante afluencia", con "una gran conexión con la gente que entiende el mensaje que se les lanza desde IU". IU".http://www.20minutos.es/noticia/1342735/0/

15-M, DE LA INDIGNACIÓN A LA DILUCIÓN

Por Marat---- Después del 15-O de 2011, fecha de la gran conjunción cósmico-global del movimiento indignado, el M 15M, como lo denominan sus miembros, ya no ha vuelto a ser ni siquiera un pálido reflejo de lo que fue. Lo decíamos el mismo 15 de Octubre de 2011 con motivo de tal evento: “En realidad el 15-O no es el inicio de nada que pueda llamarse revolución sino el cierre del círculo (tan redondo como la inicial O) desde dentro. Al mundial sólo puede sucederle, en el mejor de los casos, el mundialito. Cuando la teoría y la práctica “revolucionarias” no están dispuestas a ir más allá de lo que sus líderes (que los tienen) y sus individualistas activistas de clase media pretenden, el viaje de la locomotora no puede continuar porque le faltan energía motriz, raíles y estación de destino” (1) El movimiento de los “indignados” que, recordemos una vez más, ya que la memoria es frágil, se inició con aquello de “unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores” (2). Pasado el tiempo, no han cambiado tanto las definiciones o la indefinición del movimiento que tuvo su origen “oficial” en Democracia Real Ya, aunque buena parte del 15-M diga no identificarse ni sentirse representado por esa plataforma. El modo en que se defina políticamente cada miembro del 15-M es irrelevante porque las voces del propio movimiento afirman que nadie les representa y que cada miembro se representa a sí mismo. Su rechazo al capitalismo, puro enunciado antineoliberal, es una mera protesta dentro de los límites de un Estado capitalista del Bienestar ya muerto. La prueba del algodón para conocer qué predican los indignados consiste en tratar de encontrar un documento consensuado que resuma claramente cuál es su proyecto de sociedad y que no se quede en el absurdo aserto de una “democracia real” porque, al fin y al cabo, ¿cuál es el modelo económico de esa democracia real? "Los movimientos espontáneos son minoritarios, ni siquiera son de izquierdas, son pura manifestación de energía, no tienen tesis ni un programa político, sólo tienen frases contundentes que no son tesis políticas, apenas eslóganes. Ahora el efecto es que los movimientos se han quedado en silencio", afirma Raffaele Simone (3), uno de tantos teóricos que ha guardado mutismo mientras el 15M y la Multinacional de Franquicias Indignadas estaba en la cresta de la ola aupada por los voceros mediáticos del capitalismo. Pero Raféale Simone dice algo más, sumamente interesante: "Esos movimientos pueden dar impulsos. No hay discursos articulados. No tenemos más". ¿Antes teníamos menos, no? (pregunta el periodista que le entrevista) "Sí. Ahora tenemos energía, pero esta energía tiene que canalizarse en partidos. Reflexionemos sobre sus exigencias. Pero ellos no son una respuesta política". He aquí dos de las principales –no las únicas, como veremos más adelante- fuentes del fracaso de la “indignación”: la falta de proyecto y la falta de organización, del intelectual orgánico de la concepción de partido gramsciana. Pero la ausencia de organización partidaria, por mucho que se empeñen en negar la representación y la estructura partido los asambleístas indignados, implica otras carencias que se han plasmado en el efecto souflé de un movimiento que avisaba ruina desde sus inicios, dada la carencia de materia sólida en su interior. Las ideas, si se tienen, necesitan organización. La vieja tesis leninista se impone por la terquedad de los hechos como otras veces en la historia. Una “ideología” evanescente, apoyada en un lenguaje metapoético, pretencioso y efectista, de frases “ingeniosas” sin valor operativo alguno, mero “déjà vu” del 68 francés, un mensaje dirigido a los hijos de la clase media sin acceso al estatus que ahora empiezan a perder sus propios padres, una coordinación tan pobre como unas asambleas diseñadas para perder interminablemente el tiempo hasta que las decisiones puedan ser tomadas por los incombustibles, no podían persistir más tiempo de lo que duró la moda de la performance en plazas y barrios. Recuerdo aún cómo se sostuvo esta burbuja con el apoyo público de premios Nobel de Economía (el keyneskiano Stiglitz), ex funcionarios del FMI (Punset), la infraestructura de telecomunicaciones prestada por magnates de las TIC multimillonarios (Martin Varsavsky), el seguimiento masivo de los principales medios de comunicación, la portada de la revista TIME 2011, el reconocimiento del vocero del capitalismo financiero global Financial Times,...Y es que esa burbuja, como la del ladrillo y la financiera primero, sólo tenía aire dentro y un sospechoso impulso externo que le hacía elevarse hacia los cielos como un globo aerostático. Pareciera que los sectores económicos más poderosos del sistema capitalista necesitasen crearse una oposición autocontrolada (pacífica y de pensamiento no violento), interclasista e integrada que denunciase la “dictadura de los mercados”, criticase a los bancos pero mucho menos al capitalismo, se declarase anticapitalista pero no partidaria de una sociedad socialista, situando el horizonte de su R-Evolución (cualquier cosa con tal de ser moderados) con una “democracia real” a la islandesa que no ha tocado nada esencial de la propiedad privada, tomase las plazas pero no los centros de trabajo,... Cuando un sistema económico no tiene enemigos se los inventa. En tiempos de rabia e ira sociales es necesario soltar un poco de presión de la olla para relajar tensiones y evitar, a su vez, otro tipo de respuestas menos integrables o bien estallidos sociales, sin dirección política, pero peligrosos para la “paz social”. De Reykiavik a El Cairo, de Wall Street a Londres, pasando por Madrid, ninguna protesta tocó lo esencial de una sociedad dividida en clases. En unos casos porque el islamismo era la fuerza subterránea decisiva de sus sociedades, en otros porque hace demasiado tiempo la izquierda renunció a asaltar el Palacio de Invierno para convertirse en guardias de ese mismo Palacio, mientras se dejaba corromper por los ideólogos de la sociedad liquida y el poder difuso, del antineoliberalismo de cómodo paraíso de Estado del Bienestar que ya no existe y de promesa de paz, Nueva Era y amor cósmico. Si un efecto final ha tenido el entramado indignado es el de convertirse en una fábrica de frustración. Gentes que se acercaban al escenario público, muchos de ellos por primera vez en su vida, la mayoría muy jóvenes y sin experiencia política alguna pero sobrados de prepotencia y en posesión de su verdad, como si no hubieran existido antes movilizaciones y luchas infinitamente más combativas que las suyas, sólo porque ellos no habían estado jamás allí, son las mismas gentes que después de unos meses se han vuelto a sus casas y muy probablemente, en su mayoría, ya no vuelvan a salir de allí jamás porque ya disfrutaron su particular Mayo del 2011. Las burguesías pequeñas y medianas no van a hacer ninguna Revolución. Ya la hicieron en 1789 y en 1848. La revolución no se hace para mantener lo que se tiene y rara vez se ha hecho cuando se teme perder algo. Ante el temor a la pérdida de estatus las burguesías reaccionaron en Europa con los fascismos. Las revoluciones se han hecho siempre con el objetivo de ganar algo distinto a lo que existe y no se entiende qué sea ello que las clases medias no tuvieran antes de que crisis capitalista estallara. En las movilizaciones del 15-M el componente fundamental ha sido el de los jóvenes universitarios y de estudios superiores, provenientes de las clases medias urbanas, por mucho que ahora quieran recibir ayuda suplementaria de los pensionistas, yayoflautas como se hacen llamar a sí mismos. La base obrera clásica, trabajadora en categoría moderna, asalariada en términos globales, ha sido muy escasa y ello por diversas razones. La primera nace de la propia crisis de la izquierda y del domesticado movimiento sindical, muy mayoritario. Si la composición social de los indignados hubiera sido otra el discurso indignado habría sido muy diferente, su relato hubiera expresado la voz de la lucha de clases, se hubiera centrado mucho más en el mundo del trabajo y de las relaciones sociales de producción y sus proclamas hubieran tenido una radicalidad de proyecto social, aunque fuera como consigna, mucho más ambiciosas. Cabe incluso pensar que muy probablemente ese movimiento respondiera a otro nombre muy distinto al pequeño-burgués de “indignados”, nacido de la mente de un anciano anticomunista y partidario de la OTAN como Hessel. Las palabras nunca son neutras salvo para los que justamente quieren colar de matute su averiada mercancía ideológica. Pero la clase trabajadora tampoco podía reconocerse en unas proclamas sobre políticos y banqueros que igualaban al raso a todos los primeros y limitaban la crítica al capitalismo a los segundos, quedándose siempre a las puertas de los centros de trabajo, de esos centros de trabajo con sus EREs, sus accidentes laborales, sus sobredimensionadas jornadas laborales con horas extras impagadas, sus condiciones de trabajo deterioradas, el miedo permanente al despido, el silencio ante el despotismo del superior jerárquico por temor a las represalias,...Pasado el primer calentón tras la primeras manifestaciones públicas del 15-M vieron que era demasiado exquisito este movimiento para ser capaz de acercarse sin la prepotencia del señorito universitario, que tanto ignora, a tan “vulgares” realidades. La paradoja de las “izquierdas sistémicas” que actúan entre los indignados ha sido la de ir imponiéndose lentamente en el control (la horizontalidad es la patraña de quienes creen que los demás nunca hemos conocido como funcionan los movimientos difusos y asamblearios) del movimiento presentando una aparente radicalidad en las formas pero manteniendo un fondo de discurso tan moderado como el existente en origen. Sus propuestas de la Comisión de Economía caen del lado del más burdo keynesianismo, restablecedor de la recuperación económica capitalista, sin apuntar en ningún caso a la ruptura del orden económico del capital. Y es que en el fondo ese es el horizonte del 15-M y de la gran mayoría de las “izquierdas” que actúan dentro de él: el restablecimiento de la situación previa a la crisis y la vuelta a los momentos de bonanza económica. Una cosa son los lemas que se corean ocasionalmente y otra muy distinta las estrategias y el fondo ideológico desde el que gritan las gargantas. Pero por si esto no fuera suficiente para ver qué defienden las “izquierdas sistémicas” dentro del 15-M baste el botón de sus planteamientos en relación con el asunto de los desahucios de hipotecados. Es llamativo que existiendo entre 2 y 3 millones de pisos vacíos sin vender, y sin ocupar, quienes defienden a los hipotecados frente al desahucio propongan la alternativa de la dación en pago, que es la garantía de la patada en el culo al desahuciado y su familia, con la gracia dadivosa de que el banco se conforme con no embargarle la cuenta hasta que satisfaga el último céntimo del préstamo. ¿Qué hacen esos 2-3 millones de pisos vacíos, señores indignados de “izquierdas”? Alguien que tuviera menos respeto a la propiedad privada que ustedes utilizaría el ariete de la patada en la puerta y colocaría dentro a la familia desahuciada. Menos radicalismo de boquilla antibanqueros y especuladores y más consecuencia. Momentos sociales y económicos dramáticos exigen respuestas contundentes. No se intente hacer pasar como creación combativa de los indignados al movimiento YO NO PAGO. No es un producto creado por el 15-M. Ha sido importado desde Grecia por diversos sectores de los movimientos sociales que pueden estar o no ampararse bajo el paraguas nominal de indignados. Den Plirono (YO NO PAGO) existía en Grecia mucho antes de que se crease la Plataforma de Coordinación de Grupos Pro Movilización Ciudadana (luego DRY), origen aparente de todo lo que vino después. En Grecia empezó todo. La democracia y la combatividad auténticamente revolucionaria plasmada en luchas infinitamente más dignas y anticapitalistas de lo que los DRY y el 15-M han pretendido jamás. Será por eso que allí les quitaron la careta a los indignados y su “movimiento” fue flor de un día. Aquel discurso antipartidos de los meses pasados, aquella negación de las categorías izquierda derecha y de su antagonismo, aquella afirmación de unidad de régimen –PPSOE- han contribuido al desarme de las izquierdas, a su desmovilización bajo el mendaz argumento, sólo útil para el enemigo de clase de los trabajadores, del “todos son iguales” y a una aplastante mayoría del PP en todas las instituciones cuyas consecuencias las está pagando nuestra clase con la más salvaje agresión a nuestros derechos que podamos recordar. Por supuesto que las políticas del PSOE abrieron las puertas al triunfo del PP. Por supuesto que el PSOE merecía ser duramente castigado pero aquella campaña basura del “NO LES VOTES”, impulsada y amparada mediáticamente por los liberales y reaccionarios de toda laya y condición fue muy útil a opciones populistas como UPyD y al propio PP, cuya base social no se desmovilizó en absoluto, antes que a cualquier opción de las izquierdas. Éstas recogieron magros resultados, cuando la reacción de la derecha y el capital hubieran debido provocar la contrareacción contundente de un giro a la izquierda, como respuesta. Pero, paradójicamente, las propias izquierdas fueron cómplices necesarios de ese ariete llamado 15-M, utilizado contra ellas. Se ha aludido desde este movimiento con gran frecuencia a los mensajes de El Roto que, unas veces les ha adulado y que, otras, quizá aportase unos mensajes que necesitaran una segunda pensada. Aquella viñeta que decía “los jóvenes salieron a la calle y súbitamente todos los partidos envejecieron” quizá tuviera más lecturas que la interesada de quienes se han recreado en su propio ombligo durante todos estos meses. Envejecer a todos los partidos, sin distinción, es negar la esencia de la representación plural de intereses que son diversos y, cada vez más antagónicos, en nuestra sociedad. Es negar la base de la democracia política y la vertebración de la lucha política que, de otro modo, se hace amorfa e indiferenciable en objetivos, programas e ideologías. Que los partidos de las izquierdas necesiten una profunda renovación –las derechas ya lo hacen en un baile ideológico que involuciona al siglo de Dikens en lo social y a los años 30 del siglo pasado marcando el paso de la oca alemán en lo político-, que los poderes reales de los capitalistas hayan dejado sin el mínimo resquicio de autonomía política a las instituciones –no otro han tenido siempre en la democracia burguesa- no puede significar que las formas partidarias deban ser satanizadas y disueltas bajo un transversal ciudadanismo interclasista que le saque las castañas a la pequeña burguesía urbana y a sus hijos. La negación, de facto y de discurso, de que la crisis capitalista sólo puede tener una respuesta de clase, la de los trabajadores, en la que las organizaciones de las izquierdas son decisivas para organizar la lucha ha traído la confusión ideológica, interesadamente promovida, de las primaveras árabes y de la “revolución ciudadana islandesa”. Las primeras se han convertido ya en inviernos fundamentalistas y en revoluciones naranjas promovidas por el imperialismo y la segunda es una mera relegitimación de la democracia burguesa. La nacionalización de sus bancos no es otra cosa que la garantía del reflote de la estructura financiera de un país de clases medias en el que cerca del 30% de su población era inversora en la burbuja que les estalló tiempo antes. Nacionalizar dentro del sistema capitalista no conlleva propiedad social de los medios de producción sino sacar las castañas del fuego a empresas con pérdidas que cuando den beneficios serán devueltas a la propiedad privada. Y por supuesto no ha significado tampoco en el caso islandés un cambio en las relaciones sociales de producción. Lo que sí constituye una respuesta revolucionaria es la toma del control obrero de las empresas, como ha sucedido en el Hospital de Kilkís en Grecia (4). Eso sí supone algo radicalmente distinto al gatopardismo islandés porque es germen de socialismo. El reformismo burgués del 15-M es, en esencia, el mismo que impregna a las izquierdas que actúan en su interior: su programa de lucha contra el capitalismo es, en palabras claves: ciudadanía, revolución islandesa, revoluciones árabes, democracia contra los mercados (como si los “mercados” no hubieran sido, desde siempre y alternativamente, perfectamente compatibles con la democracia burguesa y con la dictadura política) y Proceso Constituyente (éste entre una parte de esas izquierdas). El Proceso Constituyente que impulsan sectores de IU, algunos republicanos que están meando fuera del tiesto al dar protagonismo a la lucha por la República antes que a la lucha de clases, el grupo socialismo del Siglo XXI Y sectores de la secta trevijana del MCRC. El Proceso Constituyente representa, ante todo, una nueva Pepa (Constitución de 1812 para el siglo XXI), como colofón de una nueva revolución democrático burguesa; algo radicalmente alejado de la auténtica democracia socialista de los consejos obreros, de una política de clase, sin pactos con la burguesía, de la toma del poder económico por los trabajadores y de la construcción de un proyecto de Estado sólo por y para la clase trabajadora. Pero los sectores más combativos de las izquierdas y del sindicalismo griegos no bebieron de las fuentes oportunistas que arrojaron a las organizaciones españolas a los brazos de un movimiento al servicio de los intereses de la pequeña burguesía, aquella que nunca se indignó antes de la crisis contra las duras condiciones de la mayoría de los trabajadores, mileuristas que nunca gozaron de sus simpatías. Las izquierdas que participan del 15-M se han encontrado enfrente potentes corrientes, de la derecha del movimiento, la populista y, oficialmente antipartidos (en las elecciones municipales y generales han intentado poner en pie sus candidaturas reaccionarias) y también de la libertaria, rabiosamente antimarxista y siempre antipartidos. Y es cierto también que han luchado por evitar esa pauta pero lo han hecho sin combatirla frontalmente, por temor a ser acusados –lo que de cualquier modo ha ocurrido- de querer manipular al 15-M o de intentar destruirlo. Algo empezó a cambiar en la manifestación de laicos y ateos contra la visita de Benedicto XVI en Madrid, cuando todas las izquierdas salieron con sus banderas y sus identidades a la calle (mientras la comisión de pensamiento del “movimiento” se prodigaba en abrazos con la alegre y benedictina muchachada de las JMJ), después de tener que ocultarlas en las manifestaciones del 15-M, del 15-J (Junio y Julio), por presión de los políticos antipartidos. Continuó cambiando durante las movilizaciones de la “marea verde”, lo ha hecho después en las sucesivas manifestaciones en defensa de los servicios públicos en Madrid y contra “les retallades” en Barcelona, en las movilizaciones contra la Reforma de la Constitución y en cada sucesiva movilización que se ha producido ante las políticas antisociales del PP. Pero este cambio se ha producido de nuevo desde el oportunismo, justo cuando el 15-M ha evidenciado su agonía tras las elecciones del 20-N, a pesar de la obstinación de los medios de comunicación de cubrir toda movilización bajo las siglas del 15-M o el nombre de indignados. Para muestra baste el último botón (5) del diario Público, cuyo titular tiene poco que ver con el desarrollo de la noticia y la evidencia de la pluralidad grupos de la última convocatoria en Sol contra la reforma laboral del PP. El 15-M se escurre como agua entre los dedos de una mano mientras las siglas y las organizaciones van adquiriendo protagonismo. El espejismo de un 15-M vivo continuará hasta que los medios de comunicación que le dieron su bendición y relevancia decidan firmar su certificado de defunción. Es significativo el modo en que la palabra indignado, ya desafortunada en su origen (6), se banaliza día a día. Cualquier protesta, al margen de su causa, que salta a los medios de comunicación se ve acompañada por el término en sus titulares. Se indignan los deportistas españoles al ser tratados por los medios franceses como yonkies, se indignan los participantes en los programas de telerealidad y casquería, se indigna el conductor multado por la avidez recaudatoria de la DGT, Mourinho está siempre indignado,... Y, en el colmo del oportunismo, vemos ahora una sucesión de opiniones abiertamente críticas hacia los límites de proyecto del 15-M de quienes antes eran convencidos de las virtudes “revolucionarias” de la indignación (7), algunos de ellos martillos de herejes de quienes nos oponíamos desde el principio al carácter puramente regresivo de este movimiento (8). El listado sería realmente largo, con la excepción de algún incombustible entusiasta para el que el aparente reflujo del 15-M es cosa de que hace mucho frío en invierno (como si la ola siberiana se hubiese anticipado ya desde Octubre, Noviembre, Diciembre y Enero), que en cuanto llegue la primavera se tornará florido, luminoso y masivo (9). De cualquier modo, estos análisis ignoran que las razones que esgrimen para explicar el desinfle del 15-M son casi siempre superficiales. Más allá del origen de este movimiento, sobre lo que no volveré porque lo hice en su día, su discurso vacío, su desconexión con quienes de verdad tienen razones para expresar no su indignación sino su rabia –la clase trabajadora-, su ataque visceral, aunque merezcan la repulsa social por pactistas y entreguistas, a los sindicatos mayoritarios, olvidando que en ellos están la inmensa mayoría de los asalariados organizados, su discurso “superador” de la contradicción izquierda-derecha, su vacío ideológico, la carencia de proyecto (el “vamos despacio porque vamos lejos” ya no tapa indigencias), la simplificación de su discurso a eslóganes y la percepción muy extendida de haber sido el caballo de Troya al servicio del PP explican dónde está hoy el 15-M. La realidad es que, a pesar de que se intente negar la evidencia tanto DRY, como el asambleario 15-M apenas son ya un pálido reflejo de lo que fueron en las redes, en la propaganda de calle, en la asistencia a sus asambleas (muchas existen sólo nominalmente) y en los medios de comunicación que, no obstante, recogen cada última genialidad del “movimiento”. De hecho, la aparición del periódico que se hace llamar Madrid 15-M pero que afirma que no hablará en nombre de tal sino sólo de las actividades de las asambleas (la vieja muletilla del somos pero no somos, nadie nos representa pero nos representamos todos y vaguedades similares) no es otra cosa que un intento de seguir en un candelero que se apaga en su protagonismo por momentos. La escasa presencia de gente en sus actos (decenas o algunos cientos en el mejor de los casos) se convierten finalmente en hechos irrebatibles que dicen mejor que cualquier opinión siempre discutible qué fue de aquél sarpullido primaveral indignado. Nadie se engañe. No ignoro la dificultad de poner en pie un proyecto de revolución social contra el sistema capitalista. La ausencia de una izquierda que merezca llamarse tal, de un partido organizado de clase, fuerte, con un programa y una estrategia capaces de superar la esclerosis que atenaza tanto a reformistas como a grupos más radicales y la situación de una clase trabajadora que no se movilizará hasta que las circunstancias sociales, económicas y políticas hayan madurado suficientemente, lo impide. Pero los hechos han convertido en obvio que el 15-M no es el la tarea de los revolucionaros “mientras tanto”, por mucho que la revista que en su día creó Manuel Sacristán le rinda entregado culto. Ni su orientación ideológica, ni sus propuestas, ni su sustrato de clase responde a un planteamiento que nos haga avanzar ni un solo centímetro en esa dirección. Más bien el 15-M se ha convertido en un virus inoculado a un sector de las izquierdas que si antes de él estaban desarmadas y presas de un pragmatismo vergonzoso, aunque con un viejo eco de utopía, ahora incluso han renunciado al horizonte que evocaba ese eco, justo en el momento en que es más necesaria que nunca la reconstrucción de la vieja/nueva, porque siempre lo es como aspiración más noble de la Humanidad, esperanza socialista. Es necesario romper ya esa vieja trampa que consiste en creer que porque me manifiesto hago algo útil, ignorando si las propuestas con las que me manifiesto son realmente alternativas y ayudan a romper con el capitalismo y construir una nueva sociedad o son un trampantojo para entretener a incautos e impedir que se levante un proyecto con toda la radicalidad socialista necesaria para derrocar el capitalismo porque de eso se trata ya que sin la toma del poder todo es ilusión y narcótico. Cuando acabo de redactar estas líneas Grecia está ardiendo tras dos días de combativa Huelga General, con la experiencia militante de dos largos años de proceso de acumulación de fuerzas en una dirección revolucionaria. Ellos, los trabajadores griegos, sí saben a dónde quieren ir y lo hacen sin agitar manitas al sol, ni narcóticos gandhianos sino con organización, dirección revolucionaria, mensajes claros y la convicción de no dar un paso atrás. Escrito por Marat----- http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2012/02/15-m-de-la-indignacion-la-dilucion.html NOTAS: (1) http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com/2011/10/15-o-cerrando-el-circulo-desde-dentro.html (2) http://www.democraciarealya.es/manifiesto-comun/ (3) http://www.publico.es/culturas/420264/esta-izquierda-huele-a-derechas (4) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=144408&titular=hospital-bajo-control-obrero- (5) http://www.publico.es/espana/421422/el-15-m-protesta-contra-la-reforma-laboral-y-los-recortes-en-igualdad (6) http://antigonia.com/2011/10/16/por-que-no-siento-nada/ (7) http://laprisionmental.wordpress.com/2011/05/31/no-hay-objetivos-comunes-reconozcamoslo-de-una-vez-movimiento-15-m/ y también http://jsmutxamel.blogspot.com/2012/01/el-15m-mayo-noviembre-relato-de-un.html (8) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=142551 (9) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=144178