16 de abril de 2012

Su majestad, cazador blanco, corazón negro

No sé que pensaran ustedes, pero el hecho de que la cabeza de la institución monárquica (esa reina y que marca los límites a unos gobiernos que se vistan como se vista, únicamente pueden ser de derechas o de derechas), sea objeto de las mofas más crueles en un programa como el de Buenafuente el domingo a la hora punta, y presumiblemente en su punto más alto de audiencia, me parece que revela más cosas de las que podemos imaginar. Los cambios no llegan cuando las minorías esclarecidas gritan más o menos fuerte, llegan cuando esos gritos tienen su eco hasta en las mayorías más alineadas, y cuando hasta las entidades más conservadoras se ven llamadas a sacar beneficio de una situación de libertinaje, por emplear términos muy queridos a Manuel Fraga Iribarne en aquellos tiempos en los que el “gran cazador” aparecía en el NO&DO. Buenafuente comentó que con todo lo que estaban haciendo la casa real, los republicanos se tendrían que dedicar a otra cosa. Pero quizás sería más ajustado decir que no pasa semana sin que la casa real no haga a los republicanos (una palabra que, conviene subrayarlo, en este país tiene un significado muy distinto al de por ejemplo, Portugal, donde se mantuvo la República, eso sí, gobernada por una suerte de CEDA hasta 1974). Y no ha sido únicamente Buenafuente, hasta un diario tan tan monárquico como “El País” se ve obligado a dejar hueco a artículo como el de Carlos Boyero, el crítico de cine –que por lo general, ha sido el espacio de mayor libertad en este diario-, al que cito ampliamente porque vale la pena por lo singular: “. El accidente de caza del rey de España en Botswana, mientras se dedicaba al implacable deporte de matar elefantes, vino a coincidir con la conmemoración del octogésimo primer aniversario de la segunda república española, proclamada un 14 de abril de 1931 cuando los partidos monárquicos perdieron las elecciones municipales y Alfonso XIII decidió coger las de Villadiego. No se trata de una simple anécdota. Bueno está lo bueno. Que el rey que supuestamente se preocupa de la pobreza y desesperación de los españoles bajo la crisis, invierta una fuerte suma –pública a todos los efectos dada su condición de Jefe de Estado—en matar paquidermos en dicho país africano, supone un exceso que la España de los cinco y medio millones de parados no puede aceptar así como así. En este suceso, caben todo tipo de consideraciones, empezando por las puramente humanas: este nuevo revés del monarca tiene lugar la misma semana en que su nieto Froilán sufre otro accidente de caza cuando estaba acompañado por su padre Jaime de Marichalar, a quien no se detiene en ningún momento ni se cuestiona su tutela, lo que no sería concebible en ningún otro caso a la luz de la ley de protección del Menor. Mientras el niño se repone de su herida en el pie, su abuela se encuentra en Grecia visitando a unos parientes pero nadie sabe que Juan Carlos I ha viajado al continente africano de donde tiene que volver de prisa y corriendo, a no se sabe qué precio, para ser operado de urgencia de una fractura de cadera con cargo siempre a los menguados presupuestos de todos los españoles sobre los que reina. Todo esto viene unido a los escándalos sobre las implicaciones de su yerno Iñaki Urdangarín de la trama Noos de corrupción en Mallorca, la sorprendente falta de imputación sobre su hija, la Infanta Cristina, que se desgravaba parte de los gastos de la sociedad sobre la que ahora parece carecer de responsabilidades en la compleja trama de Palma Arena. A España toda, la monarquía empieza a no resultarle simpática. Nunca lo fue, pero siempre se salvó la figura del actual rey por su aparente papel durante la transición. Ya no hay tal. Más allá de sus amoríos bajo una sorprendente doble moral que tampoco le sale gratis a sus súbditos, los partidarios de dicha forma de jefatura de Estado tendrían que aprestarse a exigirle que abdicara en la figura de su hijo Felipe de Borbón, antes de que cualquier nuevo José Ortega y Gasset proclamase de un momento a otro lo de “Delenda est monarchia”. Y no solamente “El País”, también un partido tan monárquico como ese que ha convertido las siglas PSOE en una empresa de pesebres, se ha atrevido a soltar un pequeño exabrupto por parte de uno de barones “rebeldes”, aunque también es verdad que la señora Elena Valenciano ha precisado que cuado se habla del rey, ellos callan y se ponen firmes. Pero la pelota rueda, y la última foto va a tener un precio muy caro, quizás hasta el merecido. Algo así se podía intuir cuando los bustos parlantes de TV3 advertían que el video que iban a pasar “podía herir la sensibilidad de los espectadores”, y a continuación pudimos ver al emprendedor empresario de la empresa de la que el rey más que cliente es colega, disparar a la frente de un extraordinario paquidermo. En casa, que como en otras muchas, somos fervientes animalistas, las imágenes nos sacaron de quicio. Desde luego, de habernos encontrado con el empresario habríamos sacado todo el caudal de insultos. Hay que ser muy despreciable para disparar a un animal sobre el que cada dos por tres vemos documentales que testimonian de su irremisible extensión (al final quedaron los más tristes, o sea los que están encerrados en los parques zoológicos), con total impunidad. Es una escena en la que no existe el menor riesgo, la menor dosis de aventura, nada que no se pueda entender como expresión de una decadencia moral. Cómo no podía ser menos, las últimas generaciones hemos crecido viendo documentales y películas en las que el exterminio de animales como los elefantes nos han ido forjando una sentimiento de vergüenza de especie. Este sentimiento ha sido tan intenso que llegaría hasta el mismísimo Hollywood que había magnificado la leyenda del “gran cazador blanco” en películas como Trader Horn. Pero al igual que ocurrió con la cuestión judía o la de los nativos norteamericanos, fue surgiendo una nueva conciencia. Muestra de ello es que uno de los argumentos más socorrido de las películas sobre Tarzán, llevaba a este a enfrentarse a bandas de malhechores que mataban elefantes para traficar con el marfil. Incluso en una película tan emblemática como Las minas del rey Salomón, el mítico Allan Quatermain (inmortalizado con el rostro de Stewart Granger con sus primeras canas), éste desprecia a los turistas que quieren cobrar su pieza sin riesgos. Este discurso fue acentuado en una película que llevaba este hilo hasta las últimas consecuencias, El último safari (The lasta safari, USA, 1967), donde el mismo Stewart Granger, ya totalmente canoso y cansado, casi vomita sobre esos cazadores domingueros, y de paso sobre su propia profesión. Es más que posible que hubiera un cierto oportunismo en esas denuncias, pero de lo que no hay duda es que tuvieron su impacto sobre los espectadores de todo el mundo. El personal interesado encontrará más datos en mi artículo "Las minas del rey Salomón” como ejemplo, aparecido en Kaos. De ahí todo el alud de películas de aventuras neocoloniales en las que los aventureros asumen ya totalmente el rol de defensores de la fauna amenazada, especialmente de los elefantes. El listado de títulos es muy amplio, y como ejemplo anotemos algunos que no son muy recordados como Un lugar lejano o Cazadores de marfil, y en los que hay una trampa: los culpables tienen los rasgos de cazadores furtivos, y los conservacionistas son norteamericanos ávidos de una buena causa. Con todo, son películas que tiene garantizados cuanto menos dos factores a favor, uno es el despliegue de imágenes deslumbrantes de África y de su fauna (eso explica que estas producciones contraten a buenos operadores), y otro es que nadie podrá discutir que la cusa es noble donde las haya por más que te disguste el oportunismo de la producción. En dicho listado hay una excepción… Se trata de Las raíces del cielo (Roots of Heaven Año: 1958.), una película irregular pero con una gran fuerza argumental e interpretativa. La argumental proviene de la novela homónima de Romain Gary y donde la aventura tiene una dimensión tanto existencial como ecológica. Gary, aparte de un tormentoso amante de Jean Seberg, fue un novelista muy singular (en su ideario se amalgamaban extrañamente la admiración por De Gaulle con un anarquismo muy presente en su novela Lady L, de la que existe una pésima versión fílmica con Sophia Loren y Paul Newman), y las interpretaciones resulta de la combinación entre el saber hacer de su director, John Huston, y del talento de su protagonista, el magnífico Trevor Howard acompañado por un beodo Errol Flynn y un cínico Orson Welles que, por cierto, es castigado con una buena perdigonada en el culo por su “pasión” por la cacería mayor. Lástima que a pesar de la potente furia animalista de la obra, Huston no llegó a identificarse con ella, lo cual quizás no resulte tan extraño por lo que luego contó el guionista Anthony Viertel sobre el rodaje de La Reina de África, durante la cual Huston se empeñó en emular a Hemingway y matar un elefante. Este detalle es el que alimenta la trama de Cazador blanco, corazón negro, con la que Clint Eatswood efectúa una parabólica composición sobre el celebrado cineasta que acabó exiliándose de los Estados Unidos, quien al final de la película, cede su empeño rendido por la admiración que la causa el animal, y dando la espalda a una perfecta representación de la banalidad del mal. Todo un imaginario que nos remite a este episodio de la banalidad nacional, la propia de un país que fue ocupado por su propio ejército sin el que la monarquía pendería de un hilo Parece que el problema de esta otra “aventura” del monarca sea que Rajoy no se había enterado o su estado médico. Qué sea esto lo que más se subraya se explica por el grado de estupidez que se puede alcanzar por la condición de “súbdito”, estupidez sobre la que tenemos imágenes cada vez que los componentes de la casa real salen a la calle. Digo estupidez aunque podría decir algo peor acotando una imagen ofrecida por la tele con la infanta Helena llegando al Hospital para ver a su padre. Cuando se dirige a la puerta en esta aparece en el umbral un tipo de voluntarioso cortesano con sus mejores galas, su bigote y su sonrisa de besamanos, que se acerca a ella para besarle la mano a lo que la infante accede sin detenerse. Cabe pensar que si le queda algo de sangre que no sea azul en las venas, habría comentado:”! Qué tío más baboso¡” Tan baboso como el que escribió la editorial que “El País” le dedicó al caso Urdangarain.Pepe Gutiérrez-Álvarez.Antikapitalistas.

¡Vivan los paquidermos, viva la República!

Las fechas las carga el diablo. El accidente de caza del rey de España en Botsuana, mientras se dedicaba al implacable deporte de matar elefantes, vino a coincidir con la conmemoración del octogésimo primer aniversario de la segunda república española, proclamada un 14 de abril de 1931 cuando los partidos monárquicos perdieron las elecciones municipales y Alfonso XIII decidió coger las de Villadiego. No se trata de una simple anécdota. Bueno está lo bueno. Que el rey que supuestamente se preocupa de la pobreza y desesperación de los españoles bajo la crisis, invierta una fuerte suma –pública a todos los efectos dada su condición de Jefe de Estado—en matar paquidermos en dicho país africano, supone un exceso que la España de los cinco y medio millones de parados no puede aceptar así como así. En este suceso, caben todo tipo de consideraciones, empezando por las puramente humanas: este nuevo revés del monarca tiene lugar la misma semana en que su nieto Froilán sufre otro accidente de caza cuando estaba acompañado por su padre Jaime de Marichalar, a quien no se detiene en ningún momento ni se cuestiona su tutela, lo que no sería concebible en ningún otro caso a la luz de la ley de protección del Menor. Mientras el niño se repone de su herida en el pie, su abuela se encuentra en Grecia visitando a unos parientes pero nadie sabe que Juan Carlos I ha viajado al continente africano de donde tiene que volver de prisa y corriendo, a no se sabe qué precio, para ser operado de urgencia de una fractura de cadera con cargo siempre a los menguados presupuestos de todos los españoles sobre los que reina. Todo esto viene unido a los escándalos sobre las implicaciones de su yerno Iñaki Urdangarín de la trama Noos de corrupción en Mallorca, la sorprendente falta de imputación sobre su hija, la Infanta Cristina, que se desgravaba parte de los gastos de la sociedad sobre la que ahora parece carecer de responsabilidades en la compleja trama de Palma Arena. A España toda, la monarquía empieza a no resultarle simpática. Nunca lo fue, pero siempre se salvó la figura del actual rey por su aparente papel durante la transición. Ya no hay tal. Más allá de sus amoríos bajo una sorprendente doble moral que tampoco le sale gratis a sus súbditos, los partidarios de dicha forma de jefatura de Estado tendrían que aprestarse a exigirle que abdicara en la figura de su hijo Felipe de Borbón, antes de que cualquier nuevo José Ortega y Gasset proclamase de un momento a otro lo de “Delenda est monarchia”. En unos momentos de clara incertidumbre sobre el futuro de España, la foto de Juan Carlos I cazando elefantes es lo que faltaba para el canto de un duro. Porque esa es otra, cabe preguntarse el contribuyente, ¿de dónde sale el presupuesto para el viaje del rey y de su séquito a uno de los pocos países del mundo en donde se permite la caza de elefantes, a cambio de sumas que oscilan entre 7 mil y 35 mil euros? ¿Cuánto ha pagado Juan Carlos y a cargo de qué partida presupuestaria por dicha aventura? ¿Cómo ha viajado hasta allí y a quien corresponde los costes de su excursión? ¿Cuántas personas componían su séquito y qué dietas percibían por acompañarle? Todas estas preguntas tendrían que ser planteas en el Congreso de los Diputados. Y, lo que es más, tendrían que ser respondidas con luces y taquígrafos. ¿Qué queda de aquel rey que visitaba España preocupándose de los problemas de sus habitantes o de ese otro que se reúne con empresarios que exigen el despido libre y el recorte de los salarios para frenar una crisis que aparentemente no afecta a sus safaris? Cuando los elefantes se encuentran protegidos en casi todo el mundo, en diversos países africanos, desde Camerún a Tanzania, Botsuana y Zimbawe, se permite su caza. Legal o ilegal, como una fuente de corrupción y pelotazos, que ojalá no haya sido explorada por la Casa Real en esta insólita expedición al corazón de Africa. Hoy por hoy, se sabe que la tasa de muerte de elefantes por la caza furtiva en dicho continente alcanza a un 8 por ciento anual, una cota mucho más allá de los índices del 7,4 por ciento cada año que llevó hace dos décadas a la prohibición internacional sobre el comercio de marfil y el exterminio de estos viejos testigos de la prehistoria. Se calcula que a final de los años 80, aún había alrededor de un millón de ejemplares de elefantes, pero su población actual se sitúa por debajo de 470.000. Si se mantiene el mismo ritmo de caza en otros veinte años apenas quedarán vivos los elefantes protegidos en los parques o los que se encuentran encerrados en zoológicos. Sin embargo y si se tienen en cuenta otras variables, los expertos, a la luz de dichos datos, sitúan su extinción en libertad alrededor del año 2025. Detrás de su caza, incluso aparentemente deportiva como los voceros de La Zarzuela pretenderán hacernos creer, se encuentran oscuros intereses comerciales. Distintos equipos de investigación científica han desarrollado ya métodos de localización del origen del marfil que se comercia clandestinamente a escala mundial y que, en base al ADN, permite cifrar la procedencia del mismo. Así, puede ocurrir que el mercado negro de dicho producto en Singapur o en Hongkong se nutra de piezas procedentes de Zambia o de Gambia. Como dato curioso, cabe reseñar que en vísperas del accidente real en Botsuana, el Comité Permanente de la Convención Internacional para la Protección de Especies Amenazadas (CITES) ha iniciado una serie de contactos para intentar atajar el aumento del comercio ilegal de colmillos de elefante y cuernos de rinoceronte. Vietnam, China y Thailandia aparecen como los principales receptores mundiales de este negocio cuya caza furtiva por cierto está provocando alteraciones genéticas de tal calibre que ya hay elefantes que nacen sin colmillos en algunos países africanos. Este comercio no es sólo ornamental sino que ha crecido exponencialmente ante la supuesta creencia de que este tipo de cuernos y los de rinocerontes pueden ayudar a combatir el cáncer, una hipótesis que no goza todavía de contraste científico alguno. Lo mismo, tras recuperarse de esta nueva dolencia, el rey de España podría protagonizar una campaña pública para frenar el contrabando y extinción de tales especies. Antes de que sea su propia corona la que se extinga.http://www.vientosur.info/#

Alberto Garzón: "De aquí a diez años no tiene cabida la socialdemocracia"

"Cada uno de nosotros tiene que convertirse en un activista. Tenemos que sembrar la semilla del mundo nuevo". Y en ese mundo no cabe el actual sistema político y económico, no cabe la desigualdad, no caben los tiburones financieros que esquilman a Estados y ciudadanos, ni caben políticos melifluos que no pueden (o no quieren) enfrentarse al capital. Alberto Garzón (Logroño, 1985) cree en ese mundo posible y lo lleva al papel, a las páginas del libro-manifiesto Esto tiene arreglo. Un economista indignado en el Congreso (Destino, 2012), una pequeña obra de 109 páginas que sigue la estela del totémico ¡Indignaos! de Stéphane Hessel. Diputado de Izquierda Unida por Málaga, se propone saltar con él los bajos muros del Congreso para ayudar a la "insurrección", al despertar ciudadano, como hizo con el 15-M, movimiento en el que se enroló desde el principio. Público.es se adelanta a la presentación del libro y charla con Garzón en su despacho, una pequeño espacio presidido por una bandera de la República y montañas de documentos económicos. Llama la atención de su libro su estilo pedagógico. Explica la economía con crudeza, de forma directa, sin circunloquios. Como para que todo el mundo abra los ojos. El objetivo es traducir la economía al lenguaje de la calle. La gente está dándose cuenta de que le están robando, ve que cobra menos que sus padres, que vive peor que ellos, que se está empobreciendo. Pero no entiende cómo. Ni sabe qué es el mercado interbancario, la prima de riesgo, o los CDS [credit default swap]. El 15-M representa bien eso de la lucha de los de arriba contra los de abajo. Pero esa lucha no es nueva, es la lucha de clases aunque quizá desde un punto de vista menos teórico. Hay que bajar a la calle y explicar que con la economía esto se puede explicar, que se puede decir a la gente qué está pasando. Que la gente despierte. Sí, porque existe el temor de que la gente se crea que no hay alternativa. Y eso es una falacia. Siempre hay alternativa, y se ha visto a lo largo de la historia. Y ahora mismo: el Banco Central Europeo (BCE) era muy ortodoxo antes de la crisis, pero luego los hechos le obligaron a cambiar. Rompió sus normas: compra deuda a los Estados, da facilidades a los bancos... Lo que hay que mostrar es que hay alternativa económica y técnica, y que lo que hace falta es política, una base social que ponga en marcha esas alternativas. Porque si te convencen de que no hay alternativa, te neutralizan. Hay que despertar a esa gente resignada, decirle que esto es un robo a gran escala. Ese despertar es lento, pero las condiciones están cambiando muy rápidamente. Ya no suena raro hablar de banca pública, de regularización financiera, como tampoco choca oír a hablar al candidato de izquierdas Jean-Luc Mélenchon que hay que hacer de las elecciones presidenciales francesas una "insurrección". "El despertar de la gente es lento, pero las condiciones están cambiando muy rápidamente" ¿El cambio es mayor del que creemos? ¿Somos conscientes de él? Sí, sin duda. Nadie podía imaginar hace unos años que caerían dos gobiernos [en Italia y Grecia] para ser sustituidos por tecnócratas. La gente está cambiando su mentalidad porque cambian sus circunstancias, cada vez más gente está en paro, son más los que culpan a los bancos... ¿Pero en qué punto estamos de ese cambio y hacia dónde nos dirigimos? En toda Europa hay una batalla importante por ver quién se hace con la explicación de lo que está sucediendo. Al principio de la crisis, los dirigentes pensaban que había que refundar el capitalismo, como decía [Nicolas] Sarkozy en 2008, pero cuando pierden el miedo a que el capitalismo se destruya, se vuelve al discurso más neoliberal, y ahí se vueve a los debates clásicos de si es mejor más o menos poder del Estado. Ahora la gente se da cuenta de que los de arriba no tienen respuesta, que improvisan, que José Luis Rodríguez Zapatero improvisaba y Mariano Rajoy improvisa. Y eso desmitifica a la clase dirigente. La gente en España votó a favor del cambio, esperando encontrar la solución, pero el PP no la tiene. Y eso le desgastará sin que suponga un crecimiento del PSOE. Es lo que pasa en Grecia, donde el Pasok [el Partido Socialista] se hunde o en Francia, donde quien crece es Mélenchon. ¿La calle puede ganar el pulso a los gobiernos? Los que se movilizan responden todavía a un perfil de persona ilustrada, con formación, o gente de la vieja izquierda que ha vuelto a las calles. Pero no se ve a las clases populares. Falta cultura política y democrática. La clave está en que se están rompiendo los esquemas culturales, y cuando las clases populares empiecen a moverse... Es normal, la crisis va arrastrando a más gente. ¿Sólo se moviliza la izquierda? Esa es la cuestión. Nos movilizamos sólo nosotros. El 15-M tiene esa función primordial de cortafuegos ante un posible auge de la derecha. ¿Pero los sectores conservadores pueden despertar también, ver que las cosas no funcionan? "La izquierda no tiene que llamar a la izquierda, sino a la población" Pues las elecciones andaluzas del 25-M reflejan algo: que parte de la derecha que votó al PP el 20-N se quedó en casa. La izquierda no tiene que llamar a la izquierda. Hay que llama a la población, se considere de izquierdas o de derechas, a grandes o pequeños empresarios. Yo creo que podemos convencer a muchos de los que se sientan de derechas, porque sus partidos no les han sacado de la situación. Y yendo al título de su libro... ¿Cómo tiene arreglo esto? Ha quebrado el modelo productivo y de crecimiento. Pero como cambiarlo requiere una transición de mucho tiempo, hace falta que mitigues los costes que lleva. Lo primero es crear un escudo social, dar respuesta a las necesidades más urgentes, como el empleo y la pobreza. Yo rompo mucho con los que dicen que hay que hablar todo el rato de anticapitalismo. No, hay que dar una respuesta inmediata a los problemas más urgentes. La revolución rusa no se hizo con una hoz y un martillo de bandera, sino con el lema de "Paz, pan y trabajo". Lo que debemos hacer es convencer a la gente para llevar ese plano teórico a la práctica. ¿Y esa solución cómo se llama? ¿Socialismo, comunismo...? ¿Cómo se llama lo que queremos construir? El nombre da igual. Lo importante es: ¿resuelve los problemas de los ciudadanos, se corrigen los problemas estructurales, ecológicos, políticos, económicos, democráticos? ¿Sí o no? Ahí está el debate y ahí sí nos encontramos mucha gente. Esa es la estrategia para juntar a la izquierda. De modo que las etiquetas sobran. Sobran absolutamente. Y creo que el 15-M nos ha enseñado eso: gente de diversas tradiciones de la izquierda que trabaja conjuntamente en pos de algo. Lo mismo que cuando vas a la huelga general o vas a parar un desahucio. "Las etiquetas en la izquierda sobran totalmente. El 15-M nos ha enseñado eso" ¿Entonces por qué cuesta tanto la unidad? IU lo ha intentado... y sin éxito por ahora. IU, como partidos, sindicatos y movimientos sociales, debe hacer autocrítica. Pero vamos por el buen camino. IU no debe tener como fin ganar las elecciones, sino la revolución, la transformación de la sociedad. Debe evitar institucionalizarse. Debe estar en la calle, con el tejido social. Uno de los problemas de IU de los últimos años fue precisamente su institucionalización. Otro problema de la izquierda es el ego. Hay mucho ego en la izquierda. Y el ego ha hecho que haya muchas peleas que no son políticas. Yo he trabajado con militantes de Izquierda Anticapitalista, de una y otra familia de IU... y trabajamos tranquilamente, sin problemas. O sea, que las peleas en la izquierda son estériles, estúpidas. Totalmente. Y luego está la formación. Necesitamos una formación importante en la izquierda, y eso el PSOE lo padece más que nosotros. Las nuevas hornadas de socialistas (Leire Pajín, Bibiana Aído o el propio Zapatero) no tienen nada que ver con Felipe González o Alfredo Pérez Rubalcaba, que pueden ser serpientes, pero tienen ideología. Y eso que han padecido ellos lo hemos pasado nosotros en IU en cierta medida también. Ahora lo estamos corrigiendo. Lo que falla es la ideología, entendida como modelo de sociedad. Y hay que recuperarla con formación, lectura, trabajo... Lo que siempre ha hecho la izquierda. Pero recientemente hemos perdido la guerra cultural. Hemos interiorizado el discurso de la derecha, hasta usamos su propio lenguaje. "Los socialistas deben entrar en un proceso de reflexión, romper todas las reglas y dar un giro" Como decía George Lakoff. Exactamente. Y eso se nota más en el PSOE, que prácticamente ha asumido las políticas económicas del PP. ¿Y en ese camino hacia otro sistema puede converger la socialdemocracia? Creo que la socialdemocracia no tiene espacio. El capitalismo como sistema económico se está viniendo abajo, y los que quieren mantenerlo a toda costa hacen una huida hacia delante. Y por eso quieren soltar lastre, desguazar el Estado del bienestar. La socialdemocracia no tiene cabida desde el punto de vista teórico de aquí a diez años porque hay elementos a los que no da respuesta, como el desastre ecológico. ¿Quiere decir que está abocada a desaparecer si no se reformula? Es que de hecho ya está desaparecida. Pero en España, por ejemplo, el suelo electoral del PSOE es muy potente, mucho más amplio que el de IU. Eso corresponde más a la idiosincrasia de este país. Muchos votantes son del PSOE de toda la vida, y muchos son no por razones económicas, sino por los valores progresistas (matrimonio gay, aborto...). En temas económicos la socialdemocracia no da respuestas, porque quienes las iban a dar se convirtieron al social-liberalismo. ¿Y qué tiene que hacer la socialdemocracia para sobrevivir? Entrar en un proceso de reflexión muy profundo. Es muy difícil plantear una solución a la crisis si no es rompiendo con todas las reglas y dando un giro radical. " Yo que los sindicatos sería más combativo, haría más formación y un lavado de imagen" ¿El PSOE no se ha convencido de que debe cambiar? Eso muestra su hipocresía. Si hubiera hecho una transición menos espectacular y que tuviera sustancia, y si hubiera cambiado la cara de su líder, a lo mejor la gente se lo cree. Pero tienes a los mismos dirigentes, la misma estructura, a los que apoyaron políticas antisociales de Zapatero denunciando por injustas las mismas políticas de Rajoy. Y eso indica que estamos en el mundo del marketing. ¿Ese abismo que siente hacia el PSOE es compatible con el acercamiento en Andalucía? Es una estrategia. Puedes poner intereses adecuados por encima si cada uno delimita lo que quiere. Más que hablar de partidos en estructuras orgánicas, cerradas y opacas, podemos hablar del entendimiento de las bases sociales, y eso es fundamental. Que la gente que vota al PSOE se entienda con la base de IU. Eso nos permitirá luchar contra la derecha, no la lucha de órganos ni de poder. Vuelvo a su libro. Afirma que los sindicatos tenían que haber respondido antes a las agresiones. Ellos tienen que defender las condiciones de trabajo, y tienen un papel fundamental en el nuevo modelo de crecimiento. Su fuerza está determinada por su afiliación y su credibilidad. Pero esa inactividad en tiempo de bonanza dañó su imagen. Y no se han sabido adaptar a los nuevos tiempos, y nosotros tampoco. La globalización les ha despedazado: la amenaza de la deslocalización, la existencia de trabajo precario, las ETT... Y por otro lado la afiliación va a ser más difícil. Yo que ellos sería más combativo, haría más procesos de formación y un lavado de imagen. Los tres frentes –el institucional, el social y el sindical– deben hacer autocrítica e intentar juntarse, porque van a intentar reventarnos a los tres. Al principio será muy difícil, pero cuando hablas de política es más sencillo. "El 15-M ha bajado en intensidad, pero ha ganado fuerza. Aunque debe hacer autocrítica" Usted ha integrado el 15-M. Parece que su fuerza se desdibuja ahora con el Gobierno del PP. ¿Es así? ¿Qué retos tiene por delante? Es normal. El 15-M es un movimiento que refleja la frustración de la gente, sólo eso. Es un movimiento heterogéneo, muy grande, en el que no todos identifican el mismo origen del problema y no todos llegan a las mismas conclusiones. En el momento en que se empieza a debatir ese programa se va perfilando, y ahí alguna gente renuncia. Es normal. Es normal que baje su intensidad, pero ha ganado fuerza. Hay que diferenciar el 15-M como sujeto político y como sentimiento. En las asambleas iba menos gente que en las manifestaciones, y en ellas el perfilera diferente. Ahí subyace, en las manifestaciones, el sentimiento que empuja al 15-M, y ahí sí está más fortalecido. Ahora con más razón, con un Gobierno de derechas. Pero el activismo tiene que hacer autocrítica, por ejemplo, de la metodología: hay cierto adanismo, creer que con el movimiento de los indignados empezó todo, y eso no es así. Hay que aprovechar la experiencia de lucha anterior. Los sindicatos la tienen, como los partidos. En la maduración del 15-M veremos muchas cosas. Es disperso, difuso en sus contenidos, pero las organizaciones detrás del 15-M están muy vivas y estructuradas, como Democracia Real Ya (DRY). ¿Qué debe hacer para fortalecerse? Seguir trabajando como hasta ahora. El año pasado, ninguno pensábamos que las manifestaciones del 15 de mayo iban a ser un éxito. Decidimos no hablar de izquierdas o de derechas (de nuevo, un elemento mercantil), decidimos hablar de los políticos, pero también de los banqueros... Mucha gente no se leyó el decálogo que preparamos, pero estaba de acuerdo en protestas. Y como no era una organización que se conociera, muchos ciudadanos salieron a la calle, incluso de derechas. Esta organización tiene una capacidad de convocatoria impresionante, y está legitimada. Nosotros, en IU, aunque cada vez estemos más legitimados porque damos ejemplo de lucha, no tenemos la misma limpieza que DRY. Si las cosas siguen así de feas, el 15-M puede tener una capacidad de convocatoria inmensa, y si está respaldada por formaciones políticas que abarquen a mucha más gente, sí podemos esperar una movilización importante. "Los mercados son esquizofrénicos, les da igual el signo del Gobierno" Porque el PP no se detendrá en sus planes... No, desde luego que no. Los 10.000 millones de recorte en sanidad y educación del lunes. Se nota la improvisación, a Rajoy las cosas se le desmadran: huye de los periodistas, sube la prima de riesgo, las bolsas se hunden... Irá a una huida hacia adelante. Aunque los mercados siguen sin dar tregua. Esta semana ha sido negra... Muestra que los mercados son insaciables. Les da igual si gobierna la derecha o la izquierda. Son esquizofrénicos, irracionales, porque piden una cosa y la contraria, porque buscan aprovechar las oportunidades para hacer dinero, para maximizar sus beneficios y beneficiarse de las debilidades de la economía. Y España tiene debilidades fuertes, por su modelo productivo, y por la propia fragilidad de Europa. Por tanto, darán igual los recortes si no se toman medidas para recuperar el control de los mercados. En cualquier caso, intervenidos ya estamos. Y lo más probable es que seamos rescatados. "No es descartable que ahora que necesitamos un cambio radical, nos planteemos el modelo de Estado" ¿Cree entonces que sí, que es inevitable el rescate de España? Con lo que ello supondría para la UE y el euro... No es nada descartable. Es de hecho el destino necesario si se siguen aplicando estas políticas, porque la economía se para, el Estado ingresa menos y no puede satisfacer a los mercados. El rescate es seguro si no se corrige esa línea. No obstante, siempre está la posibilidad de que el BCE saque la máquina de imprimir dinero a mansalva. Creo que los mercados dan por hecho que habrá rescate de España. Generan tensión, pero al final saben que habrá rescate. Claro que la catástrofe sería total si ese rescate se produjera. Inevitable no preguntarle por la operación del rey y su viaje de caza a Botsuana. Este tipo de actitudes son indecentes. Pero hay un mensaje de esperanza también: no es descartable que, ahora que necesitamos un cambio radical, nos replanteemos el modelo de Estado. La monarquía está descuidando su imagen de forma terrible, y está perdiendo apoyo popular. Y una monarquía no puede subsistir sin él en pleno siglo XXI.Diario Público Digital