16 de junio de 2012

Carta abierta a MANUELA CARMENA. ¿Y el resto de los luchadores antifranquistas?

Sabin Arana Bilbao.Miembro de Goldatu--- Cuando no hace mucho me enteré de tu presencia en Euskadi lo primero que me vino a la mente fue la Matanza de Atocha, pues tu nombre se me quedó grabado junto a aquel hecho terrible. Hoy la mayoría de la población joven desconoce lo que esas palabras encierran, pero para nosotros, luchadores antifranquistas, aquella masacre se nos quedó grabada de manera indeleble en la memoria. Por entonces me encontraba en el hospital penitenciario de Carabanchel. Carrillo había pasado una semana con nosotros y ya había sido liberado. Los que quedábamos, la mayoría vascos, seguíamos esperando que la presión popular lograse sacarnos a la calle y poder sumarnos así a la marea que luchaba por acabar totalmente con el franquismo. No sabíamos que ya para entonces estaba pactado un modelo de transición que dejaría intacto todo el aparato judicial y político-represivo del régimen, así como el poder de sus principales valedores: el Capital y la Iglesia. En fin, que aquello de “atado y bien atado” no era ninguna broma, como pronto tuvimos ocasión de comprobar pues la nueva Constitución pactada cerraba, entre otras cosas, a vascos, catalanes y gallegos cualquier vía de acceso a su libertad y derecho a decidir, por cuya consecución tan denodadamente habían luchado durante la Dictadura. Sí, aquellos defensores de ese modelo de transición dejaron muchos pelos en la gatera, como se suele decir. Pero estoy seguro de que lo hicieron convencidos de que era lo adecuado, lo que convenía en aquella situación, lo realista, lo que era posible conseguir… Estoy convencido de que los argumentos fueron múltiples y de mucho peso, pues, al menos tras las siglas PCE, había mucha fuerza y entrega como para que ese giro tan radical fuese fácil de digerir. Ya han pasado 35 años desde entonces, plazo más que suficiente para una reflexión sobre ese pasado reciente, y lo primero que constatamos es que este régimen monárquico, heredero y heredado del franquismo, está manchado de mucha sangre y sufrimiento desde el día siguiente a su constitución. A pesar de todos los esfuerzos por embellecerlo, el rosario de asesinatos, torturas y arbitrariedades judiciales desde el inicio de la Transición ha venido dejando bien claro, para quien quiere verlo, que los aparatos y medios de actuación dictatoriales siguen plenamente vigentes, así como la ideología franquista nacionalista española, negadora del derecho a decidir de los pueblos oprimidos bajo este Estado y su Constitución. Resulta doloroso comprobar que aquellas probables buenas intenciones de entonces se han terminado convirtiendo, en la práctica, en la defensa numantina de aquella injusticia histórica, aunque sea a costa de los derechos más elementales de quienes sufrimos los rigores del militar-fascismo. Y quiero explicártelo con un par de ejemplos que conozco de primera mano para no hacer demasiado extensa esta carta. Mi padre luchó en la guerra defendiendo la legalidad republicana y el Gobierno vasco. Fue hecho prisionero y se libró de la muerte por chiripa. En 1946, cuando el primer hijo ya tenía dos años, fue detenido, torturado y estuvo en la cárcel por defender el derecho de los vascos a ser libres. Más tarde, esa familia, como otras muchas, emigró a América buscando una bocanada de libertad que en el Estado Español no se podía lograr. Finalmente, murió sin que nadie reconociese su lucha contra la dictadura militar-fascista. Tras el regreso del citado hijo a Euskal Herria fue detenido y encarcelado en 1963, junto con media docena de compañeros, por el terrible delito de bailar danzas vascas en las fiestas patronales de su pueblo. Al año siguiente, con veinte años, fue nuevamente detenido, torturado, encarcelado, juzgado y condenado por el TOP por propaganda ilegal y asociación ilícita. Cuatro años más tarde, de nuevo fue detenido, torturado (salvajemente esta vez, si me permites la expresión), encarcelado, juzgado y condenado por el TOP y por un Consejo de Guerra por luchar en la clandestinidad contra el franquismo y por la liberación de Euskal Herria y el socialismo. Durante los años de militancia clandestina y los nueve años largos que pasó en las cárceles, jamás se tuvo por delincuente, como tampoco lo tenían y se tenían por tales todos los que, de una u otra manera, lucharon contra el franquismo hasta el último momento o los miles de personas que le recibieron en su pueblo tras ser liberado en 1977. Como supondrás, este caso no es especial, sólo ilustrativo de una generación de luchadores en esta tierra. Y, sin embargo, la legislación y los diferentes gobiernos de la Monarquía sí le consideran y le tratan como a un delincuente amnistiado. Y de esa manera, se da la paradoja de que, también en este caso, sus jueces y torturadores de entonces continúan ejerciendo sus funciones en el régimen de la monarquía y recibiendo condecoraciones y prebendas “por los servicios prestados a la Patria”, mientras él sigue sin conseguir que sus juicios sean anulados por ilegales, sea reconocida, sin ningún enmascaramiento, la verdad por la que luchó, sea aplicada la justicia que se merecen todos los franquistas que aún viven y se repare de alguna manera los sufrimientos que causaron y han seguido causando desde los puestos de poder de que han venido disfrutando. En este caso concreto, el único “reconocimiento” recibido por sus años de lucha fue la consideración de los años de cárcel como años cotizados a la Seguridad Social, ¡y punto! Por si no habías caído en ello, este es el berenjenal en el que te han invitado a entrar a través de esa Comisión. Resulta que la etapa del franquismo y su represión en el tardo-franquismo se ha visto reducida al periodo del 60 al 78 del siglo pasado y pretenden reinventarla y colarla como “excesos policiales” ejercidos contra algunas personas únicamente, no como una pauta de actuación represiva permanente contra todo lo que se opusiera al régimen franquista. Pero hay una pregunta más importante, Manuela: ¿no hubo “actuaciones policiales abusivas” desde 1939 hasta 1960? Sabes muy bien que en esos primeros veinte años de postguerra miles de personas sufrieron persecución, expropiaciones, cárcel, muerte… ¿Acaso sea demasiado hablar del 39 al 78? ¿Quizás porque con ello se cuestiona abiertamente todo el período dictatorial, y aquí de lo que se trata simplemente es de reconocer “ciertos abusos policiales” de un régimen no tan malo? No voy a extenderme más. Hasta ahora me has merecido un gran respeto y, pese a que tu paso a la judicatura me extrañó más bien mucho, siempre he creído, y creo, en tu integridad. Por eso confío en que intentarás cotejar el discurso oficial que te circunda con la vivencia y opiniones de quienes somos críticos con él. Un abrazo En Gasteiz, a 11 de junio de 2012-06-11 Sabin Arana Bilbao Miembro de Goldatu, Asociación de Presos/as y Represaliados/as Vascos/as de la Dictadura Franquista