2 de julio de 2012

El orgasmo nacional

Arturo González. Público--- Ahora lo que debería hacer el Gobierno es repartir una paga de 500 euros a los españoles. ¡Qué más dan 20 mil millones de sobra o de deuda! Es tal el contento que la victoria de España en la Eurocopa de fútbol ha provocado en la inmensa mayoría de ciudadanos, con la llamativa pasión de los jóvenes enrollados en la bandera, que cualquier otro asunto resultará irrelevante durante un tiempo. ¿Quién se va a preocupar porque Guindos haya dicho ayer, el mismo día de la final, que la recesión se agrava y la caída del PBI será superior al 3%? Los españoles no están para disgustos, y hay que reconocer que el fútbol al menos nos proporciona esta evasión legítima y útil, esta alegría en vena. ¿A quién le preocupa la fuerte subida del IVA que se anuncia inminente y que nos empobrecerá en lo más necesario para vivir? Oé, oé, oé. ¿Incluso quién ha pensado esta noche que Valencia es una falla ardiente de sus árboles? ¿Quién se va a preocupar porque los medicamentos ya haya que pagarlos, amén del óbolo de un euro por vez, recordando con fruición los goles de Torres, Silva, Alba y Mata? ¿Quién apagó esta noche la luz innecesaria para ahorrar ante la segunda subida del año que nos propinaron desde ayer, día de la victoria? ¿Quién hablará hoy en el curre de hipotecas, carestía de la vida y sombrío futuro? Casillas apenas tuvo trabajo y bailaron a los italianos, un goce para una semana por lo menos. Cierto, el fútbol es la droga nacional despenalizada. Los enanitos de rojo son nuestros gremlins, nuestro videojuego real. Da igual que te anuncien un ERE, da igual que si te pones enfermo más de 13 días con baja médica te echan por absentismo si quieren y sin indemnización, en el agravio más infame e intolerable que se ha cometido en todo el tiempo de democracia y de no democracia contra los trabajadores y que éstos y los sindicatos ignoran y no existen medios de comunicación que expliquen y destaquen esta vuelta a la Edad Media, que se considere absentismo la enfermedad y que tengas que ir a trabajar para que no te despidan como si la salud dependiese de tu voluntad. Todo queda cegado por la euforia de Rajoy y el Príncipe celebrando cual horteras los goles en pie y gritando, ellos sí que son patriotas y de los buenos. ¿A quién le importa la noticia de anteayer que recogía el descubrimiento de 4.500 trabajadores que cobraban el paro, o parados que trabajaban? Obnubilados con la bendita válvula de escape del fútbol unos y con la indecencia política otros, nadie se apercibe de que van a por el parado que haga chapuzas, pero no dicen ni se investiga de cuánto dinero dispone ese terrible trabajador ‘fraudulento’, cuánto gana, cuánto ingresa para sobrevivir él y su familia, nadie se pregunta ni le agradece que no mate ni sea violento y prefiera refugiarse en la trampa. Nos quedamos en lo anecdótico, en la superficie de los titulares, nunca se llega al fondo ni a sus causas. ¿A quién le preocupa por dónde van los mineros, y no se regocijó con el fracaso de Balotelli? No, no es día de cavilar, no es día de críticas ácidas, no es día de preocupaciones por España y su futuro próximo. ¿Qué importancia vamos a darle a todo esto hoy y durante un tiempo si somos campeones de leyenda, como dicen al unísono? El fútbol es el único fármaco que no ha podido retirar la ministra esa y que no hay que pagar. A mí solo se me ocurre una cosa: Señor Rajoy, no se ponga tan contentito con la victoria de España en la Eurocopa, y no trate de capitalizarla políticamente, no quiera ser usted Blancanieves; esta inyección en vena, este gotero de espera, esta respiración asistida, este orgasmo nacional se debe únicamente a los enanitos. A Zapatero le pasó lo mismo con la Copa del Mundo y ahí empezó su declive. Fútbol es fútbol.

Entender La Deuda Externa en 5 minutos

La deuda externa en el mundo--- La deuda externa es el dinero que los acreedores internacionales reclaman a los deudores del Sur (gobiernos y actores privados residentes en estos países) de los préstamos que les otorgaron sin demasiado control en el pasado y que ahora ahogan sus economías. Los acreedores internacionales de los países del Sur son los actores privados (bancos y compradores de bonos), las entidades públicas de los países del Norte y las Instituciones Financieras Multilaterales (FMI, BM y Bancos Regionales). La deuda del conjunto de los países empobrecidos, así como su pago (amortización del capital + intereses) crece constantemente desde hace 25 años, aun cuando estos países han ido haciendo efectivo el pago de la deuda durante estas más de dos décadas. Aunque parezca inverosímil, el total de la deuda no ha disminuido sino todo el contrario: en el 2007 (último año del que se tienen datos) la deuda era más de seis veces superior que cuando estalló la crisis de la deuda en agosto de 1982. Hay dos factores que motivan este incremento constante. Por un lado, el aumento de los intereses que los países deudores se ven obligados a pagar. De la otra, la solicitud por parte de estos países, de nuevos créditos para devolver los anteriores, atendidos los atrasos en los pagos por problemas de solvencia. Según los datos más recientes del Banco Mundial, en el año 2007 la deuda externa total de los países empobrecidos era de 3,36 billones de dólares norteamericanos (Global 1.1. La deuda a largo plazo es aquella que la comunidad internacional concede a las entidades públicas de un país y a los actores privados residentes en aquel país para ser devuelta a más de un año vista. El año 2007 la deuda a largo plazo alcanzó los 2,6 billones de dólares. Esta deuda se divide en dos tipos: DEUDA PÚBLICA Y PÚBLICAMENTE GARANTIZADA: es la deuda que, en último término, asumen las entidades públicas de un país con los acreedores internacionales. Es lo que podríamos denominar deuda externa pública. En el año 2007 alcanzó los 1,34 billones de dólares; es decir el 52% de la deuda a largo plazo. DEUDA PRIVADA NO GARANTIZADA: es la deuda que asumen los actores privados residentes en un país, ya sean las empresas privadas y/o personas a título individual, con el exterior. Es lo que denominamos deuda externa privada. En el año 2007 supuso 1,22 billones de dólares o lo que es el mismo, el 48% de la deuda a largo plazo. 1.2. La deuda a corto plazo es aquella que vence en los primeros 12 meses. En el 2007 fue de 783.076 millones de dólares. Aunque no se tienen datos fiables sobre la deuda a corto plazo, se cree que ésta se reparte por mitades entre la deuda externa pública y la deuda externa privada. La DEUDA PÚBLICA Y PÚBLICAMENTE GARANTIZADA se descompone en tres: DEUDA BILATERAL: es la deuda concedida por las entidades públicas del Norte a las entidades públicas del Sur, que está compuesta por los créditos a la exportación en condiciones más favorables que las del mercado (créditos FAD, en el caso español) y por las operaciones de exportación con cobertura por cuenta del Estado (CESCE, en el caso español). El año 2007 esta deuda representó un 21% de la deuda pública (un 11% de la deuda a largo plazo). En el 2007 se situó en un valor nominal de 281.228 millones de dólares. DEUDA MULTILATERAL: es aquella concedida por las IFI - Instituciones Financieras Internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Bancos Regionales) a las entidades públicas del Sur y que en el 2007 fue de 365.529 millones de dólares. Esta deuda representó el 27% de la deuda pública en el 2007 (el 14% de la deuda a largo plazo). Tras la crisis desencadenada durante la década de los 80, esta es la principal fuente de financiación a la que pueden acceder muchos países deudores. Ciertamente, muchos países y bancos acreedores tienen como política no conceder más créditos a países denominados mal pagadores, los cuales sólo pueden acceder a las IFI por obtener más financiación. DEUDA PRIVADA: es la deuda pública y/o públicamente garantizada que está en manos de la banca internacional y/o de los compradores de bonos emitidos por las entidades públicas de un país. En el 2007 se situó en 688.678 millones de dólares. La deuda privada ha ido ganando peso relativo en los últimos años hasta representar, en el 2007, el 52% del total de la deuda pública (el 27% de la deuda a largo plazo). En los últimos años ha habido una progresiva traslación de la deuda privada de la banca a los mercados financieros, mediante la venta de deuda pública en el mercado bursátil. Así, en el año 2007, los mercados financieros los bonos de deuda representaban el 66% de la deuda privada con garantía pública. A su vez, la DEUDA PRIVADA NO GARANTIZADA se descompone en: BONOS: es la deuda que han comprado actores internacionales en el mercado secundario de valores a residentes privados del país y que no dispone de ningún tipo de garantía por parte de las entidades públicas de dicho país. En el año 2007 representó el 20% de la deuda privada no garantizada, situándose en los 249.534 millones de dólares (un 10% de la deuda a largo plazo). BANCOS COMERCIALES y OTROS: es la deuda que deben actores privados del país a la banca comercial y otros actores internacionales y que no está garantizada por las entidades públicas del país. En el año 2007 supuso el 80% de la deuda privada no garantizada, llegando a los 972.876 millones de dólares (un 38% de la deuda a largo plazo). El servicio de la deuda, que es el importe hecho efectivo por los deudores por los conceptos de amortización de capital e intereses de los créditos, no ha hecho otra cosa que aumentar. Aun así, el esfuerzo no tiene la recompensa de una reducción significativa del total de la deuda. En el año 2007 el Sur transfirió al Norte más de 522.981 millones de dólares en concepto del pago de la deuda, cifra que supone más de cinco veces lo que los países del Norte otorgaron en concepto de Ayuda Oficial para el Desarrollo, que fue algo más de 103 .491 millones de dólares (OCDE, 2008). El servicio de deuda pública llegó a los 180.122 millones de dólares, casi el doble que la AOD recibida desde el Norte. Por otro lado, hace falta considerar que casi un 25% de lo que se paga en concepto de servicio de la deuda son intereses. De este modo, los pagos realizados no consiguen de ninguna forma frenar la tendencia al crecimiento del total de la deuda, dado que los intereses son tan elevados que acaban contrarrestando el pago y hacen que la deuda continúe creciendo sin posibilidad que algún día se ponga fin a la bola de nieve que esto supone. Consecuencias para la población de los países deudores Desde el punto de vista de los acreedores, la deuda externa es tan sólo una cifra absoluta que los deudores deben hacer efectiva en un plazo de tiempo determinado. Por lo tanto, el hecho que todavía no se haya saldado la deuda se ve como un problema de liquidez de las cuentas de los países deudores y, difícilmente, como un problema estructural. Para los países deudores, en cambio, hacer frente a las exigencias de los pagos de la deuda supone un esfuerzo financiero extraordinario, puesto que sus economías son cada vez más débiles y dependientes de los capitales extranjeros. Aun así, lo más grave para muchos países es el hecho que el pago de la deuda supone la imposibilidad de invertir y de llevar a término políticas adecuadas en servicios básicos esenciales para la población, como son la soberanía alimentaria, la potabilización del agua, la salud, la vivienda, la educación y el equipamiento de infraestructuras. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, los pagos del servicio de la deuda en el año 1999 superaron el gasto anual en salud y educación en nueve países y también sobrepasaron el gasto en salud en 29 más, incluidos 23 del África subsahariana, la región más castigada del planeta. La situación no ha mejorado. De hecho, en los países más empobrecidos como es el caso de Guinea-Bissau, los pagos del servicio de la deuda en el año 2005 supusieron un gasto seis veces superior al gasto en atención primaria en salud; en Angola fue de cuatro veces superior; en Gambia más de dos veces superior al gasto en salud y más de cuatro veces superior al gasto en educación… Por otro lado, el pago de la deuda ha incentivado la explotación indiscriminada de los recursos naturales, dado que su exportación es una de las pocas maneras que tienen estos países para conseguir suficientes divisas para pagar el servicio de la deuda. Este hecho, como es de suponer, ha afectado y está afectando gravemente la sostenibilidad de los recursos del planeta. Una deuda ilegítima e inmoral Además de tener consecuencias muy graves sobre las poblaciones del Sur, la deuda es ilegítima también por su origen. Hemos de entender que muchos de los países que hoy tienen grandes deudas fueron gobernados por dictadores civiles y/o militares que desviaron los créditos prestados hacia la compra de armas - con el fin de silenciar las protestas civiles -, hacia la compra de bienes de lujo de las elites de sus países, para hacer obras faraónicas que pretendían alabar la figura del líder y que no reportaron ningún beneficio a la población. Incluso, en algunos casos, el dinero nunca llegó al país, ya que éste se depositó en cuentas corrientes de paraísos fiscales. Acciones como éstas sucedieron en regímenes militares como los de Argelia, Argentina, Bolivia, Brasil, El Salvador, Tailandia o dictatoriales como el de Pinochet en Chile, Duvalier en Haití, Stroessner a Paraguay, la familia de los Somoza en Nicaragua, Suharto en Indonesia, Marcos en Filipinas, Zia-il-Haq en Pakistán, el Sha en Irán, Assad en Siria, Mariam en Etiopía, Siad Vallo en Somalia, Moi en Kenia, Nimiery y al-Mahdi en Sudán, el rey Hassan II en Marruecos, Buhari y Abacha en Nigeria, Doe en Liberia, Mobutu en el Congo, Banda en Malawi, o el régimen del apartheid en Sudáfrica, entre otros. Todos ellos son claros ejemplos de que en estos países la población se vio imposibilitada para escoger y para decidir qué se hacía con el dinero que se recibía. La gran injusticia que se comete en exigir el pago de la deuda sin más es no pensar en esta gran mayoría de población que, además de sufrir las terribles represiones que protagonizaron sus mandatarios sobre ellos, nunca se beneficiaron de estos créditos, dado que éstos se emplearon indebidamente en beneficio de unos pocos y para el mal de muchos. Por todo ello, se puede afirmar con rotundidad que todavía hoy las poblaciones del Sur continúan pagando el coste de oportunidad que supone, en términos de desarrollo, el pago del servicio de la deuda. http://www.odg.cat/es/inicio/formacio/13.php?id_pagina=13&id_noticia=&id_agenda=&publicacions=&id_publicacions=&categorialink=&id_butlleti=&any_but=&id_nota=&id=

Cuba: tres cartas a propósito de un joven que se va

1) Rafael Hernández: Carta a un joven que se va: levántate cada día recordando esta nave donde seguimos remando, que solo se mueve si todos la empujamos Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza… Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.—San Pablo, Epístola 1ª a Timoteo, cap 4, vers. 12, 16. Seguro no recuerdas la caída del muro de Berlín, pues quizás naciste en ese mismo año o cuando más terminabas la primaria. Para ti y tus amigos, la muerte del Che es un acontecimiento tan remoto como lo era la Revolución rusa para los que nos fuimos a alfabetizar en 1961. Tan remoto como el siglo pasado. Aunque celebraste el nacimiento del nuevo milenio, te sientes más del siglo XXI que del XX. Si alguien te dijera que eres un cubano de transición, lo mirarías con extrañeza. (Te comento que esa frase despedía cierto resplandor en los años 60; ahora no tanto). En cambio, si alguien te preguntara si eres un ciudadano del Periodo especial, quizás te encogerías de hombros o le harías un comentario mordaz, pero en el fondo estarías más de acuerdo. La mayor parte de tu infancia y adolescencia han coincidido con ese Periodo especial, que a diferencia de los viejos, a ti no te ha tocado vivir como malos tiempos o incluso derrumbe de ilusiones, sino como único horizonte de vida. En estos 22 años, que vienen siendo como una generación y media, según los expertos, no has recolectado epopeyas como Playa Girón o la Crisis de Octubre, ni siquiera la guerra de Angola. Sientes que la mayor diferencia con los viejos, sin embargo, no ha sido la falta de aquellas gestas, sino de aquellos sueños. Esa épica revolucionaria se aleja más de ti mientras más la televisión vacía sus imágenes repetidas en la pantalla, las has visto tantas veces que no te dicen nada. Pero no es tanto eso lo que te falta, sino los proyectos que otros antes de ti pudieron hacerse. Cuando llegaste, todo estaba hecho, armado, por los que habían demolido lo viejo (lo que para ellos era “el pasado”), construido y reglamentado el orden nuevo. Tú, que no llegaste a tiempo para aquellas edificaciones, piensas que aquel país inventado por otros (para ti, “el pasado”) ya no existe, y solo sobrevive un orden viejo, más bien irremediable. Lo peor, sin embargo, no es haber nacido en un orden preestablecido, porque eso le pasa a todo el mundo, sino tus inciertas posibilidades de cambiarlo. En todo caso, no quieres invertir tu vida intentándolo, porque no tienes otra que esta; y aspiras a conseguir un techo propio, un empleo que te guste y te permita lo que puedas con tu capacidad y esfuerzo, sin penurias de transporte y luz, y planear para irte de vacaciones a alguna parte una vez al año, aunque tengas que quitarte de otras cosas. Piensas que la única manera de asegurarte esa vida es saltar por encima de este horizonte y buscar otros. No sé cuándo lo decidiste –y quizás una parte de ti todavía duda. Puede ser que se te haya ocurrido la primera vez cuando supiste que un amigo tuyo ya no estaba aquí; cuando, en un encuentro con viejos compañeros de clase, se pusieron a inventariar al grupo, y ahí se dieron cuenta de que muchos se habían ido. O porque a tu pareja se le ha metido en la cabeza y no para de hablar de eso el santo día. O porque esa misma pareja se ha hecho ciudadana española, y con ese pasaporte ya pueden irse a vivir a Europa o a cualquier país, hasta los mismos Estados Unidos. O porque tus parientes en Miami, Madrid o Toronto pueden darte una mano. O porque simplemente necesitas respirar otro aire. Esta carta parte de creer que piensas con tu propia cabeza. Mi intención no es disuadirte, ni hacerte advertencias, ni mucho menos endilgarte un discurso patriótico. No pretendo hablarte como tu padre, consejero o guía espiritual; ni como mensajero de una fe religiosa, verdad revelada, voz de la experiencia o autoridad de maestro. Te invito a pensar entre los dos tus razones, pero sobre todo el contexto y significado de tu decisión de irte del país. A poner en situación tus argumentos, para sacar algo en limpio que, tal vez, pueda servirte. No creas que lo hago solo por ti. Tengo mis propios motivos, porque tu decisión de partir nos implica a todos, y sobre todo a los que no hemos pensado nunca en irnos. Te propongo primero que miremos juntos lo que tenemos alrededor. Oyes decir que los jóvenes no tienen valores, reniegan del socialismo, se quieren ir del país y no les interesa la política. Quizás los que así piensan identifican valores con sus valores, la política con movilizaciones y discursos, la defensa del socialismo con determinados mandamientos –entre otros, que este sistema es solo para los revolucionarios comprometidos, que un ciudadano cubano solo lo es mientras resida en la tierra donde nació, o que disponer de otro documento de viaje equivale a ponerse a las órdenes de una potencia extranjera. Te advierto que los que así razonan no son nada más “algunos funcionarios”, sino muchas otras buenas personas, íntegros ciudadanos, para quienes defender la patria no es una declaración. De hecho, cuando estos hablan de defender las conquistas sociales de la Revolución, la mayoría piensa en educación y salud gratuitas, y –si esa es la medida de la Revolución y el socialismo en el plano social–, es lógico que muchos digan que tú deberías pagarlas, si te quieres mudar a otra parte “donde no vas a defenderlas”. En cambio, tú crees que esos derechos los conquistó la Revolución para todos, y por eso mismo son tuyos, sin más condiciones que haber nacido en esta isla. Has escuchado que, según la Constitución, los derechos básicos de un cubano están más allá de su manera de pensar; y que la justicia social y la igualdad son precisamente eso: principios y valores que hay que ejercer de verdad, sin sujetarlos a clase, raza, género, orientación sexual, religión o ideología, porque representan la conquista más importante de todas, la de la dignidad plena de la persona. Bueno, si tú estás de acuerdo con eso, quizás te sorprenda escuchar que eres una criatura del socialismo. Si te importan el bienestar de toda la sociedad, la democracia de los ciudadanos, la libertad (incluida la de todos los que te rodean) y la independencia nacional, te advierto que eres un ser más polítizado que muchos habitantes del planeta –incluidos probablemente la mayoría de ese país para donde vas. También tú tienes, como esos otros buenos ciudadanos que acabo de mencionar, tus propias verdades asumidas, que compartes con tus amigos, y que ustedes tampoco ponen nunca en tela de juicio. Por ejemplo, piensan que son un cero a la izquierda, y que nada pasa por ustedes. Sin embargo, te comento que este sistema nuestro te consulta y te pide que te movilices, porque tu movilización y tus opiniones le son necesarias para que la mayoría de las políticas funcionen—aunque ni tú ni muchos burócratas lo entiendan así. En efecto, aunque ellos sigan pensando que lo decisivo es aceitar la cadena de mando y cumplir el plan, y tú creas que eres una nulidad en el sistema, cuando pides la palabra para criticar los Lineamientos, reclamas tus derechos en cualquier parte, protestas ante desigualdades y privilegios, aplaudes una crítica dicha sin pelos en la lengua, pides que las políticas no solo se enuncien sino tengan resultados –e incluso cuando acudes a la Plaza refunfuñando, para hacer quórum en la misa de Joseph Ratzinger– estás contribuyendo activamente a la política, y a mantener vivo un tejido sin el cual este sistema languidecería, y que los sociólogos llaman consenso. Por cierto, ese tejido es lo que sostiene también al capitalismo. La diferencia consiste en que este no requiere que participes activamente, basta con que no intentes subvertirlo, tengas la sensación de estar informado y poder decidir quién gobierna, yendo a votar (o no) cada cierto tiempo. Naturalmente que allá puedes expresar muchas opiniones y escuchar otras miles, elegir entre varios candidatos, enterarte de quiénes son y cómo piensan, sus planes y propuestas para los grandes problemas del país, e ir a votar (si eres ciudadano) por el que te parezca. Quizás te hayas preguntado a veces por qué este sistema nuestro, que tiene sus elecciones, no puede darle a la gente que piensa como tú la posibilidad de expresar sus opiniones políticas en la televisión, proponer tantos candidatos como quiera (no solo abajo, sino a todos los niveles), escucharlos, hacerles preguntas y saber lo que tienen en la cabeza, antes de votar por ellos y sus propuestas. Siempre has oído que la confrontación política en la televisión, una lista abierta de candidatos y el debate entre ellos no es otra cosa que la politiquería del capitalismo. Que si abrimos ese espacio, los americanos, la mafia de Miami y los disidentes se van a aprovechar para usar sus dineros y confundir al pueblo. Y al enemigo “no se le puede dar ni tantico así”. Etc. También debes haber oído, sin embargo, que nosotros mismos podemos acabar con esto que tenemos más probablemente que ese enemigo. Y que este y sus planes no pueden ser la causa de que dejemos de hablar de nuestros problemas, porque al final, la verdad se impone. Lo has oído, en la voz de los principales dirigentes, una y otra vez, pero es como si nada, los argumentos de siempre siguen ahí. Estás cansado de escuchar anuncios de cambios que no acaban de llegar, y que no dependen de “factores objetivos”, sino de una “vieja mentalidad” que sigue sujetando las riendas. Por cierto, ahorita que mencioné una frase suya, me pregunto si alguna vez has leído al Che Guevara. Hasta no hace mucho saludabas todas las mañanas recordando su nombre. Me figuro que lo admiras como protagonista de mil hazañas de guerra, y sobre todo, haber sido capaz de morir por sus ideas. Te es familiar el guerrillero heroico, pero lo que sabes del pensador político del socialismo es apenas unas frases sacadas de contexto en vallas y muros despintados, y ciertos lugares comunes, como el tema del “hombre nuevo” y los “estímulos morales versus materiales”. ¿Por qué será que nunca te hicieron leer en clase “El socialismo y el hombre en Cuba”? El Che no creía en la infalibilidad del gobierno o de lo que él llamaba la vanguardia. “Sin embargo, el Estado se equivoca a veces. Cuando una de estas equivocaciones se produce, se nota una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a cantidades insignificantes; es el instante de rectificar”. También advertía que la participación ciudadana era esencial: “el hombre en el socialismo, a pesar de su aparente estandarización, es más completo; a pesar de la falta del mecanismo perfecto para ello, su posibilidad de expresarse y hacerse sentir en el aparato social es infinitamente mayor. Todavía es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva en todos los mecanismos de dirección y de producción». Tú también piensas que la participación no puede ser solo cosa de marchas, actos y reuniones, donde tu presencia no cambia nada ni incide “en los mecanismos de dirección”, sino por el contrario, se diluye en “cumplimiento de metas” y otras formalidades. Sientes que en esa participación falta compromiso, sinceridad, espontaneidad. Si te piden que pongas un ejemplo de formalismo, tal vez menciones a las organizaciones juveniles y los medios de comunicación, cuyo estilo y retórica te hacen “desconectar” a ti y a tus amigos; o los CDR y la FMC, donde tampoco te sientes participante de nada sustancial. No sé si sabes que, en un país donde puedes votar y ser elegido para cargos en el Poder Popular desde los 16 años, la presencia de jóvenes delegados en municipios y provincias ha ido bajando, desde 22 % (1987) hasta 16 % (2008). En la Asamblea Nacional, esa presencia promedio cayó al 4% en los años 90; y aunque creció en las últimas elecciones, sigue siendo inferior a 9% de los diputados. Como habrás oído, el porciento de viejos en el país ha aumentado y hoy es el más alto que hayamos tenido nunca (17,73 %); mientras el de niños y jóvenes ha disminuido. Sin embargo, los de tu edad, 16-34, son todavía el 31,41 % de toda la población que puede participar en el sistema político –muy por encima de los mayores de 60, que son solo el 21,6 % de los que tienen ese derecho. Obviamente, la presencia de jóvenes en cargos elegidos por voto está muy por debajo de su peso en la población adulta. Sea cual sea la causa de ese bajísimo perfil, está claro que mientras más jóvenes como tú salgan del país, menos será su presencia en cargos políticos; y si resides afuera no vas a poder votar ni mucho menos ocupar ninguna responsabilidad. Como ves, tu decisión de irte tiene hondas implicaciones también para los que nos quedamos. Esto de irse del país no es nada nuevo, claro. Desde antes del 59, cada vez más gente se iba, sobre todo al Norte; de hecho, ya íbamos en camino de alcanzar una cifra como la de hoy, con más de un millón de nacidos aquí en el exterior. Cientos de miles, incluida la clase alta y muchos profesionales, se fueron en los 60. Cuando el Mariel (1980) y los balseros (1994), partieron otras decenas de miles, entre ellos muchos que no trabajaban, administrativos y obreros. En esas oleadas de los últimos treinta años, no había tantos jóvenes, profesionales y mujeres como ahora. Algunos te dirán, sin embargo, que de otros países –México, Centroamérica, el Caribe, para hablar solo de los vecinos— se va más gente que de esta isla y no pasa nada. Que hay más dominicanos, jamaicanos y guatemaltecos tratando de llegar a EEUU o adonde sea, que cubanos. Y que en definitiva, las remesas de los que se han ido mantienen a flote la economía de sus parientes y de su país. ¿Por qué tanto trauma con el caso de Cuba, si eso le pasa a otros muchos? ¿No habría que empezar a pensar que somos otra isla del Caribe, en vez de asumirnos como los raros y de vivir esta experiencia tan normal como una tragedia nacional? Otros consideran, en cambio, que somos un caso diferente, porque aquí la gente sale por razones políticas, no económicas. Algunos incluso nos miran como una isla rodeada de caña de azúcar por todas partes, donde nadie sabe lo que pasa afuera. Pero seguro tú sí te has enterado de lo que se dice sobre Cuba y los cubanos en el mundo. Aunque no tienes Internet en tu casa, conseguiste un buzón de correo electrónico, u oyes la BBC o Radio Caracol o Radio Exterior de España u otra de las muchas estaciones en español que se cogen desde cualquier radio. Es probable que hables con alguno de los millones de turistas que caminan por nuestras calles; que tengas un primo en Hialeah o Alicante; un amigo que viaja porque es médico, académico, músico o funcionario. Por alguna de estas vías, o por discursos que escuchas aquí mismo, habrás notado que se ha puesto de moda hablar del éxodo y de la diáspora cubanos. ¿Te has fijado que nadie se refiere a los japoneses en Sao Paulo, los turcos en Alemania o los gallegos en toda América Latina desde que llegó Colón como un éxodo o una diáspora –y son muchísimos más que nosotros en cualquier parte? ¿Por qué será? Estas palabras resonantes vienen de la Biblia, donde se usan para describir el éxodo desde Egipto a “la tierra prometida” del pueblo de Israel; y su posterior dispersión por el mundo. ¿Acaso seremos los judíos de estos tiempos? ¿Otro “pueblo elegido”, que paga la culpa por sus pecados? ¿Debería tocarle entonces a la iglesia, vicaria de Dios y ajena a los éxodos, la misión de reconciliarnos? Como ves, el lenguaje no es totalmente inocente. En todo caso, esa afición a creernos excepcionales y esa marea de palabras no nos ayudan mucho a ganar claridad sobre lo que somos y nos está pasando realmente. A fin de cuentas, dentro de poco, tú también serás “un cubano de la diáspora” –lo que siempre será mejor, por cierto, que si te llamaran “exiliado”. Cuando llegues allá, verás con tus propios ojos que algunos se fueron a la diáspora y han terminado en el exilio. Las causas de esa enemistad radican allá y aquí. En ciertos países, la industria del anticastrismo, con ramificaciones en muchos sectores, ha creado un mercado laboral, donde es posible conseguir un cierto empleo o modo de vida, si uno se radicaliza en contra. Como podrás comprobar, al revés que aquí, lo políticamente correcto allá es hablar mal de todo lo que pasa aquí, y esa norma, en ciertos lugares, puede ser muy estricta, ya lo verás. Otros, en cambio, se han puesto así porque del lado de acá les han hecho pagar costos elevados, no solo en dinero. Se han sentido castigados, sujetos de prohibiciones y separaciones, obligados a pagar una multa personal que les resulta injusta y onerosa, solo por haber decidido probar fortuna en otra parte. No importa que se haya reconocido oficialmente el origen económico y familiar de la emigración, se sigue cultivando insensiblemente entre muchos de los que parten un encono, cuyo costo rebasa todas las recaudaciones y contabilidades de corto plazo, porque deja una huella indeleble en las personas, y por lo mismo, en el cuerpo real de la nación. El precio de esa enemistad, naturalmente, es inestimable. Como ves, aunque tu decisión personal parece solo eso, tiene un significado social y político mayor. Te reitero que nada de lo comentado hasta aquí intenta cambiar tus planes. Estoy seguro de que si te quieres ir, no hay papeleo, ni trabas, ni condicionamientos familiares, ni tarifas, ni medidas punitivas que te detengan. Eso lo saben bien aquellos cuyos hijos se han ido, experiencia que incluye a todos los grupos y jerarquías. Algunos parecen olvidar, sin embargo, que sobre este tema de la política migratoria ha habido experiencias provechosas, que deberían tener un efecto demostrativo. Por ejemplo, en el sector de la cultura. Justamente, si fueras artista o escritor, no tendrías el dilema de quedarte aquí para siempre o irte para siempre. Podrías decidir trabajar afuera durante años, y finalmente regresar a tu lugar, para salir cada vez que quieras –como han hecho muchos. O seguir allá, mantenerte en contacto y colaborar con proyectos aquí, retornar una y otra vez –como hacen otros. Lo cierto es que la mayoría de nuestros artistas y escritores no se ha ido del país de modo definitivo. Si se tratara solo de términos “estrictamente económicos”, está claro que, para los intereses del país, su valor como capital humano es muchas veces superior a las gabelas migratorias. Esa política alternativa ha dado frutos no solo para ellos, sino para todos nosotros. No me vuelvas a decir entonces que la política no te interesa, porque la verdad es que todo esto te importa mucho –igual que a la mayoría de los jóvenes como tú, que viven afuera, pendientes de lo que pasa aquí. Si te preguntaran por tus sentimientos como cubano, quizás digas que estás orgulloso de que seamos así como somos, de nuestra herencia cultural, tradiciones, luchas por la independencia, creencias, valores, patriotismo. Ya ves que tu “apoliticismo” es muy dudoso, digan lo que digan o lo que pienses de ti mismo. Ahora bien, probablemente sí te va convenir mucho conectarte en directo con las realidades del mundo, y aprenderlas por ti mismo, cosa difícilmente alcanzable solo con Internet, la antena o el mp3. Salir de Cuba, además de probar fortuna, te da el chance de crecer por ese lado. Nada contribuye más a la educación política que viajar, conocer otras gentes y culturas, valores y creencias ajenas, palpar directamente y hasta experimentar los problemas de otros, para darse cuenta de dónde uno está. Si hubieras tenido la oportunidad de viajar y regresar, una y otra vez, el contexto en el que tomarías tu decisión ahora sería diferente. Quiero terminar esta carta, naturalmente, con una despedida. No queremos que te vayas. Pero si ya lo decidiste, ninguna talanquera burocrática te lo impedirá, y lo que más cuenta ahora es que no te vayas para siempre. Queremos que no partas del todo, y para asegurarlo, lo primero es poner un calzo para que la puerta siga abierta. Donde quiera que estés, piénsate uno de nosotros, y que perteneces aquí, pase lo que pase. No rompas ni nos dés la espalda ni te dejes provocar por nadie, de allá o de aquí, que pueda convertirte en un enemigo. Levántate cada día recordando esta nave donde seguimos remando, que solo se mueve si todos la empujamos. También tú puedes remar desde allá, para que siga a flote y se encamine a buen puerto. No dejes que te entre el bicho de la soledad o la nostalgia, que no sirve para nada; ni te resignes a la idea de que estás lejos; ni dejes de estar pendiente de todo lo que nos pasa. Nosotros seguimos contando contigo. Te esperamos siempre, como al que vuelve de un viaje. Lleva con orgullo que eres un ciudadano de este país, porque la cubanía no es un documento de viaje, ni la patria un pedazo de tela. Habrá quienes te digan que somos una isla virtual o imaginada, un territorio diaspórico y otras metáforas. Tú y nosotros sabemos que Cuba es el espacio real donde compartimos cosas tangibles como riesgos y resultados, costos y aspiraciones, entre todos. Así debe ser; y será, si nos lo proponemos duro. Buena suerte y hasta pronto.— La Habana,31 de mayo de 2012. Rafael Hernández es el director de la prestigiosa revista cubana Temas. Esta carta fue publicada en La Joven Cuba 2) Diosnara Ortega González: Carta de una joven que no se va "Yo no me fui, yo me alejé un poquito. Desde más lejos se oye más bonito."— Habana Abierta Querido Rafael: Cada una de sus palabras parecen un espejo donde escucho rebotar tantas voces y la mía propia. Comparto sus preguntas y certezas y es entonces cuando me siento tan feliz, pocas veces veo permearse las barreras generacionales por ideas y sentimientos más importantes que los discursos preestablecidos. A usted le correspondería hablar como un cuadro, un típico militante del partido, a mí simplemente no hablar. Soy de la generación de los ochenta, y tiene razón, no me acuerdo de la caída del Muro, y la Crisis de Octubre no significa nada para mí. Pero recuerdo ir a comprar jabolina a una casa clandestina con mi mamá, las largas noches durmiendo en el piso de la sala con la puerta abierta en busca de refrescar aquellos interminables apagones, los intentos de salida del país de mis tíos, los que al fin lo lograron “por el bombo ”. Así pudiera apuntar tantos eventos comunes a mi generación y también a la suya, solo que en momentos distintos de la vida. Cuando ya usted tenía un concepto formado de la “lucha” yo aprendía otro muy distinto que me valdría hasta el día de hoy para saber cómo se vive en Cuba. He visto irse a la mitad de mi familia, amigos que van a estudiar o trabajar “afuera” y no regresan. Pero de tantos irse ya es como algo esperado aunque no por ello menos doloroso. A diferencia de usted, más que aquel que se va, me preocupa y entristece aquellos que no salimos físicamente del país, pero que ya no estamos. Muchos han abandonado a Cuba desde dentro: jóvenes, viejos, funcionarios, amas de casa, campesinos, obreros. Algunos caemos como en corto circuito, por momentos nos conectamos con lo que pasa, cuando nos duele mucho, hacemos algo, decimos algo, y otras tantas nos volvemos indiferentes y es como si no estuviéramos, como si también nos hubiéramos ido. Existe también una diáspora y un exilio dentro de Cuba, que se siente aunque no se ve. Nosotros mismos las hemos construido. Hemos aprendido demasiado de la inercia. Una y otra vez nos han enseñado que no importa lo que hagas, nunca nada cambia, al menos no como exiges o esperas que cambie, para bien tuyo y tus semejantes. Todo es un juego, parece pero no es. Y mientras tanto esta, la única vida que tenemos se nos va esperando, esperando… Yo también aspiro a tener techo propio, a vivir feliz de mi empleo, sin penurias de transporte y luz, y más que irme de vacaciones una vez al año, tener asegurada una infancia estable económica y espiritualmente para mi pequeño, una vejez cálida y sin miserias para mis padres, que tanto han trabajado y cuyo retiro no alcanza ni para los gastos de la electricidad. No quiero ver crecer, solapada, la miseria a mi alrededor. Soy una joven madre que no se va de Cuba, al menos no físicamente, ¿pero políticamente, espiritualmente? Tengo miedo no solo de aquel que se va, que como a usted, como a todos, nos afecta, nos abandona, tengo miedo de irme yo también de ese otro modo, con el silencio que cuenta a favor del contrario, con la indiferencia que nos deja totalmente vencidos. ¿Qué hacer, cómo romper este círculo vicioso? Vivo en un país donde cada día mis creencias se alejan más del los medios para alimentar a mi hijo. Estamos pasando a planos superiores de la corrupción: del chantaje nos dirigimos a la extorsión. Un país donde se instaura con agilidad una clase parásita que devora todo vestigio de decencia y dignidad. Los nuevos rumbos políticos de la economía cubana, dejan en manos de esta burocracia a una cantidad mayor de hombres y mujeres a los que no nos queda más que vender nuestra fuerza de trabajo o invertir los recursos ahorrados con un mínimo de seguridad, la que en manos de ellos, los que inspeccionan, autorizan, dan permisos, se esfuma. Entonces aquí adentro ¿qué hacer: ser cómplices, no denunciar, jugar a ser víctima y así sobrevivir en un juego de poderes que siempre se sostiene gracias a tu silencio, o ser consecuente con lo que crees justo, exigir tus derechos, los que van más allá de la Constitución y también esos, y correr el alto riesgo de ser más rápido víctima de esos poderes? La salida a este círculo vicioso sigue siendo la valentía. La valentía para dormir con la conciencia tranquila y la certeza de ser devorada a la mañana siguiente por aquellos contra los que te levantaste ayer. Lo peor es siempre si dependes de ellos para alimentar a tu familia. Esta es una triste realidad que para muchos cuadros parecerá un exceso y ojalá lo fuera, pero eso solo dice las distancias entre sus vidas y la de tantos otros y otras como yo. Cuando soy cómplice de lo que creo mal hecho: del inspector que viene a “sofocarme” y no denuncio porque mañana me va a joder, de la bodeguera que me revende la leche que toma mi hijo y el del vecino, estoy dejando atrás a Cuba, estoy viviendo su más cruda realidad y al mismo tiempo me estoy yendo. Yo también he pensado en ser parte de la institucionalidad existente y lo he hecho: he sido militante de la UJC, he pensado aceptar ser delegada de mi circunscripción, asesora de algún Consejo Popular, he sido parte de acciones que buscan cambios, pero la realidad solo me ha desgastado y dicho: ¿para qué? Ya ve, no le hablo como una socióloga, o mejor dicho, no como los que viven de la sociología. Su carta no pretende convencer a los ya convencidos, pero cada argumento me recuerda esas murallas gigantes que asfixian el futuro y el presente suyo y mío, sin importar edades. Una amiga que como yo ha tenido la posibilidad de viajar fuera de Cuba, me dijo una verdad rotunda con la que me despido: “desde más lejos todo no se oye más bonito”.— La Habana, 15 junio 2012. Diosnara Ortega González es una joven madre. Socióloga. Msc. Psicología Social y Comunitaria. Investigadora ICIC Juan Marinello. Cuentapropista. 3) Victor Fowler: A propósito de la Carta a un joven que se va.
Rafael Hernández · Diosnara Ortega González · Víctor Fowler -------------- Rafael: Es difícil exponer algún comentario acerca de esa “carta a un joven que se va” que recién envías. Al menos en mi caso, he quedado con la extraña sensación de que pertenecemos (todos) a un orden de cosas inamovible, dominado por la fuerza de decisores invisibles y cuasi-divinizados (a veces la célebre "buriocracia", otras sin nombre) y que –paradojalmente- la única transformación real que puede ser intentada es la de demostrarle a este joven hipotético (que ya decidió abandonar el país) que pese a todo sigue siendo un hijo del socialismo. De esta manera, según lo entiendo, se elude lo que –para el joven- debió de ser la cuestión fundamental: “¿es posible participar, ser escuchado, incidir en las decisiones relevantes de la vida socio-política en el país?” Puesto que tu carta expone varios ejemplos de participación, entendida como la contribución al consenso (incluyendo el “hacer quórum en la misa de Joseph Ratzinger”), entonces parece que la pregunta debe de atravesar hasta mayor profundidad para que la respuesta explique por qué tenemos la sensación de que la “participación“ es experimentada sólo como un “hacer quórum” o sumatoria de cifras, una suerte de deriva hacia el consenso (cuyos límites y características fueron y son continuamente diseñados y discutidos por otro para quien la norma es no darnos “participación”). En este último caso, cuando el contenido de la participación es vaciado, alienado de sí, el discurso resbala y rebota hasta verse obligado a enfrentar la más sorprendente de las paradojas; a saber, la obligación de explicar cómo es posible que la crisis del presente brote exactamente del lugar que constituye la promesa esencial del socialismo, su más elevado punto en el pasado: la idea de que la realidad de la participación hace posible la transformación del hombre, la cultura, sociedad y –en general- la vida. En esta carta, tal y como señalas, no te presentas como “… padre, consejero o guía espiritual” y tienes suerte de que así sea, pues debe de ser profundamente desgarrador enfrentar un caso no-hipotético desde cualquiera de las posiciones que mencionas; dicho de otro modo, ¿qué ofrecer a alguien que no sea la más amplia opción de participación en el destino propio? ¿No es acaso aquí, en ese camino pleno de riesgo tanto como de posibilidad, que la “sociedad pobre” (enfrentada a la opción “dura” del consumo) renueva su atractivo, su apelación? En el reverso de esto último se encuentra la peor de las preguntas (y que también debiéramos, según mi juicio, responder): ¿qué es todo lo que se necesita no poseer (por ejemplo, siendo el hipotético joven de tu carta) para tomar la decisión de ir a vivir a otro país, teniendo como punto de partida una sociedad como la cubana? Las preguntas son siempre muchas e igual las gracias por tu artículo. Victor Fowler es un reconocido poeta y ensayista cubano.Fuente de publicación: Sinpermiso

Más de cien querellantes en la causa contra el franquismo en Argentina

PATRICIA CAMPELO-- La Plataforma vasca, que aglutina a una decena de asociaciones de memoria, es una de las últimas incorporaciones a la querella contra los crímenes franquistas presentada en un juzgado argentino el 14 de abril de 2010. Más de una veintena de asociaciones abandera la causa en lo que han venido a llamar, provisionalmente, Red ciudadana de apoyo a la querella contra los crímenes del franquismo, compuesta por sindicatos, asociaciones de memoria, ecologistas, actores, miembros del 15-M y particulares. Algunos de los integrantes de esa red recorren la geografía española recabando apoyos. La última parada la hicieron esta semana en Valencia los ex presos políticos del franquismo agrupados en La Comuna, una de las organizaciones más activas en la lucha por el fin de la impunidad. Allí invitaron a familiares de represaliados y víctimas directas a suscribir la querella que sigue su curso desde Argentina. Hasta ese país llegaron, hace dos años, los dos primeros querellantes: Inés García Holgado -familiar de desaparecido- y Darío Rivas -hijo del alcalde de Castro Rei asesinado en 1937. Ambos optaron por la vía de la justicia internacional cuando el Tribunal Supremo admitió a trámite la denuncia de la organización ultraderechista Manos Limpias contra Baltasar Garzón. El entonces juez había intentado investigar las desapariciones forzadas durante la dictadura y fue acusado de prevaricar por haber asumido la competencia en esta materia. Tras el juicio a Garzón y el portazo del Tribunal Supremo a la posibilidad de enjuiciar estos delitos en España, la cifra de denunciantes ya ha rebasado la centena "y sigue incrementándose", ha confirmado Rocío Mostaza, de la Unión de Actores, a Público.es. La Red ciudadana contra la impunidad se reunió el pasado jueves 21 de junio en Madrid para potenciar las acciones en el marco de la próxima visita de la jueza argentina María Servini a España, prevista en septiembre. Varios miembros de La Comuna trabajaron sobre los resultados de ese encuentro dos días después en el centro social de Tabacalera, en la capital. Allí recordaron que, algunos integrantes de este colectivo que agrupa a más de 300 veteranos militantes de izquierda, viajaron a Buenos Aires a primeros de mayo para prestar declaración ante Servini. El encuentro sirvió también para recoger propuestas de actos a realizar durante la visita de la jueza argentina a España. "Está previsto que llegue a finales de septiembre", avanzó Josu Ibargutxi, miembro de la Plataforma vasca y uno de los ex presos políticos que también viajó a Argentina el mes pasado. La visita servirá para avanzar en las investigaciones: reunirse con víctimas y familiares y visitar fosas comunes. Ibargutxi explicó también que la Plataforma vasca por la querella contra el franquismo acaba de comenzar con las labores de documentación de la represión en ese territorio, así como a buscar apoyos institucionales. "Asociaciones como la del 3 de Marzo y los curas de la antigua cárcel de Zamora están preparando toda la documentación que van a incorporar a la investigación", aclaró. La prisión zamorana se destinó a encarcelar a los llamados curas obreros del tardofranquismo, acusados de "delitos políticos" por cuestionar la dictadura. La Unión de Actores, una de las primeras organizaciones que se sumó a la querella, también se encuentra recabando información de los artistas represaliados con objeto de elaborar un censo, tal y como explicó el pasado lunes 18 el secretario de la organización, Vicente Cuesta, durante la gala anual de entrega de premios. Los ex presos reunidos en Tabacalera, entre los que estaban Manuel Blanco Chivite -militante del FRAP y condenado a muerte en 1975- y José María Galante 'Chato' -ex dirigente de la Liga Comunista Revolucionara-, concluyeron la jornada con talleres preparatorios de acciones en el marco de la campaña de visibilización de la querella. Blanco Chivite también acudió a Valencia esta semana, un lugar donde aún no se ha presentado ninguna denuncia a incorporar a la investigación del juzgado Juzgado Criminal y Correccional Federal número 1 de Buenos Aires. Público

FÚTBOL Y FASCISMO

Redemuntok Redé-- El balompié resulta un brillante combustible para inyectarle energía y sangre nueva al poder de turno, hoy compartido a nivel internacional por el régimen de las corporaciones y de las democracias decadentes del siglo XXI. El acontecimiento le brinda legitimidad al PODER, reforzando la RANCIA IDEA de PATRIA, BANDERAS y nacionalismo en el más puro corte fascista. Una crisis ecónomica apoyada a ultranza por los medios de comunicación y el fútbol en la coctelera de este mundo SIN IDEOLOGÍAS, SIN SUSTENTOS PARA EL ÁNIMO, SIN ESPERANZAS es el germen de este fascismo moderno de encorbatados señores ocultos tras ordenadores que manipulan conciencias y "dormitan" a una sociedad paralizada por el día a día, por las extrañas modas pasajeras( seguimos en las ferias, en las terrazas, en las comuniones-boda, tenemos TVs planas y pórtatiles, móviles que adivinan tu pensamiento,...) y por una total apatía por los más necesitados. Bienvenidos al muro de contención del estallido, del pensamiento crítico y de la crisis general. Escenario ideal para perpetuar las degollinas del medio oriente(anclados a la "dictudura" de los combustibles fósiles) y para imponer un clima de censura asentando en la hipocresía de las campañas de filantropía en boga(con 10€ salvarás a un niño africano,MENTIRA!!). Necedad altruista tendiente a beatificar y a santificar la imagen de quienes nos dominan. CRISIS DE VALORES, fútbol y fascismo. Una nueva guerra sin armas. http://www.facebook.com/photo.php?fbid=323473307741640&set=a.103015733120733.8767.100002369199624&type=1