6 de julio de 2012

El economista Jacques Sapir responde afirmativamente al provocativo título de su último ensayo “¿Hay que salir del euro?” y denuncia las relaciones de fuerza en favor de la economía alemana presentes dentro de la UE.

Christian Marazzi- Traducción:A Zofra- Las elecciones francesas y griegas han añadido nuevos factores de inestabilidad a una unión monetaria europea que ya es económica y socialmente insostenible. A partir de ahora, la única alternativa posible es la siguiente: o los países fuertes de Europa aceptan garantizar el pago de las deuda de los países débiles o la ruptura del euro pasa a ser inevitable. En ambos casos está en juego la definición del plano de la soberanía, la posibilidad al o menos de gobernar la salida de la crisis con políticas de crecimiento declinadas a escala nacional o supranacional. En medio de esto está el euro, su arquitectura, su “naturaleza”. Analizarlo críticamente, como ha hecho Jacques Sapir en su “¿Hay que salir del euro?” resulta cada vez más urgente, especialmente para hacer frente a la falsa idea segun la cual la ruptura del euro significaría el final de Europa, de su posibilidad misma. Digamos brevemente, antes de entrar en la tesis de Sapir, que la idea de un pacto para el crecimiento lanzada por el presidente del BCE, Mario Draghi, para calmar a François Hollande, así como la idea de un plan Marshall de 200 millones de euros destinados a inversiones en infraestructuras, financiadas por un Banco Europeo de Inversiones (BEI) por no hablar de la idea de aplazar un año los objetivos de saneamiento de las cuentas de los paises que tienen dificultades, no tienen ninguna posibilidad de frenar la caída en recesión cada vez más grande de países como Italia o España. El pacto para el crecimiento propuesto por Draghi no es otra cosa que una propuesta de reformas destinadas a liberalizar aún más el mercado de trabajo para aumentar la competitividad de las economías europeas, mientras que el plan Marshall europeo consistiría en la apertura de obras en infraestructuras para relanzar “keynesianamente” el crecimiento. En ambos casos se trata de medidas a medio y largo plazo que nada pueden hacer con la urgencia de la situación, en particular con el aumento de las deudas públicas inducido por la recesión y la consiguiente necesidad de continuar con más medidas de austeridad. La negación automática de la señora Merkel a la demanda de acabar con las políticas de austeridad que emergen de las urnas griegas y francesas, ha frustado cualquier “Pacto para el crecimiento ” dado que en este caso, Alemania sería sin duda llamada de nuevo a hacerse cargo de las deudas de los países débiles (ya ha gastado más de 200 millones para salvar el euro). El pecado original Y entonces, ¿qué hacer? ¿Pedir al BCE que monetarice directamente la deuda pública de los países débiles? ¿Lanzar los eurobonos para mutualizar las deudas de los países de la eurozona? ¿Transformar la Unión Europea en una Unión de Trasnferencias Financieras en nombre del federalismo europeo? ¿Ponerse a gastar en el interior de cada estado, teniendo luego que se castigado por los mercados financieros? ¿Continuar como seguramente harán, con la política de parches, para tratar de ganar tiempo, pero con costes cada vez más elevados y corriendo el riesgo de que la situación se vaya de la mano? Es en este punto que el análisis del economista francés -investigador de la “Escuela de altos estudios de ciencias sociales” y impulsor del “Centro de estudios de los modos de industrialización”- Jaques Sapir se revela particularmente valiosa. En primer lugar, Sapir demuestra cómo el euro ha sido concebido desde el principio como una moneda del todo funcional a los intereses económicos alemanes y cómo esto ha sido posible gracias a una serie de precauciones de orden constitucional que hoy por hoy restringen cualquier margen de maniobra económico monetaria. El compromiso original inscrito en el Tratado de Maastrich de 1993 garantiza efectivamente a Alemania el derecho de acceso sin restricciones (arancelarias o monetarias) de los productos alemanes los principales mercados de los países vecinos, y ello a cambio de un ajuste a la baja de los tipos de interés. “En otras palabras, si Alemania obtenía un libre acceso a los mercados de sus vecinos, a cambio ofrecía la posibilidad de endeudarse a buen precio para…comprar los productos alemanes.” Por otra parte, el tribunal constitucional de Karlsruhe precisa, desde la ratificación del tratado de Maastrich, que el paso a la moneda única debe hacerse en el marco de una comunidad de estabilidad monetaria (que pasa por ser el fundamento de la ley alemana), lo cual excluye tanto la monetización directa de las deudas soberanas por parte del BCE, como la creación de los eurobonos tan de moda en estos tiempos. En el primer caso, como se ha visto en el caso de la “Long Term Refinancing Operation” que ha visto al BCE inyectar mil millones de euros en los bancos comerciales a través de la adquisición de obligaciones públicas y así reducir temporalmente las progresiones de España e Italia, el objetivo de la estabilidad no sólo ha revelado lo poco que tiene de Banco Central el BCE (es, de hecho, un banco privado), sino también cómo esta operación ha sido de corta duración y totalmente ineficaz. En lo que respecta a los eurobonos, hay que decir que la mutualización de las deudas soberanas no implicaría necesariamente una importante reducción de los tipos de interés en beneficio de los países endeudados (los mercados financieros no razonan en términos de medias sino de riesgos) pero ciertamente aumentaría los de los alemanes, lo que explica el terco rechazo a los eurobonos por parte del gobierno alemán. El pleno empleo precario Pero el punto decisivo del análisis de Sapir es el que demuestra que la construcción monetaria sobre el modelo de la teoría neoclásica de la moneda (de una moneda-velo que en régimen de prefecta movilidad de capitales excluye la necesidad de una política monetaria nacional) no es tanto fruto de la ideología de la austeridad sino, el reflejo de una limitación demográfica estructural dentro de Alemania. La “responsabilidad del presupuesto” de cada estado miembro, que es la negación de un presupuesto común europeo, siempre ha tenido como objetivo evitar cualquier tasa externa sobre el ahorro acumulado y capitalizado dentro de un país que ya a finales de los años ochenta conoce un fuerte descenso demográfico y se enfrenta por eso al problema del pago de pensiones. Era necesario, por tanto, poner en seguridad el valor patrimonial de lo que los alemanes habrían tenido que ahorrar. “A tal fin, el gobierno de Alemania no encontró mejor remedio que plegarse todavía más a la lógica de los mercados financieros” Es evidente que la “Unión de Transferencias”, la unión de transferencia de ahorro alemán a los países con dificultades, es impensable dentro de estas relaciones estructurales, con el visto bueno de la hipótesis federalista y sus seguidores. La moneda única por tanto está íntimamente ligada a un “modelo alemán” en el cual la capitalización del ahorro, las contra-reformas del mercado de trabajo (Hartz IV) del gobierno rojo-verde de los primeros años 2000, que generaron un “pleno empleo precario” compuesto por bajos salarios y austeridad asistencial, la fuerte especialización de la industria de exportación, para la cual era y sigue siendo necesaria la imposibilidad a la devaluación monetaria por parte de los países miembros competidores, han transformado el euro en una forma de profundizar los desequilibrios internos a la zona europea. La unidad monetaria no ha producido en ningún caso la unificación de los mecanismos económicos de los distintos países, al contrario, las balanzas comerciales no han dejado de divergir, consolidando hasta tal punto la asimetría entre países exportadores y países importadores que ni siquiera un aumento de la demanda interna alemana, que el ministro de Hacienda Schauble reconoce hoy como algo deseable, permitiría a Alemania hacer de locomotora de la economía europea. El equivalente universal del enemigo A todo esto se junta el hecho de que, como recuerda el economista Sergio Rossi, pese a las apariencias, los países que forman la zona euro tienen los sistemas de pago separado (Target-2) en cuanto que falta un mecanismo por el que garantizar que las importaciones de cualquier género sean pagados realmente y no solo nominalmente. Aunque tengan todas el mismo nombre y los gobiernos nacionales hayan cedido su soberanía monetaria al BCE, los países miembros continúan de hecho teniendo monedas heterogéneas. Lo que falta es una moneda supranacional (un eurobanco si se quiere)que funciones como vehículo real de poder adquisitivo entre los países que tienen relaciones de intercambio. Esto implica la acumulación de posiciones crediticias por parte de Alemania (más de 500 millones de €) que en caso de una disolución de la zona euro o del fracaso de un estado “periférico”, implicaría una pérdida monumental, con mayor razón si persiste el actual sistema de pagos internos de la Unión Europea. “En efecto, escribe Sapir, podemos preguntarnos si el cálculo hecho por los gobernantes de Berlín, según el cual el mantenimiento de la zona euro resulta más caro que su disolución, no es una buena excusa para ponerle fín o al menos para provocar una grave crisis con el objetivo de reconfigurarla según sus deseos, es decir, sin los países “de riesgo”". ¿Debemos entonces salir del euro? Según Sapir sí, en cualquiera de los casos hay que salir de “ese” euro, porque no se lucha contra el capitalismo financiero sin luchar contra su expresión monetaria, es decir, contra el euro. La idea es pasar de la moneda única a la moneda común, que, según Sapir, debería ser un sistema monetario basado en las monedas nacionales, relacionadas entre ellas por paridades fijas pero ajustables a las cuales se añade una moneda supranacional que garantiza todas las transacciones comerciales y financieras con los países fuera de la zona, lo que implica también un acuerdo colectivo sobre las limitaciones de movimientos de capitales y las operaciones de mercado. Independientemente de como se la evalúe, la cuestión de la moneda común está sobre la mesa; hay que trabajar para articularla a escala supranacional partiendo de ese “común” que está en la base de nuestra Europa.http://azofra.wordpress.com/2012/06/24/el-balance-en-numeros-rojos-de-un-continente/

Felipe González sobre Eurovegas: "Quieren convertir Madrid en un puticlub"

El expresidente del Gobierno Felipe González acusó este viernes a los promotores de Eurovegas de querer convertir "en un puticlub" a Madrid o a la ciudad que sea elegida para construir sobre sus terrenos este macrocomplejo de ocio, juego y negocios. González asistió a los Cursos de Verano de la Universidad Complutense en San Lorenzo de El Escorial y se preguntó si España va a "confiar la recuperación de una economía y del empleo a operaciones de esta naturaleza". Asimismo, consideró que "debemos respetarnos a nosotros mismos" y se quejó de que el Gobierno vaya "a cambiar la política fiscal o la política antitabaco" por Eurovegas. El expresidente opinó que si este proyecto lo hubiera impulsado un Gobierno de izquierdas, "se hubiera armado con los salvadores de la patria". Además, se mostró "extrañado" de que "a estos obispos que están en contra de la igualdad de género les parezca bien" lo que pretende hacer Las Vegas Sands.http://www.eleconomista.es/interstitial/volver/acierto/espana/noticias/4100247/07/12/Felipe-Gonzalez-sobre-Eurovegas-Quieren-convertir-Madrid-en-un-puticlub.html

¿Salvar al euro?

por Vicenç Navarro-- El euro, sin embargo, nunca ha estado en peligro de desaparecer, y continúa con buena salud, sin ningún peligro de fallecer. Veamos los datos. Cuando fue establecido, un euro valía un dólar. Hoy el euro está sobrevalorado, siendo su valor monetario superior al del dólar. Se está promoviendo en los medios de mayor difusión del país el mensaje de que los países de la periferia de la Eurozona, Portugal, Irlanda, Grecia y España, (llamados PIGS, ahora conocidos, al añadirse Italia, como GIPSI) tienen que hacer grandes sacrificios a fin de garantizar la existencia del euro, el cual se presenta como en peligro de desaparecer. Aparecen impactantes titulares en tales medios que señalan la cercana muerte del euro o que la última reunión del Consejo Europeo salvó al euro (implicando que de no tomarse las decisiones que se tomaron, el euro habría desaparecido). Existen variaciones de este mensaje. Una de ellas es la que afirma que, para salvar al euro, Alemania tendrá que presionar para que se expulse a Grecia. O al revés, se afirma que Alemania, cansada de ayudar a los países periféricos, saldrá del euro y recuperará su propia moneda, el marco, matando así al euro. El euro, sin embargo, nunca ha estado en peligro de desaparecer, y continúa con buena salud, sin ningún peligro de fallecer. Veamos los datos. Cuando fue establecido, un euro valía un dólar. Hoy el euro está sobrevalorado, siendo su valor monetario superior al del dólar. El hecho de que haya bajado algo durante estos últimos tres años no quiere decir que esté desapareciendo. En realidad, no les iría mal a los sectores exportadores que hoy están teniendo dificultades, que el euro bajara más. Las exageraciones (parte del lenguaje sensacionalista que caracteriza a la mayoría de los medios) que acentúan que el euro está en peligro de desaparecer no tienen ninguna base real. Miren la evolución del precio del euro en los últimos cuatro años y lo verán. El euro no está en peligro. Ahora bien, les aseguro que este mensaje de que el euro está en peligro continuará promoviéndose, pues tiene como objetivo promover un miedo que haga más fácil aceptar las medidas altamente impopulares que se están imponiendo a la población. Otra aseveración que carece de credibilidad es que puede llegar un momento en que Alemania presione para que se expulse a Grecia. Lo último que el capital financiero alemán desea, es que este país deje el euro, por la sencilla razón de que el impacto contaminante que tal salida tendría en los países GIPSI sería devastador para el sistema financiero alemán. La banca alemana tiene invertido, por ejemplo, en España, 146.000 millones de euros, y en Italia 134.000 millones. La salida de cualquiera de estos países GIPSI del euro afectaría muy negativamente el pago de tal deuda a Alemania y la banca alemana y su gobierno son plenamente conscientes de ello. En realidad, es sorprendente que los gobiernos de estos países periféricos no hayan utilizado la amenaza de salirse del euro como medida negociadora con el gobierno Merkel. Sea como sea, pueden estar seguros que para bien o para mal (según usted valore los beneficios o perjuicios que el euro haya tenido) ningún país será expulsado del euro. Alemania es el país de la Eurozona que se ha beneficiado más de la existencia del euro Pero lo que hace incluso más inverosímil la observación de que Alemania deje el euro es que este país, es el que más se ha beneficiado de la existencia del euro, beneficio que se ha centrado primordialmente en su banca y en su sector exportador. Como reconoció el dirigente socialdemócrata alemán, el Sr. Sigmar Gabriel, en su crítica al comportamiento del gobierno Merkel, Alemania, desde que se estableció el euro, ha ganado la friolera cantidad de 556.000 millones de euros más de lo que se ha gastado en lo que se conoce como “ayuda financiera”. En realidad, Alemania no ha gastado en este último capítulo, “ayuda financiera”, lo que le correspondería por el nivel de riqueza que tiene. Paga incluso menos, proporcionalmente, de lo que paga España. Alemania da un porcentaje a los fondos de rescate financiero MEDE menor que España (un 27% versus un 29.8%). Esta percepción de Alemania como la gran pagadora de los gastos de ayuda (promoviendo un “victimismo” muy rentable políticamente en su propio país) no se corresponde con la realidad. Toda la evidencia científica muestra que Alemania es el país más beneficiado por la existencia del euro. Y, siendo el país que tiene mayor capacidad decisoria en la Eurozona (en gran parte debido al dominio del capital financiero alemán en el BCE y en la Comisión Europea), les garantizo que habrá euro para años, y los países periféricos continuarán sufriendo las políticas de austeridad que se les imponen, no para salvar al euro, que tiene buena salud, sino para pagar la deuda a la banca alemana, todo ello presentado con una narrativa de que el sufrimiento de la población les hará mejores y más competitivos, ignorando con ello un hecho evidente: el euro ha sido un enorme obstáculo para que estos países GIPSI puedan competir con los productos alemanes, pues no pueden devaluar su moneda para abaratar sus exportaciones y competir así con Alemania. Y por si ello no fuera suficiente, la banca alemana, que controla el BCE, utiliza este banco (que como he señalado repetidamente, no es un banco central sino un lobby de la banca alemana) y chantajea a los estados GIPSI condicionando la compra de su deuda pública a que se hagan más competitivos bajando los salarios y reduciendo su Estado del Bienestar, conduciendo a estos países a marchas forzadas hacia la Gran Recesión, camino de la Gran Depresión. Y todo ello, en teoría, “para salvar el euro”, todo ello dicho y hecho con la gran complicidad de los mayores medios de información y persuasión, influenciados por (o endeudados con) el capital financiero. Una última observación. Cuando digo Alemania me estoy refiriendo a la estructura de poder de aquel país, es decir, a los establishments financieros, empresariales del sector exportador, mediáticos y políticos del país. Este establishment es responsable, no sólo de la austeridad impuesta (con la complicidad de los mismos establishments de los países GIPSI) a las clases populares de los países periféricos, sino también a la clase trabajadora alemana, cuyo standard de vida, nivel y masa salarial y protección social ha ido descendiendo en los últimos años de gobiernos socialdemócratas-verdes y gobiernos cristianodemócratas-liberales. Fue Oskar Lafontaine, una de las mentes más lúcidas hoy en Europa, quien, siendo Ministro de Finanzas durante el gobierno del canciller Schröder, propuso aumentar los salarios y la protección social como medida de estimular la economía alemana y europea, lo cual no se hizo, escogiéndose, en su lugar, imponer las políticas de austeridad que han beneficiado al sector exportador y a la banca alemana. Si Oskar Lafontaine hubiera ganado aquel pulso, Alemania y Europa estarían hoy en otra situación. El trabajador alemán tiene mucho en común con el trabajador griego, español, italiano, portugués e irlandés, aunque al establishment alemán le aterra la idea de que esta coincidencia de intereses se traduzca en un movimiento opositor a nivel europeo, trabajando cuarenta y ocho horas al día, a través de los medios, para evitar el desarrollo de esta concienciación de intereses colectivos, utilizando el nacionalismo (refiriéndose a Alemania como “victima”) y el racismo (refiriéndose a los trabajadores griegos como “vagos”) para evitar esta coalición de intereses. Así de claro. Vicenç Navarro Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University http://blogs.publico.es/dominiopublico/5456/%C2%BFsalvar-al-euro/ Esto saldra en la pagina al pulsar leer mas

Éric Toussaint presidente del comité para la anulación de la deuda para el tercer mundo "Hay que expropiar los bancos en favor del interés de los ciudadanos y de los países"

Como todos los años, el sindicato ELA organiza, en colaboración la UNED, un curso de verano sobre la situación socioeconómica. En esta edición, el asunto a tratar ha sido las alternativas que existen a la crisis de la mano del presidente del Comité de Anulación de la Deuda, Éric Toussaint donostia. ¿Las políticas de recortes y austeridad conducen a alguna parte? Conducen a profundizar y a prolongar la crisis. Cualquier economista serio sabe que si se reduce el gasto público y, al mismo tiempo, se comprime la demanda privada, congelando salarios y reduciendo las prestaciones a los parados, la consecuencia es un débil o negativo crecimiento que es lo que está pasando en varios países de la UE. Estas medidas tomadas por la Comisión Europea, y los gobiernos nacionales desembocan en la profundización de la crisis y su alargamiento en los próximos 10 o 15 años. ¿Mientras habrá que tomar alguna medida para acortar ese tiempo? Me refiero a esa duración de tiempo porque en la actual situación de ausencia de crecimiento o de depresión, la consecuencia es que va a aumentar la deuda pública porque, a través del rescate bancario, se está transfiriendo deuda privada hacia deuda pública a lo que hay que añadir que la depresión económica está disminuyendo la recaudación fiscal por falta de actividad. Puede ocurrir lo que pasó en América Latina, donde la gente después de 10 años no aguantó más este tipo de política. La gente desconfía de que la austeridad y la disciplina fiscal va a mejorar la economía, así como que los 120.000 millones de euros que ha decidido la UE va a incentivar el crecimiento. Es difícil calcular la reacción de la gente contra esta política. Si tomamos como laboratorio Grecia está claro que en dos años la reacción popular ha sido muy fuerte, primero, en la calle y, luego, en las urnas, pero sin que haya desembocado en la alternativa porque por poco más de dos puntos ganó el partido de la Nueva Democracia en los últimos comicios. ¿Con ausencia de medidas de activación de la economía, la situación será de default? Es probable que dentro de 10 o 15 años haya casos de default, es decir de impago de la deuda por parte de algunos Estados. El saber que la salida de la crisis está en esos 10 o 15 años hace que el trabajo de concienciación de la población para la búsqueda de una alternativa para cambiar la correlación de fuerzas políticas y sociales se plantea como un objetivo que será realidad en dos o tres años. Estamos en una fase en la que los que están a la ofensiva son los responsables o cómplices de la crisis. Ellos van a seguir más o menos en esa línea. ¿Qué medidas se pueden adoptar para reactivar la economía? Es evidente que reactivar la economiza implica un programa con varias medidas importantes, entre las que se encuentran aumentar el gasto público, lo que significa tener un déficit. Con la reactivación económica se aumentan los ingresos que tienen que ir a la par de un aumento de los impuestos sobre los que se beneficiaron de los últimos 20 años de especulación y de regalos fiscales a los más ricos. En este sentido, habría que aumentar el impuesto de Patrimonio y los ingresos de los más ricos en un 1%. En las economías más industrializadas los ricos aumentaron su patrimonio en los últimos diez años en un 50%, lo que significa un 20% del PIB nacional, mientras que hace una década era del 10%. También hay que aumentar el impuesto de sociedades de las grandes empresas, que ha bajado no solo el tipo de gravamen establecido, sino lo que realmente pagan. ¿En qué términos sitúa el déficit fiscal para que haya crecimiento? En torno a un 4 y 5%. En España existe un déficit importante del 8%, pero sin ninguna política de estímulo de la economía. Hay que destacar que una parte de la deuda pública es ilegitima. Es necesario que la mayoría de los países de la UE condonen la deuda de los que la tienen. Esta decisión no vendrá del Gobierno de Rajoy, sino de la presión de la movilización ciudadana que fuerce la formación de otro tipo de gobiernos. Visto el caso de Grecia, parece que ese escenario queda lejos... Por eso hablo de 10 o 15 años para salir de la crisis. Grecia ha estado a punto de llegar a esta situación y no descarto que ese escenario esté próximo y cercano porque el Gobierno surgido de las últimas elecciones es muy débil. Hay que tener también en cuenta el caso de Islandia, donde ha habido una movilización ciudadana que produjo un cambio en la presidencia del país y obligó a tomar decisiones opuestas al rescate que Rajoy ha hecho con los bancos. La solución que en Islandia se ha dado a los bancos es radicalmente diferente que la que ha dado España. ¿Cómo puede haber gasto público si la deuda publica va a paliar la deuda privada de los bancos? Por eso digo que hay que condonar la parte ilegítima de la deuda. Cuando la CE se habla de bajar el déficit fiscal nunca se contempla reducir el pago de la deuda, cuando en el presupuesto saldar la deuda significa aumentar la misma. La visión de la CE es que, como quiera que la deuda pública aumenta, es necesario disminuir el déficit fiscal y, por lo tanto reducir los gastos públicos, cuando lo correcto sería bajar la deuda y aumentar la inversión que permita estimular la demanda pública y privada y la actividad económica. ¿Usted es partidario de expropiar los bancos? Sí. Cuando hablo de expropiar me refiero a partir del interés colectivo de los ciudadanos y de los países. No se puede ya confiar en aquellos que llevaron los bancos al desastre y transferir esa situación al sector público. Tiene que haber un control ciudadano y una auditoria permanente de las cuentas del sector financiero. La expropiación no significa estatalizar los bancos de una manera burocrática, sino un control de los ciudadanos, a través de la transparencia de las cuentas, para la financiación de proyectos que sirvan el interés social. Los bancos son insolventes y dependen de los créditos del Banco Central Europeo. Tiene que haber un sector financiero público y uno privado cooperativo de tamaño medio para evitar modelos de cooperativas de crédito que, por sus dimensiones, han abandonado esa filosofía. Es decir, que los socios participen en la entidad.http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2012/07/05/economia/hay-que-expropiar-los-bancos-en-favor-del-interes-de-los-ciudadanos-y-de-los-paises-1