12 de agosto de 2012

76 años después de la matanza de Badajoz

ALEJANDRO TORRÚS--- El 25 de marzo de 1936 la provincia de Badajoz firmó su condena a muerte. España aún no estaba en guerra, pero el destino de esta ciudad extremeña y sus habitantes quedó escrito. Más de 60.000 jornaleros pacenses, dirigidos por la Federación Española de Trabajadores de la Tierra (FETT), ocuparon 23.500 hectáreas de tierra sin trabajar cuya propiedad se repartía entre tan sólo siete propietarios. Fue la mayor ocupación de tierras del período republicano y el pretexto para una de las mayores matanzas llevadas a cabo durante la Guerra Civil. El 12 de agosto las tropas procedentes del norte de Áfricada comandados por el General Yagüe iniciaron el asalto de la provincia extremeña. “Sólo en la ciudad de Badajoz fueron asesinadas 3.800 personas durante la Guerra y los primeros años de dictadura”, asegura a Público el historiador Francisco Espinosa, autor de la obra La columna de la muerte. “La matanza fue un escarmiento a petición de los terratenientes y una señal al resto de las zonas republicanas”, añade el historiador Justo Villa. Testigo directo de la masacre que durante la segunda quincena de agosto de 1936, las tropas del General Yagüe perpretaron en Badajoz es Luis Pla. A sus 87 años de edad, Luis recuerda a la perfección lo que sucedió en su ciudad cuando él apenas tenía 11 años. Su padre y su tío, Luis y Carlos, fueron asesinados por los militares meses antes de que se iniciara un juicio militar contra ellos que los declaró inocentes. “Los soldados los soltaron y les dijeron que estaban libres. Cuando se dieron la vuelta, los dispararon por la espalda”, recuerda Luis. "La matanza fue un escarmiento a petición de los terratenientes", asegura un historiador La historia de la familia de Luis Pla difiere de la mayoría de tragedias de la Guerra Civil. Su familia no era jornalera, ni pobre y no le faltaban contactos en las altas esferas. Había nacido en una familia acomodada en una región en que la burguesía era escasa y más bien de derechas. En 1936, los hermanos Pla Álvarez poseían negocios en Extremadura relacionados con el automóvil, la distribución de Campsa y alguna explotación agraria. Los dos militaban en el partido de Manuel Azaña, Izquierda Republicana. Primero asesinados, después multados--- La militancia republicana de los Pla no fue bien visto por el resto de terratenientes de la zona, amenazados ante las ocupaciones de tierras de los campesinos. El 19 de agosto de 1936 los dos fueron ejecutados. “Casi tres meses después de su asesinato, se les abre un expediente calificándoles de individuos culpables de actividades marxistas y rebeldes, y acusándoles de contribuir al triunfo del Frente Popular y hasta de que tenían en su poder los rublos que financiarían la Revolución que Rusia pretendía en España”, describe Luis Pla. La Audiencia de Cáceres cerró el caso por “inconsistencia de los cargos” y condenó a la familia Pla a pagar unas multas de 75.000 pesetas por pertenencia a partidos políticos ilegales según la Ley de responsabilidades políticas. Pero para entonces, los dos hermanos ya llevaban casi cuatro años muertos y la multa recaía sobre una ya maltrecha economía familiar. “Los negocios y bienes de la familia habían sido incautados por la nueva autoridad militar, todos los vehículos con los que comerciaba mi padre fueron saqueados por los marroquíes y su coche personal pasó a ser disfrutado personalmente por Yagüe”, rememora Luis Pla. “Que el único delito que mi padre y mi tío y los miles de asesinados cometieron, si es que eso era delito, era haberse manifestado republicanos o socialistas o comunistas o sindicalistas. Con la diferencia de que aquellos a los que se estaba castigando tan ferozmente nunca habían declarado su apoyo y aplauso a ninguna masacre ni al terrorismo institucional como el que se estaba practicando por los sublevados como norma aberrante”, indica Pla Repercusión internacional La masacre de la que habla Pla fue recogida por diversos medios internacionales que, por primera vez, habían entrado a España durante el conflicto. El primero en llegar fue el periodista portugués Mario Neves, quien trabajaba para el medio luso Diario de Lisboa. Tras cinco días de conflicto, el periodista abandonó Extremadura espantado por la barbarie y juró no volver jamás. El historiador Justo Villa lo conoció muchos años después. “Siempre me contaba que lo que más le espanto y el día que decidió salir de aquí, fue una tarde que encontrándose a varios kilómetros de la ciudad vio un densa columna de humo. Se acercó y cuando llegó se encontró con 300 o 400 cadáveres ardiendo. Ese día salió 'pitando' de este país”, recuerda Justo. Las crónicas de Neves no son las únicas que se conservan del momento. El periodista estadounidense Jay Allen escribió para el Chicago Tribune: “Esta es la historia más dolorosa que me ha tocado escribir. La escribo a las cuatro de la madrugada, enfermo de cuerpo y alma, en el hediondo patio de la Pensión Central (…). Miles fueron asesinados sanguinariamente después de la caída de la ciudad. Desde entonces de 50 a 100 personas eran ejecutadas cada día. Los moros y legionarios están saqueando. Pero lo más negro de todo: la policía internacional portuguesa está devolviendo gran número de gente y cientos de refugiados republicanos hacia una muerte certera por las descargas de las cuadrillas rebeldes”, escribe Allen. No obstante, la declaración que mejor resume el espíritu de revancha de aquellos días y que permaneció durante los siguientes cuarenta años la consiguió el también periodista estadounidense John T. Whitaker, del New York Herald Tribune, cuando preguntó al General Yagüe sobre lo sucedido: “Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar 4.000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?, concluyó. Público

El movimiento obrero egipcio: sus retos un año después del estallido de la revolución

Ana Rincón--- En este artículo se analiza el estado actual de la clase trabajadora egipcia, tras su papel crucial para el desarrollo del estallido revolucionario y la transformación del sistema desde abajo. Hace ya más de un año que los medios de comunicación nos mostraban la plaza Tahrir inundada de gente que aclamaba un cambio de gobierno en Egipto, luchando en contra de la tiranía ejercida durante casi 30 años por Hosni Mubarak y en pos de unas mejores condiciones de vida. La toma de las calles por cientos de miles de ciudadanas y ciudadanos, sobre todo jóvenes de clase trabajadora y de origen humilde, su constancia y su capacidad para auto-organizarse y resistir en las plazas de todo el país ha sido considerado como una verdadera revolución en la que “las masas han entrado forzosamente en el reino del control sobre su propio destino” . Esta lucha, sin precedentes en el mundo árabe, ha dado como resultado el derrocamiento de Mubarak y la constitución de un nuevo Parlamento, formado en su mayoría por el Partido Libertad y Justicia, es decir, por los Hermanos Musulmanes. El próximo mes de mayo serán las elecciones presidenciales. Sin embargo, poco ha cambiado para los y las egipcias. La tradicional represión de un régimen fuertemente militarizado continúa, sobre todo contra quienes se han levantado, violando sistemáticamente sus derechos civiles y políticos . Aunque lo que sucede en Egipto ya no sea noticia de primera plana, y a pesar de esta represión, la ocupación en las plazas continúa. Las demandas de la población, primero contra Mubarak, después contra la Junta Militar provisional y ahora contra el nuevo Parlamento, han trascendido al mero cambio institucional y atacan a la propia esencia del sistema. El movimiento obrero Lo que no aparece en los medios de comunicación es que, en paralelo a la ocupación de las plazas y las batallas campales entre la gente revolucionaria y las fuerzas de seguridad del Régimen, en el último año las y los trabajadores han protagonizado una inmensa ola de huelgas por todo el país. Y ha sido cuando han amenazado con paralizar el país cuando se ha conseguido la marcha de Mubarak, poniendo de manifiesto el papel crucial que ha jugado la clase trabajadora en la caída del Régimen y el de la huelga como herramienta fundamental de su lucha. Pero el movimiento de los y las trabajadoras egipcias no surge con las manifestaciones de descontento en las calles el 25 de enero de 2011, sino que ya venía creciendo fuertemente desde los últimos seis años, en paralelo a la etapa más dura de la política económica neoliberal del Régimen de Mubarak. La huelga que protagonizaron 3.000 trabajadoras de la empresa textil Misr Spinning and Weaving, en Mahalla, supuso un punto de inflexión. Reivindicaban el pago de una prima prometida por el gobierno que nunca llegó, haciendo popular su grito ante sus compañeros de “¡Aquí están las mujeres! ¿Dónde están los hombres?” . Unos 24.000 trabajadores y trabajadoras de esa empresa paralizaron la fábrica y la ocuparon durante cuatro días, consiguiendo que el Gobierno les concediera la mayoría de sus demandas. Desde entonces, se han extendido por el país cientos de huelgas exigiendo una mejora de las condiciones laborales de la plantilla. De 222 huelgas que se llevaron a cabo durante 2006, se pasó a 614 en el año 2007. El estallido de la Revolución, por supuesto, ha alimentado también este movimiento, con unas cifras de participantes en huelgas mucho mayores que en la etapa pre-revolucionaria . No es casual que, entre todos los fenómenos de revolución denominados como la Primavera Árabe, sea en Egipto donde más éxito haya habido. Esto se debe, en gran parte, a que es el país donde la clase trabajadora es más numerosa y ha estado históricamente mejor organizada. La democracia en los centros de trabajo Una de las consecuencias más importantes que ha tenido la oleada de huelgas para el movimiento obrero egipcio es que se ha comenzado a vivir un proceso verdaderamente democrático en lugares donde antes no había esa oportunidad. Se ha llegado a tener un alto grado de control sobre el propio lugar de trabajo, aunque sea temporalmente. La organización de las huelgas ha obligado a reunirse a miles de personas en el mismo centro de trabajo, y a tener que aprobar todas y cada una de las decisiones colectivas en el seno de estas ocupaciones, siendo necesario a veces elegir un comité de huelga o de ocupación. Las personas encargadas de negociar con la empresa se han elegido en las Asambleas y los resultados de las negociaciones han sido expuestos en las mismas para ser aprobados o rechazados. Así se ha optado en numerosas ocasiones con continuar las movilizaciones, a pesar de las propuestas de finalizarlas que quienes negociaban traían recurrentemente, y se han depuesto negociadores que no cumplían con las expectativas de sus representados. Estas Asambleas han supuesto un gran potencial de discusiones ricas y variadas, sobre todo teniendo en cuenta que el egipcio es un régimen donde la libertad de expresión y asociación es muy limitada, más aún para las y los trabajadores . Necesariamente esta dinámica ha llevado a los y las trabajadoras a alejarse de sus sindicatos tradicionales y a crear sindicatos independientes. Los sindicatos tradicionales, agrupados en la Federación de Sindicatos Egipcios (FSE), completamente burocratizados y verticales, han ejercido durante años el papel de intermediarios y aliados del Régimen, apoyando la última oleada de privatizaciones del gobierno egipcio antes de la Revolución, así como bloqueando y frenando continuamente las luchas de quienes representaban. Sin ir más lejos, la FSE ha jugado un papel importante en la contra-revolución, organizando manifestaciones a favor de Mubarak e incluso participando en el ataque brutal a los ocupantes de la plaza Tahrir el 2 de febrero de 2011 . El primer sindicato independiente se creó en diciembre de 2008, tras una huelga de recaudadores de impuestos sobre la propiedad que se saldó con un aumento de sueldo del 325%. A partir de entonces, el número de este tipo de organizaciones ha crecido espectacularmente, pasando de 3 a 200 en un año, sobre todo en sectores tradicionalmente menos organizados y casi siempre a partir de los comités de huelga formados durante un conflicto. La primera federación de sindicatos independientes se anunció en Tahrir en enero de 2011 y ya existen dos: la Federación Egipcia de Sindicatos Independientes (FESI) y el Congreso Egipcio Democrático del Trabajo (CEDT). Ambas federaciones han sido reconocidas por el gobierno a pesar de que la legislación egipcia vigente sólo lo permite con los sindicatos afiliados a la FSE. Algo relevante es que los nuevos sindicatos independientes surgidos de estas movilizaciones han intentado conservar los mismos mecanismos democráticos. Un ejemplo de ello es que el control desde abajo de quienes negocian ha funcionado incluso con las y los líderes de estas organizaciones, como ha sido el caso del presidente del sindicato independiente de la Autoridad del Transporte Público, que perdió las elecciones sindicales después de plantear el fin de una huelga y ser rechazado por la asamblea de trabajadores y trabajadoras . El potencial movilizador de los sindicatos independientes es cada vez mayor. Tanto es así que ya están empezando a coordinarse y a poder movilizar a sectores enteros, como por ejemplo durante la huelga nacional del profesorado, la de conductores de autobuses, la de correos, la de las refinerías de azúcar, la del aeropuerto y la del Ministerio de Justicia. No es de extrañar que los Hermanos Musulmanes, junto al FSE, estén trabajando en un nuevo proyecto de ley sobre las libertades sindicales. Sin embargo, su desarrollo e implantación es aún muy desigual en los diferentes sectores, teniéndose que enfrentar además con sindicatos tradicionales todavía con bastante fuerza en muchos centros de trabajo. La conexión entre las demandas económicas y las políticas Como concluye Anne Alexander, experta en política del mundo árabe, a pesar de su aprendizaje democrático durante las grandes olas de huelgas del último año, la clase trabajadora egipcia no necesariamente ha concluido que puede usar su poder colectivo para destruir el viejo estado y construir uno nuevo . Una prueba clara ha sido el escaso seguimiento de la Huelga General convocada el pasado 11 de febrero contra el Consejo Militar. Es evidente que los y las trabajadoras todavía confían en el Parlamento para cambiar las cosas. No en vano los Hermanos Musulmanes y los partidos salafistas en el poder, a pesar de su mensaje en pro de los derechos laborales y de la justicia social, han trabajado duro para transmitir que la democracia no está en las calles ni en las plazas, y han hecho fuertes campañas en contra de las huelgas en general y de las huelgas políticas en particular. En los últimos meses de 2012, los Hermanos Musulmanes han estado mediando entre trabajadores y patronal, prometiendo elevar las demandas de los primeros al Parlamento y frenando así al menos cuatro protestas: la del sector petrolífero en Alejandría, la de una fábrica de fertilizantes en Aswan, un corte de carreteras por la plantilla de una fábrica química en Fayyum y una ocupación de la compañía Kom Ombo Valley en Aswan. Todo esto ha puesto de manifiesto dos cosas: que la huelga se considera como un arma extremadamente poderosa y que la izquierda revolucionaria no tiene aún una implantación suficiente en los centros de trabajo para ganar el debate de las huelgas políticas. Sin embargo, la lucha de los y las trabajadoras egipcias ya ha dado sus primeros pasos en ese sentido. Las grandes huelgas por sectores que implican a cientos de miles de personas trabajadoras y el surgimiento de demandas que afectan al conjunto de las mismas, como por ejemplo la exigencia de un salario mínimo, deja entrever el nacimiento de una conciencia de clase. Además, en muchas de estas luchas comienza a observarse un control cada vez mayor de los y las trabajadoras sobre su propio centro de trabajo, tomando decisiones reservadas normalmente a la dirección. Es lo que ha ocurrido en el hospital general Manshiyet al-Bakri, en el Cairo, donde la plantilla constituida en sindicato ha conseguido sustituir al director por uno elegido democráticamente. También comienzan a existir unas demandas cada vez más políticas, como por ejemplo la retirada de miembros de las Fuerzas Armadas de la dirección de las empresas públicas, como ha ocurrido en el sector de la aviación civil, o la lucha contra la privatización. Un ejemplo de esto último sería la ocupación durante 22 días en diciembre de 2011 de la Compañía Egipcia de Jabones y Aceites por varios miles de trabajadoras y trabajadores, forzando la marcha atrás del proceso de privatización. No obstante estas experiencias, los y las trabajadoras del hospital general del Cairo pronto han visto como su nuevo director se alinea con el gobierno, evitando las reuniones con el resto de la plantilla y boicoteando el desarrollo de sus asambleas. De la misma manera, ¿cuántas ocupaciones más necesitarán los y las trabajadoras de la fábrica de jabones y aceites para frenar los más que probables nuevos intentos de privatizar la compañía? Así, la clase obrera egipcia está aprendiendo también que sus logros y sus experimentos democráticos sólo son temporales a menos que sea el propio sistema el que cambie desde abajo. La necesidad de una organización revolucionaria Lo que sí parece cierto es que, a un año del derrocamiento de Mubarak, las posibilidades de una Revolución social crecen cada vez más. Todo apunta a que las grandes luchas están aún por llegar ya que, por un lado, es poco probable que los Hermanos Musulmanes o los partidos salafistas puedan atender las demandas de los y las trabajadoras egipcias en este contexto de crisis económica global. Los Hermanos musulmanes deben su éxito electoral al reconocimiento por parte de la población egipcia de la labor asistencial llevada a cabo durante años entre las capas más pobres de la sociedad. Sin embargo, al mismo tiempo que prometen cumplir esas demandas, le prometen también a la élite empresarial egipcia y a los poderes financieros internacionales que van a mantener la “paz social”. Y por otra parte, es evidente el alto grado de confianza y auto-organización que están alcanzando los y las trabajadoras en sus centros de trabajo, en el marco de una situación de inestabilidad del Estado en sí mismo. Para que este estallido revolucionario consiga finalmente la sustitución de este régimen por uno nuevo construido desde abajo, verdaderamente democrático, la clase trabajadora egipcia necesita una herramienta que le ayude en su lucha para trasladar al estado las lecciones aprendidas en los centros de trabajo. Mucha gente ya coincide en la necesidad de crear una organización política revolucionaria, un partido de los y las trabajadoras que tenga una verdadera presencia industrial y urbana, que cuente con una visión estatal y global, y comprenda, más allá de las batallas inmediatas de la lucha de clases, la posibilidad de derrotar al propio capitalismo . Esta organización será también la que unifique a la gente trabajadora, estudiante y campesina, conectando la Revolución de la calle con la de los centros de trabajo, las demandas políticas con las económicas. Ya existen movimientos de la izquierda revolucionaria trabajando en ese sentido, como es el de la organización Socialista Revolucionaria. No lo tienen fácil, ya que en Egipto están prohibidos los partidos que defienden los intereses o la ideología de una clase. Pero quizás éste también sea históricamente el mejor momento de conciencia de la clase trabajadora egipcia para llevarlo a cabo. Ana Rincón es militante de En lucha / En lluita. Artículo publicado en la revista anticapitalista La hiedra http://enlucha.org/site/?q=node/17316 Notas 1. Trotski, León, 1932: Historia de la Revolución Rusa. Disponible en: http://marxists.org/espanol/trotsky/1932/histrev/tomo1/index.htm. 2. “Egipto bajo represión”. Llamamiento a la Comunidad Internacional en Defensa de los Derechos Humanos. Disponible en: http://www.solidaridad.org/uploads/documentos/documentos_egiptobajorepre.... 3. Vídeo de Regina Martínez, militante de En lluita / En lucha y activista feminista, sobre el papel de las mujeres en la revolución egipcia, en: http://www.enlucha.org/site/?q=node/16817. 4. Naguib, Sameh, 2012: La revolución egipcia: análisis y testimonio político. Barcelona, En lucha. p. 7-43. 5. Alexander, Anne, 2012: “Our democracy and theirs: reflections on the Egypcian revolution”. Irish Marxist Review, nº 1. Disponible en: http://es.scribd.com/doc/86070930/Irish-Marxist-Review-Issue-1. 6. Alexander, Anne, 2012: “El movimiento obrero en Egipto”. Artículo publicado originalmente en Socialist Review y disponible en castellano en: http://www.enlucha.org/site/?q=tema_revolucionarabe. 7. Naguib, Sameh, 2012. 8. Alexander, Anne, 2012. En Lucha.

La Policía griega critica el uso de pelotas de goma en España: “El riesgo de matar es demasiado alto”

Escrito por Ana Tudela Flores--- “Sin palabras. Juzguen ustedes mismos”, dijo aquella presentadora de Telemadrid en junio de 2011 para dar paso a supuestas imágenes de la violencia del 15M en Barcelona. Lo que vieron los espectadores eran en realidad grabaciones de las manifestaciones de Grecia. ¡Qué jaleo esta moda de manifestarse!, vinieron a decir en la cadena autonómica cuando se descubrió el cambalache. Hoy, los cócteles molotov, los uniformes policiales en llamas con sus propietarios dentro, los edificios incendiados que pusieron los ojos como platos a muchos españoles frente al televisor, siguen siendo una seña de identidad de la protesta helena que no se ha importado a España, que no ha llegado al país aunque lo hayan hecho las subidas del IVA y la austeridad asfixiante, el desmembramiento de la sanidad y la educación públicas, la reducción de salarios, la recesión. Ahora son los griegos los que se sorprenden cuando ven imágenes de manifestaciones en España. No por la violencia de los manifestantes, por la de la Policía. Los disparos de pelotas de goma cuando Cifuentes manda chimpón y sus consencuencias se están grabando en la retina de los griegos. Y que lo diga un doctor, la propietaria de una tienda en la abandonada calle de Evripidou, la directora de un centro ateniense de asistencia a familias puede ser un guiño de complicidad hacia los españoles, a los que ven iniciar el camino que les han hecho recorrer a ellos. Que lo diga la Policía griega adquiere otro sentido. Porque las fuerzas del Estado heleno recetan con violencia genéricos de jarabe de palo, atacan con gases lacrimógenos de forma sistemática y llevan sobre sus espaldas barbaridades como el asesinato de Alexandros Grigorópulos, el joven de 15 años disparado en el barrio de Exargia durante una protesta estudiantil en diciembre de 2008. El policía que mató a aquel joven “cumple condena en la cárcel por ello”, explica a cuartopoder.es en su despacho de Atenas Fanariotis Ioannis, secretario general del Sindicato de Policía Nacional de Grecia, sin aparentar mucha intención de justificar a su ex compañero. “Mató a una persona y aún hoy no entiendo qué le llevó a sacar su arma y disparar”, añade. Ioannis reconoce que dentro de la Policía griega hay personas especialmente violentas, que se emplean con dureza contra los manifestantes. Pero, que la orden de disparar balas de goma venga de la Administración, que se use ese recurso de forma sistemática contra las manifestaciones, es algo que el policía griego asegura no entender. “El riesgo de matar a alguien es demasiado alto”, explica. La prueba se vivió en España en abril de este mismo año con la muerte de Íñigo Cabacas a causa del impacto en la cabeza de una pelota de goma disparada por la Ertzaintza durante los incidentes que se produjeron en Bilbao tras un encuentro de fútbol. “En Grecia hubo un periodo en que se discutió el uso de las balas de goma y se decidió que no las utilizásemos. No tenemos ese tipo de armas. Como sindicato nosotros defendemos que no podemos utilizar esa medida. Si disparas balas de goma contra una manifestación, contra 1.000 o 2.000 personas no puedes saber a quién le vas a dar ni dónde. Si el Gobierno decide hacer algo así esta asociación estará en contra”, asegura. “No puedes resolver un problema generado por decisiones políticas con pelotas de goma. Si combates así a cinco, al día siguiente tendrás frente a ti a diez”. Protesta policial No sería el único motivo por el que el Gobierno se encontraría enfrentado con las fuerzas policiales griegas. Ni la primera vez. En un país donde la policía se paga su uniforme, costea de su salario las balas y ha visto cómo le suprimían las pagas extraordinarias y le rebajaban un 30% el sueldo mensual, que en muchos casos se sitúa ahora en torno a 700 euros, no es difícil encontrar a policías que den razones para enfrentarse a los gobernantes. Ioannis habla ahora de lo difícil que es colocarse frente a los manifestantes para defender a la troika y al Gobierno cuando el cuerpo les pide darse la vuelta y entrar tras la pancarta, con los demás, en el Parlamento. De momento, no tarda en saltar al discurso del deber si se le pregunta por la posibilidad de que eso ocurra pronto, ahora que se negocia una rebaja de otro 12% de su salario dentro del nuevo paquete de ajuste presupuestario de Grecia para 2013 y 2014. Es algo que también está ocurriendo en España. Policías manifestándose frente a policías repeliendo a tiros la manifestación. Lo diferente entre ambos países es que la Policía griega organiza sus propias protestas, separadas de las de los demás y en España han desfilado codo a codo abanderados de las asociaciones policiales con sindicatos mayoritarios y banderas republicanas. “Cuando empezó la crisis nadie pensó que los recortes también nos estaban afectando a nosotros y que nosotros estábamos obligados a ponernos frente a aquellos que se manifestaban contra ese tipo de medidas. Teníamos que proteger al Parlamento y los políticos debido a las medidas que estaban tomando. Muchos pensábamos, estamos aquí porque ese es nuestro deber, pero nuestro pensamiento está con la gente que se está manifestando. Así es que hicimos nuestra propia manifestación frente al Parlamento, 3.000 policías protestando”, relata Ioannis. En septiembre, reconoce que la cosa irá a peor. “Están tomando medidas que todo el mundo ve que no funcionan. Va a haber muchas protestas y la tensión aumentará”. En la foto superior, Fanariotis Ioannis, secretario general del Sindicato de Policía Nacional de Grecia, en su despacho. / Fernando Sánchez ------------- Fuente: Cuarto Poder Esto saldra en la pagina al pulsar leer mas