17 de noviembre de 2012

¡Basta ya de crímenes de guerra israelíes en la Franja de Gaza!

La Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina condena firmemente la ofensiva israelí lanzada contra la Franja de Gaza en el que sólo en el los dos últimos días, además del dirigente militar del Hamas Ahmed Yabari, murieron al menos otras 15 personas, entre ellas un bebé de 11 meses, un niño de 7 años y una mujer embarazada, y mas de 100 heridos, algunos en estado crítico. Queremos expresar nuestro profundo rechazo ante estos nuevos crímenes de guerra perpetrados por el ejército israelí. Ante el temor a una nueva ofensiva de envergadura como la conocida bajo el nombre de Operación Plomo fundido iniciada a finales de 2008 que mató impunemente a más de 1400 civiles palestinos, nos dirigimos una vez más a los gobiernos locales, autonómicos y central del Estado español, para exigirles que condenen públicamentelos asesinatos cometidos por el gobierno de Netanyahu, tomen las sanciones a su alcance contra el Estado sionista, incluyendo la ruptura de relaciones diplomáticas, de cooperación y comerciales, y adopten todas las medidas encaminadas a procesar a los responsables de tales actos de barbarie.

Asimismo expresamos nuestra profunda indignación ante la manipulación informativa a la que se están prestando gran parte de los medios de comunicación internacionales, incluyendo la prensa escrita y la televisión españolas. Es una falta de ética profesional que en vez de recurrir a fuentes fiables, como son las agencias de Naciones Unidas presentes en Palestina, los medios reproduzcan sin filtrar ni contrastar, la propaganda del estado ocupante responsable de estos ataques criminales, que les convierte en cómplices del Estado israelí, reforzando la impunidad de la que gozan los dirigentes de un país que matan a civiles para conquistar al electorado, como ya pasó el año 2008-2009.

Recordamos que contrariamente a lo defendido por Israel y ampliamente difundido por las agencias de prensa occidentales, esta ofensiva israelí no es una represalia por el ataque a un jeep del Ejército israelí registrado el pasado 9 de noviembre. La Organización de Naciones Unidas por la Ayuda Humanitaria (OCHA) ha confirmado que el 4 de noviembre, fuerzas israelíes dispararon desde una de las torres militares que flanquean el Muro de hormigón que circunda la Franja de Gaza, contra un joven de 23 años con discapacidad, causando su muerte. La propaganda sionista no debe engañar a nadie: Fueron las fuerzas aéreas israelíes quienes rompieron la tregua auspiciada por Egipto, al lanzar una serie de bombardeos masivos en los que la semana pasada mataron a seis civiles palestinos e hirieron a cincuenta y tres personas, entre ellas doce niños y seis mujeres.

El uso desproporcionado de la fuerza armada contra una población civil y las ejecuciones extrajudiciales constituyen crímenes de guerra que deben ser condenados. Asimismo, la comunidad internacional debe asumir su obligación de proteger a la población palestina asediada en la Franja de Gaza, mayoritariamente constituida de personas menores de edad y refugiadas.

Para poner fin a las políticas criminales y racistas del Estado de Israel, la RESCOP llama a la ciudadanía,a las organizaciones no gubernamentales, sindicatos, partidos políticos, movimientos sociales, deportistas, artistas e intelectuales, y a todas las personas comprometidas con los derechos humanos y la dignidad de las personas, que acudan a las concentraciones de solidaridad convocadas en diferentes ciudades del Estado español, y que se adhieran a la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra Israel, hasta que cumpla de una vez por todas la legalidad internacional, se retire de todos los territorios ocupados en el año 1967 y permita que los refugiados y refugiadas palestinas ejerzan su derecho de retorno a sus hogares en su tierra de origen.

'Rojos': veinte historias de víctimas del franquismo

Público
Más de veinte testimonios de represaliados alicantinos por el franquismo se reúnen en Rojos, un documental promovido por la Asociación de Víctimas 17 de Noviembre, que se estrena este fin de semana en Orihuela (Alicante).

Los Rojos son, en palabras de la productora del documental y secretaria del colectivo, Amparo Pérez, quienes combatieron al franquismo en la Guerra Civil y durante la posguerra, y entre ellos se cuentan "guerrilleros, maestros republicanos, prisioneros de los campos de concentración, exiliados y brigadistas". El reportaje es un resumen de una serie más amplia de documentales en los que también se rinde homenaje al poeta Miguel Hernández como una víctima más y, aunque se centra en Orihuela, la ciudad de Alicante también ocupa un lugar destacado en el metraje como "el último reducto republicano".

De hecho, en 1939 zarpó del puerto de esta ciudad el carguero inglés Stanbrook, con el que partieron los últimos exiliados republicanos rumbo a Orán (Argelia). En este barco, con apenas cuatro años de edad, viajaba Helia González junto a su familia, quien recuerda que la misma tarde en que su padre, el republicano Nazario González Monteagudo, "llegó del frente, nos fuimos para el Stanbrook". "Recuerdo que el capitán me cogió en brazos para cruzar la pasarela y subir al barco. Era un hombre que parecía que estaba en todas partes, no se separaba de todos nosotros ni un momento", ha apuntado antes de añadir que al llegar a la costa argelina lo primero que recuerda es "el olor del pan recién hecho".

En el Stanbrook viajaba también José Escudero Bernícola, un abogado oriolano que había sido gobernador civil de la República en Salamanca, Zamora y Granada, y a quien perseguían los franquistas. Su nieto, el escritor Paco Escudero, participa en el documental leyendo una carta en la que su abuelo describe la travesía hasta llegar al puerto de Orán.

Según afirma Amparo Pérez, en Rojos predomina la parte emocional de los relatos personales. Ha insistido en que se ha intentado "dar una visión positiva" de las historias de los protagonistas ya que "algunos de ellos se mostraban agradecidos por las experiencias que les había tocado vivir, por lo que habían aprendido" mientras que "otros se sorprendían de haber sobrevivido a los campos de concentración". Además, "los que se exiliaron siempre fueron optimistas porque valoraban que haber salido del país era una suerte enorme", ha agregado la realizadora.

Violencia policial: ¿qué tiene que pasar para que alguien tome medidas?

Isaac Rosa / UCR
Al día siguiente de la huelga, toca cine. De terror, por supuesto. Se ha hecho ya costumbre que dediquemos el día después de una huelga o manifestación a ver los cientos de vídeos de brutalidad policial que circulan por las redes sociales. Y la huelga del 14-N, como esperábamos, ha incorporado varios títulos a nuestra filmoteca. 


La secuencia del mosso abriéndole la cabeza a un crío en Tarragona, su compañero rematándolo en el suelo, y un tercero apaleando a una chica por estar cerca, se convierte en un clásico del género, a la altura de títulos como “Paliza en el andén del Cercanías”, “Estudiantes apaleados a la puerta del instituto”, o el popular “A mí no, que soy compañero”, que es del subgénero comedia tonta.

Nos pasamos vídeos unos a otros, revisamos fotografías más propias de forense (cabezas abiertas, espaldas amoratadas, hasta un ojo reventado), y reunimos información para elaborar el parte de bajas: cuántos heridos, cuántos detenidos, cuántos periodistas golpeados, cuántos policías infiltrados han sido pillados.
Empieza a parecernos rutina, una más de este ciclo de protestas. Y no puede ser, no podemos normalizarlo. No sé si alguien lleva la cuenta de los apaleados en el último año y medio (desde el 15-M hasta hoy), los detenidos, los cientos que han recibido multas, y la cuenta más difícil de hacer: la de los ciudadanos asustados, que pueden pensar que ir a una manifestación es demasiado peligroso. Si esto es una democracia, hay que decir basta, o lo que estará en riesgo no serán ya solo los derechos sociales.

No es la primera vez que un crío acaba con grapas en la cabeza. Tampoco es la primera vez que una manifestante pierde un ojo: en la huelga anterior hubo otros dos casos, y también en Barcelona; 23 en toda España desde 1990 por el uso de un armamento que en otros países está prohibido, y que hace meses ya mató a un joven en Bilbao.

Cada uno habrá hecho su propia selección de momentos terribles del pasado miércoles, había para elegir: porrazos, empujones, patadas en la cabeza del caído, rodillas en la espalda, cuerpos arrastrados, sin distinguir ni edad ni género, lo mismo hombres que mujeres, lo mismo ancianos que críos. Todos hemos sentido miedo en algún momento, en vivo o en diferido, y eso es lo que buscan: que la próxima vez no vayamos; que cuando la delegada del Gobierno pronostique incidentes violentos, entendamos que ella nunca se equivoca; que al día siguiente hablemos de porrazos y no de la huelga. Una vez más, convertir un problema social en otro de orden público.

Me falta incluir en este artículo una palabra clave, sin la cual todo lo anterior sería incomprensible: impunidad. Porque más fácil que contar cuántos heridos y detenidos ha habido, es contar cuántos policías han sido investigados, expedientados, suspendidos o juzgados. Ya saben la respuesta.

La misma impunidad que ha acompañado a las fuerzas policiales en todos estos años de democracia. Unas veces amparada en la lucha contra el terrorismo, otras en el silencio cómplice de los compañeros, otras en la flojera de la Justicia, y en los casos contados en que sí había investigación, juicio y condena, acudía puntual el gobierno con el indulto. Esa es la historia de los abusos policiales en España, como denuncian organismos internacionales y ONGs desde hace años, y que no distingue de cuerpos, estatales o autonómicos.

¿Hasta dónde va a llegar la actual escalada represiva? Siendo previsible que el malestar vaya a más, ¿irá acompañada de una mayor represión? ¿Qué tiene que pasar para que alguien tome medidas? ¿Pasará como con los desahucios, que hemos necesitado dos muertos y cuatro años de protestas en la calle para que los dos grandes partidos y el gobierno se den por enterados y tomen alguna medida (insuficiente, además)?
No puede ser que tengamos que esperar un muerto para que alguien dé explicaciones, dimita o sea investigado, un ministro, un consejero, un mando policial o un agente. Lo sucedido el miércoles ya debería ser suficiente, debería tener consecuencias.

Nadie desea un muerto, sería subir de golpe varios escalones, nos enfrentaría a un escenario indeseable e imprevisible. Pero deberían saber que están tentando a la suerte a base de golpear cabezas, disparar bolas desde cerca y lanzar furgones a la carrera. Cada día después, mientras vemos los vídeos, pensamos lo mismo: lo raro es que no haya pasado nada más grave. Están a tiempo de frenar.

Independencia

Benito Rabal (Mundo Obrero)
Yo también quiero ser independiente, pero de verdad. Nada de quitarme de un estado para meterme en otro, porque al fin y al cabo, ¿qué más me da que me apalee una gama de antidisturbios u otra? ¿Acaso duelen menos las ostias en catalán, euskera , gallego o castellano? Ni siquiera con acento murciano, que es el de mi tierra, notaría la diferencia.

Quiero ser independiente o mejor dicho, que no haya tantos que estén pendientes de mi. Con independizarme del Vaticano, por ejemplo, pues ya ganaría mucho. Al menos dejaría de pagar la escuela privada a los hijos de la secta católica y quedaría dinero para la pública, que es la de todos, católicos incluidos.

También me quiero independizar de la O.T.A.N., de sus invasiones y asesinatos generalizados, de sus escudos antimisiles, de sus misiles, de sus guerras bacteriológicas, de las bombas de racimo, de sus drones y sus bases estratégicas. Pocos intereses tengo en común con los suyos. Es más los suyos chocan radicalmente con los míos. No quiero tener nada que ver con sus actos criminales que someten, en aras de la civilización y la democracia, el sentir y la vida de los pueblos que osan despertar o simplemente gozan de riquezas naturales y posiciones geográficas que el mundo rico desea.

Tampoco quiero seguir perteneciendo a el Corte Inglés, ni a Microsoft, La Caixa, Master Card, ni a cualquiera de esas empresas que me succionan la existencia y que son auténticos países sin territorio reconocido, pero con leyes que acatan millones de ciudadanos que ostentan igual pasaporte bajo la apariencia de una tarjeta de crédito.

No quiero que incluyan mi nombre en la lista de habitantes de un país que refrende organizaciones como el F.M.I., la O. M.C. o el Banco Mundial, auténticos causantes y autores del genocidio que silenciosamente se comete a diario al fomentar políticas y tratados comerciales que provocan el hambre en el mundo.

En fin, quiero ser independiente de todo aquello que signifique la opresión y la injusticia. Y por más apego que sienta por un lugar, jamás me identificaré con mis vecinos si éstos la toleran.

Claro que la independencia que me proponen muchos de los que me la proponen no se refiere a ese tipo de independencia. Se refiere más bien, a administrar ellos, en vez de otros, lo que de mi sacan.

¿Y por qué me habría de fiar más de ellos que de los otros?¿ Porque hablamos la misma lengua, tenemos la misma cultura y somos más cercanos? Porque si es así, se equivocan.

No hablo la misma lengua que habla el patrón, ni tengo la misma cultura que el banquero ni soy cercano al especulador, por más que hayamos nacido más o menos en el mismo lugar y hayamos comido guisos parecidos.

Ahora, una vez dicho todo esto, para quien lo quiera, aquí tiene mi grito, unido al suyo, de Independencia.