9 de enero de 2013

El retorno de la clase

El retorno de la clase




Desde el chozo



Javier Navascués 02 Jan 13



La crisis está poniendo las bases para que se pueda construir una comunidad de intereses desde los jóvenes titulados precarios a las cajeras de los supermercados, desde las capas medias asalariadas de los servicios públicos a la clase obrera industrial tradicional. Cada cual, desde su punto de partida anterior, está siendo golpeado por el paro, los recortes y el asalto a sus condiciones de vida. La igualdad en la precariedad está unificando las experiencias vitales de muchísima gente y está trayendo, como consecuencia, el retorno de la “cuestión social”. Las identidades fraccionadas de la post-modernidad se desdibujan, la cristalización en categorías sociológicas tan caras al progresismo zapateril se funde en la nueva realidad.



En estos momentos las políticas de privatización y los recortes están haciendo emerger la dependencia entre el derecho al trabajo de unos y el derecho a la salud, a la educación o a la justicia de todos. Revelan que hay que invertir los términos: no se trata de conseguir el crecimiento para que pueda haber empleo, y que con él vengan los salarios, los impuestos y la recuperación de los servicios. Antes bien, hay que orientar la economía a la satisfacción de las necesidades y se precisa una participación activa de los trabajadores para la definición del qué y el cómo.





A mi entender, ambas cuestiones, la de las necesidades y la de la participación, proporcionan la base para unificar las movilizaciones de resistencia y protesta con las experiencias de gobierno participativo, solidaridad, autogestión, producción alternativa y apoyo mutuo que desde hace tiempo se vienen gestando y ensayando. Se trata, en muchos casos, de experiencias que ni siquiera se reconocen a si mismas como anticapitalistas pero que contienen un elemento de antagonismo con el orden social vigente que, en las actuales condiciones, éste tiene dificultades para cooptar. Y proporcionan hilos que conectan con las insuficiencias de la democracia mediática, los problemas suscitados por el desarrollo sostenible, o el trabajo de los cuidados que plantea el feminismo.



Una política de clase para los momentos actuales debe trascender el sindicalismo y el retorno al pasado y unificar las múltiples caras de la crisis bajo una respuesta activa, de protagonismo de las personas que la padecen en las soluciones. Este es el hecho diferencial. No es que no hagan falta otras políticas macroeconómicas, otras instituciones, pero una salida a la crisis que no se construya a partir de esas experiencias seguirá a la defensiva.



Se dirá, con razón, que son experiencias fragmentarias, defectuosas, minimalistas, … Pero, ¿quién dice que hay una hoja de ruta para la revolución? Se puede decir, también, que es probable que salga mal. Pero lo otro, lo que hemos conocido antes, ya salió mal en su momento. ¿Cuándo saldrá el primer hospital en lucha contra la privatización que convoque a usuarios y trabajadores para tomar en sus manos la gestión? ¿Dónde está el príncipe moderno que lo proponga?