23 de enero de 2013

La III República: Regeneración y rescatar siglos

La III República: Regeneración y rescatar siglos


– 21 enero, 2013

Publicado en: EN ESPAÑA

2José Luis Pitarch

Presidente estatal de Unidad Cívica por la República.

El pasado francofascista se resiste a ser amortizado, liquidado, con ayuda del nutrido sector tardofranquista del PP. En Castellón, Serrano Suñer, el nazi español y “cuñadísimo”, responsable como ministro de Exteriores de miles de muertes en campos de exterminio de Hitler, sigue teniendo a su nombre una plaza, un colegio público, y es alcalde perpetuo e hijo predilecto de la ciudad. Mientras, apretamos los dientes con ánimo de verdad y de lucha ante una feroz crisis económica y democrática –en que los Gobiernos, la casta política, dicen “¡a la orden!” a los jerarcas del nuevo terrorismo mundial, el terrorismo financiero-especulador— que es ya una auténtica crisis de civilización.



Franco era, según sus propias palabras, «un ejemplo viviente» para el rey Juan Carlos I Mas en este país tan histórica y políticamente atrasado, apenas sin Ilustración (las dos Repúblicas fueron retrasados intentos de ella, y ambas fueron fusiladas por la conspiración de “los de siempre”, epulones y caciques reaccionarios, eclesiásticos infieles a su evangelio, militares corrompidos por el desprecio y miedo al pueblo), en este país, decimos, sí tenemos una profecía incontestable: se llama III República. Tercera República tras tanta monarquía borbónica por derecho de conquista (desde Felipe V al abyecto Francisco Franco y su pupilo Juan Carlos) o de golpe de estado militar (abolición por Fernando VII de la Constitución de 1.812 de consuno con generales como Elío; Alfonso XII subido al golpe de Sagunto). Y no nos hablen de olvido: el olvido está lleno de mentiras.





Sobran señas de que la III República, si no horizonte inmediato, lo es “mediato”, como un nieto respecto al abuelo. Señas cual las trapacerías del Urdangarín y esposa. O las cacerías e inmenso enriquecimiento del Borbón jefe que no tenía un duro, lo que quizá animó al yerno a decirse: yo también quiero algo, el tambor también es tropa. O la encuesta que publicó “El País” hace ya más de tres años (domingo 6-12-09) donde, a la pregunta “¿lo mejor para España es seguir siendo una monarquía parlamentaria o pasar a ser una república?”, la cuarta parte contestaron “República”. Y otras encuestas de hoy que no se publican, en que los republicanos son el 50% o más. Aunque “El País” saque un editorial, el domingo 4-3-12, lleno de fervor monárquico y exaltación de Juan Carlos; y aunque dicho gran diario no publique una carta al director firmada por este modesto presidente de “Unidad Cívica por la República” poniendo algunos puntos sobre las íes de dicho editorial.



Encuestas no publicadas

Diríase que en La Zarzuela conocen esas encuestas no publicadas y están, me pregunto, si más preocupados o asustados. Quizá ya lo estaban a 24 de agosto de 2.004, fecha del bello Acto (al que servidor asistió) en París del 60º aniversario de su Liberación del yugo nazi por la Division Leclerc, encabezada por una columna de republicanos españoles en vehículos de combate con emocionantes nombres como “Teruel”, “Jarama”, “Ebro”. Así lo recordaba la placa que el Ayuntamiento parisino y su Alcalde Bertrand Delanoë inauguraron ese día junto al Sena con un bello discurso del Alcalde, que seguido fue por infame perorata del entonces Presidente del Senado español, Javier Rojo. Y digo infame por no usar palabras mayores, pues, mientras la hermosa placa rezaba “Aux republicains espagnols composante principale de la colonne Dronne” (la columna Dronne, “la 9”, mítica Compañía mandada por el capitán Dronne), mientras la tarjeta de invitación al Acto repetía el recuerdo y homenaje a “los republicanos españoles”, el Sr. Rojo (¿es el pacto del PSOE con la monarquía borbónica, o qué vergüenza es esto?), en un discurso no corto, se comió todas las veces, quince o veinte, la palabra “republicanos”, diciendo siempre “los españoles” en vez de “los republicanos españoles”. Ladran, en fin, luego cabalgamos, callan y mienten intentando manipular la Historia y poner diques a nuestra III República. Que, como escribe Almudena Grandes, no consiste en un sueño perdido, sino en la esperanza de un país mejor.



Porque “República”, igual en Francia a fines del siglo XVIII o en el precedente nacimiento de USA que en España ayer y hoy, siempre significó avance democrático, sociedad más justa, contrato de ciudadanía y democracia. Por eso cada vez hay una monarquía menos en el mundo, cual especie en extinción, nunca una más… excepto en España –“reserva espiritual de Occidente”, aseguraba el francofascismo– donde ya han venido ¡cuatro veces! los Borbones: los ya reseñados Felipe V, iniciador de la dinastía tras guerra civil de tres lustros; el indigno Fernando VII, asesino de Riego y de nuestra primera Constitución; Alfonso XII y su “monarquía de Sagunto” enterradora de la I República; y Juan Carlos, nombrado a dedopor el césar marroquí sepulturero de la II República, tras haber jurado este último Borbón parvenu los Principios Fundamentales del Movimiento fascista. Aunque luego Juan Carlos, como Groucho Marx, pudiera decir: “éstos son mis principios; pero, si no le gustan, tengo otros”.



Una Constitución monárquica bajo ruido de sables

Y nos endosaron una Constitución monárquica, bajo ruido de sables, entre cuyos “padres” estaban vigilantes comisarios franquistas como Fraga y Cisneros –que en cualquier democracia europea hubieran sido carne de cárcel como Pétain, para no decir fusilado, Fraga, como Laval– y alguno que jugaba con dos barajas como Herrero de Miñón. Más la vigilancia coaccionante del Ejército de Franco, síndico del atado y bien atado. Y, si no tragábamos esta “reconciliación del embudo”, no habría democracia, que sobraban generales ansiosos de ocupar el sillón vacío del “caudillo”, como los golpistas Iniesta Cano o De Santiago y Díaz de Mendívil. Incluso pusieron al Rey delante de las Cortes, representantes de la soberanía popular, algo inédito en casi dos siglos de numerosas Constituciones hispanas (también las de las dos Repúblicas situaban antes a las Cortes que a la Presidencia de la República). Además, blindaron a Juan Carlos graníticamente en el Artículo 168, igual que en el 92 (los referéndums no son vinculantes). Y le regalaron, sin control ninguno, el dinero de todos (Artículo 65).



No aceptamos que una parte de la soberanía popular se la apropie una familia Ante todo ello, reivindicamos la República como Regeneración y, hasta alcanzar la misma, la lucha ideológica y comunicativa pacífica. Es cuestión de Cultura en cuanto sistema de referencias, en cuanto Cultura remite a Moral y Derecho, a pensamiento y acción, a Derechos Humanos y dignidad personal y colectiva. A tradición igualitaria y liberación de servidumbres y prejuicios religiosos. Ésta es nuestra idea de Cultura Republicana, hermana de la Ilustración que nos hurtaron y por la que luchamos en la actual Crisis de Civilización. Por eso proclamamos que el fin natural de una sociedad democrática es la República, y que España está y estará en interinidad mientras no haya un referéndum vinculante Monarquía/República. Como lo hubo en Italia y Grecia tras sus dictaduras fascistas. Por eso no aceptamos que una parte de la Soberanía popular se la apropie una familia (obviando hablar de monarcas tan indignos como Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XIII). Sin olvidar que la monarquía hereditaria transgrede numerosos Artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que obligan al Estado español, así como de la propia Constitución Española de 1.978, en cuanto a igualdad ante la Ley. Sin aceptar el matrimonio canalla de olvido e impunidad. Y sin olvidar la formidable locución de Gonzalo Puente Ojea: la transición fue el mayor timo de la Historia de España