2 de febrero de 2013

Abdicación no es la solución

Arturo del Villar / UCR 
Los medios de comunicación de masas aprovechan que el tripríncipe de Asturias, Girona y Viana, biteniente coronel de los ejércitos de Tierra y Aire y capitán de fragata de Marina, todo ello por méritos gaméticos, cumple 45 años el 30 de enero, mientras que su real padre acaba de cumplir 75 el día 5, para relacionarlos con el anuncio hecho por la reina Beatriz de Holanda, sobre su abdicación el próximo día 28 abril, por cumplir 75 años, en la persona de su hijo Guillermo, de 45.


¡Que cunda el ejemplo!, gritan los medios de comunicación tanto de derechas como de centro derecha, y si existiera alguno de izquierdas seguro que también lo gritaba. Esto demuestra que entre los comunicadores no queda nadie que defienda al rey, como no sean los que cobran por hacerlo. Lo mismo sucede entre los vasallos en general. Estamos hartos de pagar a las amantes reales, de comprarles millonariamente los silencios, de subvencionar los viajes de placer, las cacerías con rifles de gran precisión, las colecciones de automóviles y motocicletas de grandes cilindradas, y todo lo demás, a cambio de que su majestad el rey católico cumpla la misión que le impuso el dictadorísimo general rebelde cuando le designó su sucesor.
Pero su abdicación no resolvería nada, por mucho que nos comenten esos medios amaestrados que el tripríncipe está muy preparado para reinar. Lo afirmó el propio rey durante la esperpéntica entrevista que le hizo el zombi Hermida en La 1 de TVE: aseguró que es el príncipe de Asturias mejor preparado de toda la historia. Teniendo en cuenta que la dinastía borbónica está compuesta por una sucesión de locos, mentecatos, idiotas, golfos y golfísimas, eso carece de valor.

Lo que hace falta para reinar
 Que sepamos, la preparación del tripríncipe para reinar consiste en haber pasado rápidamente por unos centros educativos, y velozmente por unos cuarteles, además de procrear presuntas sucesoras de la dinastía, y de inaugurar ferias, aceptar presidencias (honoríficas, claro, sin trabajo) de eventos, entregar los premios de sus fundaciones, leer los discursos que le escriben, y asistir a tomas de posesión de presidentes de repúblicas elegidos democráticamente por sus respectivos pueblos, lo que no podemos soñar siquiera los españoles. También sabe imponer condecoraciones a féretros, aunque resulta difícil de entender qué méritos podrá haber contraído un féretro para merecer una condecoración.

Por la realización de tan hercúleos trabajos ha recibido numerosas condecoraciones, que luce con legítimo orgullo cuando se disfraza de militar. No se parece al príncipe Harry del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que ha pasado veinte semanas en Afganistán, sirviendo como piloto artillero de helicóptero. Harry el Sucio, como le apodan los vasallos de su graciosa abuela, debido a su costumbre de asistir a fiestas vestido de oficial nazi, en las que se emborracha y se deja retratar en desnudo integral, concedió el pasado día 21 una entrevista, en la que declaró haber matado a patriotas afganos, y que lo hizo como si participase en un juego electrónico. Hasta los más flemáticos vasallos de su abuela se han escandalizado al escucharlo. No se puede esperar otra cosa del hijo de quien aseguró a su barragana que anhelaba ser su compresa higiénica. Tan guarro es el padre como el hijo.

El tripríncipe español no podrá nunca decir una barbaridad semejante, porque él no hace la guerra. Pero está preparado para reinar. Pues claro, si sirve su padre, por qué no iba a servir él. Le bastará con imitar sus actuaciones, con toda tranquilidad porque la Constitución declara al rey irresponsable de sus actos.

Los borbones son ilegales
 Sin embargo, los vasallos no podemos aceptar una abdicación, porque eso significaría perpetuar la ilegalidad política en España. Los borbones reinan gracias a golpes de Estado militares. El primero lo dio el 28 de diciembre de 1874 el traidor general Martínez Campos, contra la República, y llevó al trono a Alfonso XII. El segundo lo dio Alfonso XIII el 13 de setiembre de 1923, al suspender la Constitución que había jurado guardar y hacer guardar, para tutelar el golpe del traidor general Primo.

Por eso y por sus innumerables golferías financieras, militares y sexuales, el pueblo español votó libre y mayoritariamente por la República el 12 de abril de 1931, y el rey huyó de España a toda la velocidad de su automóvil. El 20 de noviembre las Cortes Constituyentes declararon “solemnemente fuera de la Ley a D. Alfonso de Borbón y Habsburgo-Lorena […], degradado de todas sus dignidades, derechos y títulos, […] sin que pueda reivindicarlos jamás ni para él ni para sus sucesores”. Tal declaración es absolutamente legal, y no ha sido ni puede ser legalmente derogada.

Otro general traidor, cuyo nombre se resiste el teclado a reproducir, se sublevó el 17 de julio de 1936, originó una guerra criminal, y con su victoria impuso una dictadura personal sanguinaria, que le permitió designar sucesor a Juan Carlos de Borbón a título de rey, porque a él le dio la real gana. El designado le juró lealtad a su persona y fidelidad a sus leyes ilegales, y así se convirtió ilegítimamente en rey.

Recuperar la legalidad
 Por lo tanto, la monarquía borbónica es ilegítima e ilegal, y numerosos vasallos forzosos la rechazamos en manifestaciones callejeras. Lo sabe bien la familia irreal, que tiene que escuchar pitidos e insultos allá donde se presenta, y enterarse de la quema de sus retratos, como una advertencia de lo que les desea el pueblo.
Una abdicación del rey colocado en el trono por el dedo dictatorial no es aceptable, porque carece de la menor legitimidad para transmitir unos poderes que le regaló un militar golpista genocida. El rey no puede abdicar, puesto que ocupa el trono ilegalmente. Lo que debe hacer es exiliarse, como lo hizo Alfonso XIII al conocer la voluntad popular, y llevarse a toda su irreal familia, incluidos los estafadores Cristina y Urdangarin, y también puede llevarse a Corina para que le distraiga los ocios.

Rechacemos cualquier otra salida para esta insostenible monarquía del 18 de julio, corrupta por su origen golpista y por las actividades delictivas de algunos de sus integrantes. La legalidad constitucional interrumpida el 1 de abril de 1939 con la victoria de los militares monárquicos sublevados, no se recuperará hasta que sea proclamada la III República. No es posible otra fórmula. ¡Viva España con honra!