16 de febrero de 2013

La crisis de Europa: elementos para una estrategia política (II)

Segunda parte de un interesante y esclarecedor artículo escrito por Francisco Louçã, fundador y líder del Bloque de Izquierdas y Miembro del Parlamento de Portugal, sobre una posible salida de un país europeo del euro y las consecuencias que tendría esta decisión para la clase trabajadora del país afectado. Dada la amplitud del artículo, aparecido en la revista europea ‘Transform!’, lo hemos dividido en tres partes.


Antes de nada, comencemos con la decisión de crear la nueva moneda, que utilizaría el nombre de la moneda anterior al euro, el “escudo”. El escenario es el siguiente: el gobierno, al enfrentarse a las dificultades económicas mencionadas, decide aceptar el ultimátum de Alemania, declara su salida del euro y su deseo de cambiar su moneda nacional al escudo.


En secreto, comienza a imprimir papel moneda en escudos, y se prepara para anunciar la gran noticia un viernes por la noche, a la hora del telediario, cuando los bancos ya están cerrados (o incluso podría decretar el cierre de los bancos ese día). Durante el fin de semana, todos los bancos trabajan a contrarreloj para llevar el dinero a los cajeros, y poder poner la nueva moneda inmediatamente en circulación. Hay otras alternativas: algunos sugieren que el gobierno podría simplemente reimprimir los billetes de euros con el nombre del nuevo “escudo”, hasta que pudieran hacer circular los nuevos billetes. Pero estas son hipótesis que requieren cierto nivel de imaginación, porque no es seguro que las autoridades europeas aceptaran esta estratagema sin reaccionar negativamente.

Lo que ocurrirá, en cualquier caso, es que todo el mundo sabrá de los planes para la implantación de la nueva moneda. Esta operación de puesta en circulación del nuevo “escudo” implica a miles de personas que transportan y distribuyen los billetes, y seguramente lo contarán a sus familias. En cualquier caso, todo el mundo habrá escuchado las declaraciones de los ministros las semanas previas, explicando que la situación es muy mala y requiere medidas extraordinarias para salvar al país. Todo el mundo será consciente de la reunión de emergencia realizada entre líderes europeos, y sabrá lo que ocurre. Hay secretos que simplemente no pueden guardarse.

¿Qué hará la gente? Es evidente, ¿no? Sacarán todos sus ahorros del banco y guardarán sus billetes de euro. Si no lo hacen, todos sus ahorros se convertirán en “escudos”, a un valor nominal que caerá durante la aguda depreciación que, al fin y al cabo, es el propósito de toda la operación. En otras palabras, las cuentas de ahorro perderán tanto valor como la moneda en que estén registradas. Todos los trabajadores que depositen sus salarios y pensiones serán las primeras víctimas de la nueva política. Por lo tanto, intentarán rescatar todo lo que puedan. Y no solamente los trabajadores. Habrá una fuga masiva de capitales. Las compañías, los fondos financieros, todas las instituciones que tienen dinero depositado en bancos que operen en Portugal, querrán moverlo allá donde perciban que sus depósitos están a salvo de la devaluación. Ahora bien, a los bancos no les gusta entregar todos sus depósitos a los clientes, porque se arruinarían; tampoco quieren –ni pueden, en la medida en que no tienen el dinero suficiente–, y no hay suficientes billetes en los bancos para saldar también su deuda con todos los clientes. Los bancos cerrarán sus puertas mientras las alarmas se disparan por todas partes, y el gobierno tendrá que llamar al ejército para proteger los edificios. Esto es lo que ocurrió en Argentina o Rusia, o en todos los casos en los que se anunciaron fuertes devaluaciones (y eso que no se trataba de cambiar la moneda y crear otra, algo que nunca ha ocurrido en la historia de la Unión Europea, con la circunstancia agravante de que la moneda en circulación se retira para ser reemplazada por otra fuertemente devaluada).


Para entonces, aquellos que defendían abandonar la Eurozona como alternativa inmediata, comienzan a afrontar la primera dificultad. El hecho es que el ejército y los bancos actuarán contra la población. Y las primeras víctimas son los ahorristas. Si la depreciación fuera del 50%, como estiman algunos economistas que han defendido tal alternativa, los ahorros de los trabajadores perderán la mitad de su valor. Sin embargo, lo que es más fácil que ocurra es que durante algún tiempo el euro y el “escudo” circulen simultáneamente, y esta doble referencia de precios tenga un fuerte efecto inflacionario, aparte de llevar a una excesiva devaluación del “escudo”. También puede llevar a incomodidad en los mercados como resultado de la acaparación de productos, debido al temor ante los siguientes acontecimientos económicos. Llegados a este punto, habrá una afluencia descontrolada a los supermercados, donde habrá menos productos en los estantes, hasta que la nueva situación económica se estabilice. La vida no será fácil después del euro.

¿Cuánto debemos al banco?
Y entonces llega el segundo shock. La mitad de las familias portuguesas deben dinero a largo plazo al banco, que les prestó para comprar una casa, y espera el pago de la deuda en muchos años. Estos préstamos fueron realizados en euros. El día de la salida del euro, el gobierno tiene dos opciones: 1) aceptar lo que desean los bancos, esto es, que las deudas familiares continúen en el mismo valor en euros, o 2) decretar que, para proteger a los deudores, las deudas sean convertidas a escudos. En la práctica, sólo existe la segunda alternativa, puesto que de otro modo la revuelta social, intensificada por el incremento de la deuda, será inaceptable.

De hecho, si el gobierno les permitiera mantener los créditos en euros (como se estipulaba originalmente en los contratos), la gente estará aún más encadenada a su deuda. Imaginemos la deuda de alguien, valorada en 100.000, que se convierte a escudos, que con la devaluación equivaldría a 30.000.000 de escudos. Si el salario del deudor antes de la devaluación era 1.000 euros (que en la nueva moneda serían 200.000 escudos o 200 “contos”), después, con la devaluación, esa suma valdría solamente unos 670 euros, la mitad de los cuales se utilizaría para pagar al banco. Inicialmente habría necesitado unos diecisiete años –y con grandes dificultades– para pagar toda su deuda. Ahora, necesitaría veinticinco años con las mismas dificultades, entregando la misma mitad de su salario al banco. Al final, habrá perdido ocho años.

En el segundo caso, en el que el gobierno decreta la conversión de las deudas a escudos, aquellos que tenían una deuda de 100.000 euros antes de la de valuación, acabarán teniendo una deuda de 20.000 “contos”, o 20.000.000 escudos, que serían en total alrededor de 67.000 euros. En ese caso, el banco perdería. El problema es que en el transcurso de tal proceso de devaluación de la deuda, el banco va a la bancarrota, porque de repente hay un agujero gigante en su hoja de balance, y su deuda a los bancos internacionales aún se contabiliza en euros. No hay manera de que el banco pueda pagar sus deudas exteriores.

Esto es por lo que los defensores de una salida de la Eurozona explican, sinceramente, que será necesario nacionalizar todos los bancos, no necesariamente para socializar el capital financiero, sino para protegerlo. Ahora bien, salvar un banco puede ser muy caro, como sabemos del caso de la bancarrota fraudulenta y salvación ruinosa del BPNLBW. Porque cuando se nacionaliza un banco, se consiguen recursos, pero también se adquieren sus deudas. Estas son habitualmente deudas con los ahorristas y deudas con aquellos que alquilan el dinero, habitualmente bancos exteriores. Esta deuda es en euros, pero el banco en bancarrota y nacionalizado comenzará a recibir sus ingresos y depósitos en “escudos”devaluados, para continuar efectuando en euros sus pagos en el exterior. La deuda pública, por otro lado, se ha disparado repentinamente, en la medida en que el Estado se ha hecho cargo de la deuda bancaria de 175.000 millones. Desde luego que cuesta salvar a los bancos: las deudas bancarias, que antes eran privadas, devienen públicas cuando están siendo nacionalizadas. Es lo que ocurre cuando los bancos son los deudores, pero no cuando tienen más que recibir que aquello que deben pagar (algo que no es el caso respecto a los bancos portugueses y los bancos extranjeros en Portugal).

Aumento de impuestos
Llegados a este punto, sabemos lo que va a ocurrir: para pagar las deudas que han resultado de la nacionalización del sector bancario, tendrá que haber otro aumento de impuestos, esta vez para financiar el sistema bancario internacional. El trabajador, cuya deuda personal estaba protegida, debe pagar por otros medios, en este caso a través de nuevos impuestos. Desde luego, uno podría pensar que el gobierno simplemente puede rehusar pagar las deudas internacionales de los bancos privados nacionalizados. Pero entonces toda la operación de devaluación de la nueva moneda perdería su sentido, puesto que su propósito era el de incrementar las exportaciones para abrir los mercados, de modo que las ventas crecientes de productos portugueses salvaran la economía.

Por otra parte, esta decisión haría más difícil aún para la economía el acceso a la financiación externa. Incapaz de tomar prestado directamente de otros países o mercados financieros, al gobierno portugués le quedarían dos opciones.

La primera es mantener el balance principal en positivo, es decir, el gobierno nunca puede gastar más de lo que recibe en impuestos. Esto a su vez implica gravar más a los trabajadores, e invertir menos, siendo ambas medidas recesivas que son incluso menos aconsejables ahora, aparte de ser socialmente equivocadas e injustas. La segunda opción consiste en utilizar sus nuevos recursos, en la medida en que el Banco de Portugal puede imprimir más y más “escudos” para efectuar los pagos estatales, que por otro lado acentuaría la devaluación y la inflación.

Ahora volvamos a los problemas a los que se enfrenta el gobierno porque ha decidido abandonar el euro o aceptar el ultimátum imaginario de Alemania. Ya tiene una bastante amplia oposición, en particular aquellos que pagarán más impuestos o que verán cómo se multiplican sus deudas, pagarán más por la comida, el transporte y las medicinas, y perderán parte de sus ahorros y nóminas. Teniendo en cuenta esta situación, los trabajadores se darán rápidamente cuenta de que han perdido parte de su salario (o su pensión), que el esfuerzo presupuestario no ha disminuido (al contrario, se ha agravado, puesto que la deuda será pagada en euros, pero los impuestos que recauda el Estado son en escudos, y por tanto necesitará más y más escudos por cada euro) y habrá recortes adicionales en salud y educación. Por todas estas razones, los trabajadores lucharán por recuperar sus salarios. El gobierno argumentará que esto podría hacer vacuos todos los esfuerzos.

Las exportaciones son baratas ahora, porque el escudo vale menos y los bienes se han hecho más baratos, o porque las empresas pagan menores salarios en escudos. Si se elevan los salarios, la competitividad se verá de nuevo reducida. ¿Qué hará el gobierno al enfrentarse a las protesas de los trabajadores? El país se ve envuelto en las turbulencias, porque habrá habido disturbios en las puertas de los bancos, porque los ahorristas se habrán dado cuenta de lo que iban a perder, impuestos y precios se elevan y los salarios bajan. El gobierno tiene dos opciones: la solución de los predidentes argentinos, que huyeron en helicóptero del palacio presidencial, o la solución de la represión.

En otras palabras, al abandonar la Eurozona nos veremos contra la pared. Los economistas que hayan querido evitar prolongar las medidas de austeridad, se encontrarán al final habiendo propuesto un sistema de más austeridad aún, orientado principalmente hacia el beneficio de un único sector económico, la industria de exportaciones, aceptando salarios más bajos debidos a la devaluación del escudo. Se crearán nuevas dificultades y llevará tiempo antes de que cualquier ventaja de la devaluación se manifieste. Mientras, es obvio que el gobierno está perdiendo el respeto de sus trabajadores, puesto que son los únicos que sufren.