17 de febrero de 2013

La crisis de Europa: elementos para una estrategia política (y III)


Tercera y última parte del interesante y esclarecedor artículo escrito por Francisco Louçã, fundador y líder del Bloque de Izquierdas y Miembro del Parlamento de Portugal, sobre una posible salida de un país europeo del euro y las consecuencias que tendría esta decisión para la clase trabajadora del país afectado. Dada la amplitud del artículo, aparecido en la revista europea ‘Transform!’, lo hemos dividido en tres partes.



 (...) En otras palabras, al abandonar la Eurozona nos veremos contra la pared. Los economistas que hayan querido evitar prolongar las medidas de austeridad, se encontrarán al final habiendo propuesto un sistema de más austeridad aún, orientado principalmente hacia el beneficio de un único sector económico, la industria de exportaciones, aceptando salarios más bajos debidos a la devaluación del escudo. Se crearán nuevas dificultades y llevará tiempo antes de que cualquier ventaja de la devaluación se manifieste. Mientras, es obvio que el gobierno está perdiendo el respeto de sus trabajadores, puesto que son los únicos que sufren.
 
Salvar la economía a través de las exportaciones
Para entonces, ha acabado el segundo shock. Pero hay más, y peor, por venir. El escudo habrá perdido un 50% en relación al euro. El gobierno, y aquellos que defienden la devaluación de la moneda como una solución para recuperar la economía, esperan que el efecto beneficioso sea el siguiente: las exportaciones se incrementarán, porque serán más baratas (calculando que sus precios en moneda extranjera sean más baratos y también a causa de la reducción salarial), mientras que las importaciones descenderán, puesto que serán más caras en escudos. Consiguientemente, habrá un desplazamiento de capital, de las industrias exportadoras y de servicios, y simultáneamente una reducción en el consumo y las importaciones. Todo esto mejorará la balanza de pagos considerablemente. La regla es: si las cosas mejoran para las empresas exportadoras, también mejorarán para toda la economía.

Parece un argumento plausible, pero en realidad tiene un gran fallo. El hecho es que en el transcurso de la devaluación, el precio de los productos importados aumentará el mismo día. El combustible costará 1,5 veces más, al igual que todo el sistema de transportes: imagínense un litro de gasolina a 480 escudos (o actualmente 2,4 euros). Lo mismo vale para los productos alimentarios importados, o medicinas, entre otros muchos productos de primera necesidad. En los supermercados habría gran carencia de productos, pero aquellos a la venta serían inmediatamente más caros.

Como dos tercios de los ingresos portugueses se gastan en consumo, uno puede imaginar fácilmente el efecto de estos dos aumentos de precios. Ese impacto por sí mismo explicaría el descenso del valor de los salarios. Respecto a las exportaciones, es obvio que podrían aumentar. Pero muchos economistas perciben la sociedad como un laboratorio y olvidan demasiado a menudo los tiempos en los que deben tomarse las decisiones, y en qué tiempos surgen efecto. El timing será crucial en este caso, por una simple razón: los precios de importación se elevarán inmediatamente, pero los efectos del posible aumento de las exportaciones llevará tiempo, quizás una gran cantidad de tiempo.

Incluso en ese caso, ciertas condiciones necesitan coincidir de modo que puedan crecer las exportaciones. Es necesario que los compradores extranjeros de productos portugueses quieran comprar más debido a la reducción de precios, mientras que no haya recesión en el extranjero y los productos portugueses estén destinados a mercados con una demanda creciente y su calidad cumpla los requisitos exigidos por los consumidores extranjeros. Incluso si aumentan las exportaciones, ocurrirá lentamente: los ingresos por ventas solamente emergerán cuando las ventas se hayan realizado y por tanto se deberá esperar todo el tiempo de producción e incluso el tiempo que tome incrementar la capacidad productiva: para incrementar la producción, es necesario invertir; para invertir debe poseerse el capital necesario, contratar más trabajadores, pagarles –y solamente después de recibir los retornos de las exportaciones–. Para que las exportaciones lideren el proceso de crecimiento económico, será necesario contrarrestar décadas de desindustrialización de Portugal, y también la especialización de la economía en sectores no comerciales. Es ciertamente deseable, pero costoso en términos de tiempo y dificultad de implementación.

Además, debe tomarse en consideración el coste de las materias primas y otros recursos que son importados, para determinar el precio de los productos que la economía portuguesa exporta. Como la mitad del valor total de las exportaciones depende de los productos importados, y aquellos serán más caros con la devaluación monetaria, al final la ganancia competitiva a partir de las exportaciones se ve reducida. Por lo tanto, los ingresos por exportaciones aumentarán sólo ligeramente, lentamente y tarde. Al mismo tiempo, el coste de vida habrá aumentado, con los ahorros diezmados por la devaluación, mientras el aumento de la tasa de empleo y de exportaciones toma tiempo, y es incierta.

La recuperación económica a través de las exportaciones es difícilmente cuantificable a priori, y la caída de los salarios es algo seguro. La política socialista que proponemos, tiene un principio: defender a la clase trabajadora. Esta política no busca sacrificar el salario de los trabajadores, que es su parte legítima del producto interno. La solución autoritaria de salir de la Eurozona
es una propuesta que no evita las medidas de austeridad; al contrario. Y por lo tanto no hay razón para defenderla como alternativa viable. Reduce los salarios y crea más deuda.

Afirmémoslo con rotundidad: en el contexto actual, abandonar el euro es la peor de todas las soluciones y solamente puede imponerse por la voluntad del directorio europeo. Puede aceptarse la peor solución sólo si no hay otra, o cuando se han agotado todas las alternativas; cuando es necesario para sobrevivir.

Hay solamente una condición que puede hacer necesario para los portugueses abandonar la Eurozona, y esta situación no puede excluirse: si las instituciones europeas y sus regulaciones deben colapsar, la independencia portuguesa puede estar en juego, y puede no haber otra solución que abandonar la Unión Europea y por tanto el euro, para poder recuperar su capacidad de decisión. El riesgo de la transición de un sistema de acreedores a un protectorado colonial implica tales riesgos. Obviamente, la mayoría de la población portuguesa debe implicarse en esta reacción, de modo que la fuerza de los movimientos populares y la protección de los intereses del trabajo le den forma y la determinen.