13 de marzo de 2013

El nuevo capitalismo en China. Apple vista desde China: ¿De verdad habrá elecciones sindicales en Foxconn?



PIERRE ROUSSET
En 2010 hubo un intento de suicidio de 18 jóvenes trabajadores y trabajadoras de la empresa taiwanesa conocida actualmente por el nombre de Foxconn, y 14 de ellos murieron. Tenían entre 17 y 25 años de edad. Para la dirección de la empresa, instalada en China continental, estos dramas solo podían explicarse por causas individuales originadas antes de su contratación; hizo venir a psicólogos y colocar redes de seguridad bajo las ventanas de los dormitorios en que residen los trabajadores migrantes procedentes de zonas rurales y cuyos salarios no les permiten alquilar una vivienda independiente.

Esta negación (interesada) de la realidad no es exclusiva de los patrones de empresas asiáticas. Fue también la respuesta dada inicialmente por la dirección de Correos, en Francia, tras una primera oleada de suicidios de trabajadores tras la introducción de modos destructivos de gestión del personal. En el caso de Foxconn están en tela de juicio, evidentemente, las condiciones de explotación: salarios muy bajos, de los que se descuentan los gastos de alimentación y vivienda; jornadas de trabajo agotadoras; presiones constantes de los encargados, que provocan un estrés permanente; denegación del derecho de asociación; deplorables condiciones de seguridad (ausencia de mascarillas protectoras, de sistemas de ventilación…) y de vida (escasez de agua caliente disponible para las bebidas y las duchas, incluso en invierno en las regiones frías…); régimen cuartelero en los dormitorios vigilados por guardias de seguridad… Los jóvenes migrantes rurales se hallan desarraigados y marginados de la sociedad urbana.

Foxconn Technology emplea en China a más de un millón de trabajadores y alcanza el mayor volumen de negocio del sector exportador del país. Produce material electrónico para diversas multinacionales, como Apple, Dell o HP. De Hongkong a Pekín se han movilizado militantes sindicales y ecologistas para denunciar el sistema de sobreexplotación del trabajo de que se beneficia Apple en China, a donde había externalizado gran parte de su producción a través de una compleja cadena de subcontratistas. En 2011, varias asociaciones publicaron un informe que tuvo mucho eco –“La otra cara de Apple”– sobre el coste de la producción de los iPad desde el punto de vista de la salud y la contaminación. En la fábrica de Lianjian Technology (Suzhou), en particular, 49 jóvenes trabajadoras mostraron síntomas de envenenamiento a causa de un producto químico tóxico (n-hexano) utilizado para limpiar las pantallas de ordenador; la empresa se había negado a invertir en un sistema de ventilación de los talleres.
Esta campaña se ha apoyado en la notoriedad de Apple, desmintiendo la pretensión de esta empresa de encarnar sueño, modernidad y humanidad. De pronto se vio asociada a fábricas de trabajo esclavo en el taller del mundo que es China, al dramático destino de jóvenes campesinos migrantes empujados al suicidio. Buen número de medios de comunicación occidentales se hicieron eco durante un tiempo de la cuestión, pero en 2011 su atención se centró en Japón, golpeado por el terremoto, el tsunami y el accidente nuclear del 4 de marzo. Después se produjo la muerte de Steve Jobs, en octubre del mismo año, y se sucedieron los homenajes al gurú de Apple. Debido a los numerosos errores que contenía en relación a los hechos, una serie de representaciones del actor Mike Daisey contra Apple, probablemente hizo más mal que bien y permitió a los abogados de la empresa denunciar las “mentiras” de los críticos.
La campaña de denuncia de la responsabilidad de la empresa de la manzana en la sobreexplotación del trabajo y de la contaminación de los ríos, lagos y aldeas de China estaba a punto de perder definitivamente toda visibilidad. Sin embargo, las asociaciones impulsoras hicieron gala de una gran dosis de tenacidad, publicando un segundo informe: “La otra cara de Apple II”, centrado en la contaminación ambiental. Hubo periodistas que emprendieron sus propias investigaciones. Después de hacer oídos sordos durante mucho tiempo, la dirección de Apple, ahora encabezada por Tim Cook, aceptó, por fin, abrir un expediente oficialmente. Encargó a la Fair Labor Association la elaboración de un informe que no pudo por más que reconocer numerosas violaciones del Código de Trabajo chino. Apple prometió un aumento general de salarios, la reducción de la jornada laboral, la mejora de la cobertura sanitaria e indemnizaciones más elevadas. Promesas que se han cumplido de forma desigual.
Foxconn también se vio afectada directamente por el relanzamiento de las luchas reivindicativas en China. A finales de septiembre de 2012, en particular, estalló un “motín” en una de sus fábricas, en Taiyuan (Shanxi), que paralizó totalmente la producción durante tres días. Los trabajadores utilizaron en aquella ocasión sus teléfonos móviles para colgar en internet imágenes de su lucha. El 10 de enero de 2013 estalló una huelga en demanda de mejoras salariales y condiciones dignas en otra fábrica del grupo, en Fengcheng (Jiangxi), pero fue brutalmente reprimida por la policía antidisturbios. A comienzos de 2013, la dirección de Foxconn anunció la organización de elecciones de jóvenes representantes sindicales en sus fábricas; el anuncio vino acompañado de la difusión por la empresa de fotos de trabajadores radiantes vestidos con camisas con inscripciones que proclamaban su amor por la compañía.
Tras años de desmentidos, Apple se ha visto obligada a emprender una vasta operación de comunicación y Foxconn tiene que organizar elecciones sindicales. Esto demuestra que la combinación de resistencias sociales en las fábricas chinas y una tenaz campaña internacional ha dado sus frutos. Pero no debemos olvidar que Apple es especialista en “relaciones públicas” y en echarse faroles. Nada de lo que se ha anunciado garantiza auténticas negociaciones colectivas o una libertad de asociación efectiva. La central sindical oficial (y única) en China cuenta con millones de afiliados pero, sobre todo, sirve de correa de transmisión al servicio del poder político y, actualmente, de la dirección de las empresas. Está prohibido crear sindicatos independientes.
La Federación de Sindicatos de China ya creó en 2007 una sección en Foxconn, sin que por ello cambiara la situación del personal. Ahora, muchas empresas multinacionales piden a sus proveedores que celebren elecciones de representantes del personal. Las elecciones como tales pueden ser relativamente libres, pero no se desarrollan en el contexto de una lucha; la iniciativa parte de arriba o del exterior (ONG). No pretenden constituir una organización independiente: los representantes electos estarán subordinados a las estructuras sindicales oficiales. La experiencia china demuestra que los jóvenes, además de carecer de experiencia, tampoco disponen de medios para la acción frente a a los burócratas y acaban desmoralizándose.
La empresa Foxconn es conocida por su cultura empresarial particularmente autoritaria. La dirección siempre ha rechazado la idea misma de negociar con el personal, de quien exige obediencia ciega. Sin una fuerte movilización social, la mera elección de jóvenes representantes no bastará para cambar este orden de cosas. Claro que esto no lo señala la campaña de comunicación de Apple… Lo importante, en efecto, para las multinacionales que invierten en China, al igual que en muchos otros países, es la “imagen” que proyectan de sí mismas, no la realidad. Apple y Foxconn llevan a cabo ante todo una operación de relaciones públicas.
21/02/2013
Viento Sur
Traducción: VIENTO SUR