24 de abril de 2013

Juan Carlos de Bourbon y la familia virtual




Juan Carlos de Bourbon y la familia virtual
DOLORES DE REDONDO 15/04/2013

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Nunca he entendido que a los okupas del palacio de La Zarzuela se les denomine familia real, porque en realidad se trata de la familia más virtual de este país. En este país, la familia real es aquella que no llega a fin de mes, la que día a día ve menguar la cesta de la compra, la que apoquina por los servicios esenciales que antes eran públicos o la chantajeada por una hipoteca leonina que debe al banco, que a su vez le saquea para pagar sus deudas. Como mínimo, existen 1.700.000 familias reales con todos sus miembros en paro.

Y mientras, la familia virtual disfruta de las prerrogativas propias de su estirpe, los beneficios que le conceden las leyes y los excesos a costa de los contribuyentes, que encima deben aguantar el sobrenombre de súbditos de Su Majestad.

Sólo Enredo, la famosa serie de televisión de los años setenta que parodiaba las telenovelas, podría estar a la altura del espectáculo grotesco, absurdo y deplorable ofrecido por el monarca y su troupe.


Parafraseando el inicio de la serie televisiva, podemos resumir de los capítulos anteriores: Esta es la historia de dos reyes, Juan Carlos, nacido en Roma, y su esposa Sofía, de origen griego, el papá de Juancar es un rey sin trono, tiene otro hijo, Alfonso, que es el principal aspirante a sucederle, a los dieciocho años Juancar mata a su hermano con un revólver, pero todo fue un accidente, el dictador Franco le nombra heredero, y a su muerte es nombrado rey, aunque nunca jura la constitución es su principal baluarte, tiene tres hijos con Sofía, viven felices como en los cuentos y a veces se entienden porque Juancar habla (mal) el castellano y ella habla en inglés, Elena es la hija mayor pero no la muestran mucho, excepto cuando se casa, Cristina es la chica seria y más afortunada, excepto cuando juzgan a su marido, Felipe es el príncipe heredero, los tres hijos tienen muchos hijos, y a todos los financia el Estado, sus majestades participan de muchas actividades benéficas y cuidan mucho de los pobres, dándoles la paliza por la tele todas las nochebuenas, practican la vela, el “palacing” y el turismo, Juancar ama la democracia y organiza un golpe de estado para consolidarla, también va juntado unos ahorrillos y viaja mucho por el mundo, es divertido, trabaja sobre todo por las noches, se rompe extremidades y tiene un barco muy bonito, cuarenta años después de casados Sofía ya chapurrea el castellano, pero sospecha que Juancar se entiende con otras mujeres, quien un día en Botswana mata un elefante pero se quiebra la cadera, entonces descubrimos a Corinna, una amiga alemana que ayuda mucho a España, tanto que monta oficina en el palacio del Pardo.

Elena se casó con Marichalar y se quieren mucho, son felices y duques de Lugo, tienen dos hijos a costa de Estado, Froilancito, el mayor, confunde su pie con un pichón mientras hace tiro con su padre, Marichalar tiene la nariz demasiado grande y a Elena no le gusta, por eso pide el divorcio, Cristina se casa con un mozo alto, rubio y olímpico, como los príncipes de los cuentos, Urdangarín, que así se llama, quiere ser un as de las finanzas y se mete en algunos líos, su esposa Cristina no sabe nada, por eso es su socia, la amiga de su suegro, Corinna, tiene cuentas bancarias con Urdangarín y además organizó su luna de miel, Juancar está preocupado un amigo suyo que es jeque y socio de Corinna, también es socio de Urdangarín y éste es ex socio y enemigo número uno de Diego Torres, un chico que canta ópera y tiene muchos correos electrónicos para desprestigiar a Juancar, hasta Elena tiene negocios que igualmente pueden desprestigiar a Juancar, en realidad, todo parece desprestigiar a Juancar. El desenlace lo veremos en el próximo capítulo de... Enredo.

La principal diferencia es que con Enredo te tronchabas y con la serie protagonizada por Juan Carlos de Bourbon, la bilirrubina se sube más veces que sonó la canción de Juan Luis Guerra en los noventa.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 259 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2013