19 de mayo de 2013

#tocaleelpitoaGallardon


Tercera Informacion
La polémica sobre la interrupción voluntaria del embarazo tiene muchas caras. Por un lado se hablan de cifras, de estadísticas, de cuánto han aumentado o disminuido las cifras para saber si una ley es satisfactoria o no. Pero este tipo de análisis son superficiales, no van a la raíz de la cuestión. Para algunos, lo primero que se debería analizar son las causas por las que una mujer decide interrumpir voluntariamente con su embarazo. En ese momento hablaremos de las causas moralmente aceptables para una Ley basada en supuestos. Hablaremos de los casos de violación, de riesgo para la vida de la madre, etc. Pero seguimos sin ir a la raíz de la cuestión, que es mucho más simple que todo esto y que podemos resumir en que mi cuerpo es mío.


Esto, que suena hoy tan radical, es el centro de las luchas feministas en muchos de los ámbitos en los que la sociedad ya está de acuerdo: como mi cuerpo es mío es una brutalidad que el 41% de las mujeres sea obligadas a casarse, una de cada tres en todo el mundo y, según Unicef, unas 400 millones de ellas siendo menores de 18 años; como mi cuerpo es mío es una brutalidad que siga siendo legal en algunos países la ablación del clítoris; como mi cuerpo es mío es brutal que la cifra demujeres asesinadas a manos de su pareja o expareja sea mayor que el número de asesinados por grupos terroristas en este país; como mi cuerpo es mío es una brutalidad que una de cada cinco niñas sean víctimas de abusos sexuales en Europa, de los cuales entre el 70 y el 85% de los casos la víctima conoce al agresor, según el Consejo de Europa; como mi cuerpo es mío es una brutalidad que se me obligue a sufrir un embarazo que no deseo porque, según el Informe Anual ante el Consejo de Derecho Humanos de febrero de 2013, la negación de los servicios reales, sanciones o represalias a mujeres por un aborto legal podría equivaler a tortura.

Por eso no hace falta hablar de la Ley de Dependencia; ni de que la Reforma Laboral que precariza aún más el trabajo de las mujeres; de la necesidad de una educación gratuita en todas las etapas, obligatorias y no obligatorias, lo que permitiría una mejor conciliación laboral y familiar; ni de la desaparición de las formas de participación de la mujer como forma de invisibilizar la acción política feminista; ni de la invisibilización de todo el trabajo de cuidados, ni de que con la excusa de pagar la deuda se ha desmantelado todo el sistema público recayendo en su gran mayoría en mujeres, precarizando su presente y su futuro.
Por eso pedimos un aborto libre y gratuito, que cada mujer decida por sí misma según su conciencia.