22 de junio de 2013

El fin de los expertos

Juan Carlos Manterola / larepublica.info
Experto por aquí, experto por allí, el pan nuestro de cada día desde hace ya algunos años como emblema del espíritu de la transición con su lema “hemos llegado los buenos, ciudadanos despreocuparos que os vamos a solucionar la vida con los expertos”. Y así en una deriva total con expertos que recomiendan lo que sus amos les emplazan a recomendar en la búsqueda del cambio paulatino hacia un sistema cada vez más alienador y propagandístico del consumo y las falsas libertades o intermedias.

EEUU  es el líder en esa figura, todos ellos llevaron sus tropelías por América Latina y sus dictadores y, cómo no, fue trasladado el concepto por todos los organismos deliciosos de poder, FMI, Banco Central Europeo, Gobiernos y Ministerios de turno de cada país, Consejerías y  etcs…siempre que la ciudadanía parece levantar una ceja en señal de alerta, un puñado de ellos son enviados para hacernos dar cuenta de qué es lo que necesitamos. Hasta CCOO, tiene ya sus expertos, aunque parece que no vinculantes, representantes pero no del todo, que manda como oyentes pero sus opiniones las puedan dar, eso sí, dependiendo de cómo queden en la opinión pública sus aseveraciones le retiran veladamente y de forma poco clara su apoyo de sindicato. Ridículo, pero cierto, acaba de pasar. Toxo, hazte responsable de una vez de tu modelo de empresa, por favor…
Pero ya no cuela. En una España que ha sido saqueada, y que se ha rebotado en las calles, el uso de los expertos en un momento tan delicado como el de planificar el ataque final a las pensiones, no cuela. “Tranquilos ciudadanos, los expertos van a opinar sobre las pensiones y con un pacto irá todo mejor”. Pero no es tiempo de pactos, si acaso se pacta cuando hay situaciones enfrentadas, cuando hay hasta equilibrio o balanza de fuerzas, pero en una España donde el pueblo somos mayoría no tiene cabida el pacto, tiene cabida el respeto por los derechos de los ciudadanos y su derecho de participar en las decisiones importantes que hipotecan su país y su futuro con al menos referéndums que consulten.
Ofrecer un pacto cuando se va a cometer un robo descarado más, pero esta vez a los más indefensos, los pensionistas, que lo seremos todos, es cuanto menos una clara muestra del miedo de este gobierno que empieza a vislumbrar en el poder popular que se hace grande día a día. De seguir así llegaremos al punto de mirar nuestras lamentables nóminas y percibir que nada del dinero retenido revierte en nuestras calles y plazas, instituciones y servicios. Percibiremos que mientras no hay techos para los humiles, ni efectivo para los ancianos o escuelas para los más pequeños, la deuda ficticia y provocada que se ha socializado se paga gracias a cambios en una Constitución que se adecuó a la mentira por el bipartidismo firmando el pago a la Troika por encima de todo.
Nos queda por tanto seguir en la lucha, mostrar en las calles el descontento, utilizar las urnas a pesar de un sistema electoral maqueado para que ganen los mismos, y demostrar que hay alternativa en la figura de Cayo Lara. El gobierno del PPSOE y sus pactos está viajando hacia la fractura total incumpliendo el manifiesto mensaje de su pueblo. Están provocando un conflicto y ruptura total pasando a otras cotas de actividad donde siempre ganaremos, la calle pura y dura. Qué pena y qué lástima de individuos que han usurpado de manera inmoral la gestión de nuestros recursos.
Vienen tiempos en los que los poderes deben demostrar, si aún pueden, que están realmente separados. Vienen tiempos en los que la justicia, que se está viendo obligada a ser beligerante con el propio estado, va a tener que ser firme y fuerte o la línea de ambos frentes, libertad y solidaridad contra dictadura y egoísmo, se va a llenar de víctimas de ambas partes en un conflicto que sin justicia cierta se hará inevitablemente violento.
Viajando a lo concreto uno no puede concebir que los estafadores y ladrones de la cúpula del PP, la casa real, banqueros y especuladores financieros o empresarios sin escrúpulos sigan en la calle con los bolsillos llenos mientras trabajadores como Pablo y Lauren de Zaragoza son despedidos únicamente por tener conciencia y pertenecer a una organización sindical para trabajar por los derechos de sus compañeros. En una España donde un trabajador como Lauren con 27 años de antigüedad intachables es despedido por El Corte Inglés (que caya las bocas de los medios con su nutriente publicidad) o donde un trabajador de FCC como Pablo, y además padre reciente, es despedido por una empresa a la que le pagamos todos los residentes de la ciudad, ambos dos  por motivos tan anticonstitucionales, uno no puede más que ver en el futuro un país roto donde los proletarios tomarán su lugar quieran o no quieran los falsos gestores, y si no al tiempo, que lo puede todo. En un escenario así está claro cómo de manchado quedará el camino.