30 de junio de 2013

Empleos desahuciados

Desiderio Martín Corral (Diagonal)
Habrán muerto las clases sociales y se habrá diluido la dependencia de la re­lación salarial de la mayoría social, y no nos hemos enterado? ¿Será por eso que el capitalismo no necesite en el sur de Europa de millones y millones de empleos? Desde la Comisión Euro­pea se sostiene que hay que refundar el modelo de capitalismo sobre la base de un nuevo modelo productivo, de formación profesional-educacional y un amplio modelo de “protección social”. ¿Dón­de se encuentra entonces la cuadratura del círculo? ¿Por qué la economía española mantiene improductivos a más de seis millones de personas?

La explicación más política la tenemos que buscar en el modelo de relaciones laborales –y por lo tanto sociales–, imperante desde la mitad de los ‘70 fruto de la adaptación a un capitalismo competitivo, globalizado y moderno: flexibilidad en la contratación individual y en la concertación colectiva, libertad de dar por terminado el contrato de trabajo sin tutela judicial, y recorte de las políticas protectoras ante desempleo. Es la famosa “flexiseguridad” del Tratado de Lisboa, hoy estrujada autoritaria­mente en el último Pac­to Fiscal.
En el Estado español, el paro define nuestro mercado de trabajo, simboliza la crisis económica y, debido a la rapidez en la destrucción de empleo, fuerza la ‘sociedad’ a la perplejidad. El paro impide, tan siquiera, una mirada lúcida sobre las causas de dicha destrucción. De ahí la incapacidad para analizar el porqué se generó la misma cantidad de empleo en el período largo de crecimiento –unos diez años 98/07–, que ahora se ha destruido en estos casi 6 años de crisis-estafa.
Ante tal perplejidad y ante el serio deterioro de las condiciones de vida, sobre todo de los millones de personas que pierden rentas salariales y rentas de protección, las respuestas que se configuran, todas ellas, inciden en una sola dirección: la obligada y autoritaria flexibilización del contrato, convertir al trabajador en mero coste variable. No es sino una manera de que actué como mercancía desnuda de derechos, preñada de “productividad”. Y que los recortes de gasto social para situaciones de desempleo y para el retiro de la vida activa –las pensiones– actúen como variable dependiente de esta salarización primigenia.
La actual estructura del mercado de trabajo no es producto de la “casualidad o de las coyunturas económicas”. Tampoco lo es de las leyes del mercado reconvertidas en leyes inexorables. Es un producto de normas –leyes– generadas y creadas por personas muy concretas. Leyes aplicadas con “mano de hierro” por instituciones de justicia y orden –judicaturas en todos los órdenes: laboral, civil y penal–. La constitución de este orden social en el terreno laboral se expresa en los denominados “modelos de relaciones laborales”.
Modelo de relaciones laborales que ha logrado ‘normalizar’ la impunidad de los responsables de la violencia sistémica más grave de las últimas décadas: la de los actos privados empresariales, sean éstos públicos, semi-públicos, de PYMEs o de multinacionales, que no sólo privan a millones de personas asalariadas de su estatuto de trabajador/a –empleo y derechos–, sino que, a la vez, les impide la acción libre de no trabajar asalariadamente. Pues se les niegan rentas básicas o salario social suficiente para una vida digna y plena y, además, se les desnuda de sus derechos de ciudadanía.
El debate falso sobre los “costes laborales y sociales”, sobre el “pleno empleo”, elude el origen del problema: empresarios, gobiernos y sindicatos mayoritarios han construido, consentido e implantado todas las políticas económicas y sociales, basadas en la reducción del precio del trabajo y la pérdida de derechos laborales, de libertades sindicales y sociales. El falso debate hace desaparecer del debate social el verdadero problema: el de abolir, hoy y aquí, el trabajo asalariado. La solución no es el pleno empleo, y mucho menos ahora que al menos una gran parte de las conciencias ha constatado las consecuencias medioambientales y en los modos de relacionarnos, de consumirnos y de destruirnos.
Además, el modelo capitalista no necesita de millones de empleos que él mismo ha desahuciado, para la recuperación de sus tasas de beneficio. Hoy el empresariado, los banqueros, sus economistas y los ejecutivos de cualquier organismo, se saben por encima de la justicia y su impunidad es casi total. De esto va este debate del empleo hoy.