8 de julio de 2013

Aparicio Tovar: “Los fondos de pensiones son un fracaso; sólo ganan los gestores”

Aparicio Tovar: “Los fondos de pensiones son un fracaso; sólo ganan los gestores”
LUIS DÍEZ | 8 DE JULIO DE 2013

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El catedrático Joaquín Aparicio Tovar, en un momento de la entrevista. / Luis Díez
El catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha Joaquín Aparicio Tovar es uno de los máximos expertos en Seguridad Social con el que no han contado para elaborar el informe sobre el famoso “factor de sostenibilidad” de las pensiones. “Así es” , dice mientras encargamos dos vinos blancos a un veterano camarero del café Comercial, donde algunos jubilados libran interminables partidas de ajedrez.
 ¿Le pareció correcta la elección de sabios?
– El método del Gobierno no me ha parecido muy adecuado porque había una clarísima abundancia de economistas y es erróneo que siempre que se habla de Seguridad Social se llame primero a economistas. En segundo lugar, la mayoría de los economistas convocados eran del sector de la banca y los seguros. Aunque estoy convencido de su honradez intelectual y de que actuaron con independencia, en el sentido de que no recibieron ninguna llamada o instrucción, ellos mismos parten de unos esquemas intelectuales muy determinados.
– ¿Qué opinión le merece el informe?
– El informe no es correcto porque parte de unos supuestos que no están demostrados. Es más, con toda seguridad, el supuesto de partida de que la evolución demográfica hará insostenible la Seguridad Social al 2060, carece de fundamento. Tiene efectos en la población porque acongoja.


– Y según dijo usted en la Comisión del Pacto de Toledo, facilita el “bombardeo” al sistema. Pero parece evidente que la ratio de trabajadores activos por jubilados es cada día menor.
– Ese argumento de fondo de la evolución demográfica tiene un fallo gravísimo, y es que en ninguna parte está escrito que las pensiones tengan que financiarse exclusivamente con cargo a las cuotas calculadas sobre los salarios. Para entendernos, si, por ejemplo, la Seat tenía en los años sesenta 100.000 trabajadores para producir un determinado número de coches, hoy con menos de la mitad de trabajadores produce muchos más coches. Quiere decir que la riqueza es mucho mayor con muchos menos trabajadores. La pregunta es: ¿Todos esos enormes beneficios no se pueden reinvertir en Seguridad Social?
– ¿Así de sencillo?
– La pregunta es más simple todavía: ¿Qué parte del Producto Interior Bruto, de la tarta de la riqueza nacional, vamos a dedicar a pensiones y qué parte vamos a dedicar a otras cosas? Por tanto, el camino por el que lleguemos a la obtención de los recursos se puede cambiar; puede haber impuestos a la riqueza afectados a un fin, cotizaciones sociales… Caminos tenemos. Si hablamos con los técnicos de la Seguridad Social, que son buenísimos, seguro que te encuentran caminos para hacerlo adecuadamente.
– ¿Por qué no se les ha consultado?
– Eso me pregunto yo. Los actuarios, administradores, economistas y juristas de la Seguridad Social son de una competencia extraordinaria; la Seguridad Social española tiene una maquinaria administrativa que es un reloj suizo. Estoy seguro de que si el Gobierno quiere algo, la mejor respuesta la podría obtener de los técnicos del sistema, que, por cierto, nunca se han confundido, porque todos estos expertos externos, ya publicaron en 1995 informes diciendo que en 2005 la Seguridad Social estaría quebrada. Bueno, no sólo no estuvo quebrada sino que tenía superávit. Se confundieron radicalmente.
– ¿Se refiere al ilustre profesor Barea y algunos otros expertos que han vuelto a aparecer ahora, comenzando por el presidente de la comisión, Victor Pérez Díaz?
– Sus informes están publicados y son públicos; no hay más que consultar la bibliografía, por tanto no es nada nuevo.
– Pero la realidad es que entre junio del año pasado y junio de este, aparte de la bajada de los salarios y las menores cotizaciones, el sistema ha perdido 698.946 cotizantes y el mensaje de que no es sostenible va calando.
– Es verdad que cala. ¿Por qué? Porque llevamos ya muchos años con ese bombardeo de todos los grandes medios de comunicación. Sin ir más lejos, en la Comisión del Pacto de Toledo en la que yo estuve el lunes pasado, quien primero tomó la palabra fue el economista Ángel de Fuentes, que tuvo una intervención breve, una opinión en la línea de la insostenibilidad; esa opinión estaba recogida al día siguiente en el diario El País, mientras que la del profesor vasco Mikel Fuente Lavin y la mía no aparecían; entonces, claro, te das cuenta de que los medios de comunicación de gran difusión admiten solamente una corriente de opinión. ¿Cuál es? Esta, la del mensaje catastrofista, que sin embargo no es cierta.
– Ya, pero te haces un fondo de pensiones o con la jubilación que te quede vas a pasar más hambre que el perro del afilador, que se comía las chispas por comer algo caliente.
– Ahí está;  la realidad es que la Unión Europea, que está manejada por los lobbys del poder financiero, lo que está diciendo es “cambien ustedes los sistemas de seguridad social en cada uno de los Estados miembros, que aunque no tengamos competencias os recomendamos esto y os presionamos de distinta forma, para que sean tres pilares”. Por supuesto, estamos en Europa y aquí no van a hacer lo que en Chile con la dictadura de Pinochet a sangre y fuego; aquí no van a liquidar la Seguridad Social porque si lo hacen perderían las elecciones. No, aquí van a dejar un sistema universal público, de reparto, solidario, pero que dé prestaciones muy bajas. Entonces, claro, con pensiones muy pequeñitas no te permitirán mantener un nivel de vida digno.
– ¿Qué ocurrirá entonces?
– Que las clases más acomodadas, personas que pueden ahorrar porque tienen un salario bueno, pueden detraer del consumo actual para el consumo futuro. Pero ¿cuántos pueden ahorrar? Solamente las clases más acomodadas de la sociedad, las más altas y las medias altas. La gente que gana un salario de 800 ó 1000 euros, como hay tantos en España, no puede ahorrar nada, no van a ir a ningún fondo de pensiones. Eso lo saben ellos. El fondo de pensiones va dirigido solamente a una cierta capa de la población.
– ¿Qué hacemos así?
– Pues que están creando un mundo tremendamente injusto y fragmentado, desigual: por una parte, los acomodados, que tendrán una vida mejor no solamente mejor cuando son activos sino también cuando son pasivos, y los demás, la mayoría, con salarios bajos, malos, miserables y con pensiones de subsistencia. Ese es el modelo que ellos quieren, pero hay un problema: es contrario a la Constitución.
– Usted ha recordado que Pinochet no privatizó las pensiones del ejército y los carabineros.
– Claro, eran militares, pero no gilipollas... Y luego, además, ese sistema tampoco se resiste, porque los fondos de pensiones son un fracaso; según la conclusión de un informe de la Universidad de Navarra, la rentabilidad es tan baja que más valía a los ahorradores meter el dinero debajo del colchón. ¿Quién gana con el fondo de pensiones? El que lo administra, que se lleva una comisión del 20 al 30%. Y he aquí la falacia de que lo privado es más eficaz que lo público: la Seguridad Social se gasta en su administración en torno a un 6%, los fondos de pensiones se gastan en torno a un 20 ó 25% en la propia administración. Este es un ejemplo clarísimo de ineficiencia de lo privado frente a la extraordinaria eficiencia de lo público.
El profesor Aparicio Tovar concluye la media hora de sabiduría que me ha regalado con la duda fundada en la evolución demográfica sobre el llamado “factor FEIV” con el que quieren medir la esperanza de vida de los jubilados para no revalorizar las nuevas pensiones conforme al índice de precios al consumo (IPC). En ningún sitio está escrito que seamos más ni vayamos a vivir más años. Lo único contrastado es que España tardó un siglo en pasar de 20 a 40 millones de habitantes y que la mayoría de los trabajadores, además de vivir peor, tenemos menor esperanza de vida. ¿Habrá que pedir perdón, ahora al Gobierno del PP y sus expertos por no diñarla cuando antes? “Eso parece”, sonríe el profesor mirando a la atmósfera tras las gafas.