28 de julio de 2013

Medios de comunicación y lucha de clases

Diego Farpón (Mundo Obrero)
Que la historia la escriben los vencedores es algo que, para quienes tienen un mínimo grado de conciencia es un hecho. No así para la mayoría de la población. No puede ser de otra manera. La historia se convierte en una herramienta al servicio de quienes detentan el poder. El poder real, entiéndase, que es algo más que el poder político. Es así como la clase social que ejerce su gobierno sobre el conjunto de la población, esto es, que ejerce su dictadura, justifica el stato quo.


Pero para construir hegemonía ideológica, de un tiempo a esta parte -con el estallido de la democratización y el aumento de la velocidad de la comunicación a través de internet- para la clase dominante es cada vez más necesario construir sobre el presente y su proyección en el futuro que sobre el pasado para proyectarlo en el presente. Las guerras son el más claro ejemplo de ello.

Como recoge Dahr Jamail en “La guerra de Iraq, la más mortífera para los periodistas”, según las fuentes, las cifras de periodistas muertos en aquel conflicto oscilan entre los 204 y los 382. Dos eran españoles: Julio A. Parrado y José Couso. La prensa se convierte en un objetivo militar, esto es, en un objetivo político.

No obstante, la mentira como justificación para el conflicto armado, aunque lo pudiera parecer, no es algo nuevo: presente desde la voladura del Maine cuando aún no había nacido el siglo XX hasta la Bahía de Tonkin en Vietnam, Grenada, Panamá, Irak, Somalia, Bosnia, Yugoslavia (a este respecto Michel Collon, aunque centrado en Yugoslavia, MONOPOLY: la OTAN a la conquista del mundo. Hiru, 2000), Afganistán, Irak otra vez, Libia, y cuanto ocurre hoy en Oriente Medio: de Siria a Egipto. La manipulación y la mentira es la constante del poder.

Este proceso ha avanzado enormemente en los últimos años hasta el punto de que en los ataques de Israel a Palestina los propios militares sionistas se convirtieron en periodistas retransmitiendo a través de internet. Israel de momento está siendo pionero a la hora de utilizar las nuevas tecnologías para instrumentalizar la información bélica. Pero nada han inventado, sólo ha cambiado la velocidad: es el mismo proceso que arranca con Julio César, cuando él mismo escribe los “Comentarios a la Guerra de las Galias” en el siglo I antes de nuestra era, y que recorre cuantos conflictos han necesitado o han servido para manipular la opinión pública, al menos, desde entonces, hace más de dos mil años.

Controlar la información y atacar a los medios y periodistas libres es una necesidad objetiva para el poder, especialmente en coyunturas en las que una opinión pública contraria a los intereses del poder puede suponer un problema y el surgimiento de una conciencia antiimperialista, internacionalista y solidaria.

La clase trabajadora, la mayoría social, no tiene ningún interés en las guerras que montan los gobiernos por cuestiones económicas y/o estratégicas. Es necesario, cuando la información viaja a mayor velocidad que nunca, cribar periodistas, fuentes de información y medios: en definitiva, tomarla con calma.

Y, para quienes se dicen de izquierdas, la batalla por la independencia informativa, ya sea creando medios, ya sea apoyando y apoyándose en medios libres e independientes, se revela como una de las tareas fundamentales del siglo XXI en la lucha por dotar al Nuevo Bloque Histórico de la ideología e información necesaria para enfrentar al Bloque Dominante.