6 de julio de 2013

¿Qué celebran? Sigue la destrucción y precarización del empleo

Alejandro Inurrieta (lamarea.es)
El paro registrado en junio de 2013 por el Servicio Público de Empleo (SEPE, antiguo INEM) muestra una fotografía cada vez más desoladora del mercado laboral en España. Hasta las voces más entregadas al Gobierno no han tenido más remedio que replegar la alegría y algarada que se desencadenaron en mayo. Afirmar que “es el mejor mes de junio desde que existe el registro”, como han hecho algunos, no resiste un análisis riguroso, puesto que los sucesivos cambios metodológicos invalidan la comparación hacia atrás. Es muy importante desgranar las cifras con rigor estadístico, utilizando series homogéneas, datos adecuados y la periodicidad estandarizada. Como ya ha señalado EL MONO POLÍTICO, la Encuesta de Población Activa (EPA), que realiza el Instituto Nacional de Estadística, es mucho más fiable como indicador del mercado laboral y es comparable con el resto de países europeos. Habrá, pues, que esperar a la próxima EPA para medir con rigor la situación laboral en España.



Los datos brutos del SEPE muestran que el número de parados en junio fue de 4.763.680. Esto supone un descenso de 127.248 personas (–2,6%) con respecto al mes anterior; pero, si se compara en tasa internaual, es decir, con los parados que había en junio de 2012, la cifra ha aumentado en 148.411, un 3,22%. Y si ajustamos la serie eliminando el factor de estacionalidad, resulta que el paro no ha bajado en realidad con respecto a mayo, sino que ha subido en 996 personas. Por tanto, el mercado sigue sin activarse, y el período estival puede terminar con cifras desestacionalizadas peores aun que las de 2012. Esta situación se corresponde con el brusco descenso de las rentas de los hogares –en niveles de 2007– y el bajón del consumo y la inversión privados, que denotan la coyuntura de una recesión más profunda de lo que nos muestran los datos. El cuadro se complementa con las cifras del crédito al sector privado, con un descenso del 9,7% anual.

Los datos del registro no explican, por sí solos, qué ocurre con las personas que dejan de estar apuntados al SEPE. Esas personas se borran de la lista de parados porque han encontrado empleo o, por el contrario, para pasar a la inactividad porque han perdido la esperanza de encontrar trabajo. Ninguna de estas variantes se ve reflejada en la serie bruta de paro registrado. Sí se puede apreciar cómo más de 90.000 personas han pasado a un período formativo, lo que ha posibilitado darles de baja como parados. Para poder saber si se está creando o no empleo, hay que analizar la serie de contratos y la afiliación a la Seguridad Social.

La serie de contratos, variable adelantada de la contratación, aporta unos datos negativos y preocupantes. En junio se registraron 1.277.255 contrataciones, un 7,9% menos que en junio de 2012. Y en los primeros seis meses, el número de contratos descendió un 0,36% respecto al mismo periodo del año anterior. Lo más grave es la evolución de la contratación indefinida a tiempo completo, que apenas representa el 6,8% del total de los contratos. En términos anual y acumulado, los contratos a tiempo completo caen un 19%, es decir 130.000 personas menos. La reforma laboral, pues, está muy lejos de cumplir el objetivo que el Gobierno esgrimió para aprobarla: la creación de trabajo estable.

Los datos anteriores reflejan que la gran mayoría de los que se han borrado de los registros del SEPE no han ido al empleo, lo que también corrobora el dato de afiliaciones a la Seguridad Social. En cifras brutas, las afiliaciones a la Seguridad Social crecieron en junio en algo más de 26.000 personas con respecto al mes anterior. Pero, si ajustamos por estacionalidad, el dato es muy negativo: las afiliaciones habrían sido 7.324 menos que en mayo y 631.000 menos que en junio de 2012. Solo los no asalariados han registrado un crecimiento real en la afiliación, más de 5.000.

Por tanto, en junio prácticamente no se creó empleo y la mayor parte de las personas que abandonaron el SEPE lo hicieron para pasar a la inactividad, ya sea por desánimo o por la salida física del país de muchos nacionales e inmigrantes. Esto es señal inequívoca de que el deterioro del mercado laboral no ha terminado, dado que la participación laboral es claramente una variable procíclica e indica la predisposición a participar por parte de los activos.

Resumiendo, en la parte del año en la que se suele crear empleo, las cifras de abril, mayo y junio, en términos desestacionalizados, apuntan a que la destrucción de empleo continúa, los contratos indefinidos se reducen y la participación laboral se desploma. Este escenario guarda estrecha relación con una política deliberada de reducción de rentas y pensiones en términos reales y de una continua caída de la cobertura del desempleo. Solo el 61% de los parados cobra una prestación contributiva. Con este panorama, no se explica la euforia del Gobierno. O no entienden, o quieren engañar a los ciudadanos. Pero los monos políticos están para aguar las fiestas cuando no hay motivo para celebraciones.