6 de octubre de 2013

Herrira y el discurso único permitido


Antonio Maestre / lamarea.es
Herrira es un colectivo creado tras el fin de la violencia de ETA para velar por los derechos de los presos de ETA y del entorno abertzale. El pasado lunes, 18 miembros de la organización fueron detenidos acusados de ser un “tentáculo de ETA” por sus manifestaciones a favor de los derechos de los presos en general y, por ejemplo, por el recibimiento del cadáver del etarra Francisco Javier López Peña, alias Thierry. Una de las cuestiones con las que justifica la detención de los 18 miembros de Herrira es la ceremonia para recibir a Josu Uribetxebarria Bolinaga. El juez Ruz dictó en su momento que el acto celebrado el 23 de octubre en una herriko taberna en homenaje a Bolinaga no fue delictivo. A pesar de que el juez no consideró delito ese homenaje, hoy es una de las cuestiones esgrimidas por el Ministerio del Interior y el juez Eloy Velasco para detener a los que lo homenajearon.

Actuaciones en momentos oportunos
Son muchos los acontecimientos de interés en los juzgados que se sucederán en las próximas semanas y meses sobre el entorno abertzale y que marcarán la actualidad y la agenda política sobre el proceso de paz en Euskadi. El próximo día 17 de octubre se celebra el macrojuicio de las herriko tabernas en el que se juzga por pertenencia a banda armada a 40 personas entre las que se encuentra Arnaldo Otegi. Además el Tribunal Europeo de Estrasburgo debe fallar sobre la validez de la doctrina Parot. La actuación sobre Herrira no puede separarse de estos procesos que, como el fallo de la corte europea, pueden dejar muy tocada la credibilidad de la política antiterrorista del Estado español.

No es la primera vez que desde la Audiencia Nacional y el ministerio del Interior se efectúan este tipo de actuaciones y detenciones con una marcada intencionalidad política. En el pasado mes de octubre, tan solo dos días antes de las elecciones autonómicas vascas, donde se preveía un importantísimo aumento de los votos para la opción abertzale Bildu, se detuvo al etarra Jon Iñaki Pérez Aramburu en Guipuzcoa. Una detención que llamó mucho la atención al ser un miembro de ETA que se encontraba en paradero desconocido desde el año 1995. Tras 17 años, fue localizado y detenido dos días antes de las elecciones.

El principio de simplificación
Resulta muy efectivo transmitir la idea maniquea de los buenos y los malos, conmigo o contra mí. Cualquiera que no se adhiera de manera inquebrantable al discurso de la Asociación de Víctimas del Terrorismo y del Gobierno y sus adláteres es considerado colaborador de ETA. Todo es ETA. Desde Nunca Mais al 15M pasando por la PAH.


En la propaganda de guerra cuando existen dos bandos es muy sencillo usar la confrontación de dos ideas antagónicas para ganar adeptos a tu causa, ya sea por verdadera pasión por dicha causa o por miedo a ser considerado del enemigo y por lo tanto reprimido. En cualquier guerra esta táctica es evidente, no se admiten matices a las causas, es un todo o nada. Desde la Guerra Fría ese modo de propaganda se ha institucionalizado y ha trascendido a los periodos sin conflicto bélico. En EEUU se convertía en comunista y perseguía a cualquier ciudadano que se desviara de la línea durante la guerra fría, la caza de brujas del senador Mccarthy es el paradigma de esta persecución al disidente del discurso único permitido.

Para George W. Bush cualquiera que no estuviera de modo entusiasta del lado de EEUU en su lucha contra el terrorismo pasaba a ser parte del eje del mal. Los islámicos pasaron a ser sospechosos de terrorismo por el simple hecho de serlo. Esta estrategia de simplificación o del enemigo único es la que se utiliza cuando se intenta hablar del conflicto vasco. Cualquier mínimo matiz al discurso único que marcan los sectores más radicales y conservadores te convierte automáticamente en colaborador o simpatizante de la banda armada. No existe otro modo de abordar la paz en Euskadi que la marcada desde las instituciones del estado. Si pasas la línea roja que se te marca corres el riesgo de ser acusado.

Los delitos de opinión
Los delitos de apología del terrorismo y la ley de partidos son el paradigma de la aplicación del discurso único permitido en la legalidad vigente. Este discurso único instaurado desde todos los sectores institucionalistas es el que permite que exista la tipificación de tales delitos y una norma legal semejante. Ley hecha ad hoc para los partidos del entorno abertzale mientras que no se aplica a partidos violentos de extrema derecha cuya continuidad se permite. Han tenido que saltar a la opinión pública con el asalto a la librería Blanquerna durante la celebración de la Diada para que la Justicia empieza a estudiarlo previa petición de Izquierda Unida. La misma legalidad que consiente que terroristas ultras en la transición, como es el caso del asesino de Yolanda González, haya trabajado desde hace años dando cursos de formación y como asesor para los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

La ley permite que la Fiscalía de la Audiencia Nacional actúe de oficio por lanzar loas a los GRAPO en una red social y tolera que un alcalde del PP, Senén Pousa, lance proclamas franquistas y ensalce la figura del dictador. Esto es una proyección en la legalidad y el derecho penal del discurso único permitido. La propaganda de simplificación alcanza la ley, y el derecho penal es usado para implantar ese discurso por medio del miedo y la aceptación.

Que en España esté penado gritarle vivas a ETA y al GRAPO y amparado por la libertad de expresión hacer lo mismo con Franco, sus ministros y torturadores, supone uno de los problemas de base con los que nació la Transición. Podrá haber quien piense que ambas cosas deben estar permitidas o ambas prohibidas, pero es difícil considerar que un sistema es justo cuando diferencia hechos sólo por la ideología de quien los lleva a cabo.


Los delitos de opinión son una anomalía en un Estado de Derecho, más aun cuando, existiendo en el Código Penal, sólo se persiguen los que afrentan a la corona o son efectuados por quienes no comulgan con el discurso único permitido.