18 de octubre de 2013

No al expolio de Donapea

Víctor Moreno (*)
Es imposible convencer de nada bueno a personas que tanta dificultad tienen en distinguir entre lo que permite la ley y prohibe la ética. A pesar de ello, confiemos en que su aparato auditivo les siga funcionando correctamente y así, puedan oír, aunque no escuchar, la canción de la responsabilidad moral. Esa responsabilidad que nos hace sentirnos mal cuando lo que hacemos no se corresponde con un mínimum de exigencia ética y moral. Señora Barcina, señor Maya, ¿nos oyen bien? Estupendo. Óiganlo una vez más: "Donapea ni se compra, ni se vende, ni se traslada, ni se anexiona, ni se incorpora, ni se roba. Queremos que se quede donde está".

No queremos que ustedes actúen en beneficio de Navarra, ni de la ciudad de Pamplona, ni de los navarros, porque cada vez que lo hacen los cimientos de la sanidad, educación y estamentos de titularidad pública se echan a temblar. Hagan el esfuerzo de mantenerse quietos, sin hacer nada, mirando a Babia o al Opus si preciso fuera, pero dejen de meter mano a la sanidad y educación públicas. Basta ya de trampas, de engaños y de robos por muy limpios que estén por el barniz aparente de una ley justa. Entendemos que apelen a convenios "válidamente tramitados", a leyes, decretos, órdenes y demás parafernalia legal. Y que recuerden con recochineo diferido que, incluso, el mismo PSN les apoyó a perpetrar semejante cambalache en Donapea.
Se lo pedimos de verdad, no cuenten con la ciudadanía de a pie. No pretendan hacernos favores de ningún tipo. A la comunidad educativa de Donapea, menos. Es que nos resulta imposible olvidar la que hicieron en la Can. Nos da pavor la manera que tienen de utilizar la ley en su provecho o en el de sus amigos. Es que dan miedo. No solo no se arrepienten de sus modales legales de robar, sino que están dispuestos a repetir otro expolio con el bien público. Son, ustedes, incorregibles. Y, para colmo, imitan a la perfección la ruta imperial de sus antepasados franquistas. Seguro que lo recuerdan bien. Fue el mayor expolio que sufrió la capital. Sin comerlo ni beberlo, por un decreto del franquista y volátil Carrero Blanco, el Ayuntamiento de Pamplona regaló a la secta del Opus Dei los terrenos públicos que actualmente utiliza como campus universitario, colindante con Donapea. Además de este suculento regalo, la capital tuvo que pagar las expropiaciones de terrenos privados adyacentes. Y todo con la legalidad timbrada del franquismo imperante. Por leyes que no falte.
Lo temíamos, pero no pensábamos que repitieran tal robo en pleno siglo XXI y, menos aún, perpetrarlo con tanta rapidez y a la luz pública. Sabemos que no les decimos nada que no sepan, pero permítanos recordarlo una vez más: son, ustedes, unos ladrones muy monótonos y nada originales. Cansan, de verdad. Debería darles vergüenza por volver a tomar el pelo y el bolsillo a la ciudadanía de la misma manera de siempre, pretendiendo convencernos de que dicha anexión o incorporación es conforme a la ley. Saben bien que se trata de una legalidad tendente a favorecer los intereses de una organización privada, confesional, enemiga de lo público e intrínsecamente reaccionaria, que con el pretexto del Dei lo único que les interesa es el Opus del dinero. Al menos no mientan y digan claramente, no legalmente, por favor, que roban al pueblo para dárselo al rico opusiano. No es ninguna novedad. Lo llevan haciendo desde siempre. Donapea no solo revela la naturaleza de sus intenciones enemigas contra el tejido público en cualquiera de sus manifestaciones sociales, sino también la larga mano de la santa mafia del Opus Dei que extiende sus tentáculos allí donde tiene como fámulos a políticos que han perdido el norte de la ética y solo se rigen por intereses económicos e ideológicos personales. Porque ni decretos, ni convenios, ni proposiciones de ley, ni acuerdos anteriores o pretéritos aducidos podrán convencernos de que tal cambalache obedece a necesidades reales, derivadas de un estudio contrastado acerca de la situación educativa de Donapea. Para nada.
Llevan una década desmantelando cualquier institución o ámbito social de titularidad pública, sea de sanidad, de educación y de aquellos servicios sociales que más favorecen a las personas más necesitadas. Para mayor recochineo, dicen que lo hacen por el bien de Navarra. Está claro que hablan de una Navarra que solo conocen ustedes. Así que es el momento, uno más, de plantarnos. De decirles en la calle, lugar público por excelencia, que estamos hartos de tanta desfachatez, de tanta hipocresía y de tanta repugnante marrullería legal para robar, extorsionar y expoliar a los que menos tienen y más necesitan. ¡Donapea no se vende, ni se expolia!

(* carta al director-Noticias de Navarra)