2 de noviembre de 2013

Fagor Electrodomésticos, su principio y su fin

José Luis Merino Sanabria. Socio-Trabajador de Fagor (Mundo Obrero)
Fagor Electrodomésticos ha presentado pre-concurso de acreedores, y tiene el plazo legal de cuatro meses para negociar con los acreedores, para luego, si no se llegan a acuerdos, en unas semanas, adscribirse al Concurso de Acreedores. Esto supone la situación de paro de todos los socios y socias de la cooperativa para un período inicial de esos cuatro meses. Es una noticia triste de cuyas consecuencias y/o salidas, siempre parciales, sabremos en el futuro. Es una noticia triste, en su lado práctico y también simbólico, para el conjunto del cooperativismo. Es evidente que la deriva de Fagor Electrodomesticos apunta a errores tácticos pero también estratégicos en la última década e incluso más atrás.

A estas alturas no hace falta decir que la situación que vive Fagor Electrodomésticos deviene, en gran medida, de gestiones y decisiones desastrosas por parte de los distintos ejecutivos, proyecciones de futuro francamente criticables y mucha penumbra , oscurantismo y falta de información veraz y transparente a los consejos rectores y lo que es más grave a la parte social o sea a los socios trabajadores. Esas decisiones, unidas a la grave crisis financiera y sistémica que azota a la clase trabajadora, los vaivenes de los mercados así como el estallido de la burbuja inmobiliaria, pueden acabar con esta cooperativa buque insignia del cooperativismo, y en consecuencia con los empleos de miles de trabajadoras y trabajadores en la comarca del Alto Deba (Gipuzkoa), así como en el resto de los países en los que la cooperativa tiene plantas productivas ( Polonia, Chequia, China..)

No debería estar de más esclarecer la responsabilidad de directivos y gestores, de quienes teniendo hoy puestos de máxima relevancia en Mondragón Corporación Cooperativa [MCC], de la cual forma parte Fagor electrodomésticos, jugaron no hace mucho, cuando se estaba larvando este fiasco, un papel decisivo en ejercicio de las acciones inherentes a sus puestos directivos. Responsabilidades legales, difíciles de objetivar, y responsabilidades políticas.

No sólo han existido malas gestiones, mucho silencio, demasiado, ocultamiento de gestiones, oscurantismo y mucha falta de control que no siempre es posible ejercerlo desde la gente y los órganos que están autorizados para ejercerlo. También ha contado lo suyo la incapacidad que a veces existe entre el colectivo para revelarnos dejando hacer a sus anchas a determinados equipos.

En estos momentos tan críticos lo que está en entredicho es el propio cooperativismo. Entre los valores sociales del cooperativismo estaba el mantenimiento de los puestos de trabajo y una gestión democrática, avanzada, horizontal y transparente. No parece que los hechos se comparezcan con esos enunciados.

Asimismo se ha ido predicando y propagando por doquier la superioridad innata del cooperativismo para hacer una mejor gestión empresarial, ¿Es acaso Fagor Electrodomésticos un ejemplo de gestión brillante? Cada cual tiene su lado más o menos oscuro, las cooperativas también por supuesto, esta vez queda ante quien quiera ver ese lado de las cooperativas. En ningún caso quiere decir que el cooperativismo no tenga también fortalezas.

Para hacernos una idea en cifras, del calado y la dimensión del problema generado por parte de los últimos equipos ejecutivos, a la masa social, del que según parece por la ley de cooperativas nos tendremos que hacer cargo del total de la deuda las y los que estamos al pie del cañón todos los días. Esta deuda es de alrededor de 1.200 Millones de €uros. En puesto de trabajo la perdida sería de unos 5.200 puestos, totales, de los cuales 1.800 afectarían a Mondragón y alrededores.

Para terminar dejo sobre el papel estos dos principios cooperativos, en los que algunos, antes de llegar a la situación que todas y todos conocemos deberían de haberlos tenido en cuenta:

1. Soberanía del trabajo. El trabajo goza de plena soberanía en la organización de la empresa cooperativa, ya que se considera como el principal agente transformador de la naturaleza, de la sociedad y del mismo ser humano.

2. Carácter instrumental y subordinado del capital. Se reconoce el valor del capital, considerándolo necesario para el desarrollo empresarial, pero siempre como un instrumento subordinado al trabajo.