16 de diciembre de 2013

El mundo de Mr. Chance



NUNCA COMO HASTA AHORA EL CONOCIMIENTO HA TENIDO UN MAYOR POTENCIAL REVOLUCIONARIOEl mundo de Mr. ChanceHay que poner en marcha toda una ofensiva del desmontaje del discurso falaz basado en datos trucados y axiomas cuasi teológicos y del “sentido común” más pedestre.

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En 1979 Peter Sellers protagonizó una película titulada Bienvenido Mr. Chance. En ella el personaje central, Chance, es el jardinero de una casa señorial en la que había vivido desde su infancia. Encerrado en la misma, no tiene más contacto con el exterior que los televisores instalados en todas y cada una de las habitaciones y lugares del domicilio. Su mundo se circunscribe al jardín y a la televisión. Carece de familia ya que fue recogido cuando niño por el dueño de la mansión. A la muerte de aquél se ve en la calle con una maleta y el mando de uno de los muchos televisores existentes en la casa. A los pocos metros de su deambular incierto es atracado a punta de navaja por unos individuos. Chance, perplejo y molesto quiere rechazar aquella realidad que no le gusta y pulsa repetidas veces el mando pretendiendo hacer desaparecer a los atacantes.


El comportamiento de Chance se ha convertido, torticeramente, en el meollo del discurso gubernamental, los portavoces de ese discurso oficial y una parte nada desdeñable de la población. La realidad es simplemente alarmante y bochornosa. Deuda, desempleo desbocado, y especialmente en la juventud, desalojos de ciudadanos de su propia vivienda, ataque en toda regla a la Educación y la Sanidad públicas, desmontaje de la Constitución en una especie de golpe de Estado por la vía administrativa, corrupción que como segunda naturaleza se ha instalado en empresarios, instituciones políticas y vida ciudadana forman el entramado en el que una política económica y social se ha puesto al servicio de la rapiña bancaria y sus cómplices.

Frente a ello, y pretendiendo torpemente conjurar esa realidad, los datos sobre un futuro de índices, indicadores, porcentajes son arrojados diariamente sobre la ciudadanía. El porvenir, se nos dice, es prometedor, habrá crecimiento y por ende creación de empleo. Las inversiones multimillonarias ya se proyectan sobre España; aunque, eso sí, el paro apenas se reducirá. Sin embargo no importa porque la recuperación de nuestra economía ya está en marcha.

Esta claro que cuando hablan de crecimiento, inversiones y recuperación están hablando de sus negocios, sus operaciones bursátiles y la recuperación de su tasa de ganancia. Pero tienen la habilidad y la colaboración necesaria de medios de comunicación y algunos colectivos para hacer pasar como interés general lo que realmente es el suyo propio y exclusivo.

Desde tiempo inmemorial expresiones como patria, bien común, riqueza, justicia y otras, vienen siendo raptadas en beneficio de una parte minoritaria de la sociedad la cual consigue hacer pasar por valores universales lo que realmente son intereses propios y exclusivos de esa minoría. Puede afirmarse que en eso consiste fundamentalmente la concreción de su hegemonía ideológica la cual constituye el corolario de su hegemonía económica, social y política.

Pero la mayor de las operaciones de encantamiento, seducción y engaño la constituye el papel otorgado a la Economía como ciencia exacta y de una única lectura: la del mercado como eficiente e insustituible regulador de las relaciones de producción, distribución y consumo. Esta superchería se ha instalado en todas partes, Universidad, mundo de la Cultura y también (¡ay!) en el de muchas organizaciones políticas y sociales que se reclaman de la modernidad, la solidaridad y la justicia. Y es que la realidad, tan tozuda, nos muestra una y otra vez que no hay nada más político que la economía aunque el discurso oficial mantenga, por el exclusivo interés de sus beneficiarios, que es aséptica, apolítica y científica.

Todo esto debe llevarnos a una conclusión en las vísperas del XIX Congreso: la de colocar en primera línea de lucha la actividad ideológica fuertemente respaldada por los datos, el estudio y la realidad. Es decir se trata de poner en marcha toda una ofensiva de desmontaje del discurso falaz basado en datos trucados, axiomas cuasi teológicos y del “sentido común” más pedestre.

Usamos y abusamos de la palabra movilización en el sentido de concebirla casi exclusivamente como la ocupación física de la calle o de espacios de conflicto. Pero no hay acción ni práctica que, para ser eficaces, olviden el conocimiento, la reflexión y el saber. Una formación política que pretenda subvertir esta sociedad debe actuar en los cimientos sociales e ideológicos de la misma. Nunca como hasta ahora el conocimiento ha tenido un mayor potencial revolucionario. Debemos erradicar de la mente de la ciudadanía los efectos del mundo televisivo de Mr. Chance. Es una tarea que implica preparación, estudio, dedicación y voluntad revolucionaria. Nunca ha sido tan necesaria, como hoy lo es, la paciente actividad de Sócrates de Alopece, en Atenas.

Publicado en el Nº 266 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2013