7 de abril de 2013

El antepenúltimo párrafo


Alejandro Fierro
El enviado especial de un importante periódico español me trataba de convencer de su ecuanimidad a la hora de informar sobre Venezuela. Él siempre citaba, me decía, la lucha de Hugo Chávez por los pobres. Paseábamos por Altamira, zona noble de Caracas. Aún así se mostraba intranquilo, víctima de la propaganda sobre la inseguridad a la que, paradójicamente, contribuía su diario.Era la noche del 6 de marzo. Esa mañana, cerca de dos millones de personas habían llevado en volandas los restos mortales de Chávez desde el Hospital Militar, donde había fallecido el día anterior, hasta la Academia Militar. Fue una manifestación de duelo impresionante. Pero, sobre todo, fue el profundo agradecimiento de un pueblo.