30 de abril de 2013

Gobierno dimisión, elecciones ya


Gobierno dimisión, elecciones ya

Juan Torres López Economista
nuevatribuna.es | 29 Abril 2013 - 20:36 h.
Las últimas noticias sobre la economía española y la reacción del gobierno ante las protestas ciudadanas marcan a mi juicio un punto definitivo de no retorno.
Los datos del paro, el empeoramiento de las previsiones de crecimiento, la corrección al alza de la cifra de déficit o la evolución de los indicadores del crédito, del consumo o la producción industrial reflejan que la acción del gobierno del Partido Popular es un desastre sin paliativo alguno.
Ni una sola de las reformas que ha ido adoptando ha logrado lo que le dijeron a los ciudadanos que iba a conseguir. La reforma laboral ha multiplicado el desempleo, las financieras no han saneado de verdad el sistema bancario ni han recuperado el crédito, la amnistía fiscal solo ha servido para que se valgan de ella los correligionarios de los gobernantes, y los recortes de derechos y gastos sociales en educación, sanidad, pensiones o atención a la dependencia ni siquiera suponen una disminución sustancial de la deuda porque se mantienen los altos pagos por intereses o el apoyo generoso a la banca y a las grandes empresas.
Los datos son irrefutables y no hay manera alguna de salvar la gestión de Mariano Rajoy y de su partido. El cierre de empresas y los despidos crece sin cesar, miles de empresarios pierden sus patrimonio y los niveles de paro avergüenzan ya y dan miedo a propios y extraños. La economía no levanta cabeza se mire por donde se mire, la pobreza está aumentando dramáticamente, sobre todo entre las personas mayores y los jóvenes y niños, miles de personas y hogares pierden sus viviendas, los servicios públicos se degradan por momentos y los ingresos de las familias caen estrepitosamente, generando no solo sufrimiento sino la ruina de las pequeñas y medianas empresas que viven de ellos, o de cientos de municipios.

Corrupción versus democracia de calidad


Ramón Zallo: "Corrupción versus democracia de calidad"

Lunes, 29 de Abril de 2013 08:41

Corrupción versus democracia de calidad

Ramón Zallo
Ramón ZalloLa corrupción en sentido estricto se define como un soborno a cargo público con dádivas o dinero. Lo sustancial es que se compra un comportamiento que deja así de estar vinculado a la equidad o a valores colectivos y pasa a depender de forma espúrea de intereses privados o económicos. Claro que su conocimiento y castigo es la punta del iceberg, pero lo que debe preocupar es el iceberg entero.
No hay sistema en el que no haya corrupciones individuales, se descubran o no. Se producen de manera más acentuada en aquellos sistemas que, como el capitalismo, ensalzan y se basan en el egoísmo individual e invitan a rozar, cuando no a sobrepasar, el límite ético o legal en los comportamientos económicos y sociales.
Por extensión, lo que es atribuible a un individuo lo es también a colectivos o estructuras. Esta es la parte social o políticamente más preocupante, porque transciende los comportamientos individuales perseguibles para definir o, al menos, afectar a colectividades enteras que se mueven con códigos ocultos; con unas reglas propias, distintas a las reglas comunes que solo retóricamente se respetan y ensalzan.
Por derivación también puede hablarse de la “corrupción sistémica”, la corrupción del propio sistema, para referirse a estructuras económicas, sociales o políticas que no cumplan con unos mínimos de necesidades sociales en el sentido de la equidad, el bienestar y la libertad.
Así, el franquismo era un régimen corrupto y opaco por sus finalidades, formas y resultados, aunque pudieron aflorar unos pocos casos como el estraperlo, la fortuna de Juan March, Matesa o Sofico. Igualmente el reino de las Mafias, como fue la Italia de los 60-80 especialmente en Sicilia o Palermo, significó la suspensión del funcionamiento del Estado o, si se quiere, un contra-Estado arbitrario y de sicarios. A otra escala, la Marbella de Jesús Gil y sus acólitos se tradujo en una orgía de ilegalidades desde el propio poder local.
Por definición, dictaduras y mafias suponen corrupción en si mismas. La ventaja de las democracias es que antes o después aflorarán algunos hechos y se sancionarán una parte de ellos, lo que hace que potencialmente puedan regularse y controlarse mejor.

El desastre económico actual era predecible

El desastre económico actual era predeciblePDFImprimirE-mail
Opinión / Actualidad Economía
Escrito por Vicenç Navarro   
Martes, 30 de Abril de 2013 00:00
Unos pocos hemos estado diciendo desde que se inició la crisis que las políticas públicas que se están aplicando durante estos años de recesión son profundamente erróneas y están llevando a los países de la Unión Europea (y muy en especial a los países de la periferia de la Eurozona) al desastre. Como era predecible, los hechos que están ocurriendo, con el mayor incremento del desempleo conocido hasta ahora, están mostrando que, por desgracia, llevábamos razón.

En realidad, el problema con el que nos enfrentamos es fácil de entender y de resolver. Hoy el sector privado de la economía está paralizado o en declive debido a la falta de demanda y a la escasez de crédito para que las empresas y las familias puedan invertir y/o consumir. La evidencia de ello es clara, robusta y abrumadora. Ante esta situación, el único sector que puede estimular y hacer crecer de nuevo a la economía es el sector público. Así se salió de la Gran Depresión a principios del siglo XX en EEUU y en Europa. En EEUU, la Administración Roosevelt aumentó la inversión y el gasto público de una manera muy notable, acentuándose incluso más con el inicio y posterior desarrollo de la II Guerra Mundial. En Europa fue este mismo conflicto el que creó un gran aumento del gasto e inversión públicos, que resolvió el problema de la Gran Depresión.
Algo parecido ocurrió después de la II Guerra Mundial cuando se creó una Gran Recesión que fue resuelta mediante una gran inversión y crecimiento del gasto público, estimulados por el Plan Marshall. Y ahora, cuando estamos ya en Recesión, camino de la Depresión, en lugar de aumentar la inversión y el gasto público, los gobiernos de los países de la Unión Europea, y muy en particular los periféricos de la Eurozona (incluyendo España), que tienen mayores dificultades, están recortando el gasto público, lo cual es una enorme estupidez (y no hay otra manera de definirlo).