16 de mayo de 2013

El frente ciudadano

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Opinión / Actualidad Política
Escrito por José López / UCR   
Jueves, 16 de Mayo de 2013 00:00
¿Debe el 15-M formar un partido político? Una contribución al debate. 
Dos años después de aquel mayo histórico del año 2011 el movimiento de indignación sigue vivo pero no crece la participación ciudadana en sus convocatorias, a pesar de que cada vez tenemos más razones objetivas para la indignación. La iniciativa surgida a raíz del 25-S logró poner en la agenda de los indignados de este país llamado España la cuestión del proceso constituyente.


Ahora sí parece que el movimiento 15-M tiene claro el gran objetivo político a corto/medio plazo: un cambio de régimen. Se asienta la idea de que no es posible parar al neoliberalismo sin transformar profundamente el actual sistema. No sólo hay que luchar contra los desahucios, contra el progresivo empobrecimiento de la mayoría, contra el desmantelamiento del Estado del bienestar, contra el escandaloso desempleo que crece y crece sin parar,…, además, hay que luchar por un cambio político general de gran envergadura, sin el cual será muy difícil ganar aquellas luchas parciales.
El reciente fracaso del 25-A demostró que hay que reivindicar siempre el pacifismo, que hay que usar un lenguaje inclusivo, que no sea agresivo. Debemos ser moderados en las formas pero radicales en el fondo. Si reivindicamos la democracia real, un cambio de sistema, pero siempre mediante métodos pacíficos, somos radicales en los objetivos pero no en las formas. Esta lección no debemos olvidarla. La revolución no será posible si no participan activamente en ella muchos más ciudadanos. Una cosa está más clara que el agua cristalina de los ríos: necesitamos aglutinar a la mayoría de la población alrededor de la causa democrática. Es imperativo que las distintas mareas converjan en un único y coordinado tsunami. Poco a poco vamos avanzando hacia la imprescindible unidad de las clases populares. Pero la revolución tampoco será posible si no llegan con suficiente fuerza a las instituciones políticas partidos que aboguen por cambios sistémicos. Hay que alcanzar el poder político. El cambio debe hacerse desde dentro y desde fuera del sistema. Los distintos frentes de lucha deben complementarse, realimentarse mutuamente.
Así pues, resurge con fuerza el “viejo” debate que ya surgió en su día en las plazas donde se produjeron aquellas históricas acampadas del año 2011; ¿debe el 15-M presentarse a las elecciones o no, formar un partido político o no?

Carta abierta a la ciudadanía en el Aniversario del #15M


Carta abierta a la ciudadanía en el Aniversario del #15M

aromeroANTONIO ROMERO
Estimados ciudadanos y estimadas ciudadanas:
Tal día como hoy hace dos años Madrid, la Puerta del Sol, se convirtió en un escenario de denuncia del régimen surgido en la transición de 1978.
Un campamento en el Km.0 de las comunicaciones radiales de la España centralista, planteó las relaciones horizontales, la asamblea, la participación.
Desde la indignación que provocaba que la crisis convertida en estafa, se cargara sobre la espalda de los sectores más débiles de la sociedad. La ciudadanía asumía su propia representación, es decir, se representaba a sí misma frente a los auténticos poderes ocultos, antidemocráticos y violentos que no son otros que los mercados, la corrupción, la mafia y las instituciones que están en su nómina.
Desde la puerta del Sol se desplegaban tsunamis hacia todos los rincones del país, esta vez sí, Madrid ejercía de rompeolas de las Españas.
“Le llaman democracia y no lo es”
“Que no, que no, que no nos representan”
Estas consignas se han convertido en auténticos tratados políticos que vienen a definir de forma rigurosa que los representantes de los ciudadanos y las ciudadanas están al servicio de los mercados, de los privilegios, obedecen sus dictados: rescatan bancos y abandonan a las personas.

A dónde va el 15M? Viento en las velas del movimiento

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Opinión / Actualidad Política
Escrito por Juan Carlos Monedero   
Jueves, 16 de Mayo de 2013 00:00
A todas y todos los que han visto empeorar sus condiciones de vida en estos dos años. A los que han perdido la vida desesperados por la ruina de estos dos años (años acumulados a los anteriores). A los que ven con amargura que al nos has fallado de Zapatero le ha sucedido un insultante os he mentido de Rajoy. Sabemos que aún no estamos a la altura.Pero las fuerzas se van acumulando. Nada de lo que pasa va al olvido.

La recuperación del coraje democrático
El 15M es, sin duda, lo mejor que le ha pasado a la democracia desde que se murió Franco. Si no parece mucho, seráporque tampoco hemos ganado mucho desde que salimos de la dictadura. O será que lo que ganamos lo hemos perdido con la misma vertiginosidad. El que mira siempre está lleno de los propios reflejos.
El 15M es la devolución -con acuse de recibo- a los partidos de la izquierda y también a los sindicatos de la orden de abandonar las calles que dieron en 1977, cuando, con ocasión de los mentirosos Pactos de la Moncloa, nos dijeron que volviéramos al trabajo y a las aulas para que nos consintieran la democracia. El 15M es la devolución a los partidos de la derecha de la orden histórica de interiorizar la ausencia de alternativas a lo existente, para volver a resignarnos como en la larga noche del franquismo o como en el turnismo del siglo XIX. Es también la devolución a Europa de la orden de asumir una Constitución demediada y a un rey socializado en el Palacio del Pardo y en la frivolidad, devolverles a los burócratas europeos el sentimiento de inferioridad sembrado en nuestro país y la exigencia de una inserción en la economía comunitaria que pasa por perpetuarnos como los camareros y los cuidadores de los pudientes y jubilados del continente. Es la devolución a la patronal de sus órdenes de irnos a trabajar a Laponia o a poner copas a Londres, de la pretensión de empresarios sobrados de recuperar el derecho sobre nuestras vidas y, ya de paso, de nuestros cuerpos. De devolver su exigencia de que la enseñanza sea un negocio financiado por todos donde paguemos por lograr en el futuro un trabajo basura y, además, donde nos lobotomicen la capacidad crítica con incienso y, si es menester, alguna que otra hostia. Es la devolución a la iglesia y a la monarquía de la confianza que nunca se ganaron, de su privilegio anclado en tradiciones arcaicas, de su abuso ideológico y de su terrorismo intelectual, de su negación, en suma, a aceptar que los tiempos reclaman un Estado laico y republicano donde la ciudadanía se haga cargo de las riendas de su futuro político -sin dioses, reyes ni tribunos-, malbaratado por unas cúpulas que repitieron demasiado pronto las mañas que dijeron venir a solventar.