3 de julio de 2013

El derecho a la vida digna: por una renta básica

El derecho a la vida digna: por una renta básica
AGUSTÍN MORENO | 3 DE JULIO DE 2013

Podemos tener democracia o podemos tener la riqueza
concentrada en pocas manos, pero no podemos tener
ambas
“. (Louis D. Brandeis, juez de la Corte
Suprema de EEUU entre 1916 y 1939).
Logotipo de la iniciativa. / basicincome2013.eu
Fue en San Carlos Borromeo (Vallecas. Madrid), donde resiste uno de los focos que quedan en España de la iglesia de los pobres y de la teología de la liberación. El 1 de julio se reunieron allí unas 50 personas representando a más de una veintena de colectivos y entidades. Estaban convocados por el Campamento Dignidad de Extremadura y por el Frente Cívico Somos Mayoría. Pero detrás hay una larga trayectoria de propuestas e intentonas y también luchas recientes como los “campamentos por la dignidad” citados, marchas de parados, interinos e iniciativas por la renta básica en Andalucía, Murcia, Cataluña… huelgas de hambre por la Justicia en Huesca, etc.
Partían del artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que dice: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.”

Ni Cánovas, ni Sagasta

Ni Cánovas, ni SagastaPDFImprimirE-mail
Opinión / Actualidad Política
Escrito por Rafael Torres   
Miércoles, 03 de Julio de 2013 04:47
   Alfredo Pérez Rubalcaba haría un buen Sagasta, pero la historia se lo veda absolutamente: ya hubo uno, le falta un Cánovas y España no está hoy para ninguno de los dos. Si Rubalcaba tuviera un Cánovas, es decir, un interlocutor de su altura política, o intelectual, o maniobrera, en la derecha, podrían ambos, cual hicieron los originales en la anterior Restauración, fundirse en el mismo personaje, el de cancerbero del Régimen. Ahora tú, ahora yo, de suerte que el turismo, esa modalidad del trilerismo de Estado, podría seguir tirando, como antaño, algún tiempo. Pero no tiene un Cánovas, sino, enfrente, un Rajoy ayuno de toda noción de estado y de gobierno. Un suicida, políticamente hablando.

   Pero dejando a un lado que un suicida no es lo más indicado para contribuir a que sobreviva nada, y menos un cadáver como lo va siendo éste Sistema corrupto en el que casi nadie se reconoce, lo cierto es que Rubalcaba rema contra el tiempo y desfallece ya en su interior, en el de su partido, en su tarea imposible de encontrar el antagonista decimonónico que lo completara. España, no hace falta recordarlo, es decimonónica. Pero a lo que iba, que con las prisas, al químico no se le ha ocurrido otra cosa que engañarse respecto a Rajoy y coaligarse con él en la quimera que representa la supervivencia del bipartidismo, y la gente del PSOE, que ve venir el desastre, ha empezado a pasar abiertamente de su Sagasta demediado, empezando por Griñán, el presidente del partido y de su principal bastión territorial, Andalucía.

La silenciada lucha de clases

La silenciada lucha de clasesPDFImprimirE-mail
Opinión / Actualidad Política
Escrito por Vicenç Navarro   
Miércoles, 03 de Julio de 2013 00:00
¿Existe la lucha de clases? En realidad, muchos se preguntarán incluso si existen clases sociales. Algunos columnistas ultraliberales que gozan de grandes cajas de resonancia en los medios públicos y privados de Catalunya incluso han llegado a ridiculizar el mero concepto de clase social. En realidad, términos como burguesíapequeña burguesía o clase trabajadora casi nunca aparecen en las páginas de los medios de mayor difusión. El único término que se utiliza en tales medios es el de clase media, donde, por lo visto, la mayoría de la ciudadanía se encuentra. En esa estructura social, la población se divide en ricos, clase media y pobres.


Esta definición de la estructura social refleja, por cierto, la enorme influencia en España de la cultura dominante en EEUU, donde términos como burguesía o clase trabajadora nunca se utilizan. Son parte del lenguaje prohibido. En aquel país, el término clase media se utiliza para definir clase trabajadora. La americanización de la cultura política y mediática de España (fenómeno masivo que considero muy preocupante) se traduce, así, en la americanización del lenguaje.
Y en este nuevo lenguaje, el concepto de lucha de clases aparece también en España como anticuado. Ya nadie lo utiliza. ¿Por qué? Por la misma razón por la que está en la práctica prohibido en EEUU. La enorme influencia de la clase dominante, es decir, de la clase capitalista (término que es considerado más que anticuado; se define casi como blasfemo) aparece en una cultura en la que el  lenguaje de clases y lucha de clases no existe. Este es uno de los mayores indicadores de aquel dominio de clase. El mero concepto de clase desaparece. Y esto es lo que está ocurriendo en nuestro país.